Los sollozos se fueron apagando, pues parecía que el dolor
mitigaba un poco (solo un poco) y se durmió, con el cerebro intoxicado y la
conchita enardecida manando semen.
I
El llamado era de su gran amigo Ramón:
- Me enteré de que te vas a la Capital en estos días y
quería hacerte un encargo – dijo
- ¡Por supuesto, man! Salgo pasado mañana si el clima lo
permite – respondió haciendo alusión a las grandes nevadas pronosticadas
para el sur en esos días. - ¿Qué puedo hacer por vos, hermano?
- Mirá, Jaimito, lo que pasa es que hace tiempo que la nena
quiere visitar a sus abuelos, pero el presupuesto no da para que viajemos todos.
Por eso, con Susana pensábamos mandarla solamente a ella, pero no nos animamos a
que viaje sola. Vos sabés… tanto hijo de puta suelto…
- …y ustedes quieren que yo la lleve…
- ¿Puede ser, viejito? Vos sabés que ella ya es grandecita y
no vas a tener problemas…
- ¡Por supuesto, man! ¿Cómo no les voy a hacer ese favor? Vos
sabés que yo por mi Negrita hago lo que sea. Además, Susana y vos siempre se han
portado conmigo mejor que mis propios hermanos. - (Especialmente Susana, que
a pesar de ser rubia, cogía como la mejor puta del universo. De sólo mirarla,
Jaime recordaba cada una de las muchas siestas de fornicacion salvaje y se ponía
al palo. Es que la mujer de tu amigo, siempre es la mejor, y romperle el culo
sobre su propia cama matrimonial antes que su marido, te convierte en su dueño
para siempre. Un placer que, en este caso, solamente podría superar la
virginidad de la pequeña Melissa)
A propósito, la negrita ya tiene 18 años. La conoció hace
unos diez o doce, época en que la sentaba sobre sus rodillas y le permitía
tironear de su barba mientras simulaba llorar de dolor. La chiquilla podía estar
horas riéndose de eso.
Hoy en día es toda una mujercita, y aunque tiene casi su
misma estatura y unas curvas de diosa, todavía se le sienta sobre las piernas
para jugar con sus bigotes. Jaime ya no llora, pero ríen juntos cuando,
tomándola por la cintura, le hace cosquillas en la espalda o en la pancita,
incluso por debajo de la ropa.
A veces, de manera "inocente y casual" la mano sube demasiado
y roza sus pezones, los cuales, después de varios minutos de juego, están
bastante duritos y respingados.
Cuando eso pasa, la risa de Melissa se detiene, y su mano se
abre para recorrer tiernamente el áspero rostro, mientras su mirada se instala
profunda en la del veterano, tratando de encontrar respuestas a preguntas que
todavía no se hicieron. Y es allí donde se encuentra la magia, el cariño... el
deseo. Es una mirada que pide más de algo que en realidad no conoce, pero que
imagina y apetece. Saben, cada uno en su sub-conciente, que este juego ya no
causa diversión sino placer. Hay una necesidad mutua y vehemente.
El entiende perfectamente lo que pasa, lo que quiere y a
dónde quiere llegar.
Ella no. Está confundida. Sabe que es algo más que el gran
cariño por su tío, porque su cuerpo siente, pero ella no alcanza a interpretar
todavía todas estas señales. No importa, él ya se lo explicará llegado el
momento. Entre tanto, sólo se dedica a crear nuevas sensaciones en la joven
piel…
II
Aeropuerto, dos minutos antes de entrar en el área de pre-
embarque:
-¡Gracias, Jimmy! No te das una idea del enorme favor que nos
estás haciendo- dijo Ramón lleno de aprecio y agradecimiento sincero.
- No me agradezcas nada, bobo. ¿No ves que… no me cuesta
nada? –
(Casi dice "no ves que el favor me lo estás haciendo vos a
mí")
En ese momento miró a Meli. Su mirada soñadora estaba
totalmente instalada en su pseudo-tío. Su sonrisa era extraña.
Jaime no pudo evitar ese pensamiento: "Boludo, me la
entregaste en bandeja de plata",
- ¿Qué pasa con la plata? – preguntó Ramón.
- ¡Na… nada! Es que creí que me la había olvidado y
pensaba en voz alta…
El vuelo salió puntualmente a las diez de la mañana. Tenían
no menos de cinco horas hasta su destino, por lo que el "tío" ya tenía
perfectamente pensado cuáles serían sus temas de conversación y cómo llegaría a
aquellos que realmente le interesaban para trabajar sobre la virginal mente.
Además, tenía una importante dosis de Viagra fraccionada en polvo mezclado con
purísima cocaína. Si en algún momento conseguía hacerle tragar tan sólo una
medida, la fiesta estaba asegurada. Aunque la mirada y la sonrisa de Meli le
daban la pauta de que nada de eso sería necesario.
De pronto, los demonios se pusieron de su lado: tormentas de
nieve en una de las escalas hicieron que tuvieran que desviar el rumbo a otra
ciudad en la que deberían permanecer hasta que el temporal amainara dentro de
dos o tres días, según el servicio meteorológico.
Ya en el hotel que la aerolínea les asignó, y después de
invertir u$s 10 para comprar al recepcionista, Jaime se dirigió a Meli con el
peor semblante de preocupación que pudo simular:
- Tenemos
un problema, Morenita…- murmuró gravemente.
- ¿Qué
pasa, Tío Jimmy? ¿No hay lugar o tenemos que pagarlo nosotros?
-
Esteee…Lo que ocurre es que queda una sola habitación, entonces uno de nosotros
va a tener que ir con la otra mitad de los pasajeros a otro hotel, así que te
dejo aquí y mañana…
- ¡Pero yo no quiero! ¡Yo quiero que nos pongan
cerca! ¡Tengo miedo de quedarme sola!
- Sí, ya
sé – dijo impaciente - pero el problema es que sólo queda una única
habitación, y… bueno… no se puede...
Silencio y ojos muy grandes y brillosos por el llanto que se
le quería escapar.
- ¿Y no podríamos… compartirla?- murmuró con
miedo de haber dicho la mas grande bobada de su vida
- Y bueh…
Si no hay más remedio y vas a llorar… - trató de convencerla de que la
situación le resultaba un poco molesta, pero una involuntaria sonrisa de éxito
lo delató instantáneamente y, también, le dio a ella la seguridad de que no
había dicho ninguna tontería. Porque su tío la quería muchísimo y haría
cualquier sacrificio por ella. Ambos estaban más que felices con toda esta
situación, ella porque no se iba a quedar sola en un lugar desconocido, y él...
La habitación tenía dos camas chicas, un excelente gran
espejo frente a ellas y una bañera de muy buenas dimensiones en el toilette .
(Debía recordar darle otros u$s 10 al conserje. Era un capo).
-¿Qué te parece si nos damos una buena ducha y bajamos a
cenar temprano, Meli?
- Me encantaría. La verdad es que tengo hambre, pero también
quiero disfrutar al máximo los días que estemos aquí. Nunca tuve la oportunidad
de estar en un hotel como este.
-¿Y cómo es disfrutar al máximo para vos?
- Y…no sé… Desayunar en la cama, ver muchas películas,
quedarme horas en la bañera con mucha espuma… que se yo…
- Bueno, mi beba, yo te prometo todo eso y varias cositas más
que yo me sé para que podamos realmente disfrutar de estos días.
Cuando dijo "varias cositas más" un brillo fugaz iluminó sus
casi infantiles rasgos, pues supo con certeza que esta sería una semana única en
su vida.
III
Melissa no se habría imaginado jamás que esta sería una cena
romántica, pero al llegar, la luz tenue y la suave música combinados con el
excelente vino tinto habían convertido al restaurante en el perfecto lugar. En
el extremo más apartado del salón, el gran sillón semicircular que rodeaba la
mesa y los candelabros le daban a la velada el toque exacto de magia para
hacerla sentir como la chica protagonista de esas películas de amor que ella
consumía desde siempre.
Pero en realidad, era la ambientación perfecta que se
requería para los depravados planes de Jaime.
Conversaron animadamente de muchos temas: el colegio, el
trabajo, la música, de las "amigas" que Jaime siempre invitaba su casa, de los
noviecitos a quienes Meli apenas les permitía un besito rápido. Además, él le
explicó porqué estos mariscos no iban bien con Coca Cola, sino con un vino a
temperatura ambiente. Ella seguía prefiriendo la Coca, pero no quería
contradecir a Jimmy. Además, el vino la había puesto de excelente humor.
Después de la cena, un par de copas más le dieron ese
increíble brillo a la expresión de Meli. Su risa fluía como arroyo de montaña,
pero se detuvo abruptamente cuando advirtió que este hombre que le provocaba
esas fantasías nocturnas, la observaba detenidamente, recorriéndola con una
mirada… ¿"lujuriosa" era la palabra?
Todo se venia dando a pedir de boca para el lascivo
cuarentón, pero había que asegurarse. No podía permitir que una imprudencia de
su parte asustara a la niña y se le fuera todo por la borda.
-Me encanta tu perfume, Meli.
- ¿De veras? Me lo regaló mi mamá porque dice que va con mi
piel.
- Eso es completamente cierto. Tu aroma natural mezclado con
este, te da un toque exótico y…
Se inclinó y se acercó al delgado cuello de la niña como para
disfrutar del perfume. Sin embargo, lo que hizo fue hacerle sentir el calor de
su aliento sobre la piel.
Meli no pudo evitar que sus ojos se cerraran mientras un
involuntario suspiro pareció llevarse su alma. En un susurro preguntó:
-Exótico y… ¿qué?
Un susurro también fue la respuesta.
-Sexy…
Meli sintió que sus labios rozaban los de el. Sorprendió a
sus propias manos acariciando la barba que había amado toda la vida.
Recibió el beso directo en la boca con los ojos aun cerrados,
por eso no se percató del hábil movimiento que descargó la droga en su copa.
Sintieron el sabor del Cabernet cada uno en los labios del
otro. Se bebieron mutuamente , se embriagaron de placer y caricias.
Meli sintió un cosquilleo en la boca del estómago que
rápidamente bajó hasta su vientre. Y cuando las calidas manos de Jimmy le
recorrieron la espalda, la inquietud se instaló en su entrepierna. Eran manos
fuertes y grandes que podían rodear casi toda la espiga de su cuerpo. Ella las
sintió viajar por sus costados, rozando levemente los lados de sus senos, pero
sin detenerse allí, tan solo pasaban, sugiriéndole, excitando su curiosidad… y
su deseo.
Fue en ese momento que la niña se percató de la rigidez de
sus pezones y de la humedad de sus braguitas.
-Jimmy… ¡no...! Esto esta mal…
-¿Porqué esta mal, mi amor?
- Es que vos sos mi tío… yo tengo 18 años… no se…
-Primero, ya sabes que yo no soy tu tío realmente. Soy antes
que nada un hombre que esta loco por vos. Segundo, aunque tengas 18, sos
toda una MUJER, que tiene sentimientos y un cuerpo que ya pide cosas.¿No?
El énfasis que puso en la palabra "mujer" la sorprendió. Y le
gustó. Muy posiblemente ese fue el "click" que la hizo decidirse. Aunque no era
menos cierto que fue también por esas manos, ese aliento sobre su cuello, la
humedad de su sexo… realmente era imposible detenerse aquí. El fuego
incontenible ya había sido encendido.
-Terminemos el vino y vámonos – dijo él ante la urgencia
de sus testículos.
- Es que no quiero mas… ya estoy un poco mareada…(Tal vez
debería haber insistido en tomar una Coca Cola)
Jaime tenia que hacerle beber la poción pues, aunque la nena
ya estaba bastante excitada, debía asegurarse. También tenia que ser sumamente
prudente. Después de todo, aunque estaba muy caliente, Meli seguía siendo una
virgencita con tan solo una muy vaga idea acerca del sexo. Y si por alguna razón
ella se arrepentía, todos sus depravados planes quedarían en la nada total.
-El mareo es porque te pusiste nerviosa. Dale, tomate esta
ultima copita y te vas a sentir mucho mejor.
No muy convencida, bebió de un sorbo hasta el final. El
alcohol con la mezcla de cocaína y doble ración de Viagra se le hizo áspero en
la garganta. Apretó los parpados hasta que pudo tragar todo, y cuando los abrió,
sus pupilas ya estaban algo dilatadas. Poco después, su semblante comenzó a
iluminarse . La sonrisa se le hizo más amplia cuando dijo.
- ¡Tenias razón! ¡Me siento mucho mejor! y con ganas de… de…
jugar y de…
-¿De qué, mi amor? - La impaciencia le estaba ganando la
mente. Y los genitales. Estaba completamente al palo de solo imaginar como la
iba a penetrar, lenta y profundamente. Imaginaba el calor y la presión de esa
conchita nueva, imaginaba su verga tratando de entrarle, los gemidos…
-¿Qué te pasa, Jimmy? ¿Por que me estas mirando así?
-Porque me enloquece tu figura, tu sonrisa, tu mirada…todo.
¿Te molesta si te miro?
-¡NO! Al contrario. Me gusta, me… - Y acercándose mucho,
con una risita tonta le murmuró al oído:
-¡ME EXCITA!
Imposible resistirlo. La tomo entre sus brazos y atrapó sus
húmedos labios con los de él. Bebió, devoró poco a poco la inocencia de de una
niña drogada, cuya vulva ya era un manantial.
Aprovechando la penumbra, metió sus manos completamente
abiertas por debajo del fino suéter. Hábilmente, mientras una de ellas recorría
la espalda, desprendió el soutien y continuó hacia las caderas. La otra se posó
sobre sus pechos. Los pezones eran dos perlas endurecidas por la droga y el
contacto caliente sobre ellos.
La respiración se les hizo agitada. Los corazones galopaban.
El de él por no poder creer que había llegado el tan largamente esperado momento
de pervertir a esta morenita que amaba desde siempre. El de ella, porque la
cocaína actuaba, y porque en su mente sabía que desde hoy, nada seria igual.
-¡Tocame...! ¡¡TOCAME MUCHO!! ¡Jimmi, por favor! ¡Siento
necesidad de que me toques ahí abajo…!
No hubo que decir nada mas. El largo mantel ocultó el
movimiento rápido con que le levantó la falda. Sus excelentes y juveniles
piernas temblaban de excitación y ¿miedo? Tal vez.
Mientras liberaba su hinchadísimo miembro, lentamente
recorrió los muslos de Meli hacia arriba. La nena se agitaba cada vez mas y le
tironeaba de la barba, como cuando jugaba, hace muy poco. Solo que ahora lo
hacia debido a la urgencia de calmar eso que sentía y no sabia bien que era.
Al fin Jimmi llegó a las totalmente mojadas braguitas. Las
apartó hacia un lado y con la punta del dedo acarició los labiecitos, penetrando
apenas un par de centímetros. No quería lastimarla ahora. Lo que él necesitaba
era ver su verga con sangre y escuchar al mismo tiempo el llanto infantil. Había
que contenerse apenas un poco mas.
Sin embargo, la gran inflamación del clítoris hizo que Meli
estallara en un orgasmo al sentir el contacto dentro de si.
El profundo e involuntario suspiro la hizo gemir de placer.
Su aliento dio de lleno en el rostro de Jimmi, cuya eyaculaciòn, larga y espesa,
manchó el costado del mantel y el suelo.
-Tío, ¿Qué me pasó? ¡Creí que el corazón me iba a explotar! –
y bajando la voz aun más, confesó:
-Tío Jimmy, por favor no te rías… creo que me oriné.¡¡ Tengo
mucha vergüenza!!
Pero Jimmy no respondía. Había quedado reclinado hacia atrás,
totalmente debilitado.
-¿Qué te pasa, tío? ¿Te sentís bien?
-Muy bien, bebe, muy, muy bien. Ahora, vamos al hotel que
tenemos mucho de que charlar. Y no te preocupes, la mojadura es por otra cosa.
IV
Caminaron abrazados y en silencio las pocas calles que los
separaba del hotel. Ella no podía apartar la mirada de él. Era tan hermoso… y
esas sensaciones que le provocaba aun sin tocarla… y las caricias que la
llevaban a la gloria... No, ya no tenia dudas: esto que sentía era verdadero
amor.¿Que otra cosa podía ser?
Al entrar en la habitación, Meli se sentó sobre la cama
tomándose las rodillas y con la vista clavada en Jimmi, quien estaba destapando
una botella de Malbec.
-¿qué te pasa, mi Morenita deliciosa?
-No se. Me siento rara, como cansada, pero no tengo sueño,
mas bien, estoy un poco nerviosa.
-("Cansada") - pensó Jimmi. – ("eso tiene solución")
-¿por qué no te das una ducha bien caliente, y después
seguimos… charlando?
.
Mientras Meli se duchaba, él preparó otra dosis, esta vez, un
poco mas saturada que la anterior. Sabia perfectamente que el viagra en las
mujeres producía, ademas de excitación, una sensibilidad mucho mayor en los
genitales, facilitando enormemente los orgasmos. Y él quería sacarle a la beba
muchos, muchos orgasmos. Pero, conciente de que sus cuarenta y dos años lo
tenían un poco "limitado", también se tragó una tableta azul con vino. Preparó
todo lo necesario como para darle a la velada un ambiente absolutamente
romántico. Quería que, además de excitada, la niña se sintiera enamorada y
amada. Tenía que convencerse a sí misma de que todo lo que iba a ocurrir en su
cuerpo y mente era solamente amor. Encendió el estereo portátil y puso una
selección de Elton. Se desnudó por completo, unas gotas de una suave colonia
afrodisíaca (la bruja dijo que era infalible y le sacó u$s20). Se cubrió sólo
con su bata de baño y se recostó a saborear su Malvec. Necesitaba relajarse.
Estaba completamente al palo pero no quería apresurar las cosas.
V
Meli cepillaba su cabello frente al espejo, el le acercó la
copa de vino que había preparado especialmente para ella. La rodeó desde atrás
con un brazo, acariciándola en el vientre. De inmediato brotaron los pezones
debajo de la blanca seda del camisón revelando la excitación que él pretendía.
Conversaron brevemente de tonterías, como para distender el momento. No lo
consiguieron, por eso, Jimmi volvió a llenar las copas. Ella no quería
contradecirlo, así que aceptó y lo saboreó con placer, pues había descubierto
que este vino la hacia sentir bien, animada, atrevida. Sentía el efecto en su
cabeza, pero a diferencia de otras veces que había bebido, ahora sentía cosas en
su sexo. Pensó que la inflamación de su clítoris se debía a la mezcla de alcohol
con las caricias que este macho le había prodigado en el restaurante. No estaba
del todo equivocada.
Y Bailaron. Los cuerpos muy pegados uno al otro, el roce de
los pezones contra el velloso pecho del hombre y la voz grave diciéndole al oído
cuánto la amaba, la ponían en una nebulosa. El recorría toda esa magnifica
espalda provocando en Meli suspiros de placer. Una mano pasó el limite de la
cintura para acariciar muy suavemente los redondos y firmes glúteos. Cuando un
dedo exploró entre ellos rozando su entradita, el delgado cuerpo se tensó y se
apretó aun más contra el abdomen de el.
-Mi Princesa. No existe en el universo mujer más mujer ni más
hermosa-
- Jimmy... ¡No tenes idea de cómo te amo! . ¡Nunca me dejes,
por favor, o me voy a morir!-
Jaime supo que este era el momento preciso para pasar a la
acción. La hizo girar de modo que ahora ella le daba la espalda. Meli nunca
había sentido brazos tan fuertes . Se sintió pequeña, frágil… amada por este
señor mayor que hacia tanto tiempo era protagonista de sus sueños nocturnos.
Ahora manos calientes se dedicaron a masajear con fuerza los
pechitos, pellizcando sin dañar los durísimos pezones. Un concierto de jadeos
comenzó y creció. Ella levantó su rostro ofreciéndole su boca. Y èl la tomó
ávido con la suya mientras acariciaba la mojada entrepierna de la jovencita. En
ese momento ella sintió entre sus nalgas la rigidez y el calor humedo de una
verga que, se percatò, aun no habia visto. La sentía demasiado grande y se
preocupó. Por eso bajó su manita y la palpó. La imaginó dentro de ella y lo
supo.
-¡Me va a doler, Jimmy!
-Un poquito, nada más, mi amor. ¿Acaso yo te lastimaría, mi
vida?
Sabìa que no, pero no podia dejar de inquietarse por el
dolor. Nunca soportó el dolor, pero se prometió a sí misma que no iba a
estropear este momento llorando, aunque se sintiera morir.
Su cuerpecito temblaba. Delicadamente, el la tomo como una
muñequita y mientras tiernamente la besaba, la depositó con gran delicadeza
sobre la cama. Levantó la seda que vanamente intentaba proteger el tierno pudor
y lentamente retiró la tanguita. Después de aspirar el aroma a hembrita nueva de
la mojada prenda, se quitó la bata. Melissa no podia apartar los ojos de ese
falo.
-(¡Me va a doler!) – pensó más temerosa que antes.
En un momento se encontró bajo el enorme cuerpo de Jimmy,
quien la besaba y le succionaba los pezones incansablemente. Su corazoncito
estaba a mil. No podia hacer que sus manos dejaran de temblar mientras se
sujetaban a los hombros de él.
Los besos ya se deslizaban por el vientre rumbo a su sexo. Al
llegar alli, instintivamente Meli separó las piernas. La boca de Jimmy se posó
muy abierta abarcando completamente la conchita de labios carnosos y suaves. Se
la comió de un bocado. La lengua rescataba cada gota del ardiente interior
haciendo a la damita vibrar y gemir cada vez mas alto.
Como si de poderosos tentáculos se tratara, las manos y
piernas de la joven atraparon al macho apretándole el rostro contra su vagina,
hasta que, por segunda vez en esa noche (y en su vida), Meli se sintió volar en
pedazos cuando el orgasmo la atravesó como un rayo, dejándola tendida y
tiritando inerme .
Después de varios minutos, Jimmy se incorporó y, tomándole
las piernas, se las levanto y separó. Con cuidado apoyó la punta de la verga en
la entradita de Meli y empujó. Con un deleite morboso, se excitó hasta el
delirio viendo su miembro ingresando con dificultad en la estrechísima cavidad.
La respiración de la nena se detuvo. Apretando los ojos y los
dientes sintió el falo abriéndose paso hacia su interior, horadado su cuerpito,
dilatando su carne a un punto que no había imaginado. Pero habia prometido no
llorar. Sin embargo, cuando parecía que ya no podia doler màs, el desgarro en
sus entrañas le arrancò un profundo grito y las lagrimas escaparon
incontenibles.
El ariete le llegò hasta el fondo, se quedò allì unos minutos
acariciandola por dentro para luego comenzar a retirarse lentamente. Pero cuando
Jimmy se lo vio teñido de rojo, la demencia le conquistó el cerebro. Comenzó a
cogèrsela de verdad, con todas las fuerzas, con toda la locura. Le entraba y
salía con violencia, haciendo que sus testículos la golpearan rítmicamente en el
ano. El sonido de sus cuerpos chocando, sumado a los gemidos lastimeros de la
niñita, le provocaron un orgasmo casi inmediato.
El espeso liquido se estrelló contra el fondo de la vagina
causando en Meli un espasmo mitad sufrimiento, mitad placer. Las largas y
delicadas piernas se tensaron tratando de cerrarse y todo el cuerpo tembló como
si hubiese recibido una descarga eléctrica. Jimmi rugió y, como si una bala de
fusil lo hubiese alacanzado, cayò junto a ella extenuado. Y ella, con su cuerpo
adolorido no podia siquiera a abrir los ojos.
Tal vez no queria mirar el espejo y verse asi, como se
sentía: violada , ensangrentada y ademàs, como una… puta. Putita, sí, y
maltratada ... pero saciada al fin.
Los sollozos se fueron
apagando, pues parecia que el dolor mitigaba un poco (solo un poco) y se durmió,
con el cerebro intoxicado y la conchita enardecida manando semen.
VI
Despertó y vio a Jaime tendido junto a ella boca arriba
completamente dormido. Sin embargo, el pene era una estaca hacia el cielo.
Recordò, de repente y con todo detalle, lo que habia sucedido. Y su clítoris
respondió. No podia quitar la vista de ese doloroso pero delicioso falo. Todavía
sentia su interior inflamado. Pero estaba húmeda otra vez.
Estirò la mano y comenzo a acariciarlo suavermente,
recorriendolo todo a lo largo. Era increíble que todo eso pudiera haberse
alojado dentro de ella. ¡Con razon doliò!
Su pequeña mano, que apenas podia cerrarse alrededor de ese
tronco, comenzo a masajearlo, lo que aumentò la ereccion en gran manera. Jimmi
parecia desmayado pero Meli queria – necesitaba - probar de nuevo las inefables
sensaciones dentro de su vagina. ¿seria posible meterse la verga de Jimmi sin
que este se despierte?
Con gran esfuerzo se incorporò, el cuerpo le dolia como si la
hubiesen apaleado y la habitación le daba vueltas como un carrusel. Noto que sus
manos sudaban y temblaban y el corazon le latia a gran velocidad. Tal vez la
travesura que estaba pensando la ponia nerviosa. Quizás con un poco de vino se
le pasaria el temblor y los nervios. Sobre la mesita de noche habia quedado una
copa servida junto a un trocito de papel con restos de polvo blanco. Después le
preguntaria al tio acerca de eso , pero ahora necesitaba un buen sorbo de vino.
En el mismo instante que dejo la copa vacia sobre la mesa,
sintio un brazo que, como
tentáculo la rodeo por la cintura.
-¡buenos dias, mi princesita! estaba soñando con vos.
Una lluvia de besos en su cuello y espalda hiceron efecto
instantaneo en su conchita. Sintio como sus propios liquidos se deslizaban por
sus muslos.
Las palpitaciones aumentaron y el clítoris ya dolia de
excitación.
- ¡Hacemelo otra vez, tio, por favor!¡tocame y ponemelo muy
adentro!¡¡ por favor no te demores tanto! pero, por favor, ¡No me hagas doler!
Anoche me dolió mucho y no me gusta...
Jaime obedecio al instante.Como si fueran las alas de un
ángel,las piernas de Melissa se desplegaron ante él, haciendo
que la conchita se ofreciera plena ,como
una rosa que florecia, para ser devorada . Sin ninguna clase de prambulos, la
penetró de un golpe comenzando un bombeo ritmico y profundo. La excitacionde la
nena era tal que se corrio apenas la verga hizo fondo. Así comenzó de nuevo, y
vez tras vez repitieron el ritual. Se fue la madrugada, pasó el mediodía y ellos
apenas descansaron. Media hora de sueño despues de cada polvo, sólo para
despertar con la misma avidez.Una y otra vez se amaron con el sexo, con los
dedos, con las bocas. La de ella aprendio a dar y recibir placer hasta que el
espeso y palido licor escapaba por sus comisuras.
Él se embriagó con el salado nectar de esa vulvita que aún
olía a pis de virgencita.
Sus cuerpos se movieron en una docena de coreografias
dictadas por la experiencia de él o improvisadas por la necesidad de ella de
sentir más y más adentro el sagrado roce ,hasta que la culminacion del extasis
la sacudía en espasmos incontrolables.
Sudor, lágrimas, semen... y el cansancio. Y cuando los
agotados organismos estaban al límite, el vino y el mágico polvo blanco y azul
venían al rescate, con mayor frecuencia y carga en cada nueva dosis.
.
Pero no se puede ir contra la ley de la naturaleza. Aunque la
ereccion no dejaba de ser brutal, (dolorosa incluso), a los tetículos de Jaime
les estaba costando reponerse.
Necesitaba eyacular, pero no le era posible, y eso lo
enloquecia. Pero rapidamente encontro la solucion. Besó tierna y profundamente a
la pequeña diosa que dormitaba entre sus brazos.
-Ya es tiempo, mi amor. Ahora sí vas a ser completamente mía
para siempre-
Ella no comprendió, pero lo dejó hacer, un poco por
confianza, pero más por falta de voluntad.
Olvidando por completo su promesa, el enfermo veterano la
tendió boca abajo sobre la almohada, de manera que toda la conchita y el ano
quedaron totalmente a su merced. Separando las nalguitas de Meli, dejó al
descubierto un anillito casi diminuto. Mojó un dedo y comenzo a introducirlo muy
despacio,
-¡¡No,
no!! ¡Jimmi por favor, por atrás no!! ¡¡!
Es muy grande y me va a doler mas que antes!!
– casi lloraba en la suplica, y ese sonido de llanto infantil terminó de
enloquecer al degenerado. No podia esperar mas . Haciendo caso omiso a los
ruegos de la jovencita que se retorcia tratando de evitar lo inevitable, la tomo
por la nuca apretandola contra el colchon para evitar que logre zafarse y
escapar; le untó el culito por dentro y por fuera con gel de siliconas, hizo lo
propio con la verga y apoyando la punta en el tierno agujerito, empujò. El
glande dilatò el orificio de Meli mas alla de lo que ella podia soportar. Pero
su alarido quedò ahogado por las sabanas contra las que la aprisionaban esos
dedos como tenazas..
El dolor se torno tan insoportable que optó por no tratar ya
de escapar. Sentia como era penetrada lenta e inexorablemente por esa estaca que
parecia no tener final.
Y otra vez el espejo le revelaba cruel y a la vez excitante, cómo esa
serpiente que la estaba violando desaparecía lentamente devorada por su cuerpito
.La sintió practicamente dentro de estómago y tuvo la
necesidad de ir al baño, estaba segura de que se iba a defecar, pero Jimmi no la
escuchaba. Él sólo veia su miembro abrirse paso con dificultad, veia la sangre,
oia el llanto, percibía la increíble presion con que su verga era aprisionada
por esa carne tan joven, tan… virgen.
Siempre imagino como seria este momento. Pero ver a Meli
sometida y sodomizada , estaba más allá de cualquier fantasía erotica que su
enferma mente hubiese fabricado. No tenia comparación. Porque era Meli, su
pequeñita, su amor , la dueña de ese cuerpecito delgado y perfecto, de esos
pechos duros y dulces,la musa inspiradora de sus mejores pajas...
Y mientras estos pensamientos lo enloquecían más y mas,
descargó toda una andanada de semen muy, muy adentro de la cavidad rectal de una
niña al borde de la inconciencia.Y el semen comenzo a llenar el herido culito de
su beba y a desbordar ,inundando la conchita y chorreando por las
piernas temblorosas.
Las convulsiones que ganaron el cuerpecito de Meli le
hicieron suponer al depravado que ella estaba
teniendo el mejor orgasmo de su vida.
En parte era cierto. Meli se sintio acabar de una manera
extraña. Porque era extraño que, de entre tanto dolor fisico, se pudiera derivar
placer. Fue realmente un gran orgasmo, pero después de eso, no podia dejar de
temblar como una hoja. Escalofrios recorrieron su espalda y ese dolor tan
intenso en el pecho… Sintió como si el corazon le estallara…
Y
la oscuridad.
VII
(epílogo)
Cinco de octubre del 2006. Las rejas que ocho años antes se
lo habían tragado, hoy se abrían de nuevo para vomitarlo sobre el húmedo
pavimento de esta ciudad que ya no recordaba muy bien.
Ocho años. Barato para una carátula de violación seguida de
muerte. (En Estados Unidos seguramente lo hubiesen cocinado en la silla o algo
por el estilo. Acá, con buena conducta, algunos amigos y un poco de plata, la
cosa era distinta).
Cinco de octubre. Algunos lo llamarían "casualidad". Para
otros, pudiera ser una irónica jugarreta de los demonios del Destino.
Él sólo sabía que hoy Meli cumpliría 23 años de vida. Pero
gracias al inmenso amor con que la amó, solamente cumple sus primeros ocho años
de sueño eterno.
Sinceramente, no había tenido la intención conciente, pero
sus erráticos pasos lo habían llevado hasta el cementerio. Dejó la rosa sobre el
mármol mientras trataba de comprender la inscripción:
"Amada Hija:
Ojo por Ojo
Muy Pronto se Cumplirá
Porque tu Sangre
Clama Desde la Tierra".
La voz de Susana rasgó el aire como un sable
-Gracias por llegar a tiempo.- .
Se volvió con sobresalto. Los años no habían sido
misericordiosos con ella: El cabello gris –alguna vez dorado - enmarcaba
profundas líneas que surcaban su frente y los costados de su boca.
Pero los ojos... esos témpanos verdes que tan bien conocía,
eran los mismos. Aunque no había odio en ellos; más bien una triste serenidad.
(¿Resignación?)
Susana estiró el brazo y Jaime advirtió el destello fugaz en
la mano que no tembló. El golpe en el pecho, el escalofrío en la espalda...
Y la oscuridad...