Intercambiando hijos (2)
Caro cuenta la segunda parte de "Intercambiando hijos"
continuando así con la historia de las dos viudas cuarentonas que decidieron
intercambiar hijos. Ahora le toca el turno a Leticia y Miguel, hijo de Paulina..
Soy Caro, profesora de historia, lista para relatarles una
historia que espero les resulte interesante. Les repito lo que dije en el relato
precedente, esta no es una experiencia personal.
Les voy a refrescar la memoria diciéndoles que Paulina y
Leticia son dos mujeres que en este momento tendrán cerca de 45 años, cuyas
vidas, sin proponérselo, han estado ligadas desde la niñez. Los padres de ambas
eran socios en un negocio de zapatería de renombre que ellas heredaron a su
muerte. Se casaron casi al mismo tiempo y tuvieron un hijo cada una, Miguel y
Esteban. Desafortunadamente hace unos diez años también enviudaron casi al mismo
tiempo.
Viven en la misma calle, en casas ubicadas una enfrente de la
otra. Físicamente una es lo opuesto de la otra. Paulina es delgada, alta y
elegante. Leticia robusta, de mediana estatura y menos refinada. Por su parte,
los hijos tienen 19 años, son bastante pintones para su edad y muy compinches
entre ellos.
La vida sexual de estas dos cuarentonas menopáusicas es cero
absoluto desde hace diez años. Eso no quiere decir que le teman a la
masturbación, actividad que practican asiduamente y que, en orden de
importancia, se ubica detrás de hijos, negocio y hogar, que absorben la
totalidad de su vida. Todo por no estar dispuestas a traer otro hombre a sus
casas. Por otra parte, ninguno las atrae lo suficiente. Esto confirma lo dicho,
en materia de sexo cero absoluto.
Como les conté en el relato anterior, Paulina encontró en el
cesto de la ropa sucia una bombacha tres tallas mayor que las que acostumbraba a
usar que además estaba evidentemente usada y con algunas manchitas que parecían
de semen seco. Sin dudar un solo momento se comunicó con Leticia que le
respondió que a ella le había sucedido algo semejante. Por eso coligieron que
todo era obra de sus respetivos hijos, que las usaban durante sus sesiones
masturbatorias. El olorcito a las feromonas los excitaba de sobremanera.
Así fue como tomaron conciencia del origen del problema: los
jovenzuelos estaban calientes porque todavía no habían debutado y las chicas de
la barra no les daban ni cinco de bola prefiriendo a los más mayorcitos. Era
evidente que los dos chicos necesitaban debutar urgentemente. Para no tener que
recurrir a los servicios de una puta decidieron intercambiarse los hijos y así
cada una iniciaría al hijo de la otra y santo remedio. Después de tanto tiempo
de abstinencia sexual, esta era la mejor manera de matar dos pájaros de un tiro.
Para comenzar, fingiendo enojo, los obligarían a devolver las bombachas y a
pedir perdón.
Como en el relato anterior, cerca de mediodía Esteban llegó a
su casa para encontrarse con la madre que lo recibía gritando y enarbolando una
bombacha en su mano izquierda.
Me encantaría que me pudieses explicar quién es la dueña
de esta bombacha porque mía no es. Es tan chiquita que a gatas me entra en
el brazo.
¿No será de Paulina?..
¡Ahora resulta que Paulina se dedica a dejar sus
bombachas tiradas por cualquier lado! Vos te pensás que me chupo el dedo.
¿De dónde salió?
Bueno, no es para tanto. Es de Paulina.
¡Ah, qué bien! ¿Y cómo carajo llegó hasta aquí?
Este...me la dio Miguel. .
¡Flor de regalo! ¿Y por qué te la dio?
No sé. Para joder un poco.
¡No me mientas! Las estuvieron usando para pajearse.
¡Ahora mismo cruzás la calle, se la devolvés y le pedís perdón
¡Ufa!
¡Que ufa ni ocho cuartos! Ya que sos tan hombre como para
pajearte usando la bombacha de mi mejor amiga, andá, devolvela y no regreses
hasta que Paulina te perdone.
Esteban tomó la bombacha de muy mala gana y salió hacia la
casa de su amigo como disparado por un cohete. Justo a mitad de la calle se
cruzo con Miguel. Torciendo los labios musitó <Miguel, cagamos la bandera>. <Me
parece que si, macho>, respondió el amigo. Leticia y Paulina se saludaron
agitando la mano derecha y festejaron con un guiño de ojo. La suerte de los
atrevidos ladronzuelos estaba echada, el intercambio de hijos estaba en marcha.
¿Miguelito qué te trae por aquí?
¿Me estás gastando? Si sabés que mi vieja me mandó a
devolverte esto y a pedirte perdón – respondió con actitud arrogante.
¿Por qué te hacés el gallito?
No entiendo por qué te tengo que pedir perdón.
¡Porque tenés algo que es mío y no se por qué razón está
en tu poder!
Me la dio Esteban.
¡Magnífico! Ahora resulta que mi hijo es ladrón de
bombachas. ¿Verdad?
No es para tanto. No sé cómo explicártelo.
Te voy a cantar la justa. Te mandaste una soberana paja
mientras la olías.
La verdad que...¡Si!
¡Qué bien, te felicito!
¡No es para hacer tanto escándalo!
Vení, queridito, entra que ahora es mi turno.
¿El turno de qué?
Ahora lo vas a ver.
El desafiante Miguelito entró cerrando la puerta detrás de
si. Leticia advirtió que el pibe era un hueso duro de pelar que requeriría
drásticas medidas de contraataque.
Como me parece que todavía no entendiste que en la vida
te la vas a tener que pasar pagando facturas por las cosas que hiciste, voy
a tener que darte una lección para que aprendas varias cosas al mismo
tiempo.
¿Si te pido perdón esto se acaba?
Ni lo sueñes. Vas a pagar la factura correspondiente a la
cagada que te mandaste.
No entiendo.
Te lo voy a explicar para que no te queden dudas. Vos te
pajeaste oliendo mi bombi, ¿Cierto?
¿Y eso qué tiene que ver?
Ahora mismo te lo explico. ¡Dame tus calzoncillos que me
quiero pajear mientras los huelo!
¡Estás loca!
¡Quiero que mires cómo me hago la paja!
¿Con eso se termina todo?
Puede ser, puede ser.
Poniendo cara de desagrado, Miguel se despojó de los
pantalones, dejó caer los calzoncillos y luego se los entregó a Leticia, que lo
observaba con mirada lasciva y provocadora. Él permaneció de pie, expectante e
intrigado. Ella se recostó sobre un sillón, levantó su falda y se arrancó la
bombacha para luego comenzar a frotarse los labios mayores mientras olía los
calzoncillos..
¡Mirá como me froto todo! ¿Te gusta lo que ves?
Es un poco...digamos que morboso Leti.
¿Alguna vez viste de cerca una concha grandota como esta?
¡Qué vas a ver! ¡Esta es la primera!
Bueno...esteee – balbuceó vacilante.
Mirá como saco las tetas y me las refriego con tu ropita
interior. ¡Qué excitante!
¡No me imaginaba que tuvieras tetas tan grandes!
¡Viste que grandotas que las tengo! ¿Te gustaría que te
las deje chupar?
¿Me estás provocando?
¿Qué te parece? ¡Vení, son para vos solito! ¡Estoy toda
mojada!
Abandonando su actitud desafiante, Miguel se acercó a Leticia
para posar las palmas de sus manos sobre los tibios pechos que le ofrecían.
¡Amasalos bien amasados que me gusta el calorcito de tus
manitos!
¡Leti, son una seda!
¡Bebito mirá como se te paró la chauchita! Acercate más
que quiero tocártela.
¿Así está bien?
¡Que bolitas más suavecitas que tenés!
¡Me estás volviendo loco acariciándome las pelotas!
¡Ahora me saco la ropa porque quiero que me veas en
bolas!
A Leti le bastaron tres rápidos y certeros movimientos para
lograr desnudarse totalmente. Miguel no podía creer lo que le estaba pasando.
Ella sabía lo que buscaba, tomó la mano derecha del otrora desafiante pendejito
y se la condujo hasta la concha.
¿Te gusta bebote mío? Estoy toda mojadita.
¡Siii, me encanta!
¡Ahora preparate para recibir una mamada memorable!
¿Qué vas a hacer?
No necesitó contestación porque la ardiente cuarentona ya le
estaba atacando pija, bolainas y ojete con ardientes y húmedos lengüetazos. Le
bajó el prepucio y absorbió con frenesí. Él aguantaba jadeando de excitación.
Ahora es tu turno. ¡Chupame la cachu pajerito!
¡Siii, siii!
¡Clavame el dedito en el ojete! ¡Así, así!
¡Uauuu! ¡Sos un volcán!
¡Tirate boca arriba sobre el piso que te voy a montar!
¿Así está bien?
¡Si pastelito de miel!
Leti pasó su pierna derecha sobre el cuerpo del sorprendido
Miguel, tomó posición de amazona, aferró la pija con la mano derecha y la
condujo hábilmente hasta ubicarla en la entrada de la vagina. Una vez ahí,
inició una febril cabalgata. Adentro, afuera, adentro, afuera. Pausa,
inclinación de tronco para que las tetas rozaran la boca de Miguel. Adentro,
afuera, adentro, afuera. A estas alturas, él aferraba frenéticamente los
melones. Adentro, afuera, adentro, afuera.
¡Hembrón, me estás matando!
¡Chupámelas mamoncito, chupámelas bien chupadas que me
gusta!
¡¡Mmmm!! ¡¡Mmmm!!
¡Dale que vas bien!
¡Que conchaza, qué conchaza!
¡Reventame a pijazos, pajerito!
¡SE VIENE EL LECHAZO! ¡SE VIENE EL LECHAZO¡ ¡NO PUEDO
MÁS! ¡AGGGHHHJJJJ!.
¡Así, mi vida, así!
Leti sintió que una catarata de semen se derramaba hasta
llegar a lo más profundo de la vagina para luego chorrear en dirección a las
pelotas del pendejo que ya no se movía más. Ella continuó balanceando el cuerpo
hasta que notó que el miembro inerte se deslizaba hacia el exterior.
¡Mamoncito mío, qué bien te portaste!
¡Uy, uy uyyy!
¡Te voy chupar todito!
Miguelito estaba en posición decúbito dorsal, calmado,
exhausto y con cara de felicidad mientras ella trataba de recuperar hasta la
última gota de semen con la lengua . ¡Se cansó de tanto succionarle los
testículos!
¡Felicitaciones por el primer polvazo de tu vida!
¡Fue genial!
De ahora en más, es como cuando aprendiste a andar en
bicicleta. ¡No te lo olvidás jamás!
Seguro que si.
Vamos a la cocina, tomamos algo y después seguimos.
Leti lo abrazó con fuerza contra su pecho y luego lo condujo
mansamente hacia la cocina. Él sonreía complacido.
¿Estimás que ya pagué todas mis facturas?
No, todavía tenés saldo deudor.
¿Falta mucho?
¡Estás en default! ¿Te querés ir?
¡No, no! Me quiero quedar.
¡Así me gusta! Vamos a la camita para estar más cómodos.
Ella tomó la iniciativa poniéndose de pié y caminando
lentamente hacia la habitación. Lo esperó y lo hizo recostarse sobre el lecho
para encarar un nueva conversación.
Estoy pensando que todavía no advertiste que varias
mujeres del barrio están calientes con vos.
¿Lo decís en broma o es en serio?
Lo digo bien en serio. Estás perdiendo oportunidades por
el mero hecho de no venir de vez en cuando a darnos una manito en la
zapatería.
Pero si voy siempre y no pasa nada.
Venís, pero a la hora equivocada.
A ver cómo es eso de que voy a la hora equivocada.
Te lo voy a resumir para que caigas de una vez por todas.
La morocha de la mercería todos las santas mañanas pasa por el negocio antes
de abrir, entra, pispea dos o tres pares y se va después de preguntar por
vos. No te diste cuenta porque vos venís casi siempre cuando estamos
cerrando.
¿Te estás refiriendo a la pulposa de la otra cuadra?
¿Y a qué otra pulposa dueña de una mercería conocés?
Sólo a Sabrina, pero tiene tu edad o le anda cerca.
¡Qué bobo que sos! Qué importa la edad si la mina está
detrás tuyo.
¿Seguro?
Claro que si, se cae de maduro. Vos tendrías que darte
una vueltita bien temprano y la atendés. Mostrale varios pares y, cuando se
le ayudás a calzárselos, le acariciás los pies. Si no dice nada quiere decir
que está con vos.
¿Te parece?
¡Probá pavote, probá! ¿Qué mierda te enseñan en esa
facultad donde estudiás administración?
Me enseñan marketing pero no para este tipo de cosas.
¡Adaptá el metodo! Mirá, vamos a hacer una prueba, yo voy
a simular que soy la pulposa y vos hacé de cuenta que me probás un par de
zapatos. Pero esperá que me pongo ese vestido para que parezca más real.
¿Yo también me visto?
No, quedate así como estás que me gusta verte en pelotas.
Leti se sentó sobre una silla, estiró el pie derecho y esperó
a que Miguel la calzara. Él tomó el pie a la altura del arco y le pasó la mano
por el empeine.
Sabrina, tiene unos pies hermosos.
¿Te gustan?
Son muy sensuales.
¡Mirá las cosas que decís!
En serio, son muy bonitos y suaves.
Miguel recorrió el empeine hasta llegar a la altura del
tobillo, levantó la vista y su mirada se encontró con la de ella.
¡Qué manos tan suaves que tenés Miguelito!
Casi como sus pies.
¡Bien bebé, bien! Así se hace. Ahora escuchame bien, esta
mina nunca compra nada porque dice que a la tarde los zapatos le revientan
los pies. El motivo es muy simple, a la noche los tiene hinchados por haber
estado parada todo el día. Ofrecele sandalias, pero decile que se las vas a
llevar a la casa porque las tenés que buscar en el depósito.
¿Se las llevo a la casa?
¿Qué fue lo que dije? ¡Si! A la nochecita se los llevas a
la casa y si repetís el procedimiento de acariciarle los pies es tuya.
¡Polvo asegurado!
Leti estiró el pie derecho, le tocó la punta del miembro y
luego siguió hasta alcanzarle
los testículos. Miguel, arrodillado, le acarició la pierna
hasta llegar a la rodilla.
Seguí bebote, seguí. Vení que te quiero acariciar la
chauchita con los deditos de los pies.
Ahora con el otro pie.
Parece que te gusta.
Quiero meter la pija entre tus dedos.
¡Sii! Me gusta, me gusta.
Pajeame con las plantas.
A ver, arriba, abajo, arriba, abajo.
¡Yssshhhh!
¡Mirá como te sale juguito!
¡Ysssshhhh!
Leti tenía la pija atrapada entre las plantas de los pies,
subía y bajaba la pielcita mientras Miguelito suspiraba de placer.
¡No seas boludo y acariciame la concha! ¡Deditos, dame
con los deditos, muchos deditos!
¡Tomá, tomá!
¡¡Uuaaauuu!! ¡Seguí, seguí metiendo y sacando!
¡Leti, qué mojada que estás!
¡Ahora en la colita!
¡Esto no es una colita, es un flor de culazo!
¡Perforame el culo con los deditos!
¿Así?
¡Más adentro! ¡Que me duela!
Miguelito hizo un trabajo perfecto. Ella gemía de dolor y de
placer. Lentamente los dedos del atacaban la entrada del ojete. Él entendió a la
perfección lo que ella pretendía y, luego de escupir sobre el arito marrón,
introdujo pausadamente dos dedos. Adentro, afuera, adentro, afuera, adentro.
Pausa. Adentro, afuera, adentro, afuera.
¡Siii, quiero más adentro, más adentro!
¡Te lo meto, te lo meto!
¡Dejame ponerme en cuatro patas así me podés meter la
chauchita hasta el fondo de los intestinos!
Miguel interrumpió su labor para permitir que Leti se
colocara en posición, con el bien ojete dilatado y aguardando pacientemente. Él
se lubricó la punta, apoyó sobre la entrada y empujó hacia delante logrando así
una profunda y precisa penetración.
¡¡¡UUGGHHH!!!
¡Soberbiooo!
¡Despacito que duele! Dejame mover a mi.
¡Si mi diosa, siiii!
Adentro, afuera, adentro, afuera. Pausa. Respiración profunda
por parte de ella, actitud expectante en él. Adentro, afuera, adentro, afuera.
Pausa. Adentro, afuera, adentro, afuera, adentro.
¡ME VENGO, ME VENGO!
¡Fuerte hasta que acabes, fuerte!
¡¡¡UUUGHHHJJJ!!!
¡Lo siento, siento como entraaaaa!
Temeroso y vacilante, Miguel retiró la todavía chorreante
pija del ojete buscando frotarla sobre las tetas. Ahí fue donde depositó la
segunda parte de su chorro de semen.
¿Estás cansado bebé?
No, ¿por qué?
Si tenés algún compromiso te podes ir cuando quieras.
Acabo de suspender todo lo que tenía planeado.
¡Bravo! Parece que entendiste mi mensaje.
Por otra parte, no creo que me dejen entrar a casa .
¿Por qué?
Supongo que mi vieja y Esteban estarán haciendo lo mismo
que nosotros dos.
Puede ser, puede ser.
Decime la verdad, ¿Mi vieja y vos planearon todo esto?
Algo así.
La verdad que se pasaron.
¿No te gustó?
Me gustó y mucho.
Todavía no me pediste perdón.
Obligame.
¡Conste que lo pediste vos!
Evidentemente, el humor había cambiado. Miguel se estaba
prestando a todos los juegos que proponía la viuda, que todavía estaba caliente
como una brasa. Pero era el momento del descanso y de la reflexión constructiva.
Decime Migue, ¿vos pensás que todos tus amigos debutaron?
Charlie dice que ya lo hizo.
¡Mentira! Esto que quede entre nosotros. La madre me
contó que lo tuvieron que llevar al médico porque el pirulín no se le
desarrolla como debería. Se muchas a cosas más porque a las viejas les gusta
hablar hasta por los codos.
¿Mi vieja y vos hacen lo mismo?
¿Estás en pedo? De ustedes jamás hablamos. Me refiero a
los problemas sexuales. De otras cosas, si.
El otro es Gabriel, que asegura que le bajó la caña a
Clarita.
¡Otro embuste! ¡Quiere pero no puede! Hace como dos años
que están de novios pero todavía no pasó nada. Ella lo aguanta porque estás
enamorada. Creo que al pendejo le están faltando algunos caramelos en el
tarro.
¿Está pirado?
No tanto, pero algo le falla en el bocho.
¿Qué sabés de Emilio?
¡Pobrecito! Es medio la, la, la.
¿Trolo?
No del todo pero anda que si, que no.
¿De las minas de la barra sabés algo?
¡Vaya si sabré!
¿Lidia?
No pasa nada, puro verso. Dice que sale con tipos mayores
pero es una mentira más grande que un melón maduro. Plancha en todos los
bailes. Me lo contó mi prima que se la encuentra siempre. A esa también te
la podrías cepillar.
¿Lucila?
¡Ja. Ja. Ja! No me hagas reír que me descompongo. Es una
histérica de marca mayor. Los tipos le tienen miedo porque reacciona para el
carajo.
Sin embargo me contaron que la vieron del brazo de un
fulano bastante pintón.
Si se trata del pelirrojo, caíste como un chorlito. Es el
hermano de la cuñada. La acompaña de vez en cuando para que después hablen.
¿Qué tengo que pensar?
Que debés ser uno de los pocos que ya debutó. Me consta y
lo hiciste bien.
¿Y Esteban?
Vas a tener que preguntarle a él o a tu vieja. Seguro que
te lo van a decir.
Me parece que voy a seguir robándote las bombachas.
¡Sos un boludo! No necesitás robarme nada, sólo tenés que
pedírmelo.
¿Me lo prometés?
Yo no soy tan instruida como tu vieja pero me gusta ir de
frente. No puedo negarte que hacía añares que no me echaba un polvo pero, de
ahora en más y si estás de acuerdo, te voy a explotar al mango.
¿Por qué no seguimos conversando después?
¿Estás cansado?
¡No! Quiero seguir cojiendo con vos hasta calmarte el
hambre de chauchita que demostraste tener. ¿Diez años a dieta?
No me hagas acordar que se me viene el ánimo al piso.
¿Seguimos?
Sigamos.
¿No te molesta que me fume un cigarrillo?
Fumá tranquilo. Pero sigamos con lo del proyecto pulposa.
Si lográs volteártela vas a ver que después vas a poder hacerlo mismo con
varias de sus amigas.
¿Te parece?
¡Como que me llamo Leticia! Se va a ir de lengua y las
otras van a querer imitarla. ¡Mirá si se la van a perder!
Sabrina es una mina bastante extraña. ¿No?
Lo que pasa es que tiene su historia. Hace como quince o
veinte años estuvo por casarse y el entonces novio la dejó plantada
prácticamente al pie del altar. ¡Un papelón de novela! Nunca más se le
conoció un macho. Tenés que aprovechar la circunstancia, atacala y después
me contás.
El lunes sin falta me planto tempranito en la zapatería y
me quedo hasta que llegue, la atiendo y después que sea lo que sea.
¡Así me gusta! Vamos a seguir practicado para no dejar
puntada sin nudo.
Enfervorizado, Miguelito la empujó sobre la cama y se
zambulló sobre ella para reiniciar la sesión de entrenamiento.
¡Apagá el cigarrillo así podés mojar otra vez la
vainilla! ¡No vayas a quemar las sabanas!
¡Te voy a reventar!
¡Si bebucho, si! ¡REVENTAME!
En este lado de la calle la noche fue casi tanto o más
tormentosa que en el otro lado. El training fue duro y cansador. Creo que no
hace falta que les cuente lo que sucedió el domingo. ¡Continuó el entrenamiento!
¿Qué pasó el lunes entre Miguelito y la pulposa de Sabrina? Todavía no me lo
contaron.
Colorín colorado, este cuentito se ha acabado.