Esta es la historia de una linda esposa sola en casa. Así que
yo, que soy técnico de electrodomésticos me acerco por allí a repararle la
lavadora.
Cuando me planteé elegir una profesión tuve muy en cuenta
elegir aquella que me facilitase estar cerca de mujeres. Ser ginecólogo era
difícil para un paria como yo lo era, sin grandes dotes para el estudio. Algo
relacionado con la moda y el vestir femenino hubiera estado bien, pero yo era un
manazas para eso, así que acabé en Formación profesional y adquirí, no sin
esfuerzo, dotes para saber "meter mano" a los aparatos.
¿Saben una cosa? Estuve años arreglando lavadoras,
tostadoras, receptores de tv y radio, frigoríficos, videos exprimidores,
batidoras, calefactores, etc., infructuosamente por lo que a mis planes
referidos a cepillarme a la parienta de algún prójimo se referían.
-¿Sí? –respondí al teléfono.
- Soy yo.
- ¿Y quién coño eres tú?
- Yo, Marisa.
- ¡Jo, Marisa, cuánto tiempo! ¿Quieres hablar con mi mujer?
Marisa era amiga de mi mujer y pensé que querría hablar con
ella.
- No, quiero hablar contigo. Es que tengo la lavadora mal
¿sabes?
- ¿Qué le pasa?
- Centrifuga mal y creo que es culpa de mi marido.
-¿Por qué es culpa de tu marido?
- Por que él siempre se ha encargado de eso…, pero parece que
ya no le interesa. Necesito a alguien como tú.

Cuando Marisa abrió la puerta de su casa y la vi vestida sí
comprendí. Cerré la puerta tras de mí y le dije.
- Ya veo que lo que necesitas es que te centrifuguen un rato,
zorra.