Llego tarde, y comienzo a correr para no perder el tren,
porque sé que no te gusta esperar. Hemos quedado a las 12 del mediodía, en un
hotel que vimos el otro día en internet, y son las 11.30. Este es el problema de
moverme sin coche por Madrid...
Aunque voy todo lo rápido que puedo, cuando llego son las
12.15. En la recepción, me dicen la habitación que has reservado (me resulta muy
extraño pronunciar tu nombre delante de ese desconocido, que sea tan natural que
vayamos a compartir habitación...), y dicen que me estás esperando. Según avanzo
por el pasillo, escuchando el sonido de mis tacones, voy pensando en lo que nos
deparará el fin de semana. Repaso mentalmente todo lo que me prometí que iba a
llevar, son tantas cosas para solo dos días...
Aquí es. Llamo, y no respondes. Meto mi llave, entro... la
habitación está completamente vacía. Comienzo a curiosear: el jacuzzi, la
piscina, la cama... cuando llego al diván blanco, sonrío al ver un sobre con mi
nombre sobre él. Supongo que realmente no me sorprende, que estaba esperando
algo así. Lo abro, pensando que habrás escrito sobre lo que quieres que me
ponga, o lo que quieres que haga, pero no. Es algo que llevo esperando mucho
tiempo, es un relato que has escrito especialmente para mí.
Me recuesto en el diván, y comienzo a leerlo. Mis ojos vuelan
cada vez más rápido sobre el papel, mi respiración cada vez se agita más... sin
darme apenas cuenta, deslizo una mano dentro de mi pantalón. Mi mano se
humedece, mi coñito, que estaba empapado porque presentía lo que iba a suceder
este fin de semana, comienza a latir al ritmo que le marcan tus palabras. Según
voy acercándome al final del relato, muevo mi mano más rápido, hasta que meto un
par de dedos dentro, como tú me has enseñado, y los comienzo a mover despacio,
pero fuertemente, moviéndome a la vez. El orgasmo me llega justo cuando estoy
empezando el último párrafo, que leo entre espasmos de placer, y gemidos cada
vez más altos...
Los papeles han terminado en el suelo a los pies del diván.
Trato de respirar normalmente, saco mi mano, empapada, de debajo de mi pantalón.
Cuando por fin consigo aparentar normalidad, siento unas manos que me agarran
los pezones, y los aprietan. Dios mío, se me había olvidado que podrías entrar
en cualquier momento y es probable que no haya oído nada... no sé cuánto tiempo
llevas aquí, pero me prometes que acabas de llegar. Me preguntas si me ha
gustado la sorpresa, si lo he leído. No sé por qué, me da vergüenza confesarte
que mi primer orgasmo de este fin de semana ha sido sin ti, así que note lo
cuento, rezando por que hayas dicho la verdad y no me hayas visto. Simplemente,
me dejo hacer, con tus manos en mis pezones, cierro los ojos mientras me sacas
las tetas de la camiseta y juegas con ellas entre tus manos. Pronto vuelvo a
desearte, y comienzo a atraerte hacia mí. Me giro, y a esa altura, tengo tu
polla enfrente de mi cara. Me acerco por encima del pantalón, y trato de
morderla, de cogerla en la boca. No puedo, así que me ayudas a desabrocharte el
cinturón. Te bajo el pantalón poco a poco, apretando mi cara contra tu polla a
través de los boxers. Quiero sentir como crece poco a poco, verla cada vez más
grande, y por eso la recorro con pequeños mordiscos, desde la punta hasta abajo,
donde termino lamiendo tus huevos suavemente.
No sé como lo has hecho, pero has conseguido desabrocharme el
pantalón. Me lo quito de un tirón, mientras sigo acariciando tu polla a través
de los boxers, sin dejarte que te muevas de donde estás. Tengo las manos
apoyadas en el respaldo del diván, y mi cara queda a la altura de tu polla. Me
decido por fin a quitarte los boxers, y, una vez están en el suelo, me meto tu
polla entera en la boca, sin usar las manos. Tu me dices que quieres verme
desnuda, que deje de chupartela, que quieres follarme así como estoy, así que
trato de quitarme el tanga, y termino a cuatro patas. En ese momento, me coges
del pelo y tiras hacia atrás, para sacarme tu polla de la boca.
Te acercas a mí por detrás, apoyas las rodillas en el diván,
y las manos al lado de las mías en el respaldo, y comienzas a penetrarme desde
atrás. Me encanta sentirte cada vez más dentro, sentir como te encajas en mi
cuerpo, una y otra vez, y cada vez más rápido y más profundo, hasta terminar
haciendome daño. Yo grito, pidiendo más, me vuelves loca, tanto que haces que me
comience a masturbar así, a cuatro patas, y con tu polla saliendo y entrando en
mi coñito. No tardo en sentir tu polla aún más grande, me dices que te vas a
correr, que me vas llenar entera... comienzo a moverme más rápido, tu me agarras
fuerte de la cintura, clavándome las uñas, mientras gritas que te corres.
Quieres parar un momento después, pero no te dejo. Ahora soy yo quien te clava
las uñas, llego a tu cintura con mis manos y te obligo a seguir follandome con
esa intensidad, me voy a correr otra vez, te lo digo, y tú me pides que por
favor no pare. Vuelvo a sentir que me llenas, que me empapas por dentro,
mientras grito que me estoy corriendo contigo...
Sales despacio de mí, y con delicadeza, me coges en brazos y
me llevas a la cama. Aún desnudos, comenzamos a mirar la carta del servicio de
habitaciones. Nos decidimos por unas cuantas cosas, y las pedimos por teléfono.
El hotel es perfecto para estas escapadas, entregan la comida a través de un
armario en la pared... así que, a pesar de que nos duchamos mientras la
preparan, apenas nos preocupamos en vestirnos.
Después de comer, me propones ver una película que has
traído. Una porno, claro, puesto que yo quiero verlas contigo. Realmente me
atrae la idea, así que me acomodo en la cama, y espero para ver qué estas
poniendo. Cuál es mi sorpresa, cuando en la televisión aparece tu cara, eres tú
entrando en la habitación, a las 11.30 (eso es trampa!). guardas tu maleta, y
dejas el sobre en el diván. De repente... fundido en negro. Y ahora no hay
imágenes, hay solo sonido, suspiros, gemidos, cada vez más fuertes, que se van
convirtiendo en gritos hasta que, poco a poco, vuelven a ser una respiración
normal. Me miras, y me preguntas si sé quién puede ser. Yo me estoy temiendo lo
peor, pero niego con la cabeza, mientras vuelvo a oír la misma respiración, que
se va agitando cada vez más, pero ahora con imágenes. Dios mío, es mi cara en la
pantalla, me has grabado mientras me masturbaba!!! No puedes apartar los ojos de
la pantalla, ni las manos de mi cuerpo, mientras yo me siento tremendamente
extraña al verme allí, en la televisión, retorciéndome de placer con un relato
tuyo en las manos. Me excita, me excita mucho, pero no me gusta que me hayas
grabado sin avisar, que no hayas dicho que estuvieras allí.
Una idea comienza a tomar forma en mi cabeza, y, cuando
termina el video, y te vuelves hacia mí, te aparto suavemente. Busco en mi
maleta algo que he traído en la lista, un par de pañuelos, y te ato suavemente
las muñecas al cabecero de la cama. Apenas te has puesto un pantalón para comer,
así que es sencillo volver a desnudarte. Yo te digo que me voy a cambiar, y
mientras cojo todo lo que necesito, te miro, me encanta verte así: desnudo,
completamente excitado, con la polla cada vez más grande...
Te pido que cierres los ojos, y cuando los abres, no te lo
puedes creer: esta vez no me falta nada del disfraz. La faldita, mínima, es de
cuadros, y la camisa blanca es bastante ajustada, de forma que se marcan mis
pezones bajo la tela, aunque la corbata, negra, sirva para taparme el escote. Sí
llevo medias de rejilla, y zapatos de tacón alto. El pelo lo llevo recogido en
dos trencitas, y por lo demás... la cara, apenas maquillada, los labios, de
color rojo.
Me acerco a ti, y comienzo a besar tu cuerpo. Me doy cuenta
de que me gusta mancharte con el pintalabios, así que juego a "marcarte" en las
piernas, los brazos, los pezones, el cuello... comienzo a besarte desde los
tobillos, hacia las rodillas, la parte interior de tus muslos, hasta que me voy
acercando a tu polla, pero sin besarla. Simplemente, respiro encima, para que me
sientas cerca, y te digo que aún tendrás que sufrir bastante para conseguir que
la toque. Subo a tu cara, acerco mi boca a la tuya, pero me aparto en el último
momento. Tu sientes cada vez como aumenta tu deseo, cuando me ves andar, así
vestida para ti, sabiendo que estoy muy cachonda, que estoy disfrutando
muchísimo, y sin embargo, sin dejar que me cojas, que me sientas, sino
simplemente, dejando que me desees.
Me encanta jugar contigo, me dedico, durante un rato que a ti
se te hace eterno, a ponerte un pezón, que se transparenta a través de la
camisa, en la boca, y a quitarlo sin dejarte morderlo. También te susurro al
oido lo que voy a hacer con tu polla, como la voy a lamer de arriba abajo, para
luego no hacerlo, quedarme a un centímetro escaso de tu piel, pero sin tocarla.
Cada vez nos ponemos más, cada vez nos deseamos más, y me pides que por favor te
deje tocarme. Yo me alejo un poco de la cama, y me levanto mínimamente la falda,
para que veas mi coñito depilado. Estoy decidida a torturarte un poco más, asi
que me pongo de rodillas en la cama, con tu cara entre mis piernas, pero sin que
llegues a comérmelo. Comienzo a masturbarme, delante de ti, y a meterme mis
dedos llenos de mí en la boca.
Cuando creo que no puedes más, salgo de la cama, y me pongo
de pie delante de ti. Te desato las manos para que puedas incorporarte, pero
antes me has prometido que no te vas a masturbar. Tienes la polla a punto de
estallar, y quiero que te corras follándome. Ahora comienzo a vengarme por
haberme grabado: yo también llevaba relatos, más cortos que el tuyo, así que
saco uno, y comienzo a leértelo en voz alta, mientras me acaricio suavemente.
Cuando termino, no puedo aguantar más, me subo a la cama, me siento sobre tu
polla, gritando cuando la siento entrar en mí, y follamos como nunca lo hemos
hecho, con muchísima furia, hasta que terminamos con uno de los mejores orgasmos
de nuestra vida...