De entrada quisiera dejar sentado aquí hoy, que no soy buena
escribiendo narraciones, ni pretendo serlo, solo quiero contar una historia, les
ruego sepan perdonar mis errores narrativos. El destino al descender sobre mi me
dejo realmente alarmada, soy una chica como cualquiera quizás guapa, y es
posible que lo sea porque me sobran los chicos con los que salir, los novios con
los que compartir
Mencionaba que el destino es algo raro que no sabes porque su
llegada suele ser provista de incógnitas e interrogantes, yo soy ese tipo de
chica alegre, que se admira a si misma, satisfecha con lo que le ha tocado
vivir, lozana, salgo con mis amigos de marcha, viajo, hago turismo, trabajo,
tengo una vida como cualquiera con novio y todo lo demás, un poco frívola en
cuestiones sentimentales pero he tenido amantes y pretendientes que a veces ni
recuerdo y ellos me lo han perdonado.
Yo vivo en una urbanización, llena de vecinos a los que no
conozco y que solo veo de vez en cuando en el ascensor a los de tu bloque y en
la salida del garaje o en la juntas de vecinos al resto. Pero a ella nunca la
había visto, hasta ese día en que me la encontré en el ascensor y a mi
impersonal "hola" ella contesto con un "buenas tardes", es una mujer no mi alta
de piel como la canela molida, y como supuse era la única negra de la
urbanización no era difícil reconocerla, cada vez que la veía, pero siempre
seria, reservada, formal, ese día de nuestro primer encuentro, como tantos otros
no me llamo la atención, siempre que la veía seguía siendo alguien completamente
indiferente para mi y yo aun más para ella.
Una noche de tantas me disponía a salir con mis amigos, nos
íbamos de copas a mi me gustaba un chico del grupo, así que si la cosa pintaba
bien esa noche estaría cargada de sorpresas; nunca mejor dicho.
Después de recorrer varios bares, decidimos visitar uno que
tenía una terraza esplendida y la música según decían era excelente, al llegar
nos pareció demasiado iluminado vimos gente bailar entre muy mal, regular y
alguno que otro bastante bien nos pareció divertido y decidimos quedarnos un
rato, y fue entonces que la vi, era ella, la chica de mi urbanización vestía una
minifalda de mezclilla ajustada, una blusa naranja escotada que mostraba su
exuberante pecho, nunca la había visto vestida así, pero me gusto, estaba
charlando con varias personas y un negro muy guapo la saco a bailar, y fue
demasiado para mi, empezaba a surgir en mi interior un sentimiento raro,
demasiado extraño, ella conservaba una elegancia y un porte de mujer que
realmente me impactaron. Me debo haber quedado medio boba mirándola. Cuando
entro a bailar era toda sensualidad, todo movimiento, se abrió ante ellos un
circulo, con verlos divertirse al ritmo de la música, ya todos disfrutábamos,
los hombres como hipnotizados miraban aquel culo que danzaba sin parar, ardiente
y exótico, desafiante como con vida propia se movían aquellos pechos que yo no
dejaba de mirar, las caderas se le agitaban suaves, feroces, más que
desplazarse, se abalanzaba por el escenario, llevando mis ojos en su cuerpo,
trasmitiéndome deleite, pasión y erotismo.
Terminaron de bailar y se retiraron, nosotros decidimos
quedarnos allí nos gustaba el sitio, y ya avanzada la noche, el chico que me
gustaba por fin se decidió a romper el hielo y terminamos enredados a besos y
caricias ya estábamos a mil cuando decidimos irnos en busca de intimidad,
llegamos a un descampado no muy lejos de la terraza, aquello era como una zona
industrial, cuando nos disponíamos a entrar en faena, vimos un descapotable que
se movía violentamente, el coche aquel retumbaba, la luz deja ver todo lo que
pasaba allí sin necesidad de acercarnos más pero nos acercamos, y de nuevo la vi
era ella, aquella espectacular morenaza, se veían hermosos sus muslos bajo luz
amarilla del faro que3 iluminaba la oscuridad; ella estaba como enloquecida en
un vértigo que aumentaba mis deseos y los de mi actual novio, una mano me
acariciaba sin dejar de mirar aquella escena y yo me deje invadir estaba
hechizada, hipnotizada con aquella mujer; vimos que los dedos del hombre
jugueteaban con los potentes glúteos de la mulata y rozaban los labios mojados
de su sexo, se podía percibir como emanaban ráfagas eróticas que encima
impregnaban el ambiente, vimos aturdidos de deseos como aquel hombre metió la
cabeza entre los muslos recibiendo los besos enloquecidos de los labios vaginal
de ella que ya despedían humedad entre sus piernas, él besaba por encima de la
tela que cubría el ardiente sexo y como un beodo del erótico aroma que respiraba
tiro hacia abajo la diminuta tanga, bajo desesperado por las pierna hasta los
pie u se ensaño a besar y morderlas, trepo con desesperación por el interior de
los muslos buscando el preciado tesoro, mientras acariciaba el culo espigado de
la morena que deliraba de placer en medio de aquel silencio, hasta que le vimos
hundir los labios en la ardiente vagina
Y el placer se apodero de ella, enloquecida de lujuria; se
besaron en medio de un apetito desenfrenado, ella se ensañó en los pezones
indefensos de su amante, los acariciaba con la lengua con dulzura y delicadeza
para bajar luego por la línea de su torso desnudo y llegar por fin al cierre del
pantalón, forcejeo un poco con la cremallera y liberó al cautivo miembro, que
salio desafiante con unos testículos colgantes y deseosos, se veía duro, tenso
como un resorte, aquello brillaba con la luz mientras expelía su erótico
líquido, ella comenzó a lamer la cima del miembro jadeante, la punta de su
lengua lo ensalivaba con ansias, besaba sus testículos, los lamía, para entonces
abrir su boca engulléndolo por completo, lo chupaba con el placer que se devora
un exquisito manjar, lo vimos agrandarse y endurecerse al máximo, él desesperado
abrió las piernas de ella colocando la enhiesta cabeza en la entrada de su sexo,
sin avisos previo el miembro irrumpió en el interior de la chica haciéndola
gemir de gusto, él comenzó unas frenéticas embestidas, arremetía una y otra vez
derrochando placer, ella jadeaba, se contorsionaban sus cuerpos desnudos en una
lucha titánica que desafiaba todas las leyes físicas, se veían apunto de acabar
la dura batalla, peleaban sacudiéndose fuera de si y explotaron en un grito que
retumbo en el silencio de la madrugada, un torrente de lava se desprendió del
pene de mi novio en una eyaculación violenta, nunca supe en qué momento lo saco
fuera de su pantalón, pero ahí estaba disparando al aire todo su carga, además
de mis entrañas que también estallaba un orgasmo descomunal que nos envolvió
cómplices de aquella pareja, regresamos satisfechos como si acabáramos de tener
el más violento y morboso polvo sin a vernos tocado siquiera. Esa noche ya no
pude dejar de pensar en ella, cerraba los ojos y la veía moviéndose, pensé por
un instante,_ sería la bebida que me estaba haciendo daño_ dije a mis amigos que
no me sentía demasiado bien y decidí regresar a casa, ya no podía disimular la
turbación que me invadía como era posible que me estuviera sucediendo estas
cosas a mi, estaba pensando en una mujer, no, yo estaba deseando a una mujer,
cuando debería estar pensando en mi recién estrenado novio, me reprimía
constantemente, pero mi mente seguía pegada al recuerdo de ella, de sus caderas,
de su pecho, el solo pensarla me provocaba, nunca había tenido esas
inclinaciones y aunque he recibido propuestas de chicas siempre alegaba que no
me iba la marcha, que me gustan los chicos, pero hoy era diferente hoy quería
tocar aquel cuerpo de mujer, vivir en aquella piel que con la luz, el sudor y la
agitación del baile y del sexo se me antojaba besarla, chuparla, vivirla. Está
demás decirles que el sexo aquella noche con mi novio fue espectacular pero yo
no estaba excitándome con él, me encendía la mulata, y sabía que mi novio estaba
pensando en ella sin importarme para nada, hubo un momento en que casi la
menciono.
Que me pasaba_ estoy chiflada_ me dije a mi misma y me fui a
la cama después de una excesiva y poco habitual jornada sexo, no sin antes darme
un baño de agua helada, por lo menos hacia calor_ pensé a modo de justificación.
Pasaron algunos días y con ellos se borro de mi mente aquella
mujer, me había repetido una y otra vez que era imposible, que solo había sido
un momento de furor mezclado con bebida, hasta que volví a verla de espalda
rumbos a la puerta de la urbanización iba con el mismo tío con el que la vi
teniendo el más violento sexo, él se fue en otra dirección y ella siguió rumbo a
la puerta, invariablemente seria, me encontré a mi misma apresurando el paso
para entrar junto a ella, de espaldas la disfrutaba caminar, tiene un andar
cadencioso y mueve las caderas y el culo tal como si estuviera bailando, justo
al llegar a la puerta me miro algo extrañada, arqueo las cejas y me pareció un
gesto hermoso, me dio las buenas tardes como siempre y en el ascensor se situó
de espalda a mi, yo seguí apreciándola, por debajo de la falda estaba firme,
musculoso como prisionero su culo ajustado y redondeado por la tela, sus muslos,
sus piernas, tenía unos músculos femeninos dibujando su espalda desnuda y la
piel tersa y brillante, pude ver su cuello con solo una simple cinta que lo
rodeaba sujetando la blusa y sus hombros carentes de tela, como hipnotizada pose
mis manos en su culo, me quede muerta le estaba acariciando el culo, se giro
sobre si misma y me miro cerrando las cejas, su mirada era gélida yo diría que
feroz, sus ojos se clavaron en los míos con un rostro inmutable, visiblemente
indignada, _ qué coño estaba haciendo_, su mirada exigía una respuesta a mi
comportamiento, y yo solo pude balbucear un inaudible lo siento, un "lo siento
que no eximía el gesto de mi mano, mis palabras se vieron torpes y atropelladas,
no conseguía que fueran coherentes. Y lo sentía; naturalmente que lo sentía..,
el ascensor llego a su piso y la puerta se abrió ruidosa, pero ella seguí allí
mirándome fijo, irritada, su mano bloqueó la puerta del ascensor dispuesta a
cerrarse, y salio, la puerta volvió a abrirse y su mirada siguió clavada en mis
ojos, no dijo ni una palabra, pero hubiera preferido un discurso a aquellos ojos
grandes y negros clavados en los míos. Por fin la puerta se cerro, y solté un
soplo de aire comprimido, casi me muero del susto, _ pero qué me estaba pasando,
estoy acosando a esa chica..._ le he tocado el culo y para colmo has estropeado
la única posibilidad de acercarte, me fui a mi casa, me sentía mal conmigo
misma, estaba triste y crispada, no sabía que hacer como pedirle disculpas, que
entendía que no me hablara más, pero de que me iba a hablar si nunca nos hemos
dirigido la palabra. ¿Pero realmente lo sentía o aquello que impulso mi mano a
sus glúteos duros y apetecibles era lo que deseaba desde que la vi bailar, desde
que la espié haciendo el amor?. En esa semana la vi varias veces, pero no me
atrevía a acercarme, a veces la evitaba, presintiendo en mi interior un
antagonismo total, su mirada seguía siendo dura, inexorable y eso lejos de
apartarla de mis pensamientos, más me atraía, intentaba acercarme , y aunque
ella no se apartaba, me obligaba a guardar distancias, no me dejaba
posibilidades alguna, me odiaba eso ya lo tenía claro, pensé que lo mejor era
olvidarla, en definitiva a mi no me gustan las mujeres, _ yo soy una chica
guapa, que no necesito estas molestias que me estoy tomando con está tía,..._
pero no podía aquello se había convertido en una obsesión, en una pesadilla que
no quería dejar de soñar; era superior a mi. No, no me gustaban las mujeres me
gustaba ella, me volvía loca, con solo verla un momento tenía los más
apasionantes sueños, las más morbosas fantasías, lo que nunca me había atrevido
a hacer, entre más distante se mostraba conmigo más la deseaba yo.
Así estuve por espacio de 4 o 5 meses, había perdido las
esperanzas totalmente de al menos ser una vecina que le dice "Hola". Un viaje
estaría bien, _ concluí un día_ había decidido poner tierra de por medio para
calmar mis ansias reprimidas,.
Esa noche, sin embargo el destino marcaba un cambio
inexorablemente afortunado llegue a casa, llovía intensamente, había perdido las
llaves y no podía entrar mis padres no llegaban hasta muy tarde así que no podía
buscar copias de mis llaves, y ahí estaba yo buscando donde guarecerme, decidí
esperar en la puerta para que alguien abriera al entrar, sentía el gélido frío
de la lluvia en mi cuerpo, era muy tarde y el portero para colmo no estaba, ya
tenía mucho frío y creo que me estaba quedando helada, pero un coche se paró a
la entrada del edificio, estaciono y era ella, a mi casi me da un mal no sabía
que hacer pero si no me abría el portal me iba a morir de frío, casi temblando
le explique, su mirada cambio de pronto o son ideas que yo me hago con está tía,
abrió y entramos, me temblaba todo el cuerpo y el agua calaba mi ropa, me quede
sentada y encogida como pude en la escalera, ella llamaba el ascensor. Parece
que la realidad de la situación ayudo a olvidar su cólera y de pronto me dijo
_ Mejor subes conmigo te puedes enfermar.
No lo podía creer me estaba hablando a mi, _ No, no hace
falta yo puedo esperar, no quiero causarte molestias _ dije muy poco convencida.
Me miro
_ Si me causaras molestias no te lo diría, subes o no, _
hablo con una autoridad única, el ascensor abrió sus puertas y como un resorte
me levante.
Llegue a su apartamento, me mostró el baño y agrego _ quítate
esa ropa, estas empapada_, iba a decir que no, pero su mirada me enmudeció, me
dio unas toallas y un vestido blanco parecía árabe ya en el baño el agua tibia
que corría por mi cuerpo me devolvió a la realidad, una realidad fantástica que
había deseado durante todo este tiempo ahora estaba en su casa con ella.
Cuando regrese estaba en la cocina, preparaba un chocolate
caliente, me miro con aquellos ojos expresivos y sentí de pronto un escalofrió
por todo mi cuerpo que se volvió una sensación de plenitud, me pidió que me
hiciera cargo del chocolate mientras ella tomaba un baño, acepte
incondicionalmente, la vi desaparece y me sumí en mis pensamientos, minutos más
tardes sentía el clásico sonido de la ducha, e idealice su cuerpo, me imagine
como el agua le caía, resbalaba por su piel, en un momento percibí sobre mi
hombro la mirada de alguien, al volverme era ella, su rostro había adquirido una
belleza inusual una gota de agua rodó solitaria por su mejilla, diluyéndose en
su cuello, al tiempo que la vi sonreír como avergonzada, sus labios gruesos se
arqueaban ingenuos, sus dientes blancos contrastaban con su piel.
_ Sabes sonreír _ le dije claramente maravillada.
_ Claro que se sonreír, se reírme a carcajadas también y tu
qué te crees?... ¿Qué te hace pensar que no se hacerlo?_ sus palabras se iban
disolviendo, lánguidas pero sin perder cierto dejo de picardía hablaba y se
reía.
Pronto entablaríamos una conversación sobre mi trabajo, el de
ella, los viajes que hemos hecho, mi pasión por la culinaria y la repostería, la
belleza de ciertos lugares, las zonas de ocio que ofrecía cierto pueblo de Soria
que ambas habíamos visitado, hablamos de música, de cine, de historia, de
templarios. Ambas nos sorprendimos a reconocer una parte de lo que había soñando
y como se parecía a nuestra realidad, sin darnos apenas cuenta estábamos
disfrutando de una charla inusual.
_ Sabes te vi bailar en una terraza, hace unos meses y
disfrutabas mucho bailando.
_ Ah si, veo que te gusto, sabes bailar? _ me dijo sin mediar
más que sus palabras en el silencio del salón.
_ Algo me defiendo, bailo en discotecas, rock y cosas así.
Nos quedamos en silencio por unos instantes, un silencio que rompí casi
queriendo _ Me enseñarías a bailar como lo hiciste aquella noche.
Su mirada me atravesó, la sentí candente, cómplice, aun no me
explico como pude pedírselo, ni cuanto valor reuní para hacerlo. Pero ahí estaba
ella de pie frente a su equipo de música buscando algo adecuado para aquellos
primeros pasos que me enseñaría. Me tendió la mano, mi corazón comenzó a latir
con fuerza y casi sin querer me sumergí en el poderoso hechizo de sus ojos
negros, poso una mano en mi cintura, la sentía cerca, pegada a mi e inundo la
magia de sus movimientos todo mi ser. Sentirme tan cerca me cautivó más de lo
que ya estaba, de pronto sus brazos me parecieron un lugar cálido, tierno,
único, la lluvia afuera seguía con desgano inundando la noche, el estar tan
juntas nos incitaba a la charla y la confidencia pura, de pronto sus ojos me
miraron como nunca, con esa fuego contagioso, revolviendo en mi mirada el deseo
profundo, nuestros labios, chocaron en un beso tímido, sensible.
Un ruido horrible interrumpió el éxtasis, se oía de lejos
mientras mis ojos cerrados y mis labios se adormecían en el placer de sentirla
tan pegada a mi.
_ Está sonando tu móvil_ pero yo no la oía, ni siquiera
quería oírla, hasta que dejo de bailar. _ Es tu móvil, no?
_ Ahh si, sii. _Tome el móvil molesta, tenía el corazón
acelerado, me sentía frustrada aquel ruido familiar me había sacado del más
maravilloso de mi sueño despierta_ Son mis padres, están abajo. _ le dije.
_OK.
Me acompaño hasta la puerta, me miro por un instante en el
que presentía que me diría algo especial, pero no lo hizo.
_ Bueno, hasta otro día. _ dijo sin dejar de mirarme.
_ Si, hasta otro día. _ le dije claramente contrariada, pero
deseaba decirle tantas cosas, y ya en el descansillo en el último momento le
dije.
_ Te invito a cenar mañana, se cocinar muy bien, te va
gustar_ se quedo un instante y dijo
_ No, lo siento._ Debí poner la peor cara que tengo,
cualquiera se habría dado cuenta, la verdad su negativa me sentó fatal, ella
solo sonrió. _ Mañana no puedo, que tal el viernes.
_ Perfecto el viernes, te parece bien 20:00 o lo prefieres
más tarde.
_ Que tal a las 20:30.
_ Perfecto. A las 20:30.
Ese día estaba muy nerviosa, quería tenerlo todo preparado y
en su sitio, todo lo dispuse para que le agradara, quería que fuera feliz
conmigo y a la vez no quería que se vieran las cosas demasiado dispuestas, nunca
me había sentido tan nerviosa, ni siquiera en mi primera cita, pero ahí estaba
yo toda hecha un lío como una chavala, mi cena fue un plato sencillo y adornado
con unas copas de margarita de amor con frutilla (que no es más que la
margaritas con tequila, pero decorada con frutillas, Ostras al Orno, que aunque
es mi especializada me pase toda la mañana para prepararlo, me esmere todo lo
que pude, saque con mucho cuidado la carne de las conchas y las puse en una
fuente, en una sartén puse mantequilla para fondear la cebolleta, cuando estaban
blanditas añadí zumo de limón y vino blanco, lo deje reducir para sazonar con un
toque de guindilla, le situé este fondo como una salsita por encima de las
ostras y las puse al orno, el postre era más sencillo aun, una muse de chocolate
blanco sobre un espejo de chocolate negro y el mejor champaña francés que pude
comprar, estuve más de una hora ante el espejo y sacando ropas del armario nada
me convencía, al final opte por una blusa y falda sencillas pero tentadoras;
sabía muy bien que conquistarla era todo un reto ni siquiera me hacía ilusiones,
pero en el fondo la deseaba, a las hora que acordamos no llegaba y a mi casi me
da un mal, hasta que se oyó el timbre y el alma me volvía al cuerpo, pero me
entro un pavor de muerte, llegue hasta la puerta y ahí estaba ella, radiante,
venía en pantalones y yérsey, sencillamente estaba preciosa.
_ Buenas noches, siento el retraso tuve una llamada en el
último momento_ me dijo y su sonrisa ilumino el ambiente_ me dejas pasar.
_ OH si, si, perdona. Quieres tomar algo?
_ He traído el vino, es un rioja espero que te guste. Oye,
estas preciosa, ese color te sienta muy bien
_ ahhh gracias _ no se que chorrada conteste, pero si se que
me puse toda colorada. _ ya está todo, quieres sentarte a la mesa por favor.
_ Si, gracias. Cenamos sin prisas, hablamos del tiempo, del
frío, de la moda, de las cosas que me gustaban, de aquellas maravillas de la
naturaleza que nos gustaría visitar, hablamos de cómo se decoraba con el Fen
Shig, brindamos con champaña y luego disfrutamos de la música, la charla cada
vez se hacía más intima, el ambiente era más que mágico, más que fantástico, a
la luz de las velas, el silencio se apoderó de nosotros y su mirada traspaso la
mía, sosteniendo su mirada, sentía que se apoderaba de mi un intenso deseo de
besar aquellos labios carnosos, aquellos que se me antojaban húmedos ante mi
vista. Sentía un leve roce, algo imperceptible pero fue suficiente para mi, para
sentir el deseo ardiente que me quemaba la piel, la necesidad suprema de
besarla, de tocarla.
De pronto ella se levanto, turbada, y me dijo_ Oye, yo tengo
que irme ya. Se dirigió a la entrada del salón y yo iba detrás.
_ Te he molestado dime, por favor, estas enojada.
Se volvió y yo fije mi mirada en sus ojos que se me antojaban
demasiado tristes, se acerco, me acaricio con ternura la mejilla y dijo
susurrándome que no, que no estaba enojada, yo sonreí e intentaba decirle casi
tan cerca que sentía en mi rostro su respiración; que no deseaba verla enfadada,
_ No te preocupes me indicó _ la dulzura de tu sonrisa no me deja tiempo al
enfado, seguíamos así, tan aproximas, tan juntas que sus labios rozaban los
míos, me hablaba y sentía su resuello, yo la rozaba sumisa, tímida, me dejaba
llevar por la suavidad de su boca, ella seguía balbuciendo no se qué cosa tan
cerca que aquel susurro silencioso era nuestro idioma, una jerga diferente que
me hablaba de colores a su alrededor, una expresión única, el lenguaje de
nuestra respiración, mis labios sedientos rozaron su boca atrapando por un
instante uno de sus labios y su lengua paso el origen de míos, fue un tacto
afelpado, delicado, ella se separo de nuevo para mirarme y yo dócil solo pude
suplicarle _ No me dejes así, por favor _ un suspiro inundo de deseos el umbral
de mi salón, nos besábamos sin ansias, delicadamente, como si temiéramos romper
el hechizo del momento, mis manos temerosas empezaron a recorrer su espalda, la
línea de sus brazos, sus caderas, el beso no acababa y yo no quería que acabara,
seguíamos así como estábamos pegada contra la pared, con ella sobre mi, sus
manos rompieron el hielo que marcaba las distancias y empezaron a introducirse
por debajo de mi blusa, su roce me erizaba la piel, y empezaba a sentirla cada
vez más cerca, sus dedos viajaban por todo mi piel insaciables en su empeño, la
sentía palpar mis senos, mis pezones, la sentía posarse de vez en cuando en mis
muslos por encima de mi falda, me provoco cosquilleo de apetitos inconclusos
durante tanto tiempo reservados solo a ella, que me inducía a una ansiedad que
se agolpaba en mi vientre, sus manos no tardaron en subirme la falda, y palpar
mi carne desnuda, me quito la blusa, el sostén dejándome semidesnuda, seguíamos
besándonos, mi manos ansiosas lograron sacarle el jersey y tocar su pechos
torneados y firmes, su boca se apoyo sobre mi cuello haciéndome temblar de
placer y siguió bajando por mi senos y atrapo uno de mis pezones que ya ha estas
altura estaban tan duros que me dolían, su lengua paseo a su antojo por la
redondez de mis senos para posarse otra vez en mis puntas, los chupaba y yo
suspiraba entregándome toda, siguió bajando por mi vientre hasta llegar al roto
de mi ombligo, mientras sus manos me arrancaban lentamente la poca ropa que aun
me quedaba, se deleito entonces en mi sexo, ávido de febril delirio me palpitaba
encendido, recorrió los bordes de mi labios vaginales, los abrió y su lengua fue
taladrado gustosa cada centímetro de mi sexo hasta encontrar ese abultado botón
mágico que atrapó entre sus labios, enredó en su lengua, chuparlo hasta que un
alarido violento se escapo del fondo de mi ser, las piernas me temblaron, y
desfallecí, para caer rendida ante ella, para besarla con furia, con ganas, la
bese copiosamente.
Y sin dejar de abrazarla, sin dejar de besarla, le dije con
una ternura imposible de repetir _ por favor, ven y la lleve despacio al
dormitorio. Quiere hablar pero yo pongo un dedo en su labios y beso su cuello,
sus senos redondos con furor, con avidez, dibujo con la puntita de mi lengua
vestigios de humedad sobre un rígido pezón, empiezo a deslizarme por su cuerpo,
quiero desaparecer su minúscula braguita, y mi lengua tibia le recorre cada
centímetro de su piel morena, tersa, exquisita, mordisqueo su vientre, escalo de
nuevo hasta sus labios, doy vagos besitos en su carita, su frente. Desnudas en
la cama mis senos se deslizan sobre su boca, los atrapa y siento que me vibra
todo el cuerpo, mi dedo con delicada lentitud se abre paso por su sexo depilado
y la invado de emoción mientras mis dientes le atrapan su delicado cuello, un
lóbulo que la eriza, sigo mordisqueando el hombro, desciendo disfrutando sus
axilas, bajando por el surco de sus senos y de ahí a su vientre para llegar a su
monte de Venus, que ya conocía de antemano, recorrí su delicioso labios e
introduje con una maestría desconocida mi lengua y mis dedos penetraron con
frenesí, llenándola de mi, estuve jugando en su clítoris hasta que sentí como su
pelvis se tensaba y estallaba en un descomunal orgasmo que se extendió
removiéndome en mi interior . Aquella noche fue larga y apasionada, la danza que
crearon nuestras pelvis renacía cada vez que yo imaginaba que no podíamos más,
era como si al despertar de este sueño supusiera un romper con esta pasión, con
está gloría que vivíamos, con este milagro infinito del vibrar de su cuerpo, con
este deleite insaciable cuando me envuelve en amor; sus dedos penetraron todos
los orificios de mi cuerpo, desnudas ya no quedaban curvas que explorar,
rincones que buscar, derramándose en cada grieta de mi piel, hasta que me sentí
romper en un goce hecho de miel y almíbar, mis gritos fueron un violento si
bemol de chantre desafiando el oleaje de mi vientre y me dormí en un placido
sueño que la convirtió en ninfa de mis fantasía, en la mujer que amo.
Al despertar volvimos a la sensatez del despropósito, al
escenario vital que entorpece el delirio y no nos deja soñar, de vuelta a ese
vació que dejan los ensueños y perdidas en esta realidad regresamos al tormento
del ocaso que ciega y el no suele perdonar, la habitación nos devolvió a la
desnudes del desamparo más frío y absurdo, quisimos conversar, decir, explicar
pero entonces entendimos que nunca más volvería a ser, y en la penumbra nos
abrazamos, hablamos del compromiso, de un futuro ya prefigurado, ella me miro
desde un rostro sensible, ameno sin maquillajes que albergaba sin embargo unos
ojos tristes e inexpresivos y desde el olvido teniendo aun en la piel el sabor
de su fuego, volvimos a amarnos con temblor, con rabia, con desesperanza sin
entender el futuro, y supe que aquel hombre que le hacia el amor aquella noche
era su esposo y que yo tenía novio y aunque sus olores eran ya parte de mi piel,
de mis noches de soledad era necesario olvidar. Pero desde que la encontré a
pasado algo, porque un día soñé que sería posible, aprendí a disfrutar un mundo
desconocido, aprendí a volar del amor que creamos las dos, a probar la pasión de
lo prohibido. Pero se impone olvidarla
Después de probarla, de sentirla tan mía lo lograré? Lograré
olvidarla?