La Criada se folla al infante
Son las 2:48 de la madrugada, piensas en ella y piensas en un
ángel, piensa que tu vida depende de una llamada, de un suspiro, de un aliento
que te diga que eres ese ser tan especial que en tu propio yo no te lo crees.
Te enamoras de la sombra de tu propio yo, buscas en ella lo
que te ha faltado toda la vida, te das cuentas el dolor que se siente cuando
ella no estas.
A lo largo de la vida buscas ese ser tan especial que
comprendas tus aberraciones y delirios sexuales que te permitan ser realmente
tu, sin complejos ni el que dirán.
Princesa era la sirvienta de mi casa, para aquella mi madre
trabajaba y para los que no han leído mis otros relatos, yo era el último de sus
tres hijos que quedaban en el hogar.
Independientemente de querer follar a las chicas del colegio
y de hacer masturbaciones grupales o solitarias a nombre de las chicas del
colegio, siempre me intrigo querer follar a Princesa, nombre relativamente
curioso para una negra como es la noche y de origen haitiano ya hecha una
dominicana a fuerza de los años que vivía en Rep.Dominicana.
Mi edad no llegaba a la edad de adulto, mi cachondeo era cada
vez mayor, me pegaba al cruzar de su cuerpo con el simple animo de estrujar mi
polla en aquel trasero paradito que sola las caribeñas tienen veces .
Me masturbaba y dejaba expresamente las huellas de mi semen
en mi ropa interior, de tan solo imaginar que Princesa los lavaba y se daba
cuenta de mis acciones me ponía a mil.
Ella iba y venia dos veces a la semana y su marido la recogía
puntualmente a las 6pm cuando la jornada de lavar, planchar y dejar limpia la
casa terminaba.
Princesa era orgullosa de su color y le gustaba ponerse ropa
blanca, color naranja o rosado fusia de tal manera de resaltar su figura, con
apenas 19 de edad era la lujuria hecha realidad. Trabajaba los martes y jueves.
Era un miércoles y tenia en mis manos una revista porno de
escasa calidad, de un papel de periódico donde se veía el coño de 3 tías, dos
blancas y una negra.
En verdad aquella revista me la sabia de memoria pero debido
a que era lo único que tenia, repetía la visión donde ellas tres se tocaban y se
abrían su panochita y lamían su sexo en todo tipo de posición.
Mi polla como era común en aquellos dias de lujuria juveniles
tenia que ser calmada por una rica paja, para eso buscaba un poco de aceite de
bebe donde me untaba un poco en mi culo y me introducía el dedo, como si me
estuviera follando y con la mano derecha cogia mi verga y me la meneaba hasta
buscar el placer de ver brotar mi leche.
En aquella tarde me había quedado plenamente desnudo y ya
iniciaba mis acciones donde la revista estaba abierta de par en par en mi cama y
yo parado me follaba y me pajeaba yo mismo. En aquella ocasión en vez de
pajearme con mi ropa interior me masturbaba con un pantie rosado que había
dejado Princesa en el tendero.
La sensación de tener aquel pantie en mi polla me hacia
sentir mas cabreado y lujurioso.
Como estaba solo en la casa, había cerrado con petillo la
puerta principal como indicaba mi madre, las ventanas estaban semí-abierta y
solo una persona que estuviera acechándome podía captar lo que yo hacia.
Princesa no había terminado de planchar el día anterior por
falta de energía eléctrica en nuestro sector, ignoraba yo que ella le había
prometido a mi madre ir ese día donde yo frenéticamente me hacia aquella paja
bestial con su pantie.
Llego a la casa y toco la puerta, vestía de forma bien casual
como era ella, unos jeans blanco y una blusa naranja, yo estaba concentrado en
mi jornada masturbatoria y ni siquiera sentí los varios golpes que Princesa le
daba a la puerta de la casa.
Supongo que Princesa se extraño que yo no le abriera la casa
y mas que había coordinado con mi mama que ella iría a esa hora, confirmo con
nuestros vecinos que yo estaba ahí, entonces se dirigió al lateral de nuestro
pequeño hogar donde había un camino de tierra que ladeaba la casa y llegaba al
final a mi habitación.
Princesa quizás oyó los jadeos de mis jadeos, quizás ella
siempre como mujer al fin sabia el delirio que yo sentía por ella, quizás no era
casualidad que a veces se le caían las cosas y gustosamente me dejaba ver aquel
pitillo de su trasero o de su semilla.
Princesa quizás recordó como aquella leche rancia se esparcía
en algunos pantaloncillos que ella lavaba, nunca le dijo nada a mi madre por lo
cual aceptaba el reto de lavarlo por unos pesos.
La verdad es que ella prosiguió hacia mi ventana y no toco la
ventana de tal manera que por lo menos me hubiera prevenido de parar mi paja,
prefirió en su interior observar mi cuerpo desnudo y juvenil en pleno acto
indecente.
Mis movimientos eran lentos y me follaba con mi dedo
rápidamente, aquel mástil comenzó a sentir las vibraciones de placer y mi polla
conocía que el único camino era levantarse y explotar.
Una pierna la puse arriba de mi pequeña cama, de tal manera
de tener mas placer, para Princesa debió tener una visión perfecta,
prácticamente me vio totalmente desnudo,
Dejo que terminara en aquellos minutos de placer que solo los
humanos lo podemos hacer, se dio cuenta de aquel detalle que tenia y agarraba mi
polla, su pernicioso pantie rosado era el artífice de mi paja, se sorprendió oír
su nombre en el delirio de mi semen que salía alborotado de mi pija y que se
depositaba en aquella ropa interior femenina que ella utilizaría en otra
ocasión.
Dejo que yo me saciara con su nombre y su pantie, espero que
yo descaradamente me limpiara con aquella prenda y saciada su curiosidad toco la
ventana.
Me quede frió al estar totalmente desnudo, trate de taparme y
esconder su pantie, la sonrisa de ella me desenmascaraba totalmente. Me hizo el
gesto que le abriera la puerta delantera.
Apenas me puse el pantalón y me dirigí a la puerta, escondí
su prenda en mi bolsillo, mis dedos sudorosos estaban todavía pegajosos por el
semen.
Princesa me miro de arriba para abajo, su figura de ángel
negra ya la tenía frente a mí.
<Entonces Dominic> te hacías una paja por mí, que detalle mas
considerado
Si Princesa me he hecho montones de pajas por ti, te he
enviado señales de humo con mi ropa interior sementada por mi, tratando de
llamar tu atención.
Creí que eras un cochino me contesto, pero te lo perdonaba
por tu juventud.
Me quede mudo, mis palabras no me salían, me moría de
vergüenza, no importaba que aquella mujer no me levantaba un rollo, quería
sinceramente que me tragara la tierra en ese instante.
No te preocupes Dominic, me gusto verte, nunca he tenido otra
relación que no haya sido mi marido y ya sabes el es muy celoso y tiene casi 50,
solo lo he conocido a el y al verte a ti, me gusto lo que vi, no sabia que
tenias la pija de tan buen tamaño grosor.
¿La puedo ver más de cerca?, me quito el cierre de mi
pantalón y todavía con el sabor a semen recién lanzado, ella tomo mi verga y
comenzó a chuparla.
Aquella Princesa se convirtió en mi reina, sus labios tan
gruesos, penetraban hasta el final de mi verga, su mano tomó la mía y se la puso
en su semilla delantera, su panochita era sensible a mis caricias.
Se bajo los panties y aquel coño bambino de color negro y
rosado por dentro se ajusto a mi lengua y mi boca, ante mi inexperiencia, ella
tomo la iniciativa de rotar su cadera de forma circular, de esa forma lamí todo
sus muslos y el premio mayor que era tocar aquel clítoris durito, aquel sexo no
desperdicio momento alguno para que mi lengua penetrara y saboreara de una vez
por toda su coño, aquel jugo saciaba con creces mi sed.
Princesa lanzaba su cadera, empujándome a lamerla
obligatoriamente, mis dedos y mi lengua entraron paralelamente en su vagina,
ella gimió y gimió….siiiiiiiiiiiiiiiiiiii DOMINIC, cómeme ese chocho,…….que
rico…uhmmmmm
Mi pinga brinco de alegría y quiso unirse aquel festín, la
penetre y la encaje en mi cadera, como si fuera un lobo hambriento, la levante
en el aire y me la clave, agarrando con justicia aquel trasero que tanto había
deseado tocar con mis manos.
La lleve en el aire al sillón que mi vieja utilizaba para ver
su TV, la tire y Princesa me permitió clavarla tanta veces que no puedo en mis
neuronas recordar cuantas.
Mi boca se deposito como un imán en sus deliciosos pechos
juveniles, follarla aquella tarde cambio el rumbo de mi vida que en aquel
momento me parecía sumamente triste.
Durante varios meses aquella cría y yo pasábamos momentos
inolvidables, ¿porque lo prohibido y ajeno es tan bueno?, eso no lo se, ella
sacio conmigo la timidez de su marido, yo sacie con ella el aprendizaje de mi
juventud.
Me dio lo que mi novia rechazaba darme, se tragaba mi semen
como si fuera una becerrita, le gustaba que le dieran por la cola también.
Hoy Princesa debe estar en sus 37 de edad, hoy ella debe
tener hijos, hoy quisiera rendirle homenaje a la mujer que me hizo sentir un
placer total, hoy quisiera escuchar sus gemidos en mis oídos.