-Me llamo Ana-anunció tímidamente la voz de una joven.
Frágil, muy frágil. Su mirada era inocente, como la de
aquellos que ven al mundo como a un lugar hermoso, tal vez por no haber vivido
demasiado o tal vez porque han tenido la sabiduría de darse cuenta de que
realmente es un hermoso lugar. El viento peinando las nubes de increíbles
formas, el sol bañando en lagrimas de miel los colores de un ocaso o de un
amanecer. Hay tanta belleza levitando entre nosotros, esperando a ser vista.
Muchas veces la siento agonizar, ahogarse en la violencia de nuestras
mañanas...En fin, los ojos de nuestra dulce dama no habían visto mucho. Su
expresión definitivamente se debía a la primera razón.
-Mucho gusto. Ahora dime..¿qué haces aquí?.- mi voz, en
cambio era segura, demasiado segura. No se si se debía al calor sofocante que
parecía haberse encontrado a gusto en mi oficina, ya que ni abriendo las
ventanas, ni con el ventilador parecía irse (ojo, no me tomen de pobretona, el
aire acondicionado oportunamente dejo de funcionar hace unos pocos días, aunque
hasta que mi jefe lo arregle pasarán unos cuantos más) o que recién era lunes,
pero mi humor no era precisamente muy bueno.
-Vengo por la vacante.- apenas gimió Ana. El pronunciar estas
palabras le demandó un esfuerzo sobrehumano. Noté enseguida que estaba
transpirando. En el centro de sus pechos se habían acumulado algunas gotitas de
sudor, al igual que en su sien. Jugueteaba con sus manos, entrelazaba los dedos
como si su vida dependiera de ello y, por más que intentara, no podía mirarme a
la cara.
Traía unas hermosas sandalias negras, con tiras que se
ajustaban a sus piernas como largos cordones que llegaban casi hasta sus
rodillas. Dejaban a sus pies enteramente descubiertos, a pesar de que también su
empeine se encontraba rodeado de estas tiras, que nacían en la suela y estaban
cubiertas de pequeñitas piedras. (A decir verdad, solo eran dos las tiras que
rodeaban su pies y, en realidad, estaban mas cerca de los dedos y solo eran un
poco mas gruesas que los cordones por lo que su empeine no estaba rodeado, sino
apenas cubierto). Las uñas las llevaba pintadas de rojo, al igual que las de sus
manos. Debo decir que sus extremidades eran perfectas, suaves como el algodón,
como las nubes. Si antes mencioné que esta chica era frágil no me refería a su
piel...muy fina, pero bronceada, fuerte, vital. No tenía ni una sola marca en
sus piernas, ni un solo moretón o mancha. Éstas se mostraban hasta pasadas las
rodillas, formando un sinuoso y curvilíneo camino que se hundía en la negrura
que generaba su corta pollera color crema. Su camisa blanca, mojada apenas por
un poco de transpiración, translucía un trabajado abdomen, un blanco corpiño y
unos hermosos pechos firmes, pronunciados, para nada pequeños. No puedo entender
como esta joven, demasiado hermosa para la mayoría de nosotras, tenía tan poca
confianza en sí misma. Sus ojos, reflejos de su alma, eran de un encandilante
color verde. Su pelo era diabólico, no permitía reflejar ni un poco de luz.
Nunca vi algo semejante, era la representación del negro en la mejor de sus
formas y lacio como la arena del desierto.
-¿Y que te hace pensar que tienes lo que se necesita para
este trabajo?-dije yo, mirándola fijamente a los ojos.
-Bueno...no sé...Mi papa pensó que sería una buena idea...que
entraría en contacto con el mundo..
-Dime una cosa,¿cuántos años tienes?.-interrumpí yo.
-Tengo veintidós.
-¿Crees que soy bonita?-le pregunté.
-¿Cómo?-preguntó, confundida.
-¿Si crees que soy bonita?. Descríbeme, dime si hay algo que
te gusta de mi.
-No sé que decir..este..si..eres bonita..pero...
-Si quieres trabajar para mi deberás realizar todo lo que te
diga a la perfección, sin titubear. Ahora, descríbeme, de pies a cabeza,
comentándome si te gusto.
-Llevas puestas unas sandalias muy parecidas a las mías, solo
que de color blanco, con las tiras un poco mas cortas pero el taco un poco mas
alto. También tienes las uñas de los pies pintadas de rojo. Estás muy bien
bronceada y se nota, porque el color esta perfectamente distribuido en cada uno
de tus deditos, que son pequeños y gorditos(no como esos dedos flacuchos y sin
gracia). Tus tobillos son muy hermosos, eso me gusta. Tienen una forma muy
femenina que se prolonga a lo largo de tus piernas. Me doy cuenta de que haces
gimnasia, porque están muy bien trabajadas. Llevas una minifalda color blanca,
combinada con tus sandalias y una musculosa roja con líneas blancas
horizontales.
-Dime más. Lo estas haciendo muy bien.
-Gracias-contestó, esbozando una sonrisa nerviosa. Seguía
jugando con sus manos. Al cruzarse de piernas, note que su bombacha era rosa.
Tomó aire y continuó...-Tienes puesto un reloj Cartier de correa roja y una
sortija, que parece ser de casamiento (efectivamente, soy casada). También
llevas una cadena de oro con un símbolo que desconozco y unos pendientes del
mismo material en forma de perlas.
-¿Qué hay de mi rostro?-pregunté, complacida con el esfuerzo
que ponía en acatarme.-¿Cómo es?.¿Te gusta?.
-Es muy hermoso. Tienes muy buena piel y, como dije antes,
estas muy bien bronceada. Tus labios son carnosos y jóvenes, pintados también de
rojo. Tus orejas son muy chiquitas, tus cejas están perfectamente cuidadas, tu
nariz es fina y respingada. En cuanto a tus ojos, son de un hermoso color
celeste. Lo que más me intriga o intimida en ti es tu mirada. Pareciera que tu
supieras algo que yo no, inclusive da la impresión de que supieras muchas cosas
que muchas personas ignoran.
-Estás en lo cierto. Definitivamente sé y he visto demasiadas
cosas que muchos ignoran o siquiera conciben posible. Ahora dime, ¿te has
percatado de cómo han ido cediendo poco a poco tus nervios a medida que me
describías, que te compenetrabas en mi?. Es más, ¡hasta has dado algunas
opiniones propias!.
Se sonrojó, pues sabia que era verdad. Lo que todavía no
sabia es que me había encontrado sumamente atractiva, pues no se conocía a si
misma, pero no iba a tardar mucho en darse cuenta.
-Ahora dime, hay un solo detalle que has pasado por alto,
pero te daré una segunda oportunidad. Mírame bien.
Comenzó por mi rostro. Despacio y muy concentrada fue bajando
poco a poco por mi cuerpo hasta pasar el escritorio y encontrarse con mis
piernas abiertas mostrándole mi sexo...