Ejecutivo culeado por machito futbolero
Ya no fueron otra vez iguales las cosas para Carlos desde que
le pasó lo de aquella otra vez, cuando se lo culearon, como les conté en "Macho
rugbier prostituto y morboso", en esta misma lista. Desde el momento en que ese
rugbier hijo de puta, guaso y morboso se lo había garchado, le había incrustado
la poronga sin piedad y se la había atornillado hasta dejarle el culo
completamente puto, desde ese momento Carlos ya no era más el mismo. Si bien
seguía siendo un machito perfectamente varonil, un cuarentón de mucha elegancia
y masculinidad, si bien seguía siendo un excelente padre de familia, un esposo
ejemplar, que se montaba a su esposa con mucho brío, siendo el excelente cogedor
que siempre había sido, pese a todo eso Carlos ya no era más el mismo.
Se había hecho completamente puto. En lo más profundo de su
culo, en el centro de su ano puto violentamente desvirgado, Carlos quería más,
más, más... soñaba y suspiraba cada día por ese macho rugbier que se había
abusado de él. Pero muy a su pesar, Carlos nunca más lo pudo volver a contactar.
Siempre perfectamente elegante, masculino, Carlos llegaba
cada mañana a su estudio, se sentaba frente a su computadora, al lado del
teléfono, y emprendía cada mañana su trabajo. Eso lo obligaba a estar solo
prácticamente todo el día. Su trabajo era básicamente con la compu, y siempre
había tenido su estudio particular pues en su casa su mujer y sus hijos lo
molestaban y no lo dejaban concentrar.
Ir a su estudio cada mañana era para él una manera metódica
de que nadie lo estorbara. Y si bien tenía que estar solo prácticamente todo el
día, daba dos o tres entrevistas diarias y a veces tenía muchas reuniones, por
lo cual todo el tiempo vestía como un elegante, masculino, maduro ejecutivo. De
todos modos, los días seguían pasando desde aquella violación y Carlos sabía en
lo más profundo de su ser, en lo más profundo de su culo, que hasta el día de su
muerte ahora sería principalmente, para siempre, en lo más íntimo de su
silencio, un puto. Un puto en secreto.
No obstante, Carlos había alterado algunas cosas de su
rutina, muy a su pesar. Carlos no aguantaba incluso demasiado tiempo en su
solitaria oficina y a la hora, cuanto mucho, ya estaba sacándose casi toda la
ropa... Se quedaba únicamente en sus bellísimos, estupendos slips blancos, y
así, semidesnudo, se sentaba a la computadora a chatear cachondamente con otros
hombres, preferentemente machitos jóvenes, haciéndose pasar por un macho rudo y
dominante que por supuesto no era.
Estaba cada mañana Carlos, en sus calzoncillos, en sus
fabulosos, estupendos slips blancos, conectado al chat y a esa línea telefónica
de contactos gay. Era un machito esplendoroso en sus cuarenta, bellísimamente
masculino, y semidesnudo en esos slips, con las piernas delgadas y algo velludas
al aire, bajándose el slip y tocándose cachondamente el culo todo el tiempo...
era realmente un machito deseable.
Salteando mecánicamente decenas de presentaciones que no le
interesaban para nada, de pronto Carlos escucha una presentación en particular,
que por algún motivo le llama la atención. Como estaba salteándolas tan
rápidamente, no distinguía bien qué decía y, sin saber él mismo por qué,
presiona el 6 para rebobinar y escucharla bien.
Era la voz de alguien joven, un machito muy, muy joven; por
lo que se escuchaba de su voz, parecía incluso estar saliendo recién de la
adolescencia. Era una voz juvenil, muy de machito reo, muy de clase baja,
profundamente masculina y totalmente juvenil a la vez. Decía algo así como: "Qué
hacés, papi. Te doy la verga para que me la chupes mientras me fumo un faso y
vos te arrodillás para que tu nene te dé leche y te la escupa toda bien
adentro..."
Carlos no entiende mucho. Tampoco visualiza mucho la
propuesta, simplemente por algún oscuro, cachondo motivo que ni él mismo sabe,
vuelve a escuchar la voz del machito reo una y otra vez. Poco a poco,
escuchándola en total 5 veces, empieza a imaginar una escena que hace que de
nuevo se sienta totalmente cachondo, lujurioso, profundamente puto, casi tan
puto como aquella vez. La voz del machito joven es demasiado inculta, muy de
clase baja, es muy reo para hablar, no pronuncia las eses. Es una voz gruesa,
totalmente masculina, pero a la vez se percibe claramente que como mucho ese
chico recién sale del secundario.
Sin darse cuenta para nada, Carlos al escuchar una y otra vez
la presentación del machito joven involuntariamente presiona el 1 mientras lo
escucha. Esa tecla es para mandar un mensaje privado. Cuando se da cuenta lo que
hizo, Carlos se arrepiente y marca cualquier tecla. Entonces comprende que con
eso que acaba de hacer le mandó un mensaje privado al pibe, pero vacío, sin
decirle una sola palabra.
Algo le dice a Carlos que debería cortar, abandonar por
completo esa sesión matinal de línea telefónica gay. Pero sin saber por qué,
siente que no lo puede hacer, que no lo quiere hacer. Ya tiene el slip blanco
bajado totalmente hasta el piso, su culo cachondo palpita más loco y furioso que
nunca, y si bien no se había puesto dedos todavía, permaneciendo sentado sobre
el culo desnudo en su escritorio de trabajo, siente que por algún motivo no le
gustaría perder el contacto con ese machito.
"Igual no me va a responder, no le voy a llamar la atención.
Miles de veces pasa eso, uno se equivoca, aprieta mal un numero y el otro se da
cuenta de que fue un error y ni siquiera contesta", se dice a sí mismo Carlos,
como para tranquilizarse, pues se da cuenta que, en lo más profundo e intimo de
su culo, está imaginándose arrodillado, en ese mismo escritorio de trabajo, en
el que se sentó un pendejo, un machito totalmente joven para darle de mamar
poronga y para llenarle el cuerpo de su leche juvenil, briosa, fragante,
espumosa y caliente....
No puede dejar de masturbarse ahora que tiene en su cabeza y
en su culo esa imagen. El, un señor vestido de oficinista, de 40, de porte
totalmente masculino, se arrodilla frente a un pendejo de 20 y entra a
succionarle y chuparle frenéticamente la verga. Se siente un puto sumiso frente
a un machito joven, soberano, bello, lozano, que lo despoja con total insolencia
de toda su masculinidad a Carlos.
De repente escucha un bip y tiene un sobresalto. Casi sin
poder creerlo, la línea le anuncia que tiene un mensaje privado del pibe. "Qué
hacés, papi... Che papi, bueno, estoy al palo, jaja... Bueno, che, decime qué
onda la tuya. Yo me llamo Germán, tengo 19 de edad y 17 de pija, jajaja, bueno,
quiero que un papi me chupe la verga, chabón... Estoy buscando un papi que se la
morfe que acá el machito le quiere dar de tomar la leche, juaaa... Bueno,
chabón, decime cuantos años tenés y si te va mi onda... Ah loquito, acá tenés un
machito futbolero, bien reo, bien de barrio, onda nada que ver, re discreto...
¿todo okei, papi?"
Es increíble cómo habla este pibe, se dice Carlos, totalmente
excitado y confundido. "No hay un solo fonema de la lengua española que no
destruya cuando lo pronuncia el futbolero éste", se dice tocándose cada vez más
y más profundamente el puto culo Carlos...
Más que enojarlo como siempre, a Carlos le parece deliciosa,
adorable, irresistible, seductora, la pronunciación tan bestia y rea del pibito
futbolero. Por eso mismo no puede dejar de tocarse el culo, sobre todo porque
Germán le decía papi y Carlos se sentía enloquecido de ser el papi de un nene
"que le diera a tomar la leche", directamente de su poronga. Se imaginaba a sí
mismo con la cara y la boca chorreando leche fresca de ese potrillito juvenil y
guaso, y ardía de pasión...
De repente, algo frenético se apodera de su cachondo cuerpo
puto y entonces Carlos se calza de nuevo el slip, trata de reanimarse, cambia la
voz y aprieta el número indicado para mandarle de nuevo un mensaje privado a su
nene futbolero: "Qué hacés, Germán... Me interesa sobremanera tu propuesta, me
gustaría saber si te va un hombre de 42 años, discreto, pulcro, de aspecto
totalmente masculino, casado y bisexual... Me gustaría arrodillarme ante vos y
que fumes un cigarrillo como un señor macho que tiene a su papi puto rendido a
sus pies. Tengo lugar en el centro, y estoy completamente interesado en vos. Por
favor respondeme este mensaje. Gracias. Carlos"
Al segundo de enviarlo, Carlos se arrepiente.
Vuelve a recapacitar, a recordar la pronunciación bestia y
rea de ese machito, y entiende que el pibe va a cagarse de risa cuando escuche
las palabras tan formales, solemnes y aburridas de un tipo como Carlos, que
encima, se recrimina a sí mismo, está demasiado pasado de edad para un pibito
joven, fragante y hermoso como él, como Germán...
Casi no parece importarle, de todos modos, a Carlos. Se baja
nuevamente el slip, desnuda su culo y sigue masturbándose introduciéndose
febrilmente los dedos hasta lo más profundo del ano. Lo que él quiere es
imaginarlo a su machito Germán, imaginado y adorado ahora en unos reos,
gastados, coloridos shorts de fútbol, bien sudado, con camiseta, sentado en su
estudio, en su propio escritorio... Por eso mismo, porque no le importa mucho la
realidad, porque se sabe un puto indigno de un machito joven y espléndido como
Germán, es que por segunda vez Carlos recibe la sorpresa de otro mensaje
privado, que casi no puede creer... "Jaaaa, bueno, papi, así me gusta, me gusta,
jaaa... Che, me gusta tu onda, chabón, sos casado pero te van los pendejos como
yo, sos re puto, juaaa... Che puto, ¿querés que tu nene te vaya a dar la leche
al laburo? Juaaa, a mí me re va, siempre y cuando papi sea generoso y le dé a
este chaboncito la guita que se merece. Bueno, loquito, contestame... Acá tenés
un machito que por unos mangos extra te rompe bien el culo y te hace sentir bien
puta, una verdadera yegua, juaaa... No sabés, papi, no sabés lo que es este
machito Germán dándotela por el culo, te voy a matar, juaaa... Bueno, loquito,
decime si querés y cuánto estás dispuesto a abonar... Dale que el shorcito me
explota que nene quiere culo de papi, jajaja... Dale puto, respondé rápido"
"Carlos, vos ya no sos el mismo, qué cambiado estás, qué puto
que sos, das asco" —se reprocha a sí mismo. Pero no le importa nada. nada. Él es
puto y tomó una decisión y se caga en el mundo, que él es puto y ya está... Yo,
como que soy puto, a este chaboncito no me lo voy a perder por nada del mundo,
se dice. Y se ríe solo de pensar que ahora él mismo está como contagiado por el
nene, por el machito reo, y dice palabras como "chabón" o "chaboncito"...
Pone una voz Carlos que tiene que actuarla porque no es la
que le sale naturalmente. Es la voz de un macho decidido, fuerte, que toma la
palabra con vigor, con autoridad. Definitivamente, no la voz de él. Pero a
medida que empieza a pronunciar las palabras del mensaje para su nene, se da
cuenta que le sale muy bien. "Okei, pibe... Todo bien. Parece que empezamos a
entendernos. Con papi las cosas claras, okei? Bueno, papi garpa bien, siempre y
cuando el nene se porte mal y tenga buena verga, sepa hacerlo bien puta al papi,
le rompa muy bien el culo y que tires buena leche de machito en buena cantidad,
okei?..."
El culo de Carlos está bramando de la locura, la lujuria, la
lascivia incontrolable que siente por ese machito guarro, futbolero, reo, de
clase baja, totalmente pendejo... Piensa que lo excita cada vez más, con una
locura lujuriosa que le atraviesa todo el cuerpo, que su machito quiera fumar
mientras él le mama la verga, que su machito tenga yorsitos de fútbol, bien
rotosos, bien coloridos, bien ordinarios, bien sudados, lo excita y lo pone
totalmente puta a Carlos que su machito Germán se esté ofreciéndose como una
buena mercadería sexual ante el primer papi con billetes contantes y sonantes.
Sin olvidar uno solo de esos detalles, Carlos traga saliva y hace todavía más
gruesa su voz de macho decidido y veterano:
—"Y otra cosa, pibe... Tenés que venir con yorsito de fútbol.
Condición sine qua non... (Carlos se da cuenta lo que le dijo al pibe y por eso
se corrige)... Ejem, quiero decir que te venís con ese yorsito de fútbol porque
sinó no te lo culeás al papi y te quedás sin cobrar. ¿Entendido? Para hacer puta
a papi, tenés que tener condiciones de machito bien machito, okei? Y mi
condición para vos es el yorsito ese. Me importa tres carajos si está sudado, si
está sucio, si lo hiciste mierda en el último partido... (Carlos está empezando
a excitarse demasiado y le tiembla la voz)... Ejem, bueno, ésa es mi
condición... Con esa condición si sos un machito bien degenerado y bien guarro,
vas a tener tu recompensa del papi. ¿Entendido? Bueno Germán, avisá rápido. Dale
que papi está en el laburo. Tengo lugar en Capital y te estoy esperando... Mandá
mensaje urgente que papi te está esperando y tiene ganas de sentirse puta y que
venga el nene a culeárselo, dale..."
Carlos seguía sobresaltado sin poder terminar de creer su
historia de padre puto con Germán. Seguía muy alzado, su culo masculino y
hambriento le palpitaba locamente. No podía parar de imaginar ser cogido por su
propio hijo, un cachorro de 20 años... La historia del hijo culeándose al padre
lo hacía sentir totalmente una puta lujuriosa, por eso contaba los segundos
febrilmente hasta recibir el mensaje de respuesta de su cachorro semental, de su
nene, de su pendejito culeador, de su machito Germán en yorsitos de fútbol.
De todos modos, su machito debía estar genuinamente
interesado en hacerse unos pesos porque no se hizo esperar. "Todo bien, papi,
jaaa... Hacete el macho mandón, Carlos, que igual tu hijo Germán te va a re
culear y te va a hacer re puta, jaaa... Che papi, tengo un yorsito azul pero
está hecho bosta, man... ¿Posta que te va igual? Mirá que está todo sudado en
serio, posta te digo, juaaa... Bueno, loco, dale que tu hijo tiene la novia hace
cuatro días de viaje y hace cuatro días que no culeo. Tengo hambre, papi, juaaa,
el nene quiere tirar guasca... Che, puto, tu condición todo okei. Me pongo el
yorsito, no tengo drama. Pero quiero 200 mangos, ¿entendido? Aaahhh, me
olvidaba. Me quiero tomar un feca y fumar un par de puchos mientras le doy de
tomar la leche a papi. Así que mandame tu dirección que voy saliendo, yo estoy
en González Catán, así que como quiero garchar y necesito unos mangos salgo
yaaa, ¿okei? Y comprame los puchos que tu nene en yorsitos de fútbol te va a
romper el culo, papi, juaaaa, vas a ser más puta que tu jermu, juaaa..."
Carlos estaba enloqueciendo. Escuchó tres veces el mensaje.
Recapacitó que si seguía escuchando a su machito Germán en yorsitos de fútbol,
iba a eyacular, iba a volverse puta y acabar ahí mismo masturbándose pensando en
el nene, así que trató de fingir compostura. Actuó nuevamente. Se puso en macho
dominante, comprador exigente, fingiendo una masculinidad autoritaria que no
tenía para nada. "Okei, Germán. Pero hay que ver si tenés guasca suficiente, si
le vas a romper tan bien el culo a tu padre como para ganarte 200 mangos. Y lo
del yorsito del fútbol todavía no lo vi. Igual si no te venís con el yorsito
ese, bien chivado y bien sudado, de los 200 olvidate. Pero para ganarte esa
guita tenés que ser además un machito bien machito y bien guarro, más machito
que tu padre. Y tu papi Carlos es un macho con todas las letras. Para hacerlo
puta vas a tener que portarte mal, muy mal, ser muy guarro y muy machito. Hay
que ver si te da para eso, nene.... Pero con que te vengas con el yorsito del
fútbol, con eso solo los 100 ya los tenés asegurados. Mi dirección es ésta
(Carlos se la dio). Por los puchos no te hagas drama. Papá le complace todos los
vicios a su pibe Germán, siempre, jaa..."
No lo pudo volver a contactar a su nene Germán en la línea.
No respondió a ese mensaje.
Carlos trató de serenarse y recapacitar. Era obvio que todo
había sido una broma. O peor: Una de esas pajas telefónicas que a veces se
mandaban los pibes que eyaculaban de sólo pensar en sexo con otros hombres,
mayores, pero que no lo iban a hacer realmente o se echaban atrás.
Igual no pareció apesadumbrarse demasiado Carlos. La fantasía
le había gustado. Y ahora que era obvio que todo se había tratado nada más que
de eso, de una fantasía...
El resto de la mañana, hasta bien avanzado el mediodía, fue
bien rutinario para Carlos. Almorzó algo liviano, solo, como siempre, y...
Y tuvo un sobresalto cuando traducía un texto de un novelista
nuevo al inglés. Obviamente, Carlos se había olvidado de todas sus secretas
andadas de puto por la mañana en esa línea de contactos gay.
—Che papi, abrime... Soy Germán, papi. Ya vine.
Germán repetía "papi" cada dos palabras que le decía a
Carlos. Y tan olvidado de todo estaba Carlos, tan desprevenido lo había agarrado
su chaboncito, que cuando escuchó que le decían papá le vino de repente toda la
lujuria y todo el cagazo junto. Su cuerpo empezó a temblarle enloquecido.
Francamente, no sabía qué hacer. Lo único que atinó a hacer fue decir: —A ver,
Germán... Esperá. Por favor esperame unos minutos.
Era tan natural últimamente para Carlos estar todo el día
solo en su oficina, encerrado, masturbándose, semidesnudo, vestido únicamente
con sus varoniles slips blancos que casi se olvida que no podía salir de su
estudio y agarrar el ascensor si antes no se vestía del todo. Se puso sus
calzoncillos, y el resto de su atuendo ejecutivo... Camisa, saco, corbata.
En los pocos metros que separaban al ascensor y la puerta de
calle general del edificio, Carlos divisó la figura de Germán. Lo observó
detenidamente mientras se aproximaba hasta la puerta. Carlos se sintió tan
turbado que se dio cuenta de que todo esto era una locura y casi se echa atrás.
Germán no lo miraba. Ni siquiera sabía que Carlos estaba
acercándosele. Miraba a la calle, le daba la espalda sin saberlo a su papi puto.
Lo que vio Carlos a medida que se acercaba lo hizo sentir
para la mierda. Era la primera vez en su vida que se sentía tan incomodo con su
propio cuerpo.
Era flaco, muy flaquito. Tenía una remera con miles de
colores chillones, encima se había puesto una gorrita. Desde atrás, sin verle
siquiera la cara, Carlos se dio cuenta de que se trataba de un nene. De un
pendejito que como mucho tendría 18, 19 años... Absoluta y totalmente flaco,
bastante alto pero tampoco tanto, de una figura muy espigada. Los brazos apenas
torneados. Nada de vello. Muy morocho. Tenía unos jeans que le cubrían unas
piernas muy largas y muy flacas, para nada musculosas. Un cuerpo muy juvenil,
pero para nada musculoso. Acostumbrado a suspirar y cachondear por machos
rugbiers, de un tamaño descomunal, velludos, con piernas y lomos impresionantes,
a Carlos se le partía el alma pero...
Pero iba a tener que decirle a Germán que lo suyo no era lo
que estaba buscando. Ese no era un macho. Era un pendejo. Ni siquiera era joven,
el apelativo que le correspondía en rigor era el de nene, o el de cachorro. Pero
le faltaba crecer muchísimo todavía.
Cuando se dio vuelta Germán al percibir el ruido de las
llaves de Carlos en la puerta, Carlos se quedó con la boca abierta.
Pese a la vestimenta barata, estridentemente chillona y
juvenil de Germán, pese incluso a esa gorrita yanqui que se había puesto en la
cabeza, la cara de Germán le hizo vibrar el culo a Carlos.
Era profundamente morocho, tenía unos labios
espectacularmente gruesos, carnosos, morados. El ejemplar de cachorro fuerte y
bien machito de la clase obrera argentina, se dijo Carlos, quien antes nunca se
había dado cuenta de que esa belleza masculina rudimentaria, bruta, tosca lo
excitaba tanto.
Germán parecía darse cuenta de cómo lo miraba Carlos. Su papi
tenía una cara de puto cachondo que echaba saliva por la boca. Los gestos algo
aniñados de Germán se contradecían con esa cara de negro bruto juvenil, sobre
todo con esa boca carnosa, de labios gruesos, que parecía en cualquier momento
dispuesta a echarse un eructo, una escupida bien guasa, una palabrota bien
jodida.
—Qué hacés, papi.... Jaaa, dale abrime, chabón. Llegó tu nene
que te viene a culear, jaaa...
Carlos no pudo hablar. Le abrió la puerta.
De todos modos, Germán no era lo que él esperaba. Pese a la
cara, pese a esa boca, Carlos se sentía totalmente incómodo con su propio
cuerpo. Se notaba grandote, desproporcionado, demasiado corpulento para su
machito. Le costaba incluso pensar que ése iba a ser su nene. Era demasiado
morocho, la piel de Germán era bien morocha, oscura, bien aceitunada...
Contrastaba de modo brutal con la elegancia masculina y señorial de Carlos.
Encima, los cuerpos... "Los cuerpos nuestros no tienen nada que ver el uno con
el otro", se decía Carlos, sin saber cómo dirigirse a Germán, rehuyéndole la
mirada mientras ambos se encaminaban al ascensor.
A Carlos le habría gustado no tener esa ropa tan cara, no
estar vestido tan formal ni tan elegante. Le habría gustado incluso tener un
cuerpo más menudito, como para ser cogido por Germán... "Lo único que me falta
ahora es terminar en cana por corrupción de menores", se decía Carlos, como para
martirizarse más a sí mismo.
El que parecía no tener el más mínimo problema era Germán.
Parecía estar de excelente humor. Se movía un poco torpe, pero manejaba muy bien
su inseguridad, la disimulaba. Parecía simpático, entusiasmado. Como si no le
viera nada malo ni raro a la situación, pensaba Carlos.
Levantó la mirada Carlos y lo miró a Germán lo más ceñudo,
autoritario y jodido que pudo. Germán lo miraba buenamente, sonriéndose, era un
machito bueno y simpático... Carlos puso su gesto más severo:
—Che, pibe... No cumpliste tu parte del pacto.
Germán en vez de enojarse sonrió. Tenía una cara de nene
medio travieso cuando sonreía. No demoró un segundo en darse cuenta de qué era
lo que quería decirle Carlos. Y pasándose traviesamente la lengüita por la
comisura del labio, se levantó la remera, la sujetó con su propia barbilla, se
aflojó el cinturón del jean y se lo bajó un poco. Todo esto parecía encantarle.
Tenía una sensualidad de nene pícaro que lo sobresaltaba a Carlos. Germán no
tenía ningún drama de desnudarse en un ascensor, por lo visto...
Con el jean un poco bajado, la remera subida y sujetada por
la barbilla, Germán le mostró con excelente humor a Carlos el short de fútbol
que llevaba puesto debajo del jean.
Al principio creyó decepcionarse Carlos. Pero cuando se dio
cuenta, de nuevo le había pasado lo mismo. Se había producido la transformación.
Ya no era Carlos. Era un puto. Era la puta de un machito que lo calentaba hasta
llevarlo a la locura, hasta lo más bajo, lo más abyecto, lo más degenerado que
un macho le quisiera pedir al puto de Carlos...
Era un short azul, efectivamente... y era todavía mucho más
barato, mucho más reo, de lo que habría imaginado Carlos. Y era en serio nomás
que estaba totalmente hecho mierda. Se notaba que era totalmente cierto que su
machito Germán lo había usado en miles y miles de partidos de fútbol. Lo había
sudado, gastado, le había dejado el aroma de todo su cuerpo, de sus bolas...
Carlos se estaba poniendo puta.
Germán lo miraba como dándose cuenta de todo. Su papi ya
estaba empezando a ponerse puta, y eso lo divertía. Le gustaba ser el machito
deseado de un señor así. Y le dijo, riéndose: —¿Qué pasa, papi?... Se te está
empezando a abrir el ojete de las ganas que le tenés al nene, ¿no? Juaaa...
Germán apenas miró el estudio cuando entraron. Solamente giró
un poco la cabeza pero nada le importaba. Parecía querer ir directo al grano.
Carlos en cambio estaba como loco. Nunca en su vida se había
sentido tan incómodo. No sabía cómo manejar la situación. Germán algo le
gustaba, pero... Igual había visto esos shorts, los shorts de su machito y... Le
crecía la sensación de tener un cuerpo totalmente inadecuado para su machito
Germán, de no tenerlo en el lugar adecuado, de no...
Germán apenas inspeccionaba el lugar. Lo único que le llamó
la atención parece haber sido: —Huuuy, papi, no tenés catrera acá...
—Eh... no... Eh... éste es el lugar donde trabajo. No vivo
acá.
Germán no parecía hacerse problema nunca por nada: —Bueno,
papi... Entonces te voy a tener que garchar en el diván este o en el escritorio,
jaja...
Carlos parecía querer escupir alguna palabra que no terminaba
de salirle. Trató de enfrentar la situación: —Bueno, Germán, mirá... eh... Yo
pensé que no ibas a venir, pero... Bueno.... Viniste... El tema es que...
Germán se había sentado tranquilamente en el diván. Estaba
completamente a sus anchas. Se había levantado los brazos y los había puesto
debajo de su nuca, y se recostaba tranquilamente...
—¿Tenés la guita, papi? Dame primero la guita que sinó no hay
garcha...
La incomodidad de Carlos contrastaba brutalmente con la
serenidad relajada de su machito Germán. Este de excelente humor solamente
añadió:
—Me bajo los lompas, me quedo con el yorsito y te entro a dar
de morfar y te termino por garchar, pero sin guita... ehhh... Sin guita no hay
caso, chabón... Así que... Bueno, papi, jaja, yo me culeo putos solamente porque
necesito unos mangos, después no tengo dramas con nada, juaaaaa... Así que dale,
papi, aboname la garcha, juaaa...
Carlos tuvo la súbita idea de sacar inmediatamente un billete
de 100 pesos. Eso, para que Germán se quedara tranquilo. Se dice a sí mismo: Le
doy los 100, le explico por qué no quiero y me lo saco de encima cuanto antes.
Me hago una buena paja en soledad cuando el machito se vaya. Es lindo, bruto,
bastante ordinario, pero...
Pero es un pibe, se dijo Carlos.
Cuando Carlos sacó el billete y Germán lo vio, éste
súbitamente pareció recordar: —Ah, papi, y traeme los fasos con la guita
también, jaja...
Los puchos. Se había olvidado de los puchos... Los
cigarrillos, mierda —se dijo Carlos. Se había olvidado por completo. Pero mejor.
Mucho mejor, pensó Carlos. Cuando Germán viera que además de la guita
correspondiente, los cigarrillos brillaban por su ausencia se mandaría por fin a
mudar...
Pero Germán seguía en el mejor de los mundos. Con total
tranquilidad vio el billete y el gesto de Carlos y le dijo: —Si querés que te
haga puta, papi, y te olvidaste los puchos... bueno man, bajá y compramelós,
juaa... Si no me traés los puchos no te puedo dar garcha... ni te muestro los
yorsitos que se puso tu machito para vos, jajaja...
Carlos lo miró confundido. Carlos lo miró extasiado.
Súbitamente, de nuevo la puta que tenía adentro estaba apoderándose de él y de
su culo. No podía parar de mirarlo a Germán. Este seguía mirándolo
traviesamente. Con un gestito picarón, le apuntaba con el dedo:
—Además tu machito está dispuesto a ganarse los 200, papi...
juaaa... Así que andá preparándote que tu nene se va a poner medio zarpadito y
guarro y te va a dar garcha hasta matarte, viejo trolo, juaaa...Vas a terminar
pidiendo más y ofreciendo el doble de guita, juaaaa, ya vas a ver...
Bajó rápidamente al kiosco de al lado de su estudio,
dejándolo a Germán solo adentro, menos por acatar las ordenes de su implacable
machito que para tomar aire y fumar él también: se estaba poniendo muy nervioso.
El problema no era de plata, por supuesto. No se trataba de
eso.
Se trataba de que su machito era demasiado joven, y demasiado
ordinario... y... y Carlos se estaba sintiendo un degenerado, realmente un
degenerado... Tan nervioso estaba que ni se dio cuenta de que le estaba dejando
todo el vuelto de los cigarrillos al quiosquero.
Lo primero que escuchó Carlos apenas entró nuevamente a su
estudio, desde la puerta, sin poder verlo todavía a Germán pues estaba a varios
metros, le dejó el culo aturdido, palpitando, cachondo, hambriento... el culo de
una verdadera puta...
—¿Y papi?... ¿Llegaste ya? Vení a tomar la leche que tu pibe
te la está calentando, juaaa... ¿Me trajiste los puchos, viejo?
Carlos a partir de ese momento solamente obedeció a su culo.
El culo le estaba palpitando locamente, cachondamente... El ano se abría como un
capullo y solo iba a dejar de enloquecerlo si le daba lo que le estaba
preparando su chaboncito, su machito reo Germán... ¿Se habría sacado todo ya...?
No lo quería del todo desnudo. Ese short...
Su culo de puto, su boquita golosa, insaciable, de puto,
quería tenerlo a su chaboncito Germán, a su machito reo hijo de puta, en esos
ordinarios, prometedores, irresistibles, enloquecedores shortcitos azules...
La primera imagen que vio de Germán cuando Carlos se le pudo
aproximar, pese a lo temeroso y enloquecido de sus pasos, lo terminó de volver
completamente puto. Su machito se había sacado casi todo. Se había sacado el
jean, la remera, la gorrita... El hermoso, ordinario, estupendo machito tenía
zapatillas y medias de fútbol también. Su adorable short azul lo tenía bajado.
El pibe se había despatarrado completamente en el diván, se pasaba la lengua
todo el tiempo por los labios, y parecía cachondo, entusiasmado, impaciente,
sobándose la juvenil y suculenta verga con los shorts bajados hasta la rodilla,
y —apenas un poco menos bajado— un bóxer blanco, elastizado, para nada corto,
que le cubría parte de las piernas... Era apenas un poco más corto el
calzoncillo que el short, y se lo había bajado lo suficiente para depositar su
reo culo joven desnudo sobre el diván, para pajearse tranquilamente mientras su
papi le traía lo necesario para su vicio predilecto.
Germán apenas lo vio a Carlos hizo uno de sus gestos
favoritos: poner cara de pendejito mandón y, riéndose bien desfachatado, le
apuntó con un dedo: —Estás en pedo, viejo, si pensás que te voy a dar de morfar
poronga si no me traés primero un feca, los puchos y un cenicero...
Carlos lo miró estupefacto. Su culo ardía. Se sentía un
verdadero degenerado, pero eso lo hacía todavía muchísimo más sumiso ante
Germán. Lo estaba adorando. Lo estaba amando. Lo estaba deseando. No sabía qué
decir. Era su culo de puto, adicto a Germán, el que parecía estar dictándole las
respuestas: —Por supuesto, Germán... El café ya te lo traigo. Los cigarrillos
acá los tenés, nene, papi te los trajo...
Germán lo miró satisfecho: —Tá bien, viejo... Dale, apurate
con ese feca, traeme un cenicero y no demorés que el nene quiere culear.
—Sí, señor.
—Dale, andá...
—Eh... eh... perdoná Germán pero... eh... ¿Papi se puede
sacar la ropa, no?
Germán lo miró con cara de pocos amigos. Parecía tener
perfectamente claro que acá el macho era él, el que decidía qué hacía y qué no
el puto...
—Todavía no, viejo trolo... Antes de que tenga que ver tu
culo, me tenés que haber garpado y me tenés que servir. Dale, mové ese culo...
Carlos corrió hacia la cocina. Durante los pocos minutos que
le llevó preparar el café, no dejó de sacar la cabeza cada tanto por la puerta
de la cocina para espiarlo a su adorable machito reo. El pibe seguía
masturbándose tranquilamente. Parecía el señor del lugar. Era prácticamente un
nene. Pero tenía una seguridad en sí mismo, una desfachatez de estar en ese
lugar con unos sudados yorsitos de fútbol, empuñando una erecta verga al palo...
Estaba tan potro irresistible Germán que Carlos no podía dejar de contener las
palpitaciones cachondas, hambrientas de su putísimo culo...
Maldecía ahora por no tener una cafetera eléctrica con café
preparado y caliente durante todo el día... Germán parecía leer sus
pensamientos: —No te apurés de más, viejo puto, eh? Mirá que si me lo traés frío
al feca, te quedás sin garcha, papi, juaaa...
—Ya está, mi amor... ¿Puedo llamarte mi amor, no es cierto
Germán?
Germán de nuevo lo miró serio y se encogió de hombros: —Como
vos quieras, viejo puto... Mientras garpes y chupes bien la garompa, me da
igual...
Y cambió de gesto para añadir, mirándolo entre torvo y
divertido a Carlos: —Ahora cuando le traigas el café y el cenicero a tu nene
machito que te va a culear, si querés sacate la pilcha... Quedate con el eslip y
con el culo al aire, que así vas a estar más fresquito para chupar verga,
juaaa... Y vení gateando, juaaaa...
Carlos cumplió la orden. Se sacó rápidamente la ropa. Hacía
muchísimo calor allí adentro, y la temperatura de su culo ardía ahora... Se
quedó en slips y, como siempre, se calentó todavía muchísimo más al sentir su
culo al aire... Fue gateando hacia donde estaba su macho y señor, su nene, su
machito reo, y cuando llegó al diván donde seguía masturbándose hermosamente
Germán, éste lo miró y le dijo:
—Tenés permiso para olfatearme el yorsito ahora, viejo puto,
juaaa... Vení, olelo bien y chupalo un rato.
Le apuntó de nuevo con el dedo: —Antes de entrar a chuparme
la pija, quiero ver cómo el viejo puto me lava el yorsito y los calzoncillos,
dale... La garompa te la tenés que ganar, viejo, juaaa...
Carlos lo miraba extasiado. No sabía qué hacer con el
cenicero que traía en una mano y con el café que traía en la otra. Germán lo
miró como adivinando que tenía que dar las instrucciones: —El cenicero me lo
tenés ahí en una mano mientras chupás, viejo boludo... Y espero que el café este
no esté frío que si no te quedás sin yorsito y sin verga del pibe, juaa...
El pendejo se sabía hermoso. Sabía que se lo había metido en
el bolsillo al viejo puto: —Entrá a chupar, viejo trolo... Dale que tenés
permiso, papi, si seguís demorando me voy a arrepentir...
Germán se subió rápidamente el bóxer y el short, cubriendo en
un segundo sus suculentas bolas cargadas de guasca y una verga delgada y
palpitante que acomodó con destreza: —A ver si está bueno el yorsito que tanto
querías, viejo puto... Dale, probalo...
Carlos ya no pensó más. Prácticamente se tiró al piso y
empezó a besarle los pies a su nene, a su machito adorado, a su dios reo...
Cuando Germán observó que su papi puto le quitaba con los labios sus sudadas,
estropeadas medias de fútbol, dio un corto bufido de placer, recostó la cabeza
sobre el diván... e hizo un gesto hermoso, que Carlos no dejó de observar
extasiado y enamorado un solo segundo, mientras se llevaba a la boca los sudados
pies de Germán, con un aroma cargado y denso a macho joven. Germán ofrendó su
juvenil belleza de machito al llevarse el pocillo del café a los labios.
Lo paladeó. Su placer parecía verdadero. Carlos lo miraba
extraviado, babeándose, enamorado... Estaba bellísimo su nene...
Sin dejar de sostenerle el cenicero a su adorado nene, sin
dejar de servirlo un solo segundo, Germán se dejó encender el cigarrillo que le
servía su papi. Al largar la primera bocanada de humo, le dijo con una voz
totalmente sosegada y adulta a Carlos: —Hummm, qué bueno, papi... Me gusta eso,
papi. Chupame bien las patas, toda la parte del yorsito y después entrá a
besuquearme todo el cuerpo. Dale que quiero relajarme un cacho, papi, vine
viajando casi una hora en tren...
A los minutos, su putísimo culo le pidió a Carlos
arrodillarse un poco más alto y estamparle un beso húmedo, empapado, cachondo y
lascivo en el medio de la panza lisa y palpitante a su nene machito futbolero...
Prácticamente nada de vello. Sólo una piel algo oscura,
salada de un sudor de machito transpirado, una piel que cubría un cuerpo que no
dejaba de palpitar, joven, fragante, fresco, algo húmedo... Besarlo rápidamente
en medio del cuerpo hizo que Germán se relajara más, se dejara servir, tiraba
cada tanto cenizas en el cenicero que le sostenía su papi puto siervo, seguía
cada tanto sorbiendo un poco de su pocillo de café con un placer exquisito,
genuino, de machito regio al que estaban sirviendo como él se lo merecía...
No pudo contenerse más Carlos después de ese beso. Sacó toda
su lengua mojada y hambrienta, y entró a chuparlo todo a su machito futbolero
Germán, a su machito reo, a su nene adorado, a su patrón pendejito... Se
desplazaba enloquecido, chupándolo todo, desde el pecho hasta el ombligo, desde
las costillas hasta el cuello, hacía movimientos enloquecidos y frenéticos
llevando su lengua por todos los puntos del juvenil cuerpo de Germán, que sin
perder su pausado placer relajado de cigarrillos y café y papi puto sirviéndolo,
se dejaba hacer...
A Germán parecía encantarle que Carlos lo besara en el
cuello. En un momento Carlos se embriaga demasiado de la tosca belleza de su
machito y quiere enchufarle un beso en la boca. Es el único momento en que
Germán se crispa y muy seriamente le dice a Carios, de muy malos modos:
—Chupones en la boca ni en pedo, viejo puto... Yo puto no soy. ¿Entendido?
Casi grita como una yegua Carlos del placer de ver lo fiero
que puede ponerse su adorado nene.
—Perdone, señor... No volverá a ocurrir...
Germán apenas lo mira: —Okei, viejo puto... Dale, seguí
chupando....
Cuando Carlos baja la cabeza no puede evitar ver el short de
Germán. Enloquece. La lujuria le crece tanto que su culo de puto se abre de par
en par. A Germán no se le escapa y le dice riéndose: —Parece que te gusta el
yorsito este, viejo puto, ¿no?... Dale, probalo, si es lo que te gusta el nene
te lo va a dar...
El short azul es elastizado, huele a macho, está rebosante de
olor y sabor y aroma de potro joven, tan masculino... La lengua de Carlos lo
chupetea todo, lo hace sin cerrar los ojos, para mirarlo mejor a su pendejo
hermoso. Mientras le chupa el bulto sobre el short, no deja de manosearlo por
las caderas, las piernas...
—Si querés me lo podes bajar, viejo...
—Todavía no, nene... Dejameló chupar.
La verga de Germán está por hacer explotar el short. y es eso
lo que quiere Carlos. Quiere chupetearlo todo a ese short, lamerlo bien,
chuparlo íntegro, dejarlo empapado......Y debajo del short está el calzoncillo,
el bóxer blanco de Germán, y la mucha ropa que hay sobre la verga lo excita a
Carlos, le hace tener que imaginar mejor el volumen, el sabor, la forma exacta
de esas pelotas llenas de guasca joven, de esa verga empinada y delgada que
dentro de unos segundos va a tener llenándole la boca...
Súbitamente Carlos observa que Germán ya no está tan
relajado. Terminó su café y el cigarrillo lo tiene casi íntegramente consumido.
Germán estira un poco la cabeza para ver el reloj en su brazo. Se pone serio.
Está totalmente al palo, pero muchísimo más relajado y seguro que Carlos...
Apaga el cigarrillo en el cenicero que en ningún momento deja de sostenerle su
papi puto...
—Oíme, viejo puto... Chupame pronto la poronga y te tiro la
guasca donde quieras. Tenés cinco minutos para chupar así que bajame pronto el
yorsito, dale papi...
Carlos lo mira desesperado. Si bien muere de desesperación
por seguir chupándole el short, la verga de Germán escondida debajo de ese short
azul y ese bóxer blanco, exquisitos ambos, le pide suplicante: —Por favor, por
favor, nene... No dejés al papi tan pronto. No me abandonés que recién llegaste
y te aaaaaaaaaaaaamoooooooooooo, por favor... Te pago lo que quieras. Te lo
suplico, German, te imploro... No abandonés a este viejo puto que te amaaa...
Germán lo mira serio, sin ninguna señal que delata que pierde
la calma o la seguridad de machito reo: —Ah, la guita, cierto, qué boludo... Me
dejé chupar sin cobrar antes, juaaa... Bueno, dale papi. Eso. Aboname la garcha.
Y chupá rápido que en 40 minutos tengo que estar en Constitución para agarrar el
tren, papi...
Carlos recapacita rápidamente. Finge un dominio de sí mismo
que no tiene. Se pone de pie y se hace el enojado: —Mirá, pibe... Hablemos
francamente y sin rodeos, ¿ok? Vos estas buenísimo, tenes una verga
espectacular, un yorsito de fútbol de los que a mí me gustan y... eh... bueno...
Por la zanahoria camina el burro y por la poronga garpa el puto... Entendés lo
que te digo, ¿no?
Germán lo mira tranquilamente. Nada parece alterarlo nunca.
—No. No entiendo, viejo... Chupá, dame la guita y se terminó la historia. Eso es
lo que entiendo yo.
Es un pibe demasiado bruto, se dice Carlos. Está buenísimo
pero bruto como la puta madre el cachorro. Tengo que ir directo al grano.
—Si querés 200 mangos, los tengo... Y también tengo el resto
del día para que demuestres que sabés laburar como un buen machito y te lo podés
ganar rompiéndole bien el culo a este puto...
Lo mira con antipatía. Finge estar seguro pero se muere de
amor. El pendejito sigue con la poronga alzada bulléndole dentro del short y el
culo de Carlos palpita más enloquecidamente todavía que antes...
—Yo no te tengo que demostrar nada, viejo puto... Si querés
garcha, te la doy porque sos un viejo trolo con guita. Y yo soy la mejor
mercadería que vas a encontrar en mucho tiempo... Mirá lo que es este machito,
viejo puto. Mirame bien. ¿Sabés cuántos viejos putos como vos están dispuestos a
servirme el cafecito, darme de fumar y chupetearme todo hasta que yo me los
culee y les deje la guasca en el orto, todo eso por el triple de guita que
arreglamos con vos, viejo pelotudo?
Carlos lo mira con ternura. Su machito se puso muy serio y
parece algo ofuscado. Está hermoso el hijo de puta. Pero Carlos lo mira y tiene
que hacer fuerza para que no se le escape la risa de ver a un nene tan pibe
hablando como si... como si fuera... Pero Germán hace un comentario le pega
directamente en el culo a Carlos y lo deja con la boca abierta:
—Además yo a vos puedo hacerte puta. Puta en serio, más puta
que una mina, ¿sabés, papi? ¿Te gusta el pibe, no? ¿Te gustaría que te rompa el
orto este pendejo, no?
Carlos trata de serenarse. De hablarle adultamente, después
de todo Germán es un pibe.
—Yo te puedo ayudar. No te conviene llevarte conmigo mal,
Germán... Al fin y al cabo yo soy un viejo puto y vos sos un machito que me
gustás... ¿Cuánto queres por una hora más?... Seamos civilizados, Germán, ¿ok?
Vos decime cuánto queres y yo veo si puedo arrimarme...
—Ajá... ¿Ah sí, viejo puto? ¿Cuánto crees que te voy a pedir
si querés que tu machito te la dé por el culo?
—200.
—¿Y por el yorsito?... ¿Cuánto?
Carlos lo mira fulminado. Su hermoso machito reo sabe lo que
está haciendo. Estira un poco sus piernas, pone sus huesudas manos jóvenes sobre
el bulto que está haciendo palpitar el short. Posa tranquilamente el machito
para su viejo puto: —Lo podés chupetear bien, yo me lo bajo cuando me entres a
chupar las bolas y el palo, y después te entro a culear bien como a una yegua,
te subo al escritorio, te pongo en cuatro como una perra y te entro a taladrar
el orto hasta que te sientas bien, bien putaaa... Todo sin sacarme del todo el
yorsito.
Carlos esta ahogándose. Esta desfalleciendo del orgasmo.
—Si querés la guasca, te la dejo bien adentro del orto, viejo
puto... Sinó si querés te la doy de mamar después de cogerte bien garchado y te
lleno la boca de leche al final en la jeta, o te la tragás toda... Como vos
quieras, viejo puto.
Se acerca del todo a Carlos. Le agarra la mano. Pone la mano
de Carlos sobre el bulto que está palpitándole, bullendo dentro del short. En
esas bolas de machito guaso corre una guasca joven, fresca, espesa, que Carlos
quiere probar a cualquier costo. Me estoy poniendo demasiado puto, este pendejo
hijo de puta me va a matar si sigue así..., se dice.
—Jaaa, ya te vi la jeta, viejo turro... Parece que te la di
en el punto débil, Carlitos, juaaa... ¿Queres que te lo deje posta el yorsito?
Así después el papi se masturba, a la noche cuando tu mujer se apolille vos
esperás y te pasas el yorsito por el culo acordándote que el nene te rompió el
culo a la mañana...¿Te gustaría, eh?...
Germán cancheramente hace deslizar toda la mano señorial y
pesada de Carlos por el short. Está totalmente enamorado el viejo puto, el
pendex lo tiene servido en bandeja... Lo mira con su cara más guasa y adorable,
con la voz bien burbujeante de sensualidad rea: —Total, con la guita que me vas
a dar, papi, me compro cien yorsitos como este, juaaa... La diferencia es que
este tiene el olor de mis bolas, de mi orto, de estas gambas, tiene toda la
transpiración de tu chaboncito, jeje... Y además este yorsito me lo bajo apenas
un poco para darte de chupar pija y para reventarte y romperte bien el culo,
viejo puto, jajaja... y después te lo quedás de recuerdo... Eso sí. Me lo tenes
que saber garpar como corresponde, juaaa...
Carlos está totalmente rendido: —Hago lo que me pidas,
Germán... Tu papi está a tu disposición. Soy tu puta. Quiero que me dejes ser tu
puta, Germán, mi amor, mi cachorro, mi nenito, mi machooo... Si vas a la cocina
vas a encontrar en una alacena, metida adentro de un recipiente que parece una
azucarera, todo el efectivo que hay acá. Son 600 mangos, es todo lo que tengo.
Más no puedo.
Germán lo mira. Sonríe muy cachero el hijo de puta. Carlos
dice: —Si tuviera más te doy más.
El machito saca la mano del puto de su short y vuelve con la
guita en la mano. Lo mira desconfiado a Carlos.
—Si queres revisá todo el estudio, mi billetera también si
querés... no hay más. Tu puta te da todo lo que tiene. Todo... todo por ese
short, pibe... Por ese short me hago tu puta, aquí estoy para servirte macho.
Carlos se dirige tristemente al baño y le dice a Germán, que
empezó a manosearse las bolas sobre el short otra vez, sin perder la erección un
solo segundo el machito futbolero: —Ya vengo.
Estuvo tres minutos solo Carlos en el baño. Se bajó el slip y
entró a masajearse el ano con una crema que tiene guardada en el botiquín, la
usa a veces para masturbarse. No pudo parar de llorar un segundo mientras se
untaba el ano, pese a la calentura que sentía por su machito reo, sufría la
humillación, el pesar de saber que estaba llegando al punto más bajo de su
degeneración, pagándole a un pibe de cuanto mucho 18 años para que le rompa el
culo y le deje como con lástima su short de fútbol...
Germán abruptamente abre la puerta: —Arrodillate puto.
Arrodillate y chupame bien esta poronga.
Apenas Carlos obedeció, Germán lo agarró brutalmente de la
cabeza, sujetándolo por la nuca y metiéndole toda su poronga al palo, caliente y
dura como un fierro al rojo vivo, y sacando una y otra vez la pija de la boca de
Carlos, como penetrándosela... Tenía el short bajado hasta las rodillas.
A medida que Carlos chupaba, Germán pareció ir relajándose.
Fue un poco menos bestial, daba órdenes parcas como: —Agarrate bien de mi culo y
cuando te ahogues me das un golpecito en las cachas para decirme que necesitás
respirar...
La verga de Germán terminó de hincharse bien y desplegar todo
su bruto tamaño adentro de la boca de su papi puto. Carlos no había tenido una
poronga así antes. Esta verga no era como la del macho rugbier que lo había
violado. Era una pija más delgada, menos cabezona, pero mucho más larga. Al
principio le había parecido más fácil y se la había morfado con todo el amor que
sentía por ese pendejo hijo de puta divino, pero después veía que se ahogaba
enseguida porque el pendejo arremetía tan fuerte que con esa extensión le estaba
partiendo el paladar.
De todos modos, Germán cumplía. Quería toda su verga adentro
de la boca del viejo puto pero cuando Carlos le daba un golpecito en el culo, la
sacaba un rato y le ordenaba: —Bueno, respirá un cacho pero besame las bolas.
Ahí, por abajo... Bien, bien, viejo puto...
Carlos cumplió en un momento con la extraña orden que le dio
su machito reo, cuando le pidió permiso para respirar una vez le dijo: —Ok,
viejo puto, respirá... pero cuando puedas escupimelá... dale, escupila, tirame
una escupida, que después te la ensarto de nuevo... ¿Ya está, viejo puto,
respiraste? Ok, dale, chupá, chupá...... Bien, bien papi...
Cuando se hartó de tener a Carlos sumiso arrodillado a sus
pies mamándole bien hondo la verga, le dijo: —Bueno, viejo puto, dale... Me voy
a subir el short y me voy a sentar allá de nuevo. Vos bajate el slip y con el
culo al aire vas gateando y siguiendo a tu machito...
Carlos tuvo que encenderle de nuevo un cigarrillo, bajarle
otra vez el short a su machito Germán mientras éste se sentaba de nuevo en el
diván, y arrodillado seguir mamándole la verga mientras le sostenía el cenicero.
Al rato largo, Germán le dice:
—Okei, papi, ya está... Chupás bien la pija, me alegro. El
nene está contento.
Hizo de nuevo otro de sus adorables gestos cancheros de
machito reo y guaso. Sacó un billete de los que había pagado Carlos de la
mochila que tenia a su lado sobre el diván. Era un billete de 100 pesos.
—Ahora tu machito pendex te va a culear, viejo trolo... Como
ya sé que tenés el culo preparado, viejo del orto, me la vas a chupar un rato
más y... Y después me vas a hacer así como tu machito te va a enseñar, prestá
atención, papi...
Germán quería que Carlos siguiera mamándole la poronga, se
sacara cada tanto la poronga de su boca de puto glotón, agarrara un billete de
100 y lo masturbara a su machito Germán envolviéndosela con el billete.
Eso pareció excitarlo muchísimo a Germán, que a la cuarta o
quinta vez dictaminó: —Bueno, viejo puto.... dale, que te voy a culear. Sinó me
voy a quedar todo el puto día con vos, viejo de mierda... Dale que te rompo bien
el culo así quedás contento.
Se levantó y se encaminó hacia el escritorio. Carlos lo
miraba extasiado. Sabía que tenía que esperar a que su machito Germán le diera
la orden.
—Te vas a subir al escritorio. El calzoncillo lo mandás a la
mierda. Te quiero completamente desnudo, papi... El nene te va a culear. Tirá
todos estos papeles de mierda al sopi y acostate en el escritorio. Dale, viejo,
vení. El nene te va a dar garompa.
Gateando, bajándose el slip, desnudado su culo de puto
deseante y extasiado, súbitamente transformado en una putita ronroneante para su
espléndido machito reo en shorts de fútbol, Carlos le dedicó la sonrisa más
hermosa del mundo a su nene.
Germán le retribuyó la sonrisa. Lo esperaba con la verga al
palo, el short bajado y la boca carnosa y suculenta preparándole una escupida
para su ano hambriento de verga de machito joven.
Solamente unas pocas palabras le dijo Carlos a Germán a
medida que se aproximaba al escritorio, adonde lo esperaba su cachorro, su
jovencito amo y señor, su pibe reo, su dios.
—¿Sabés que te amo, pibe hermoso hijo de puta, no?
La única respuesta de Germán fue: —¿Y vos sabés, viejo puto,
que la semana que viene voy a andar corto de guita de nuevo, no?
Marianito
yorsitoblanco@yahoo.com.ar