Susana y yo nos casamos al poco tiempo de conocernos. Fue un
error. Cada uno pensó que el otro podría mejorarle la vida y ambos nos
equivocamos. Nos conocimos en un curso de entrenamiento para un trabajo que en
realidad ninguno de los dos quería. Durante la sesión matutina Susana y yo
conectamos visualmente. Ella es rubia de 1.55m, yo prefiero las mujeres mas
altas, morenas o pelirrojas, pero Susana se veía muy hermosa y atrevida, por la
forma como se me quedaba viendo, por lo que pensé que podría lograr algo con
ella. Debo haberme sentido con suerte ese día, porque en un receso me paré y la
invité a comer conmigo.
Salimos del local y le comenté que traía un carrujo, que si
lo quería lo compartíamos en un parque cercano. Así lo hicimos y estuvimos tan
alegremente motos que se nos olvidó comer. A la hora de regresar al
entrenamiento le comenté que ese trabajo no era para ninguno de los dos, que si
aceptaba tenía en mi departamento una garrafa de vino. Una hora mas tarde
estábamos cogiendo. Que no les impresione mi habilidad de seductor. Susana
estaba necesitando un hombre que se ocupara de ella y de alguna manera creyó que
yo era un buen partido. Total que cogimos como conejos un par de días y
decidimos casarnos.
Yo no la amaba, pero amaba coger con ella. Me gustaba y
suponía que podría ayudarme a pagar las cuentas. Ella, por otro lado me platicó
que cuando las cosas empezaron a ir mal con su primer marido, se dedicó a coger
con varios de los amigos y socios de éste, incluyendo uno negro, el primero con
que lo hacia. Susana creció en el sur de EE.UU., por lo que ésta fue una
experiencia tremendamente erótica para ella. Yo estaba encantado con la idea de
que Susana le hubiera puesto los cuernos a su marido y esa fue una de las
razones que me hicieron pensar que ella era la chica indicada para mí. En
nuestras sesiones de retozo verbal platicábamos sus infidelidades. Le dije que
me excitaba que ella cogiera con otros, especialmente si estaban bien dotados o
con mayor habilidad o resistencia como amantes.
Mi pito tiene un tamaño promedio de 15.5cm, pero una vez que
termino no puedo continuar inmediatamente, necesito recuperarme y algunas
mujeres como Susana, desean ser cogidas repetidas veces, algo que yo no puedo
lograr. Esto sabía yo que era un problema para satisfacer a Susana, ella me
aseguraba que mi verga y mi actividad sexual la satisfacían. La realidad es que
aunque Susana es bastante putona, va a la iglesia con regularidad y se siente
culpable de su comportamiento anterior. Me dijo que ahora estaba felizmente
casada y que podíamos fantasear sobre su comportamiento lascivo, pero ahora no
quería ya coger con otros hombres y quería dedicarse únicamente a mí.
Esto hasta que Carlos entró en nuestras vidas seis meses
después.
Carlos ha sido mi amigo durante muchos años y conviene a mi
necesidad de ser humillado. Él es un tipo agresivo y dominante que con
frecuencia se cogía a mis novias. Desdichadamente, nunca pude atestiguar esto,
pero varias de mis chicas decían que su verga era notablemente larga y gruesa.
Mi experiencia era que una vez que Carlos se cogía a alguna de mis amigas,
continuaba haciéndolo hasta que él se fastidiaba. Cuando nos casamos Susana y yo
él estaba trabajando en el extranjero y nunca se lo nombré.
Un día llegué a casa del trabajo y Susana con una sonrisa
extraña me muestra una carta. Era de Carlos. Conforme la abría ella me dice que
también a ella le envió una. Mi verga se empezó a parar. Mi carta únicamente
decía que regresaría pronto y que estaba ansioso de conocer a la recién casada.
Susana al principio no me quería dejar ver su carta, pero, riéndose me mostró
una foto que venía en el sobre. Una deliciosa sensación de asombro recorrió mi
cuerpo al darme cuenta de que Carlos le mostraba su verga a mi mujer. Estaba
moreno de pie en alguna playa, aunque su miembro estaba dormido podías adivinar
que era de buen tamaño. Susana y yo jugamos unas luchitas por la carta y logré
quitársela. Carlos le hacía saber que ya anteriormente él había satisfecho
poderosamente varias de mis amigas y que estaba mas que dispuesto a satisfacerla
a ella también. Susana insistió en que estaba molesta por la impertinencia y que
no quería ni conocerlo siquiera. También me reclamó que yo le permitiera seducir
a mis novias y seguir siendo su amigo. Sin embargo esa noche en la cama fue muy
ardiente.
Carlos regresó y Susana, fiel a su palabra, no me permitió
que lo invitara siquiera. Seis semanas después nos lo encontramos en una fiesta
que daba un amigo mutuo. Los presenté y después de un rato con una excusa los
dejé solos. Yo los observaba desde un rincón oculto, poniendo especial atención
al lenguaje corporal de Susana, que conozco bien después de seis meses. No se me
escapó que al presentarlos Susana se estiró rígida, una reacción inconsciente
quizás, pero que parecía mostrar los pechos a la mirada pericial de Carlos. Éste
activó su encanto y pronto los vi riendo y platicando como si fueran amigos de
siempre. Bailaron juntos una melodía rápida y después una lenta.. De repente
Susana se acercó rápidamente a mí e insistió en que nos fuéramos del baile.
Estaba visiblemente molesta cuando salimos. En el carro me dijo que Carlos se
había excitado mientras bailaban, la agarró de las nalgas y presionó su erección
contra su vientre apretándola y susurrando a su oído si quería ser cogida por
una verga de verdad. Nuevamente esa noche Susana estuvo muy ardiente en la cama.
Carlos llamó una semana después. Estaba en el vecindario y
quería pasar a saludar. Cuando le dije a Susana que venía de visita no se mostró
muy contenta. Fue a la recámara a cambiarse, se puso sostén y un vestido más
conservador desde el cuello hasta los tobillos que se abotona por el frente.
Pero también se maquilló y se arregló el pelo. Mientras la veía aplicarse el
lápiz labial recuerdo haber pensado que era como si quisiera mostrarle como
tenía la vulva. Cuando ella me vio observándola, me corrió del baño.
Carlos llegó con una botella de buen vino y nos sentamos en
el salón. Me aseguré de sentarme en el único sillón de manera que obligué a
Susana a compartir el sofá con Carlos. Susana al principio estaba tiesa y
reservada, pero después de unos vasos de vino y de las encantadoras bromas de
Carlos se relajó. Se nos despertó el apetito y Susana fue a la cocina a preparar
unos bocadillos. Carlos me sonrió y se fue tras de ella, sabía yo que empezaría
su ofensiva. Me sentí lánguido de lo excitado. Me forcé a contar lentamente
hasta cien. Inconsistente sobre mis piernas me asomé por la pared a la cocina.
Carlos tenía a Susana contra el fregadero y la besaba mientras le acariciaba los
pechos. Ella se defendió un poco pero su resistencia se desvaneció pronto. Él le
desabotonó rápidamente la parte superior del vestido y le liberó los senos del
sostén. Susana echó la cabeza hacia atrás mientras Carlos le acariciaba y
chupaba las tetas. En eso ella me vio observándolos y empujó a Carlos. Yo me
regresé al salón y Carlos vino molesto a reclamarme que le estaba poniendo
trabas a su estilo. Susana regresó de la cocina evitando mirarme. Ya había
arreglado su ropa, pero en la prisa no abotonó correctamente su vestido. Carlos
le señaló que el atuendo estaba mal abrochado y le dijo que se lo arreglaría. Se
paró junto a ella, pero en lugar de arreglarle la ropa en un instante le
desabotonó el vestido hasta la cintura y se lo bajó de los hombros y le
desabrochó el sostén. Mientras sus pechos saltaron libres con sus pezones
erectos el corazón me latía con tal fuerza que pensé que me desmayaría. Susana
parecía estar en trance, sus ojos estaban vidriosos y podía escuchar resollar
escandalosamente su aliento a través de las fosas nasales. Ella se sentó lívida
y silenciosa mientras Carlos agasajaba y jalaba sus pezones. Me asombraba que él
pudiera continuar con la conversación que teníamos antes de que ellos se fueran
a la cocina. Continuamos platicando como si nada pasara y Carlos continuaba
festejando los pechos de Susana. Nunca había estado tan excitado en mi vida
mientras veía a mi esposa desnuda hasta la cintura, recostada en el sofá y
aceptando las caricias de Carlos sin protestar. Finalmente Carlos desabotonó
totalmente el vestido de Susana.
Fue humillante e intrigante ver a Susana levantarse del sofá
para que Carlos le bajara las pantaletas. Volteó él a verme y me hizo ver que su
vulva estaba empapada y me preguntó si yo creía que ella quisiera coger con él.
Yo estaba sin habla, hipnotizado por los chillidos y empujones de Susana contra
la mano de Carlos que la estaba metiendo el dedo en la concha. Él la tomó
entonces de la mano y la llevó a la recámara. Susana vio hacia mí e
intercambiamos miradas de profunda comunicación y yo sentí que nos comprendíamos
perfectamente uno al otro. Después de unos minutos mi corazón dejó de galopar y
me desvestí y me acerqué al cuarto.
Susana estaba acostada de espaldas con sus piernas muy
abiertas para Carlos que arrodillado frente a ella acariciaba su enervado
miembro. Incluso desde los tres metros que me separaban de ellos podía ver que
era enorme. Susana se incorporó sobre sus codos mirando intensamente el monstruo
suspendido ante ella. Pero me vio parado en la puerta jalándome el miembro. La
escuché decir: "Carlos por favor, no enfrente de mi marido" Carlos se incorporó
de la cama y me cerró la puerta en la nariz. Me sentí amargadamente
desilusionado, pero pronto los escuché cogiendo. Abrí la puerta unos
centímetros. Estaban demasiado ocupados para notarme y entré. Los pies de Susana
pateaban el aire mientras Carlos la cogía poderosamente, sus senos se
balanceaban con cada embate y ella sacudía la cabeza de un lado a otro gimiendo
y gritando su nombre. Ella continuaba llamándolo y pidiéndole que la machacara.
Tuve el orgasmo más intenso de mi vida y apoyado en la pared me deslicé al
suelo. Gateé hacia el pasillo y cerré la puerta del cuarto detrás de mí.
Carlos estuvo cogiéndose a Susana como dos horas y media. Se
debe haber venido unas tres veces. Después se vistió y casi enseguida se fue.
Antes de irse me dijo que regresaría por mas del delicioso coño de Susana. Yo le
dije que por los gritos de placer de ella estaba claro que la había hecho muy
feliz y le agradecí la magnífica cogida que le había proporcionado a mi esposa.
Él respondió que el placer era todo de él.
Entré a la recámara y encontré a Susana repantigada en la
cama con una sonrisa de satisfacción, sus pechos y el cuello estaban molidos y
rojos de los besos de Carlos y de entre sus piernas rezumaba esperma. Sentí que
el corazón me brincó en la garganta cuando me di cuenta de que no habían usado
condón, pero Susana me aseguró que ella no estaba ovulando.
Ella quería que yo también me la cogiera, pero como yo me
había masturbado no pude tener otra erección. Ella se molestó, entrecerró los
ojos y me dijo en forma altanera, que ya que me preocupaba tanto de que Carlos
la preñara, le sacara la esperma con la lengua. Yo no tenía muchos deseos de
comerle la vulva empapada de esperma de otro hombre, pero tampoco quería
negárselo después de haber sido tan enteramente complacida por la cogida.
Me arrodillé frente a ella. La cogida de Carlos le había
dejado la vulva como un túnel amplio. Los labios le colgaban abiertos y su
clítoris estaba más inflamado de lo que yo recordara haber visto. Miré hacia
arriba y le dije que ojalá que la verga de Carlos no hubiera estropeado su
vulva. Volvió a sonreír. Me dijo que ojalá que si lo hubiera hecho y me jaló
hacia ella. Logré que tuviera otro orgasmo y entonces me empujó y se fue a
bañar. Después de un rato me paré y fui a sentarme en la taza del baño junto a
ella y platicamos mientras se relajaba en la tina. Me dijo que le había
encantado que Carlos se la cogiera con su enorme pito. Le dije que para mí había
sido excitante también. Ella se rió y dijo que era un cabrón, porque si Carlos
quería, iba a seguir cogiéndosela y ella había gozado mas al coger con él que
conmigo.
Total fuimos a acostarnos, ella se acomodó entre mis brazos y
así nos dormimos, cada uno feliz de diferente manera.
Traducción: Malajeta