De pendejo me comenzaron a interesar tanto hembras como
machos.
En la pileta o en la playa sentía tanta excitación al mirar
bellas extremidades de chicas como de chicos.
Las gambas, sea nalgas, muslos, aun las curvaturas de los
tobillos, me producían esa sensación de franca atracción que aun hoy siento
cuando veo ya sea piernas lampiñas, depiladas o peludas.
Me llamo Tato, y mi primo Lalo.
Estamos ya pisando los 19 años, somos ambos altos, piel
morena y cabellos negros. Para el metro ochenta que medimos, estamos bien
rellenitos, los ochenta kilos se acercan cuando nos pesamos.
-Che Tato, estaremos engordando o será que hay que pesarse
sin ropa.-
-Pesémonos solo con el slip, así sabremos al menos el peso
real.-
Le dije a Lalo y me senté en el WC quitándome el posible
exceso de peso, el hizo igual pero de parado, con lo que al volverse Lalo,
vergonzoso, le pude ver de atrás el lomo, las nalgas aun lampiñas, los muslos
con ese excitante vello negrito, que de ello se me puso el bulto al palo.
-Que te parió Lalo, se me paró la pija de verte el culo.-
-A mi también Tato, por eso me puse de espaldas.-
Estábamos en mi cuarto de baño, en la casa no había nadie
aun, suelen llegar mis papas entrada la noche. En fin estábamos solos el Lalo y
yo. A mi me gusta el cuerpo del primo y por sus dichos y hechos, a el lo calentó
también mi físico.
-Sacate el slip y te beso el culo, dale Lalo, te va a gustar,
estamos solos, denudate.-
El Lalo se quitó el slip y mis labios le besaron las nalgas,
el emitió un gozoso gemido y se entró a hacer una paja.
-Vamos bajo la ducha Lalo así nos lavamos bien y te chupo el
ano.-
No se hizo rogar, ambos bajo el chorro nos besamos, las pijas
juntas, una frotándose con la otra. Nos besábamos en tanto nuestras manos
recorrían el lomo y prontamente nos estabamos apretando las nalgas y los dedos
explorando el túnel.
Lo volví al Lalo, le había prometido rimming y me fui
lamiéndole el cuello y luego el lomo, a las nalgas, se las abrió el solo, lindo
agujero a mi vista, sentí su calor en los labios, le metí lengua, penetrándole
con ella, el soltó sus nalgas para masturbarse, por lo que me tome de ellas y me
perdí largo rato lamiéndole en el interior la tripa.
Cuando le entré la pija al ano estaba tan dilatado que ni una
lágrima soltó, solo gemidos de placer y exclamaciones a que lo cogiera.
-Mas Tato, metemela toda, es delicioso.-
Estábamos ambos tan calientes que soltamos la leche al mismo
tiempo. Bajo el chorro de agua, que limpió el pecado, nos besamos
apasionadamente.
Por supuesto que una vez en el cuarto, luego de un 69, el me
satisfizo a mi. Ese fue nuestro inicio homosexual.