Al día siguiente, al despertar, mi tía ya no estaba en la
cama. Me levanté y la busqué por toda la casa. Sólo estaba mi madre en la
cocina. Mi padre, como casi siempre estaba trabajando y mi hermano salió a jugar
con los amigos. Mi tía se había marchado.
Pasó como unos ocho meses cuando de nuevo se iba a quedar a
dormir en casa. Yo estaba totalmente excitado pensando que de nuevo dormiría
conmigo y puede que se repitiera la experiencia. Durante todo el día las
situaciones eran normales y el trato de mi tía también.
Cuando llegó la noche, por fin, me dispuse a ir a mi cama y
le pregunté a mi tía si se vendría:
-¿Tita, vienes a dormir?
-No, tengo que hacer una cosa. –me respondió y me fui con
tristeza solo a la cama.
Estaba acostado y nada más que pensaba en cuando llegara mi
tía. Qué le haría al entrar en la cama... Como la abrazaría... Pensaba en el
calor de su cuerpo, de su sexo... Había pasado como una hora cuando se abrió la
puerta. Mi corazón se aceleró imaginándome a mi tía besarme y meterse en mi
cama...
-Quique, levántate y ven un momento. –sonó la voz de mi madre
y sentí vergüenza por los pensamientos que tenía en ese momento, como si me
hubiera visto totalmente desnudo.
La seguí y bajamos a la planta inferior. Llegamos al salón y
nos sentamos. Mi tía estaba sentada en unos de los sofás y mi madre se sentó a
su lado. Yo me senté en el otro, justo al lado derecho, la televisión estaba
puesta casi sin sonido y nadie la miraba.
-Mira hijo, tu hermano se a marchado a casa de unos amigos y
tu padre está de guardia. –me empezó a decir y me tenían confundidos. –Tu tía me
ha contado que entre ustedes ha habido algo más que cariño...
En ese momento me puse totalmente colorado y no sabía que
hacer, mi tía le había contado a mi madre todo. Me sentí enfadado con ella, pero
era más fuerte la vergüenza que sentía por mi madre.
-Yo... es que... –no acertaba a decir nada.
-Tranquilo Quique, mi hermana me contó que lo haces muy bien
y que le gustó. –ahora no sabía que pensar. –No me parece mal que lo hagáis,
mientras los dos estéis de acuerdo y toméis precauciones.
-Sí, se lo conté porque no sabía que hacer. –dijo mi tía. –He
estado todo este tiempo pensando en lo que pasó y al final decidí contárselo a
tu madre para que me aconsejara... y lo mejor es que no sólo no le parece mal,
si no que además nos quiere ayudar.
-Sí... –dijo mi madre mientras yo las escuchaba sin saber que
hacer o pensar. – Ya tienes 16... casi 17 años y hay que enseñarte muchas cosas
y ¿quién mejor que nosotras para enseñarte? Por supuesto que yo no follaré
contigo, pero os ayudaré y me masturbaré viéndoos.
Me parecía que el tiempo se había parado. Mi tía, a la que ya
había follado y mi madre me pedían tener sexo conmigo. Estaba como en una nube y
sólo acerté a asentir a las cosas que me pedía mi madre. Me pidieron que me
fuera a la habitación de mis padres, donde hay una cama grande y en poco tiempo
llegarían ellas. Subí las escaleras sin decir nada y sin saber en que pensar.
Entré en la habitación y me tumbé en la cama con el pijama que tenía puesto.
Pensaba en mi madre... una mujer de unos 43 años. No era muy
alta, calculo que estará por el metro sesenta, tiene una buena figura, más bien
rellenita sin estar gorda. Está proporcionada para su estatura. Tiene unos ojos
verdes y una boca bonita. Su pelo es castaño y rizado. Su culo es ancho y no muy
abultado. La verdad es que nunca me había fijado en mi madre como mujer, pero
ahora solo en la habitación pensaba en ella y la intentaba imaginar desnuda.
Tras varios minutos de espera, entraron en la habitación mi
madre y mi tía. Traían puesto unas batas y al entrar atenuaron las luces. Yo
estaba en medio de la cama y mi madre subió por el lado izquierdo, mientras que
mi tía por el lado derecho. De rodillas en la cama las dos se quitaron las batas
mostrándome los dos cuerpos totalmente desnudos.
Mi madre se recostó a mi lado y esperó que mi tía y yo
empezáramos. Yo no sabía que hacer y entonces mi tía se acercó y empezó a
besarme. Metía su lengua en mi boca y me acariciaba la cabeza. Pasé mi brazo
derecho por debajo de ella y comencé a acariciar su gran culo. Se separó y me
ofreció uno de sus pechos para que lo chupara, tenía el pezón totalmente erecto
y lo lamía con ganas mientras ella me estrujaba la cabeza con las dos manos.
Al momento sentí que una mano se metía por mi pijama y
llegaba a mi polla. Separé a mi tía y vi como mi madre empezaba a quitarme el
pijama, primero el pantalón y después los calzoncillos. Mi tía hizo lo mismo con
mi camiseta, quedando desnudo entre aquellas dos mujeres. Como es lógico, mi
polla estaba totalmente dura y las dos se giraron para ponerse a la altura de
ella, ofreciéndome a cambio una vista de sus hermosos culos.
-No tiene mala polla mi hijo.
-Me parece más grande que la última vez que la tuve entre mis
manos. –añadió mi tía mientras la agarraba y me empezaba a masturbar.
-Han pasado más de ocho meses desde entonces, puede que haya
crecido desde entonces. –añadió mi madre.
La verdad es que en mis muchas pajas nunca la había visto tan
grande... sería por la cosa de tener a mi madre y a mi tía en la cama y
desnudas. Mi madre le quitó la polla a mi tía y empezó a acariciarla y al poco
tiempo sentí como entraba en su boca y me hacía una mamada. Yo estaba quieto
mirando como mi madre me la chupaba... como se hundía hasta el fondo de su boca.
Mi tía me acariciaba y me besaba de vez en cuando, mientras yo la abrazaba.
Al rato, mi tía se abrió de piernas y me puso el coño en la
boca para que lo chupara. Mi madre seguía como loca mamándome y lo hacía tan
bien que estaba a punto de correrme. Pude levantar a mi tía y decirle a mi madre
que me iba a correr, pero ella aceleró el ritmo e hizo que me corriera en su
boca.
Mi tía se tumbó junto a ella y mi madre le echo mi semen de
su boca a la de ella. Yo las miraba como disfrutaban de mi corrida. Mi madre se
trago todo lo que tenía en la boca y mi tía hizo lo mismo con lo que le había
pasado la hermana.
-¿Te ha gustado hijo?
-Sí....
-Recupérate un poco y nos comes el coño. –me pidió mi tía.
Me levanté y las dos se pusieron boca arriba con las piernas
bien abiertas. Tenía a mi tía a la izquierda y a mi madre a la derecha. Sus
coños estaban depilados de igual forma, dejando sólo un poco de pelo por encima
de la raja. El de mi madre tenía los labios más oscuros y grandes, supongo por
haber parido a mi hermano y a mí. El otro era más excitante por parecer menos
usado.
Me metí entre las piernas de mi madre y separé los labios. Su
coño brillaba por los fluidos que salían de él por la excitación. Pasé mi lengua
por toda su raja de abajo arriba y ella se estremeció. No le di más, me metí
entre las piernas de la otra e hice lo mismo, separé los labios y lo lamí de
igual forma. Los dos coños estaba riquísimos.
-¿Cuál te gusta más? –me preguntó mi madre.
-Los dos están igual de buenos, calientes y con ganas de ser
follados, pero empezaré por ti que eres mi madre.
La cogí y le levanté las piernas hasta que los tobillos
estaban a la altura de su cabeza y le pedí a mi tía que le abriera los labios
del coño. Metí mi lengua en la raja y se la pasé por toda la raja. Le metía la
lengua en su vagina como si la follara y busqué su clítoris para lamerlo un rato
mientras le metía un par de dedos en el coño. Ella gemía y se retorcía pidiendo
que no parara de lamerla. Pasaba la lengua por todo el coño y la llevaba hasta
la entrada de su ano. Esto hacía que se retorciera y gimiera más.
Yo estaba de rodillas con mi cabeza en el coño de mi madre y
ella se sujetaba las piernas para ofrecérmelo mejor. Mi polla colgaba y mi tía
se tumbó debajo mía para mamármela. Bastaron dos o tres chupetazos para que se
pusiera dura de nuevo, mi tía se la tragaba hasta el fondo.
Al poco tiempo sentí que mi madre no aguantaba más y dando
grandes gemidos se corrió en mi boca, dando espasmos cada vez que le pasaba la
lengua por el clítoris. Me giré sin sacarle la polla a mi tía de la boca y
busqué su coño. Ella dobló y abrió las piernas y comencé a meter mi lengua entre
los labios. Daba gemidos ahogados al sentir mis dedos entrarle en el coño y me
daba mamadas más fuertes como agradecimiento. Tras varios minutos, en los que mi
madre descansaba y nos miraba, se sacó la polla de la boca.
-Fóllame, por favor, métemela entera. –me dijo.
Me levanté de encima de ella y la coloqué a cuatro patas
mirando al cabecero de la cama. Me puse detrás de su enorme culo y lo acaricie
un poco metiendo un dedo para buscar su coño.
-Yo te ayudo hijo. –me dijo mi madre.
Me la cogió y, antes de acercársela a la hermana, le dio unas
cuantas mamadas. Tiró de mi polla para que me acercara al culo de mi tía. Sentí
el calor del coño de ella.
-Empuja ahora. –me pidió mi madre.
Poco a poco empuje y la polla entró sin ninguna resistencia.
Mi tía daba pequeños gemidos de placer. Yo, a la vez que la penetraba, le
acariciaba el culo. Sentía como mi polla se abría paso por aquella vagina.
Sentía el roce de su coño.
Los dos gemíamos de placer y mi madre al lado se masturbaba
viendo a su hermana y su hijo follar. Después de un rato se levanto y fue al
mueble para coger un consolador, una polla no muy grande. Se volvió a la cama y
se puso al lado de la otra también a cuatro patas.
-Toma hijo, métemela en el coño y a la vez que te follas a tu
tía me metes esto a mi, así pensaré que eres tú el que me folla. –me dijo y me
dio el cacho de goma.
Yo seguí follando a mi tía, con algo más de dificultad ya que
tenía que controlar el carajo de goma para follar a mi madre. Poco después, mi
tía me pidió que la follara más rápido, que se iba a correr. Aceleré la follada
de mi tía y con la agitación, la polla de goma se salía de vez en cuando de mi
madre y volvía a entrar. Así estuve hasta que mi tía se corrió gimiendo. Mi
madre la miraba a la cara totalmente excitada por la corrida de su hermana y yo,
sin que ella se diera cuenta la saque de mi tía y la metí en el coño de mi
madre. Poco tiempo tardó en darse cuenta que era yo la que la follaba, pero ya
era tarde. Mi polla estaba totalmente dentro de ella y mis huevos le tocaban los
labios del coño.
-¡Sácala, cabrón! –me gritaba -¡Sácala que soy tu madre!
Y estas palabras me excitaron más. Ella estaba con el pecho
apoyado en la almohada. Con la cabeza vuelta hacia mí, mirándome con ojos de
rabia y con su mano izquierda me empujaba para que la sacara. Pero yo ya no
podía. Mi polla estaba totalmente dentro y veía su culo redondo que tocaba mis
huevos. No pude resistirlo, empecé a metérsela y sacársela y la follé. Yo estaba
totalmente excitado y la follaba con ganas. Mi madre poco a poco fue cediendo y
dejó de empujarme.
-¡Eres un cabrón! ¡Fóllame todo lo que quieras! –sus palabras
eran una rendición.
Seguí follándola. Poco después me pidió que me tumbara y me
montó. Movía su culo y se metía mi polla todo lo posible. Mi tía, al lado, nos
miraba y me acariciaba.
-Dame fuerte, cariño, que me voy a correr. –me pidió mi
madre.
Tomé su culo con ambas manos y se lo pare. Aceleré mi follada
y sentí poco después que gemía y se corría como una loca. Al instante sentí que
me iba a correr y se lo dije.
-¡Me corro!
Se levantó casi cuando estaba a punto de salir mi leche. Las
dos mujeres se tumbaron junto a mí y me masturbó mi tía. Cuando empezó a salir
leche, las dos la recibieron en sus caras con ganas y se llevaron los restos
hasta la boca para comérselos, chupándomela un poco más para que saliera todo y
dejármela limpia.
Permanecimos un rato tumbados en la cama, abrazados y
hablando de lo que había pasado. Ahora que mi madre ya sabía lo nuestro y además
también había follado conmigo, pensábamos hacer muchas fantasías realidad entre
los tres.