La historia que voy a contarles es simplemente una historia
de amor y sexo como no creo que haya otra, por la grandeza del amor volcado y
por el sexo que selló ese amor.
Todo le aconteció a una persona de mi círculo más cercano,
quien hace unos cuantos años ya, me lo confesó y si bien al principio me costó
enormemente creer lo que me estaba diciendo, pude después comprobarlo por otros
medios facilitados a mí por quien era el protagonista principal, o sea, mi mejor
amigo.
Lo voy a narrar como si la historia fuera mía, primera
persona importantísima para comprender cabalmente el relato.
Me dice mi amigo "Pedro" llamémoslo: -Juan, tengo algo
importante para contarte pero tiene que ser un secreto absoluto.
Bueno Pedro, decime de que se trata, vos sabés que nosotros
siempre nos hemos respondido el uno al otro cuando de ayudar se trata.
Lo que pasa, me dijo, que lo que tengo que contarte es muy
grave, me está pasando desde que era niño muy pequeño y recién ahora me doy
cuenta que solo me está pasando a mí y a los demás chicos como yo no les pasa.
Ahí fue cuando más me clavo la intriga y me puse ansioso para
que me contara.
Nunca había visto a Pedro en esa posición, tenía la cara como
desencajada, el era un muchacho de dieciséis años como yo, normal en casi todas
las cosas que un muchacho de esa edad puede ser normal, pero había algo que lo
estaba martirizando.
Le pregunté si había echo alguna cagada grande y me dijo que
no, que toda su vida era una cagada, que tenía ganas de matarse y no se cuantas
boludeces más.
Él era un tipo bastante tranquilo, no se puede decir que era
de los que destacaban en un grupo, más bien era de los tomadores de opinión que
prefieren hacer lo que los líderes naturales indican, por no anteponer su
criterio, pero en fin, era un gran amigo.
Un año antes él y yo habíamos tenido una experiencia
homosexual si quieren llamarlo así, ya que estábamos en su casa mirando unas
revistas porno y surgió el tema de unas chicas que nos estábamos cojiendo ambos,
eran hermanas y muy putas, entonces se nos paró la pija a los dos, casi sin
querer nos empezamos a tocar y en el calor del momento y con los preconceptos
grabados en el chip que te ponen al nacer, yo no quería hacer la parte de
mujercita entonces comencé a indicarle a él los pasos siguientes, lo agarré de
la cabeza y lo empujé hacia mi entrepierna y el fue sin chistar y me empezó a
morder la pija por sobre el pantalón, lo solté pero continuó allí mordiéndome la
pija y entonces bajé el cierre y saqué la pija para que la tuviera a su entera
disposición y enseguida comenzó a chupármela de una manera que nunca me había
pasado, era la delicadeza total y absoluta, nunca me la habían chupado de esa
forma.
Enseguida le dije que nos sacáramos la ropa para refregarnos
un poco, lo hicimos al mismo tiempo y nos pusimos de frente refregando nuestras
pijas y luego él solito se dio vuelta, poniéndome su delicado culo al alcance de
mi vara dura. Lo refregué lo más que pude y cuando ya no sabía que más hacer, se
agachó hacia delante ofreciéndome el camino para llegar hasta sus adentros.
Encaminé mi pija con mi mano hacia el orificio de su culo y
casi sin hacer esfuerzo alguno, lo penetré hasta el fondo con una gran suavidad.
Estuvimos cojiendo unos minutos hasta que yo no pude más y me acabé totalmente
en el interior de su culo, rosado y redondito.
En aquella época no existía el SIDA, solamente debíamos
cuidarnos de las venéreas, así que antes las descargas iban todas a destino.
Esa fue la primera vez, cojimos unas cuantas veces más en las
que siempre Pedro tomaba para sí el rol pasivo, dejándome a mi con el activo,
quedando mi conciencia en paz, ya que yo no había hecho nada por lo cual me
llamaran mariquita. Era todo un machito que también me culeaba a algún putito de
vez en cuando. ¡Que tiempos aquellos!
Toda esta historia previa viene a colación de la confesión
que mi amigo Pedro estaba a punto de realizarme y por la cual yo estaba
absolutamente ávido de la misma.
Él me cuenta lo siguiente:
Mirá Juan, todo lo que yo te voy a contar aquí es
absolutamente cierto y quiero que si tenés alguna duda de lo que te estoy
contando me lo digas así yo busco la forma de convencerte de que es verdad.
Vos sabés porque yo te he dicho, que desde que tengo uso de
razón, en mi casa usamos poca ropa, tanto mi mamá, mi papá y yo, ya que ellos
entienden que el cuerpo humano es una cosa muy bella que no nos tiene que
avergonzar, por el contrario, es digno de admiración y valoración.
También sabés Juan, que desde que era un niño pequeñito,
tanto mi papá como mi mamá se bañan conmigo al mismo tiempo en la ducha o la
bañera, sin que exista por parte de ellos o mía pudor alguno. Esa fue la forma
que ellos eligieron para criarme e inclusive la siguen manteniendo hasta el día
de hoy como una filosofía de vida que ellos practican y yo en consecuencia.
Hace poco menos de un año, te acordarás, estuve en cama como
seis días porque los médicos dijeron que tenía hepatitis y luego un análisis lo
desmintió.
-Si, le contesté, claro que me acuerdo.
Coincidió ese momento con la licencia de mis padres, que
siempre salen quince días en el verano para irnos a alguna playa.
Como yo estaba sentenciado a mes y medio de quietud por la
hepatitis mal diagnosticada, no había cosa que me entretuviera, ni revistas, ni
radio, ni televisión ni nada que calmara mi bronca y ganas de levantarme a
correr y jugar al fútbol como siempre.
Entonces un día de esos en los que estaba insoportable por el
calor y la bronca, vino mi madre a mi dormitorio y nos pusimos a charlar de
cualquier cosa con tal de que se me pasara la bronca y tanto ella como yo nos
dormimos una siestita como de una horita o algo así.
En el momento en que me despierto, me doy cuenta que estoy al
repalo y no queria que mi madre lo notara, pero por el asunto del calor, casi no
llevaba ropa de cama y tampoco mi ropa interior era muy propicia para disimular
semejante pedazo.
Ella se da cuenta de lo que me estaba pasando y de mi apuro
por protegerme de su vista, entonces me dice que esto es exactamente lo mismo
que nos ha pasado durante toda la vida, es parte de nuestras funciones
biológicas para la reproducción, no deberías avergonzarte –me dijo-, y entonces
a mí me entró la serenidad y no me preocupé más por mi erección que a esta
altura era ya enorme.
Yo creo que en su afán de seguir haciendo didáctica conmigo,
continuó hablando de las razones por las que yo tenía mi pija tan dura y
mientras me hablaba, comenzó a tocarme por sobre el calzoncillo y yo me daba
cuenta de que su palpación no era todo lo académica que tendría que ser, más
bien, me estaba tocando como si le gustara tener esa pija dura en su mano,
olvidándose que era la de su hijo adolescente.
Por si fuera poco, me empezó a explicar que cuando toman este
tamaño, se ven perfectamente las venas superficiales y para demostrar lo que
decía, me bajó el calzoncillo hasta la mitad de los muslos, quedando ahora si,
mi mástil hacia el cielo.
Ahí me di cuenta que sus ojos tenían otro brillo, no era la
misma mamá que siempre estaba conmigo en la ducha, ambos desnudos,
enjabonándonos mutuamente pero como si estuviéramos pelando papas. Eran ojos con
un foco distinto, miraban otra cosa, había otro motivo atrás de todo esto.
Con la explicación de las venas superficiales, fue mayor el
manoseo de mi tronco y por supuesto nada tenía que ver con las venas ni con la
superficie. Su mano iba de arriba abajo en un movimiento suave y acompasado que
me estaba haciendo subir la temperatura y mi palo estaba a punto de explotar.
Si todo esto que te conté te parece una locura, esperá que te
cuente lo que pasó después.
De una lección de anatomía del miembro viril, tal cual diría
un profesor en una clase de biología, pasó a ser un gran momento de calentura de
ambos, que estábamos disfrutando y que si lo cortábamos ahí, iba a dejar
secuelas que en algún momento tendrían que ser continuadas, por lo tanto, creo
que mi madre en ese instante decidió terminar con lo que había empezado y allí
mismo me preguntó si alguna vez se lo había dado a alguna chica para que lo
chupara.
Iba a decirle que si, que ya me lo habían chupado, que ya me
había cojido a tres o cuatro muchachas del barrio y también me había acabado en
el culo de una de ellas, pero no sé por que secreto motivo en ese instante le
dije que no. Simplemente que no.
Ella me dijo que si la chica es suave y delicada, poniendo la
boca alrededor de la pija y lamiendo con dulzura, podría provocar gran placer a
un hombre y sin decir "agua va", inclinó su cabeza sobre mi abdomen y se mandó a
la boca la cabeza caliente de mi pija.
Yo cerré los ojos para no ver la escena, pensando que me
daría alguna cosa y terminaría todo mal, pero al cerrar los ojos, lo único que
sentí fue el inmenso placer de una chupada de pija hecha por una mujer experta
en esos trámites.
Me hubiera gustado preguntarle si había aprendido esto con mi
padre o ya lo traía de otros maestros, pero no me dio el cuero. Me quedé
calladito gozando de uno de los más grandes placeres del mundo.
Como no podía ser de otra manera, se me empezó a complicar la
cosa cuando me vinieron las ganas de acabarme y como no veía que mi madre se
percatara de la situación, no hice otra cosa que decirle –me voy a acabar yaaa-,
a lo que ella, como si fuera sorda, no dio el menor gesto de importancia.
Solo me queda decirles que cuando empezó a salir todo el
torrente de leche por mi pija, acompañada por los contorneos de mi cuerpo y los
embates de su boca y su lengua, me dejaron totalmente vacíos los tanques de
leche de mi cuerpo y ella se los había tomado todos hasta la última gota, no
derramó nada, ni siquiera en la comisura de los labios.
Pero sí me di cuenta de una cosa, antes de tragarse la leche,
la tuvo un tiempo en la boca como haciendo buches, ya que le hablé, no se que
cosa le dije, y luego de eso ví como su garganta se movía de arriba abajo
llevándose a su interior toda la carga que hasta entonces estaba dentro de mi
cuerpo, en donde se almacena el semen. Recién después de eso me preguntó -¿Te
gustó?- ¿Que otra cosa podría responderle?
Cuando hubo pasado el calor máximo, a mi me comenzó el
sentimiento de culpa de vaya uno a saber por que, entonces ella me besó en la
frente y me dijo que había pasado de maravillas y que fuera pensando en
repetirlo porque se había quedado con ganas de mucho mas.
Casi me muero. ¿Y si se entera papá? –le pregunté- Tu papá ya
sabe que esto algún día iba a pasar, porque estamos preparados para ello. Toda
la vida lo hicimos y éste es el momento supremo, cuando nuestro hijo se
convierte en hombre.
Allí se me terminaron de caer todas las estructuras y dije,
que sea lo que Dios quiera, me la banco, total, mal no me van a hacer, son mis
padres.
Pero la cosa no terminó ahí. Al otro día de mi primera
relación incestuosa con mamá, golpean la puerta del dormitorio y entra mi padre,
totalmente desnudo, quejándose del calor, a traerme el almuerzo en una bandeja
para la cama.
Empecé a comer lo que me trajeron, basado en una dieta
hepática, y allí me preguntó papá, que me había parecido lo de ayer. ¿Qué me
pareció que cosa? –le repregunté-, y me dijo: -No te hagas el boludo que tu
madre ya me contó todo-, casi escupo el pedazo de pollo que tenía en la boca,
pero me contuve y lo miré a los ojos y le contesté asintiendo con la cabeza.
Es una fenómena chupando la pija, yo ya se lo tengo dicho
desde el día que nos conocimos. Si se hubiera dedicado a chupar la pija por
guita, estaría llena de oro. No hay una sola puta que la chupe como ella. Es una
diosa.
Todavía no podía acostumbrarme a ese tipo de diálogos con mi
padre y menos sobre mis andanzas sexuales y por si fuera poco, con mi madre, su
esposa.
Pero él insistía sobre el tema, como si quisiera sacarme a mí
una confesión a la fuerza o que yo le dijera a él si me había gustado o no lo
que nos pasó el día anterior.
Debo confesar que más que gustarme, me encantó lo que tuvimos
con mamá y en esa misma noche, no dejé de pensar en ella y en todo lo que
habíamos vivido instantes antes, al punto que tuve que hacerme una buena paja
para aliviar mis tensiones nocturnas y poderme dormir en paz.
De tanto insistir sobre el tema, mi padre me hace una
pregunta en la cual me agarró desprevenido o no se que me pasó, y le contesté
sin pensarlo. Me pregunta -¿te gustaría tener una nueva encamada con tu madre?
Yo no sé si me dio bronca o que, pero le contesté casi al instante en que él
terminó de hablar y le dije –por supuesto que me gustaría, pero no hables como
si ella fuera una callejera-, le dije eso y él me decía que ese era el lenguaje
habitual que usaba para hablar con otros hombres del tema y le parecía que no
era ofensivo, y tampoco quería ofender a nadie, menos a mamá.
Entendido el tema, lo dimos por terminado y yo acabé con mi
comida y me levanto para ir a darme una buena ducha ya que el calor era bastante
insoportable y acostado todo el día era peor. Tomo una toalla del placar, me
meto en el baño y abro la ducha para refrescarme cuando siento que se abre la
puerta del baño y veo la deliciosa figura de mi madre que se mete al baño
tapando su cuerpo con una toalla grande que llevaba sobre sus hombros solamente,
estaba totalmente desnuda.
Como si estuviéramos en la vereda de nuestra casa me pregunta
si podíamos bañarnos al mismo tiempo, yo le contesté asintiendo con mi cabeza,
ya que aquella práctica era habitual en mi familia desde las edades más
tempranas de mi vida, pero con el antecedente que había ocurrido el día
anterior, más la reacción de mi padre en todo este asunto, yo intuía que no iba
ser solamente un baño refrescante como tantas veces nos dimos ella y yo, o
inclusive los tres dentro del duchero, esto iba a traer alguna cosita más que no
estaba en el libreto.
Tal cual era de esperar, una vez dentro del agua, nos
empezamos a enjabonar mutuamente, siempre lo hacíamos, y lo raro esta vez fue
que yo noté que mi pija comenzaba a ponerse un tanto dura, cosa que nunca antes
me había pasado al estar con mi madre en la ducha. Pero no solamente yo lo noté,
ella ni corta ni perezosa dirigió hacia el lugar de mi pija en erección sus
manos enjabonadas y comenzó a frotarme como nunca antes lo había hecho. Yo me
sentía como en el cielo, otra vez venían a mi esos placeres profundos de la
carne y además originados por la mujer que yo más quería en mi vida.
Siguió frotándome la pija y los huevos de una forma tal que
no tardó en dar su mayor tamaño y dureza, estaba al mango, tenía toda la fuerza
de mi cuerpo concentrada en veinte centímetros de dura carne dispuesta a todo lo
que viniera por delante.
De repente ella se coloca detrás de mi y sin dejar de
pajearme vigorosamente, su otra mano recorre mi espalda hasta llegar a mi cola,
y allí desliza su mano por la raja de mi culo hasta llegar con la punta de sus
dedos a la puerta de mi culo. Con la ayuda del jabón juguetea con su dedo
tratando de hacer aflojar mis músculos y aunque le cuesta al principio, comienza
a introducirme lentamente la primer falange, buscando el afloje que ella
necesitaba para su maniobra.
Yo estaba totalmente extasiado y pensaba que no podía haber
mayor placer que el que me estaba dando mi madre en ese instante cuando de
repente comprobé que estaba equivocado una vez más.
Ella dejó de estar atrás mío y se agachó por delante para
poder llevarse a la boca mi dura pija y tal cual lo estaba yo esperando ya que
los recuerdos de ayer me habían llegado a desear que esto ocurriera nuevamente.
Así fue que pasó, se agachó delante de mí, se mete mi verga
en la boca y comienza a darme la mamada mejor hecha de su vida, tal vez porque
era para alguien muy especial como su hijo, o tal vez porque estaba sumamente
caliente. Yo no tenía la respuesta a tales preguntas. Solo dejé hacer y me
dediqué a gozar de tan maravillosa sensación.
En eso estaba cuando siento que el mismo dedo que había
horadado la puerta de mi culo hacía unos instantes, estaba rumbeando otra vez
para el mismo lado y ahora fue todo más fácil porque yo sabiendo lo que se
venía, no hice otra cosa que facilitarle el camino para que llegara mejor y con
más espacio para maniobrar. Con su mano enjabonada y con mi complicidad, la
penetración de mi ano no se hizo esperar mucho. Sentí como su dedo se iba
metiendo dentro mío hasta llegar a lo más profundo posible, al tiempo que con su
lengua me lamía los huevos y la pija al mismo momento en una sinfonía infinita
de placer.
Yo estaba absolutamente extasiado, no sé que otra cosa
decirles porque no imagino una palabra para describir mis sensaciones de aquel
instante.
Tan extasiado estaba que no me di cuenta en ningún momento
que alguien nos estaba observando desde la puerta del baño, mientras se hacía
una paja al compás de nuestros embates en la ducha.
Mi madre se dio cuenta al momento de que yo me había
paralizado totalmente porque me di cuenta que papá nos estaba mirando, pero la
dulzura de sus ojos al momento de alzar la vista y mirarme profundamente me
devolvieron la tranquilidad. Ella bajó la cabeza y otra vez se dedicó a hacerme
la mema mientras mi padre se adentró en el baño intentando participar de lo que
hacíamos con mamá.
Primero la acarició a ella en la espalda, luego a mí en los
hombros y allí mismo mi madre comienza a chuparnos a los dos a la misma vez.
Tenía las dos cabezas de la pija de mi padre y la mía en su boca. Al mismo
tiempo. Yo no lo podía creer. Era maravilloso ver como podía abrir su boca para
recibir semejantes pedazos de carne. Yo tenía mi pija un tanto grandecita según
me habían dicho algunos amigos con los cuales a veces jugábamos concursos de
medirnos la pija, pero ahora me daba cuenta que era un factor heredado de mi
padre, ya que pese a haberla visto durante toda mi vida, nunca la había
observado.
Era un buen tronco el que tenía mi viejo y además lo tenía
todo depilado, como si fuera lampiño, no tenía ni un solo pelito ni arriba ni
debajo de la pija. Tampoco era una persona peluda, apenas tenía en el medio del
pecho unos pocos pelos como para decir que era un hombre, pero nada más.
Observando la pija de mi padre y su entorno lampiño, ahí
recién me cayó la ficha del por qué mi madre también era lampiña en sus partes
íntimas. Ella tenía lo que podría llamarse una pequeñísima muestra de vello
púbico que hasta podrían contarse uno por uno, no creo que hubieran más de
veinte, y por debajo de esos veinte pelitos, absolutamente nada, ni uno solo,
desde donde comienza la comisura superior de los labios de su concha, hasta el
punto más lejano de allí que sería el contorno de su ano. Ni un solo pelito.
Era una costumbre de ambos el hecho de estar depilados y se
notaba que no era a través de rasuradoras que lograban ese resultado ya que no
habían rastros de pelitos duros como los de la barba de un hombre ni muestras de
nacimiento o de nada que pareciera un vello.
Ahí también fue cuando me di cuenta que mi madre iba a una
clínica de belleza en la cual le habían hecho una depilación total de sus
piernas con métodos láser y supongo que también allí le hicieron lo del vello
púbico a ella y a mi padre.
Volviendo a la escena en el baño de mi casa, les cuento que a
esa altura mi madre nos había chupado muy bien a los dos, al punto que mi padre
se retiró para no acabarse, entonces allí fue cuando le pidió a mi madre que se
incorporara pero que me siguiera chupando la pija a mí. Eso hizo rápidamente y
al quedar con su culo apuntando hacia donde estaba mi padre, no demoró ni
siquiera un instante en clavarle su pedazo dentro de la concha suponía yo, ya
que no podía ver el lugar por el cual la había cojido.
Aparentemente y sin aparentemente, mi padre sabía lo que
hacía ya que comenzaron a salir quejidos de la boca ocupada de mi madre y cada
vez con más frecuencia a causa de los embates que papá le propiciaba hundiéndole
la pija cada vez más.
Así estuvimos bastante rato hasta que mi padre me pregunta si
me animaba o si quería hacer yo lo que él estaba haciendo. No dudé ni un solo
instante en aceptar el cambio de posición y me di cuenta de la alegría de mamá
cuando nos cambiamos.
Ahora iba a ser cojida por primera vez por su propio hijo. A
mí me temblaban hasta las muelas y no justamente porque nunca hubiera cojido a
una mujer antes, sino porque esa mujer que iba a cojerme era mi propia madre.
Sinceramente, nunca tuve dilemas sobre el tema del incesto, por eso me resultaba
tan fácil hacer lo que estábamos haciendo.
Le miré el culo hermoso que tiene, miré a mi padre que estaba
siendo chupado por ella y allí mismo dirigí mi pija hacia su hermosa concha,
donde hacía un minuto o menos había estado mi padre.
La penetré lentamente y ella al sentir que yo estaba
entrando, se movió hacia atrás fuertemente para lograr atrapar mi pija dentro de
ella, cuando lo hubo logrado y después de varios embestidas mías, dejó de
chuparle la pija a papá y me miró preguntándome si me gustaba.
No hubo respuesta de mi parte o si la hubo no me acuerdo, ya
que yo solo estaba pendiente de lo que estaba gozando con una hembra como
aquella. No podía haber placer más grande que cojer a una mujer entre dos
hombres. Pero vaya que hombres eran los que la estaban cojiendo.
Teníamos una reunión perfecta en la cual cada uno hacía su
parte para satisfacer al otro, hasta que siento una mano que me agarra por el
tronco de la pija y me la saca de dentro de la concha de mamá. Era su mano
derecha la que hacía esta maniobra y por mi cara de boludo ella debió pensar y
con certeza, de que yo no sabía lo que iba a pasar en un instante más.
Aprovechando mi excitación y también lo lubricada que estaba
la zona, enfiló la punta de mi pija hacia el agujerito marrón de su culo. Casi
me enloquezco, no podía creer lo que allí estaba por pasar.
Para aliviar la posición en la que ella estaba, yo retiré su
mano de mi pija y fui yo con mi propia mano quien dirigió la maniobra de
penetración anal hasta que se realizó.
Fui introduciendo centímetro a centímetro de mi dura pija
hasta que ella con muestras de algún dolor se retiraba un poco para que yo no la
siguiera penetrando y nos quedábamos quietos esperando a que la dilatación se
produjera sola o hasta que se le pasara el primer dolor, entonces recién allí
continuaba ella con sus movimientos procurando llevarse para su interior todo el
volumen de mi pija caliente.
No tardó mucho en que eso pasara, con unos cuantos
movimientos y con su experiencia en este tipo de eventos, desapareció de mis
ojos totalmente ante una reculada que ella pegó hasta quedarse totalmente
enculada por mi y con la pija de mi padre en la boca.
Tenía los dos extremos del aparato digestivo taponeados por
miembros duros que la satisfacían plenamente.
Se notaba que tenía experiencia en estos temas, supongo que
solo con mi padre, nunca supe si había tenido otros novios o tal vez algún
amante en su vida.
En un momento dado, dejó de chuparle la pija a papá y le dijo
en un tono excitante: "de tal palo tal astilla, la tiene más grande y cabezona
que vos". A lo que mi padre largó una sonrisa para asentir con los dichos de
ella.
Yo no podía parar de serruchar el culo de mi madre, era como
una necesidad que me venía de muy adentro, pero de repente comencé a sentir que
estaba por explotar mi deseo y la verga iba a convertirse en una fuente de leche
que iba a quedar encerrada en el culo de mi madre.
Entonces decidí sacársela sin dar aviso previo, ella me miró
enseguida con asombro, pero se dio cuenta de lo que estaba por ocurrir y se dio
vuelta para poder juntar con su boca mi acabada, tal cual lo había hecho la
tarde anterior.
Después de unos pocos meneos con mi mano, empecé con el jadeo
típico de quien está por acabarse y en unos instantes comenzaron a manar de mi
pija las primeras gotas del preciado líquido.
No le daba abasto la lengua para recuperar todo aquello que
se había derramado sobre su cara y entonces optó por meterse la pija en la boca
y evitar todo derrame que no fuera directo a su lengua.
Hizo lo mismo que el día anterior, la degustó haciendo buches
con mi leche y luego de algunos momentos se la tragó totalmente, mostrándome
después su boca y su lengua limpias de semen.
Casi como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, mi padre
comienza con sus jadeos típicos de quien está para acabarse y mi madre,
conocedora de quien estaba delante suyo, toma la iniciativa y se encarga de esa
verga dura y roja que estaba a punto de explotar en un baño de leche.
Se la mete en la boca mientras que la pajea con su mano
derecha tratando de retener lo máximo posible el momento final de la lechada,
entonces me sugiere a mí que intente apretar la bolsa de sus huevos para demorar
un poco el momento final. Yo sin darme cuenta de lo ridículo de aquel pedido,
accedo a cumplirlo tomando todo el volumen de los huevos de mi padre con mi mano
izquierda y sin apretar, le hice una especie de masaje con mis dedos y allí fue
donde pude comprobar la suavidad de aquella piel que contenía aquellos dos
voluminosos y ovalados objetos de placer. Al estar totalmente lampiño en la
zona, aquella piel era de una ternura incomparable, se puede decir que era más
suave que la de los pechos de mi madre o tal vez igual.
Yo seguía acariciando aquella zona mientras veía que mi pija
estaba otra vez buscando altura y ya la sentía cabecear nuevamente cuando le
exigía tal movimiento, así que mamá dejó de chupársela a papá para comenzar de
nuevo con la mía, era una locura total. Mi madre se tuvo que acostar en el piso
del baño para poder chupármela con más comodidad y casi sin quererlo, mi cabeza
quedó a la altura de la pija dura de mi padre y con sus huevos en mi mano,
llenando por completo el hueco de la palma y los dedos.
No recuerdo si fue por mi iniciativa o tal vez alguien me
haya inducido a hacerlo, tampoco recuerdo si me guiaron o yo solo llegué al
destino, pero lo que si recuerdo perfectamente es que en determinado momento la
pija de mi padre estaba a poco menos de un centímetro de mis labios abiertos y
casi sin darme cuenta o casi sin pensarlo, con un leve movimiento de la pija o
de la cabeza, hicieron contacto con mis labios y ya no se despegaron más de
allí.
Al tocarme, lo primero que hice fue cerrar los labios para
aprisionarla y lo segundo que hice fue pasarle la puntita de la lengua para
probar su sabor. Era deliciosa, majestuosa y más que nada era algo que yo
deseaba hacer sin que nunca antes lo hubiera soñado ni siquiera.
Lo que siguió de allí para adelante, es solo para el
anecdotario, con mis padres mantengo una o dos relaciones sexuales completas a
la semana, inclusive lo hacemos en forma ocasional, hay veces que mi padre tiene
deseos de tragarse una leche entonces me busca para tal fin y nada más, no hay
otra relación que esa. O a veces ocurre lo contrario.
También tenemos de esos días en los que pasamos hasta tres
horas cojiéndonos entre todos y la verdad que cuando estamos así, yo la paso
bárbaro, pero después es el asunto, cuando empiezo a pensar en que los raros
somos nosotros y no el resto de la gente.
Yo nunca te escuché a vos Juan, decirme o contarme alguna
relación que hayas mantenido con tus padres o tu hermana.
Esos hechos a mi me provocan miedo al punto que cuando estoy
muy descontrolado, mi madre o mi padre me ven esa actitud y para calmar mi
ansiedad, lo que hacen es tener más sexo conmigo y otra vez estamos en el
círculo vicioso. Paso superbien cuando estoy con ellos haciendo el amor y cuando
vuelvo a mis actividades normales, me angustio.
Yo vi a Pedro en una actitud que casi lo ponía al borde de la
locura, pero no sabía como aconsejarlo, inclusive una historia de sexo tan
cargada como esa que él me contó, no despertó en mí ninguna pasión ni siquiera
tuve una erección al escuchar su relato.
Solo se me ocurrió decirle que lo que pasa dentro de cada
casa es un mundo aparte y no hay por qué compararlo con lo que hacen los demás.
Yo le pregunté también si lo obligaban a hacerlo, pero él me
respondió que no, que lo hacía de su propia voluntad y que además deseaba
hacerlo ya que lo pasaba de maravillas.
Entonces ahí si se me empezó a torcer la croqueta, se me paró
la pija al repalo, y él se dio cuenta que yo estaba mostrando signos de
calentura, entonces bajó su mirada hasta mi verga y casi con un gesto
condescendiente o como si fuera en agradecimiento a que yo escuché todo su
relato casi sin hablar, comenzó a palparme la pija por sobre mi pantalón, tal
cual a él siempre le gustó hacerlo, ya que dice que conmigo se siente bien y que
no tiene ningún tipo de drama asociado a nuestra relación.
Mi respuesta a sus manos no se hizo esperar y cuando menos lo
pensó estaba con mi pija en su boca deleitándose con el sabor salado de sus
jugos y recorriéndola con toda su lengua.
A decir verdad, Pedro la chupaba muy bien, tenía ese don que
muy pocos logran cuando tienen una pija en la boca, sabía perfectamente lo que
hacer con ella.
Casi enseguida lo empecé a desnudar mientras él seguía
prendido de mi pija y cuando estuvo casi en bolas, yo me desenfrené de una
manera tan increíble que no lo podía creer, tal vez recién ahora afloraba la
excitación del relato que me había hecho anteriormente o tal vez yo estaba super
caliente con mi amigo Pedro sin darme cuenta y sin decirle nada, le agarré su
hermoso pedazo el cual estaba ya bastante grande y gustoso.
El me miró y con una guiñada cómplice dio piedra libre a
todos mis instintos, entonces la única cosa que se me ocurrió fue la de tenderme
a su lado, permitiendo que él siguiera chupándome a mí, mientras yo lo chupaba a
él.
Estuvimos largo rato en ese sesenta y nueve de dos pijas,
hasta que casi en simultáneo los dos nos derramamos nuestras leches uno sobre el
otro.
Fue una experiencia increíble la que nos tocó vivir de allí
en adelante. Por cierto, a partir de ese momento, fuimos cada vez mejores
amigos.