LOS HOMBRES Y LOS DIOSES
I
Hay dioses que caminan sobre el
aire
hay mareas que
nunca se producen en el mar
y también, hay
hombres que se olvidan
del trayecto
al caminar.
Rugen los
cerros heridos,
por los
tiempos idos en los cuales
los jircas
solían transitar.
Y pumas
salvajes brotaban de aquellos,
con las garras
al frente.
Paisajes
andinos de encrespados dientes
Rasguñas el
aroma de la muerte.
II
Ahora, no hay
pumas, desaparecieron
escaparon de
esa encrespada soledad
son olas que
aparecen,
para no
regresar jamás.
Huyen debajo
de las rocas.
Hay pumas con
garras de hombres desesperados,
hay olas con
formas de ojos y extremidades,
hay dioses que
alzan espadas contra humanos
y hay hombres
que matan pumas y olas que matan hombres.
Los dioses
fingen reñirse entre sí,
crean vientos
que solo el mar puede usar,
crean pumas
que solo los cerros saben domar.
En las
batallas se entrecruzan remolinos,
pumas
gigantes, y aves y graznidos.
La sangre tiñe
al cielo morado, los colores se esparcen...
Mientras los
hombres continúan buscando
el reverso del
camino.
El cielo
ilumina la tierra,
y la tierra
responde con un silbido.
Los hombres
han despertado.
Los dioses han
dejado de luchar entre sí.
Ya no caminan
sobre el aire, son ahora, todos, humanos.
Las olas y los
pumas ya no han querido morir
Porque los
hombres y los dioses han dejado de existir.
Octubre del
2002