Recibes en tu casa un paquete que viene sin remitente. Cuando
se va el cartero lo desenvuelves. Contiene una caja cerrada y en su exterior un
sobre con una nota. La lees.
"Hola. No abras ahora el paquete. Lo harás el sábado a las
siete de la tarde. Antes deberás cumplir el resto de órdenes que aquí te dejo.
El sábado, a las ocho de la tarde iras al cine. Lo harás en la sala cuatro del
centro comercial. Irás debidamente rasurada y maquillada. Uñas bien pintadas en
un bonito color que combine con tu maquillaje. Te quiero discreta pero
atractiva. Llevaras puesta una camisa negra, una falda de vuelo del mismo color,
medias con liga y botines de atar. Todo negro. Como ropa interior llevarás lo
que va en el paquete y que, recuerda, no debes abrir hasta el sábado."
Hoy aún es miércoles y miras ansiosa la caja, pero la guardas
en el armario sin abrirla. ¿Quién te enviaría ese paquete? ¿Cómo sabe tu
dirección quien lo envió? Esas preguntas te rondarán toda la semana. Tampoco
estás decidida a asistir. Pero el paquete sigue cerrado en tu armario. Cada
noche entre el miércoles y el sábado lo miras, lo tocas pero no lo abres.
Llega el día. A las cinco ya comienzas a prepararte. Te
bañas, te maquillas y perfumas. Son casi las siete cuando te pones las medias y
colocas la ropa estirada encima de la cama. La miras esperando que den las siete
en tu reloj. Cuando da la hora abres el paquete con ansiedad. Dentro encuentras
otros dos paquetes envueltos en papel de regalo y un pequeño sobre. En el sobre
hay una entrada para el cine. La sesión es numerada y estarás en la butaca que
él ha elegido para ti.
Abres el primer regalo. Pone un 1 en su exterior y lo abres
primero. Ante ti aparece un hermoso corsé negro. Te lo pones. Sin duda él conoce
tu talla. Al ponértelo sientes como te comprime y se ajusta a tus tetas
apretándolas. Luego vas tirando de las cintas y notas que te aprieta hasta casi
cortarte la respiración. Al hacerlo te sientes extrañamente excitada. Sigues y
cuando rematas la faena y te miras en el espejo te ves bonita, atractiva para
cualquier hombre que te viese ahora.
Tu cintura ceñida por el corsé acentúa aún más el tamaño de
tus grandes pechos, que ahora lucen encerrados en la tela que los comprime y los
empuja hasta casi hacerlos rebosar por arriba. Así tu escote es espectacular.
No deseas demorarte más y abres el segundo paquete. En el
encuentras un vibrador y una nota. La lees. "Colócatelo en tu coñito, ajusta
bien las correas y vete al cine. Es un consolador con mando a distancia. Como
podrás comprobar el mando a distancia no está en el paquete. ¿Quién lo tendrá?
Eso no te será revelado. Solamente cuando notes que se pone en funcionamiento
sabrás que tu amo está cera, muy cerca, a menos de veinte metros. Si no el
consolador no funcionaría. Cuando lo sientas funcionar no busques a tu amo.
Acepta el funcionamiento y espera. Que disfrutes de la película".
Coges el regalo en tus manos y lo observas. Es un pequeño
consolador de silicona, con forma de pene que se ensancha en su parte posterior
hasta formar un círculo de unos seis o siete centímetros de diámetro. De el
cuelgan tres correas que sin duda son para ajustártelo a tu cintura.
Sin pensarlo te lo colocas. Lo sientes entrar en tu coñito.
Lo hace sin dificultad. Estás mojada de la excitación que todo esto te produce.
Cuando está bien colocado, ajustas las cintas a tu cintura y luego tensas la que
cruza tu entrepierna y la unes a las de la cintura. Te queda colocado como un
tanga bien ceñido a tu coñito. Acabas de vestirte, te calzas los botines y los
atas. Te pones un abrigo negro, largo hasta casi los pies, coges el bolso, metes
dentro la entrada del cine y sales a la escalera. Mientras desciendes por la
escalera el consolador se hace presente dentro de tu coño excitándolo.
Cuando llegas a la calle caminas en dirección al centro
comercial. El aire fresco se cuela bajo tu falda hasta chocar con tu coño
desnudo. Avanzas ligera, no quieres detenerte. Si lo hicieses te asaltarían las
dudas y quizás abandonases. Pero ese no es tu deseo. Mientras caminas observas a
todos los hombres con los que te cruzas. Intentas descubrir a tu misterioso
amante detrás de cada rostro. Pero en ninguno encuentras la respuesta. Cuando un
gesto casi imperceptible de un peatón te hace sospechar algo, casi de inmediato
se desvía de tu ruta y te deja de nuevo sumida en la duda.
Llegas al centro comercial. Traspasas la puesta giratoria y
avanzas por los pasillos atestados de gente. Vas directamente hacia las salas de
cine. Están en la última planta. Coges las escaleras mecánicas y mientras subes
observas. De pronto el consolador se pone en marcha y das un respingo.
Sientes que el calor te sube a la cara y temes que los demás
descubran tu arrebolamiento. Miras a tú alrededor y aquella multitud no muestra
ningún signo de darse cuenta de nada. Casi de inmediato el consolador se detiene
de nuevo. Ha sido apenas un instante. Pero lo suficiente para hacerte saber de
que tu misterioso amante está allí. Por más que giras tu cabeza no ves a nadie
que delate su condición. Cuando la escalera llega arriba estás nerviosa y
sofocada. El sudor moja tu piel y te quitas el abrigo. Al hacerlo notas que la
camisa de raso que llevas va pegada a tu cuerpo y marca tus tetas desnudas. En
ese momento te da igual. Buscas la entrada de los cines y te diriges hacia ella.
Entregas tu entrada como subida en una nube y cuando la sientes de nuevo en tu
mano, apresuras el paso camino de la sala cuatro. Cuando entras la sala está
prácticamente llena. Es sábado por la tarde y el olor a palomitas impregna el
aire de la sala hasta saturarlo. Miras la entrada y buscas tu butaca. Al
sentarte ves que las butacas a tu alrededor están libres. Tu amante ha escogido
para ti una butaca en la antepenúltima fila. En ese lado del pasillo hay cuatro
butacas. Tú estás en la segunda y las otras tres están libres.
Colocas tu abrigo cuidadosamente doblado sobre tus rodillas y
esperas. Miras atentamente a todos y cada uno de los asistentes de la sala. No
crees ver en ellos a tu amante. En general son parejas jóvenes que comparten un
cubo de palomitas mientras esperan que comience la película. Se apagan las luces
y comienzan los promos de otras películas y los anuncios. La sala está a media
luz cuando ves que entra una pareja y se dirige hacia las butacas que están
libres a tu lado derecho. Te retrepas en tu butaca y los dejas pasar hacia las
suyas. Primero pasa el chico y luego ella. Quitan sus abrigos y se sientan.
Cruzas tu mirada con ellos que te devuelven una sonrisa atenuada por la penumbra
de la sala.
Acaban los anuncios y comienza la película. Cuando la sala
está a oscuras entra un hombre y se sienta a tu lado. Tu corazón se agita
mientras intentas ver su rostro con disimulo. Él parece completamente ajeno a tu
presencia y acabas por abandonarte a la película. Apenas han transcurrido diez
minutos de película cuando el vibrador comienza amoverse en tu coño. Te
sobresaltas mientras te recolocas en tu butaca y intentas seguir concentrada en
la película. Nadie parece estar pendiente de ti. Todos miran la película sin
mostrar ningún gesto hacia tu persona. Pero el vibrador no se detiene. Al
contrario. Se acelera o se detiene según avanza la película. Sientes que tu coño
se empapa, que la humedad comienza a descender por tus muslos y ya llega hasta
las ligas que sujetan tus medias.
Sientes un leve gemido y vuelves tu mirada hacia la pareja de
al lado. Están besándose mientras la mano del chico se pierde bajo la falda de
ella. Otro día apenas si hubieras prestado atención a la pareja, pero ahora eso
no hace más que subir tu excitación. Sigues sus movimientos con disimulo, pero
sin perder detalle de lo que allí sucede.
La mujer está hundida en su butaca mientras el hombre pasa un
brazo por encima de sus hombros y deja caer la mano por su escote. La mano se
pierde de vista bajo la blusa de la chica. Por el movimiento que se intuye sabes
que el está amasando su teta. La otra mano sigue perdida bajo la falda y ella
abre más las piernas para facilitar su labor.
Estás nerviosa y excitada. La pareja, la oscuridad del cine,
el vibrador moviéndose en tu coño, el hombre que permanece impasible a tu lado,…
Todas las sensaciones se entremezclan provocándote una gran excitación.
La película avanza y el vibrador se detiene intermitentemente
y vuelve a su trabajo de nuevo. Quien lo este manejando sabe lo que hace y está
volviendo loco tu coñito. La mujer que está a tu lado, en su entrega a su
pareja, abre más las piernas y se roza con la tuya. Sientes la pierna de esa
mujer apretarse contra la tuya, pero no la retiras ni un centímetro. Ella parece
no darse cuenta en su arrebato y hasta ti llegan los movimientos de su pierna
acompasados con los de la mano que se pierde bajo su falda.
Cierras os ojos y te olvidas de la película unos instantes
dejándote llevar por la situación. En un arranque de decisión eres tu quien
arrima su pierna a la del hombre que está a tu otro lado. Él parece aceptar
encantado tu aproximación y aumenta la presión sobre tu pierna. El roce se hace
cada vez más evidente. Sigues abandonándote a la situación cuando notas la mano
del hombre sobre tu rodilla. Quedas paralizada. Sientes un repentino terror a
seguir adelante, pero tu estado te hace ser más permisiva, con aquella mano, que
cualquier otro día.
El hombre, al no verse rechazado, se envalentona y sigue
ascendiendo por tu pierna. Cuando llega al final de tus medias se demora unos
instantes en el muslo antes de poner su mano sobre tu coño. En el instante que
lo hace no puede evitar un movimiento de sorpresa al encontrar tu coño rasurado,
sin bragas y ocupado por el vibrador. Sin duda debió notar la vibración en su
mano.
Inclina la cabeza hacia ti y susurra a tu oído: "Zorra
cachonda, debes estar muy cachonda con ese consolador follándote. Ahora deberás
ser tu quien me ponga a mi tal y como estás tú". Mientras dice esto, coge tu
mano izquierda y la lleva sobre su bragueta. Haces un intento de retirarla pero
él la retiene allí. Te sientes atrapada pero muy excitada. La chica sigue
rozándose en tu pierna, su pareja sigue perdida en su entrepierna y su teta. En
el instante que los miras cruzas tu mirada con la del hombre que te sonríe con
complicidad. Retiras tu mirada, avergonzada de ser descubierta mirando, cierras
los ojos y te abandonas de nuevo en tu butaca.
Tu mano, fuertemente atenazada por la del hombre, se
restriega contra su bragueta. En un instante sientes que él detiene tu mano y
sin soltártela, se baja la cremallera del pantalón con la otra mano antes de
pasar su brazo por encima de tu hombro y apoderarse de tu teta. Mientras,
sientes como su poderosa mano amasa tu teta y a continuación arrastra tu mano
dentro de su pantalón. "No te hagas ahora la estrecha. Coge la polla y
acaríciala o todo el cine sabrá que llevas tu coño follado". Aturdida, temerosa
y cachonda, tu mano comienza a moverse arriba y abajo de la polla que se te
ofrece tiesa y húmeda. Mientras lo haces alguien pone el vibrador a la máxima
potencia y tu coño se acerca al clímax. No sabes donde centrar tu atención. Tu
coño vibra, tu pierna sufre el ataque de tu compañera de fila y tu pezón se
retuerce entre los dedos inmisericordes de tu amante.
Notas como su polla se hincha en tu mano, la rodeas dentro de
tu palma y la masajeas. La sientes hincharse, latir y estallar en tu mano
llenandola de un liquido caliente y viscoso. No te detienes. Sigues acariciando
la polla mientras el placer te llega en oleadas. Sientes tu coño contraerse
sobre el vibrador y estallar en un grito apenas contenido. Menos mal que la
música de la película acude en tu ayuda y cubre los ruidos que salen de tu
garganta y la de tu amante.
Rendida te derrumbas sobre la butaca sin abandonar la
bragueta del hombre que sigue sentado a tu lado. Es él quien retira su brazo de
encima de tus hombros, saca tu mano de su bragueta mientras con la otra
introduce un pañuelo y cierra la cremallera. Tú abres el bolso, buscas un clinex
y mientras lo haces ves que el hombre se levanta y desaparece por la puerta de
la sala.
Cuando te giras ves que la pareja de tu lado no ha pedido
detalle de lo sucedido y ellos también se aplican a lo suyo mientras te sonríen.
Apenas puedes distinguir sus rostros, pero los destellos de la pantalla los
iluminan a ráfagas y adivinas su gesto de complicidad. Esperas el final de la
película derrumbada en tu butaca sin atreverte a moverte de allí. El vibrador
hace rato que dejó de vibrar y tu coño va recuperando la calma y tú la
compostura. Cuando aparecen los primeros títulos de crédito, la pareja que está
a tu lado abandona el cine. Al pasar ante ti, sientes su roce que no sabes si es
involuntario o buscado. Se van cuando las luces comienzan a encenderse. Esperas
que la sala se vacíe antes de moverte. No queda nadie en el patio de butacas.
Los últimos espectadores ya salen por la puerta cuando te levantas. Al desdoblar
tu abrigo un papel cae al suelo. Te agachas y lo coges. Lo despliegas y lees su
contenido.
"Mañana, a las once en punto, a la hora del café, entrarás en
el servicio de señoras de la cafetería de costumbre dejando la puerta sin echar
el pestillo, vendarás tus ojos con un foulard de seda negro y apoyaras tus manos
en la pared por encima de tu cabeza. Deberás ir como hoy. Desnuda bajo tu ropa y
con el vibrador puesto. Debo recuperar lo que es mío".
El desasosiego volvió de nuevo a ella. ¿Quién era aquel
hombre?
¿Quién había colocado aquella nota en su abrigo?
Nerviosa dejó el centro comercial camino de su casa. Por
varias veces volvió la cabeza buscando sombras en la noche. Pero nada vio. Nada
ni nadie la seguía.
Así llegó a su casa. Al quitarse el abrigo sacó la nota de su
bolsillo y la dejó sobre la mesita de noche.
¿Acudiría mañana a la cita?
¿Tu que harías amiga lectora?