La apuesta.
No sé porque será, o bueno igual si lo sé. Pero cuando salgo
acompañado de mi esposa es el momento en que se me producen más oportunidades de
ligar. Como es lógico son ocasiones que tengo que dejar a un lado, para no
cometer una locura. Estoy hasta los cojones, cuando voy acompañado veo que tíos
que en otra ocasión no se fijarían en mi, reflejan un interés extraordinario.
El colmo me ocurrió el sábado de la semana pasada, por la
mañana me dispuse a llevar a mi hija de 5 años a una piscina gigante que está
cerca de la costa en el barrio en que vivo. Y con los preparativos se incorporó
mi suegra y mi esposa. Tomamos el autobús, aunque podíamos ir caminando. Yo iba
con mi bañador y sin camisa. Cuando nos íbamos acercando a la entrada de la
instalación mis ojos se van para un tío muy varonil que por casualidad venía
caminando de frente a mi, lo miré de reojo, venía con un bañador azul y sin
camisa, su pecho era velludo, era un hombre relativamente fuerte. No pude
detallarlo bien por la situación en que estaba. El tío venía acompañado de una
mujer, pensé que sería su esposa, un niño, que tal vez fuera su hijo y otra
joven pareja. De verdad que veníamos fuertemente escoltados. Nos miramos a los
ojos y no se que tipo de comunicación nos hicimos, pero estaba claro que nos
habíamos interesado.
Yo seguí con mi familia caminando y como es lógico di este
incidente como una de las tantas oportunidades que pierdo de ligar cuando voy
acompañado. Nos metimos en la piscina, que por cierto es bastante grande, de
unos 50 metros de ancho por 80 metros de largo y comenzamos a disfrutar del
fresco chapuzón que en estos calurosos días de verano, uno siempre está
deseando. Mi hija disfrutaba de lo lindo, mientras yo me había olvidado del tío
que me había impactado. Cuando de pronto lo veo nadando sólo por el medio de la
piscina y de nuevo nuestros ojos se intercambiaron una señal de complicidad y
otra vez lo veo reunirse con las personas que lo acompañaban.
Bueno, de más está decir que me sentía un poco nervioso,
deseaba entrar en contacto con ese hombre, para quedar en otro momento, pero de
verdad que no me atrevía a acercarme a él y conversar. Las cosas fueron así, el
tiempo iba pasando y cada cierto tiempo, nuestras vistas se chocaban con más
fuerza. A mi me dio la idea de nadar hasta el otro borde de la piscina, de
verdad que no lo hice para provocar un encuentro, sino para buscar una forma de
relajarme un poco, pues me estaba sintiendo muy tenso y no quería que mi esposa
se percatara de mi alteración. Cuando iba por el medio de la piscina, miré hacia
atrás y pude ver como el tío me estaba siguiendo con la vista. Llegué al otro
borde la piscina, salí del agua y me senté en el muro de la piscina con los pies
dentro del agua. Allí estuve unos minutos, recobré un poco mi control
psicológico y cuando estaba más calmado volví nadando a reunirme con mi familia.
Al regreso, puedo de nuevo intercambiar unas miradas de
complicidad con el tío y ahí fue cuando me dio la idea de repetir esta
operación, pero esta vez dándole más tiempo, pera ver si él se podía soltar un
rato de los suyos.
Esperé como 20 minutos y comencé a repetir la operación y
cuando salgo nadando prácticamente mis ojos hablaron y le decían que me
siguiera. Seguí nadando unos metros y al mirar hacia atrás mi cuerpo tembló,
pues el hombre me seguía. Yo seguí nadando sin mirar atrás, llegué al borde
contrario de la piscina y de nuevo me senté en su muro, miré entonces hacia
atrás y no veía el tío por ningún lado. Tampoco lo veía con su familia, pero
después de estar unos minutos sentado, pensé que no me había interpretado y me
lancé de nuevo al agua, había nadado solo unos pocos metros, cuando miro y lo
veo que venía caminando por fuera de la piscina hacia el lugar donde yo había
estado sentado unos instantes antes. No lo pensé ni un segundo, volví de nuevo
hacia el borde de la piscina nadando y me detuve allí, sujetándome con mis manos
en el bordillo de la pared de la piscina y él se sentó en el muro donde yo había
estado sentado con anterioridad. Ahora lo podía ver muy cerca de mi, ahora podía
detallarlo de cerca y de verdad que un hombre como ese era para enloquecerse,
sus vellos mojados se pegaban a su cuerpo, su piel estaba dorada por el sol y
tenía un delicioso color de miel y se le marcaba una clase de paquete que era
para salir corriendo y olvidarse de este encuentro. Y entablamos una
conversación de las cosas más triviales que se pueden hablar, de esas que se
hablan solo cuando uno lo único que quiere es decir algo para empezar a
conversar con alguien. Y no llevábamos un par de minutos conversando cuando puso
su pie sobre mi mano y yo no se de donde saqué valor y acaricié los dedos de su
pie. Yo supe que se llamaba Rafael y él que yo Jorge. No hablamos más y quedamos
encontrarnos el lunes a las 5 de la tarde en una esquina de una importante
avenida que estaba cerca de su casa. Después para no levantar más sospecha entre
nuestros acompañantes regresamos a ellos, yo nadando y él caminando por donde
había venido.
Intercambiamos varias miradas cómplices ese día y finalmente
yo me retiré con los míos y él se quedó allí con los suyos. Y a mi no se me
quitaba la idea de la cita que habíamos convenido.
El domingo fui a ver a un amigo que vivía cerca del lugar de
la cita y le pedí la llave de su apartamento para el encuentro del lunes. Y el
lunes en mi trabajo no dejaba de pensar en mi encuentro con Rafael. Ese día
marqué la tarjeta a la hora exacta y me largué a mi encuentro. Había un tráfico
enorme y mi autobús se demoró más de lo esperado, con tan mala suerte que la
hora de la cita se pasó y yo no había llegado a la condenada esquina en que
habíamos quedado. Cuando me bajé del autobús quería que la tierra me tragara,
pues Rafael ya no estaba y todo había sido por mi culpa. Además no tenía ni un
teléfono para poder localizarlo, quizás no volviera a verlo nunca o tal vez la
suerte me lo vuelva a poner en mi camino. Pensé que el lugar más posible para
volver a verlo era la piscina en que nos habíamos conocido. Caminaba por la
acera rumbo a la parada del autobús para mi retorno, cuando de pronto por poco
me quedo sin respiración, pues me lo estaba encontrando de nuevo. Rafael al ver
que yo no había llegado, fue a hacer unas compras y retornaba a su casa.
Me acerqué como un loco, le expliqué el motivo de mi tardanza
y a los pocos minutos estábamos muy nerviosos en casa de mi amigo y solos por
primera vez entre cuatro paredes. Hacía mucho calor, los dos sudábamos
copiosamente y nos quitamos nuestras camisas. Estábamos tan nerviosos que no
sabíamos ni de que hablar, ni que hacer. Así estuvimos unos minutos, mirándonos
y sin decirnos una palabra.
Y fui yo quien rompió el hielo del silencio y no fue con
palabras, sino con caricias, pues mis manos saltaron a acariciar su pecho. Muy
suavemente con las yemas de mis dedos le fui acariciando los vellos de su pecho,
tan suavemente que no tocaba su piel. Su cara de placer lo decía todo y yo seguí
disfrutando de su pecho. Muy suavemente acaricié la zona de su ombligo que
estaba totalmente cubierta de vellos, deseaba que mi lengua fuera la que lo
acariciara, pero continué deleitándome con mis manos y así empecé a acariciar
sus tetillas, suavemente y sin tocar sus pezones, en círculos mis dedos lo
acariciaban y fui viendo como sus pezones se ponían duros. Mi polla como la de
él, estaba al explotar y aunque no la podía ver pues tenía puesto sus
pantalones, se marcaba como para querer salir de donde estaba prisionera. Ahí de
nuevo me recordé la clase de paquete que tenía Rafael y de verdad que sentí
miedo de que tuviera intenciones de ser él quien me penetrara. Y por eso seguí
con mis caricias, para no perder la iniciativa, entrando mi lengua en acción.
Con la lengua fui acariciándole los pezones, de uno en uno, mientras una de mis
manos le acariciaba el vientre y trataba de acercarse a su polla por debajo de
su cinturón. Poco tuve que avanzar con mis dedos pues enseguida choqué con la
cabeza de su polla que estaba totalmente mojada y empecé a mamarle las tetillas,
mientras con mi mano torpemente trataba de abrir la hebilla del cinto y abrir su
bragueta y lo logré.
Cuando su polla se vio liberada salió del pantalón como si
tuviera vida propia y estuviera buscando algo. Yo me acosté sobre él y nuestras
bocas estuvieron muy cerca, nuestros labios se rozaban, hasta que empezamos a
besarnos. Primero muy tiernamente y luego con mucha intensidad, nuestras lenguas
luchaban por entrar en la boca del otro y unas veces entraba mi lengua
saboreando su boca y otras veces era la suya la que se introducía en mi boca y
la registraba por todos los lados.
Nos quedamos desnudos. Nos besábamos, nos dábamos lengua por
nuestros cuellos. Saboreábamos nuestra piel. Pero ninguno obtenía el control de
la situación. Ambos queríamos follarnos, ambos queríamos disfrutar del culo del
otro, pero ninguno podía romper la resistencia del otro, aunque por momentos el
placer quebraba el deseo de ser el macho en alguno de nosotros. No nos pudimos
poner de acuerdo rápidamente y aquello se trasformó en una intensa lucha. Cada
instante nos deseábamos más y así yo llegué con mi boca a su polla y empecé a
chupar sus huevos y sentía como sus líquidos me mojaban cuando metí la cabeza de
su polla en mi boca. Le mamaba con toda la intensidad posible y él me hacía lo
mismo. Nos estábamos retorciendo de placer. Rafael logró acostarme boca arriba e
introducir su polla en mi boca. Ahora me entraba profundamente, la sentía chocar
con mi garganta. El estaba chupándome mi polla también y se fue a darle lengua a
mis huevos y comenzó a acariciar mi culo con su lengua. Sentía una corriente que
me estaba corriendo por todo el cuerpo y su lengua cada vez acariciaba con más
presión mi culo. Yo sentía en mi boca como aquella polla casi no me cabía y la
sentía que rugía. Sentí que Rafael me estaba dominando, que con su lengua estaba
dilatándome el culo y que no podía impedir que me siguiera mamándome así. Si no
hacía algo, pronto aquella tremenda tranca que ahora casi me ahogaba estaría
destrozando mi virginidad y a lo único que atiné fue a chupar su polla con más
intensidad para tratar de extraer la leche de sus huevos y obtener una tregua. Y
lo logré, sentí como su polla aumentó de grosor cuando su leche pasó por ella
caliente para chocar en mi garganta, pero yo seguí chupándola, no me la podía
sacar de la boca pues él estaba sobre mí. Tras el primer chorro, vino otro y
otro. Nunca había tenido tanta leche en mi boca y sentí como me la estaba
tragando. Seguí chupando cuando ya no salía leche, pero a cada una de mis
succiones Rafael se estremecía, ahora él era quien quería sacar su polla de mi
boca, pero yo lo sujetaba con toda las fuerzas de mis brazos y lo hacía
retorcerse de placer. Y se la estuve chupando hasta que estuve seguro de que no
le quedaba ni una sola gota de leche en los huevos y la solté y vi como Rafael
estaba extenuado. Yo estaba tan caliente que solo tuve que con mi mano tocar un
par de veces mi polla para llenarle el pecho de leche. Y así nos abrazamos y
estuvimos juntos besándonos y acariciándonos por un rato.
Finalmente, cuando nos recuperamos un poco, nos dimos cuenta
que teníamos que separarnos, que se nos hacía tarde para llegar a nuestras casas
donde nos estaban esperando nuestras esposas. Quedamos para vernos el próximo
viernes en el mismo lugar. Al despedirnos nos dimos cuenta que casi no habíamos
hablado nada de nosotros. Solo la pasión y el deseo había ocupado nuestro
tiempo. Y que ambos deseábamos del otro la entrega de su virginidad de macho. Y
para eso tendríamos que esperar 4 días largos.
Los días que nos separaban de nuestro próximo encuentro se
hacían interminables. No hubo un momento en que Rafael se me quitara de la
cabeza. Estaba loco por poseer su culo virgen y para ello hice mil planes y así
llegó el viernes y de nuevo Rafael y yo estábamos desnudos en la cama. Ahora nos
abrazábamos y nuestras manos trataban de acariciar cada lugar de nuestros
cuerpos al que alcanzábamos. Rafael se acostó encima de mí y con nuestras bocas
muy cerca comenzamos a conversar. Cada uno quería del otro lo mismo, pero uno
solo lo lograría. Y así fue cuando me propuso hacer una apuesta.
Venga, dime de que se trata la apuesta. Le dije
Y Rafael me dijo: Lucharemos con todas nuestras armas por lo
que queremos y uno solo podrá controlar al otro. Cuando la voluntad del más
débil se quiebre, éste no impedirá que el otro logre todo lo que desea del otro.
Nuestras bocas se besaron muy tiernamente, yo no le respondía
pues estaba pensando en las consecuencias y temía que de nuevo me volviera a
sentir como el otro día y al fin dije: Acepto el reto. Y comenzamos a disfrutar
nuestros cuerpos. Pero Rafael se lanzó de inmediato a la ofensiva. Su lengua se
apoderó de mi cuello y no cesaba de chupármelo, mientras yo me retorcía de
placer y sentía que mi mente se me quedaba en blanco.
Cuando su lengua llegó a mis pechos empezó a acariciarme los
pezones de una forma que se me pusieron duros en un instante, mientras él me los
mordisqueaba de una forma que me electrocutaba. Rafael no me daba tregua, y mi
mente empezaba a flaquear, tenía que tratar de cambiar el ritmo de los
acontecimientos o estaría irremediablemente perdido.
Por eso, cuando tuve la menor oportunidad provoqué un cambio
de posición y comencé a mamarle la polla, quedando yo encima de él, pero eso me
duró muy poco pues él logró de nuevo ponerse sobre mí y comenzamos a mamárnos la
polla simultáneamente. Pero al estar sobre mi, tenía mejor movilidad y dejó de
chuparme la polla y bajó a saborear mis huevos, cuando con sus manos pudo
separar mis piernas y llegar de nuevo a mi culo. En ese momento sentí terror,
pues me acordaba del estado en que me había puesto su mamada de culo días atrás.
Pero no podía hacer nada por impedirla y su lengua empezó a acariciar mi culo,
primero jugueteando con él, sentía su saliva caliente como me llenaba en culo y
como después su lengua empezó a hacer presión y a vencer la resistencia de mi
esfínter, mientras yo me estremecía y me quedaba casi sin conciencia de lo que
estaba ocurriendo. Perdí la voluntad de resistencia y empecé a sentir deseos de
que me penetrara. Pero Rafael continuó meticulosamente chupándome el culo y sacó
su polla de mi boca, para que yo no pudiera hacer que se corriera.
Me quedé sin fuerzas y sentí como me ponía boca abajo y de
nuevo él sobre mí y su boca en mi culo, para con su mamada destruir mi más
mínima resistencia. El podía abrir mis piernas todo lo que quería, pero me pedía
que fuera yo quien lo hiciera solo, quería que empezara el camino de la entrega
y yo estaba tan desesperado que le empecé a pedir que me hiciera suyo.
Ahora, me volvió a poner boca arriba y puso una almohada bajo
mi cadera, para que mi culo quedara al pleno disfrute de su polla y empezó a
acariciármelo con la cabeza de la polla. Fue frotándolo y frotándolo hasta que
sentí sus brazos apoyados en la cama y separando los míos de mi cuerpo. Nos
mirábamos a nuestros ojos y poco a poco comenzó a hacer presión con su polla en
mi culo y la cabeza de su polla logró vencer la resistencia de mi esfínter. No
presionaba más, estaba disfrutando mis reacciones y yo empecé a pedirle que no
me la metiera, que me la sacara.
Pero él solo me dijo: relájate, no quiero hacerte daño, pero
no te la voy a sacar. Acostúmbrate, porque te voy a follar, la apuesta hay que
pagarla. Y me besó, mientras yo sentí que avanzó un poco más.
Aquello me desesperó, traté de revirarme, pero lo único que
logré fue que me embistiera con todas sus fuerzas y su polla me entrara hasta
sus mismos santos cojones. Solté un grito desgarrador. Rafael no se movía, pero
no me la sacaba ni un milímetro. Y comenzó a besarme mientras yo sentía que
sudaba frío y mi corazón latía aceleradamente. En la medida que me fui
acostumbrando a tener ese trozo de carne dura en mis entrañas el dolor
escalofriante fue cediendo y sus besos eran tan cariñosos que yo empecé a sentir
un placer extraño, el placer de ser poseído por un hombre y mis protestas fueron
cesando, bien porque no me quedaba otra opción que la entrega o bien porque
estaba deseando entregarme.
Y ahí fue cuando Rafael empezó a sacar su polla poco a poco
de mi culo y cuando casi solo le quedaba su cabeza dentro volvió de nuevo a
meterla lentamente hasta chocar sus huevos a mis nalgas. Aquello me estremeció
todo el cuerpo mientras él se deleitaba viendo las expresiones de mi rostro y de
nuevo me volvió a bombear lentamente pero sin interrupción. Me abracé con todas
mis fuerzas a su pecho y continuó sus embestidas y poco a poco el ritmo lo fue
aumentando. Su cuerpo sudaba sobre el mío, pero sus embestidas iban en aumento y
yo empecé a sentir un placer que me enloquecía, lo besaba, lo acariciaba,
mientras me follaba salvajemente. Sentía que mis huevos iban a descargar, no
podía aguantar más y se lo dije, que me estaba sacando la leche. Eso provocó que
sus embestidas aumentaran a un ritmo que me aterró hasta que sentí como su
cuerpo se estremecía y descargaba toda su leche en mis entrañas. Nos corrimos
casi al unísono y después continuamos abrazados por mucho tiempo sin que me
sacara la polla de mi culo.