El superdotado.
No es lo que están pensando, en la escuela la pasé muy mal.
Si no era porque tenía una vista de águila y podía leer un papel hasta a dos
pupitres de distancia, no hubiera aprobado muchos exámenes. Una ortografía
pésima y sin mucha suerte para las matemáticas, todos mis maestros coincidían en
aconsejarle a mis padres que no se gastaran un céntimo en mi. Por eso cuando
aprendí lo mínimo mi padre dejó que me pusiera a trabajar.
Por otra parte, ya que hablamos de mi padre, tengo que
reconocer que fue el culpable de todas mis desgracias. El era una gente
acomplejada debido a lo pequeña que tenía la polla y no dejaba de preocuparse
por como me iban a mi las cosas. Así que con 9 años me llevó a un médico, me
hicieron exámenes de todo tipo y aunque todos arrojaban como resultado que el
desarrollo de mi aparato era normal, a mi padre eso no le bastaba y tanto dio,
que al fin logró que un médico me recetara unas vitaminas y sobre todo muchas
hormonas.
Al principio las cosas seguían igual, pero cuando empezó mi
desarrollo, primero mi pecho se llenó de vellos, que eran la envidia de mis
amiguetes y luego mi polla empezó a crecer y crecer y un buen día, cuando estaba
en la mili, me percaté en las duchas que tenía un paquete que dejaba a mis
compañeros con la boca abierta, unas bolas que estaban en consonancia con mi
tranca. Por otro lado mi inteligencia rondaba con lo límites de la estupidez. No
era que no supiera hacer las cosas que me mandaban, sino que las hacía tan mal
que eran el motivo de risa de todos mis compañeros. Y de ahí surgió el apodo que
me ha acompañado el resto de mi vida: El Superdotado.
Hasta ahora, esto no me había traído serios problemas. En
realidad mi padre estaba orgulloso de mí y tanto envidiaban mi paquete mis
amigos, que yo también estaba orgulloso del arma que portaba.
Pero las cosas pronto se complicaron, pues me fue fácil
conseguir novia. Bueno, tenía un cuerpo muy musculoso, mi cara era atractiva y
en realidad era lo que se dice un guapera. Pero cuando traté de hacer el sexo
con mi novia y traté de follármela, las cosas no caminaron. Ella no me dejó ni
siquiera rozarle el coño con mi tranca y para evitar males mayores me dejó
plantado. Lo peor de todo es que la muy hija de puta lo regó por el pueblo y
ahora, aunque notaba que muchas chicas se fijaban en mi, estaban advertidas y
por nada del mundo querían aceptarme de novio.
Las cosas iban de mal en peor, ya tenía 24 años y nunca me
había follado a una chica por el jodido tamaño de mi paquete. Así que me fui a
recibir los servicios de la más antigua de las profesiones y allí también tuve
problemas. Las putas, estaban dispuestas a lamérmela, pero por nada de la vida
se querían meter la cabeza de mi polla en su boca, no fuera que las palanquera y
se les quedara trabada en la garganta. Y coño ni culo, ni pensarlo.
Hubo una muy profesional, que se atrevió a darme sus
servicios, claro que cobrándome el doble de sus honorarios, pero me enrolló una
toalla en la polla, para que solo pudiera meterle la puntica. Bueno, yo estaba
de lo más contento, pero cuando fui al día siguiente la tía tenía un par de
salvavidas, de esos que se ponen los niños a la cintura en la playa y tuve que
follármela, como quien dice a distancia. Eso no era follar.
A los 28 años conseguí un trabajo en Madrid de montador de
puertas y pronto entablé amistad con otros compañeros y les escuchaba hablar de
cómo follaban y de las tías que se echaban. Un día empezaron a hablar de
enculadas y la conversación se fue hacia los maricas. Uno sin ningún recato
confesaba que le encantaba coger el culo de un mariquita, porque esos si que
tenían cojones, aguantaban caña como todos unos machos. Yo no participé en la
conversación, pero lo que escuché no se me quitaba de la cabeza. Y aunque hasta
ese momento no me había pasado por la cabeza hacer el sexo con un hombre, con
las mujeres no me estaba yendo nada bien.
Así que con mucha discreción averigüé y me enteré de una
sauna que había en el barrio de Moratalaz y con mucho temor a ser visto por
alguien conocido, debido a mis complejos, una tarde me decidí a ir.
Les comento que me daba mucho corte ir a ese lugar, pero los
deseos que tenía de follar de verdad me empujaban con tremenda fuerza. Llegué al
lugar, pagué la entrada y me dieron una llave con una chapa que tenía un número
y entré en el lugar, donde lo primero que me encontré fue unos bancos y muchas
taquillas. Varios hombres estaban como si fuera lo más natural, quitándose la
ropa y poniéndose una toalla a la cintura. Con cierto corte hice lo mismo y
luego me fui a recorrer los distintos lugares de la instalación, un poco para
conocer el lugar y un poco para acostumbrarme al ambiente. Yo estaba al borde de
largarme, pero en definitiva allí estaba y decidí quedarme y conocer bien el
lugar. Como era una gente nueva en el lugar me daba cuenta que los tíos me
miraban, era la carne fresca.
Por fin llegué a un lugar donde había 8 duchas, en ellas
había varios hombres bañándose con gel y notaba como se miraban los unos a los
otros. Colgué la toalla que llevaba a la cintura a un gancho que había en la
pared y comencé a enjabonarme como los otros. Cuando el que estaba al frente de
mi ducha vió mi paquete, se le querían salir los ojos de lujuria y eso a mi me
dio cierta elevación de mi ego, que hizo que mi polla empezara a endurecerse.
Después de ducharme entré en el local del vapor, estaba
oscuro, pero se podía ver las siluetas de los hombres que estaban dentro.
Enseguida empecé a sudar debido al vapor y tímidamente me senté en un banco. Los
tíos ahí no tenían ningún corte, se toqueteaban, se besaban y frente a mí dos
estaban que se querían comer. Se besaban, se chupaban las lenguas, se lamían la
piel, los veía retorcerse de placer. Luego uno puso de espalda al otro, con su
mano le inclinó la espalda para levantarle el culo, le sujetó con sus manos la
cadera y venga le enterró la polla al tío hasta los mismos huevos. A mi aquello
me puso caliente como una cafetera. El tío empezó a embestirlo a un ritmo que
daba espanto, mientras el otro se veía que estaba gozando. Los vi follando hasta
que el tío no pudo más y descargó la leche en el culo del otro. No era yo el
único espectador. Cuando terminaron, uno de los espectadores que estaba tan
empalmado como yo, entró en acción y como el tío tenía el culo tan dilatado,
entró en su hueco sin dificultad y empezó a gozar desde el mismo momento en que
se la metió. Ahí me di cuenta que estaba anta la gran oportunidad de mi vida, ya
estaba decidido, cuando el nuevo ocupante del culo se corriera yo iba a entrar
en acción sin previo aviso.
Y así fue, cuando el tío se corrió y abandonó satisfecho
aquel maltrecho culo, yo me acerqué y sujeté con mis manos las caderas del tío
enculado. Cuando mis manos tocaron sus nalgas, me di cuenta que las tenía duras
y redondas, las tenía deliciosas y su culo después de haber devorado un par de
pollas estaba dilatado que le cabía un tren. Lo que más me gustó fue que el tío
antes de que se la metiera se viró de frente a mi y empezó a mamarme la polla de
una forma que todos los músculos de mi cuerpo se estaban tensando. El tío
exclamó lujurioso: Cojones tienes una polla como la de un caballo. Jamás había
sentido tanto placer en mi vida.
Pero lo que yo quería era follármelo y ni presto ni perezoso
lo puse de espaldas a mi y le incliné un poco hacia delante y comencé a rozar su
culo con la cabeza de mi polla. Aquello era delicioso, estaba caliente y eso
provocaba que mis líquidos seminales salieran y mejoraran la lubricación. Cuando
empuje la cabeza de mi polla por dentro de su esfínter, el tío se estremeció,
pero no opuso resistencia y cuando le tenía la mitad de la tranca adentro el tío
empezó a protestar, pero yo lo aguanté por las caderas y dejó que lo siguiera
dominando. Para no joder las cosas yo decidí que no se la iba a clavar completa
y empecé a embestirlo poco a poco, pero solo le metía la mitad de la polla. Por
sus exclamaciones se veía que el tío estaba gozando y eso me dio a mi la
tranquilidad y el placer de que me lo podía seguir follando. Entonces sin la
menor de las consideraciones continué embistiéndolo cada vez a un ritmo mayor.
Sentía como mis huevos se ponían duros, una corriente de placer me recorría todo
el cuerpo y no pude aguantar más y le metí la verga hasta el tope. El chico se
estremeció, soltó un grito y cayó en 4 patas y yo sobre él me mantuve con mi
polla hasta lo más profundo de sus entrañas. El tío se quejaba y se lamentaba de
la clavada que le estaba dando y yo empecé a acariciarle las tetillas
tiernamente y disminuí el ritmo de mis embestidas, pero seguía con mi polla
dentro de su culo y poco a poco comencé a elevar el ritmo de mis embestidas y me
sorprendí como el tío continuaba recibiendo mi follada. Aquello me enardeció y
elevé el ritmo al máximo. Aquel culo me estaba volviendo loco, sentía como sus
piernas temblaban pero aún así continuaba con la entrega de su culo. Los
músculos de mi vientre se estremecían y sentí como la leche me salía de los
huevos y salía disparada en chorros calientes contra el culo de mi amante. Lo
apretaba con fuerzas mientras descargaba chorro tras chorro y al final sentí un
placer que nunca había sentido. Luego le saqué mi polla de su culo y el tío se
puso frente a mi y nos besamos con una ternura que me dejó con la sensación de
que me estaba agradeciendo la enculada que le había dado y eso me llenó de tanta
felicidad por el placer nunca había sentido.
Lo que más me sorprendió del tío fue que no salió corriendo,
sino todo lo contrario, no quería separarse de mi. Estábamos muy agotados y
sudados y nos fuimos a dar una ducha. Ocupamos las duchas contiguas y el tío se
pasó a la mía y fue quien con sus manos me enjabonó. A mi al principio me daba
corte acariciar todo su cuerpo con mis manos, pero me dejé de prejuicios y
también lo enjaboné con mis manos. Al final nos aclaramos el jabón con el agua y
así mojados, sin secarnos nos fuimos y nos metimos en una cabina, donde yo me
acosté a su lado a descansar y relajarnos un poco. Nos abrazamos y nos quedamos
dormidos por un rato.
Cuando desperté, el tío acariciaba los vellos de mi pecho y
saboreaba con su lengua mi piel. Aquello me daba un placer espléndido. Su lengua
mojaba los vellos de mi pecho. Saboreando toda mi piel llegó a mi entre piernas
y comenzó a lamerme los huevos. Aquello era delicioso, yo cerré mis ojos y puse
mis manos por detrás de mi cabeza, en mi rostro se reflejaba el placer que
aquella lengua me estaba dando. Me succionaba los huevos y sentía que llenaban
su boca. Aquello me daba cierto temor, porque temía que me lastimara, pero lo
hacía con tal cuidado que pronto me dio confianza y me dediqué a disfrutar el
placer que me estaba proporcionando. Pero sentía deseos de que me mamara la
polla y se lo pedí. Pero el siguió saboreando mis huevos, luego poco a poco fue
saboreando toda mi polla desde los huevos hasta que llegó a la cabeza de la
polla y la limpio con su lengua de los líquidos que la estaban babeando. Aquello
me estremeció, solo me dio un chupón a la cabeza y volvió a deleitarse con mis
huevos. Esa operación la repitió varias veces y yo estaba desesperado porque me
mamara la polla y el muy cabrón me estaba desesperando. En una ocasión me la
chupó y cuando yo pensaba que iba de nuevo a mis huevos se quedó mamandola y
aquello era una cosa tan exquisita que pensaba que se me iba la vida. Si lo
dejaba mamándome así me iba a sacar la leche y yo quería volver a follármelo. Le
paré su mamada en seco y fui a su culo y empecé a mamárselo, con la lengua le
acaricié su esfínter y luego puse la cabeza de mi polla sobre aquel delicioso
agujero. El me interrumpió y me lubricó con un gel la polla hasta el mismo
tronco y también lubricó su culo.
Ahora volví de nuevo y le presenté la cabeza de mi tranca en
su culo. Lo tenía boca arriba y sus piernas estaban sobre mis hombros. Empecé a
empujar mi polla, en su rostro veía que se la estaba sintiendo hasta los
cojones, pero aquel tipo si era un macho, porque no protestaba, aguantaba como
una bestia. Cuando se la clavé hasta lo más profundo de sus entrañas se abrazó
con fuerza a mi pecho, veía como se retorcía pero se entregaba a su macho y me
besaba con una pasión que de nuevo me enloqueció y comencé a embestirlo a un
ritmo salvaje. Le besaba los labios, le mordía el cuello mientras mis embestidas
comenzaban a sacar la leche de mis huevos. Me volvía a correr como un caballo y
cuando mi leche salía a quemar su culo, sentí como saltaba la leche de su polla
y embarraba los vellos de mi pecho. Tras correrme, sentí el placer de mis
músculos que se relajaban, mientras nuestras bocas continuaban besándose. Cuando
le saqué mi polla estaba poniéndose flácida.
Ahora estuvimos conversando un rato, así embarrados de leche.
Finalmente nos volvimos a duchar. Nos dimos nuestros nombres y quedamos en
volver a vernos el sábado siguiente en el mismo lugar.