La Playa 2.
La vieja estaba muy angustiada. El joven semental insistía en
sus visitas buscando algo más de lo que ya había obtenido. Bebía sus Red Bull y
le miraba extrañamente el hijo, que había ya hecho el sacrificio de entregarse
(con cierta resistencia, aunque mientras trataba el día anterior de defenderse
de su señor a la vez se dejaba atar, recordando las instrucciones de su madre);
esta heroica acción sólo logró apaciguar la tormenta un día y dos horas.
Aterrada la pobre señora escuchó la nueva insinuación del
abusador:
- Y cómo anda su hija? Ya ni se deja ver… ni que yo mordiera.
- Ah, sí señor, la niña lo extraña mucho. De hecho me
comentaba esta mañana que tan raro que usted no venía por acá a visitar…
Pura mentira, y ambos lo sabían. La pobre vieja se acariciaba
las manos nerviosamente y su señor hizo un ademán de molestia y le ordenó
callar. El hijo de la pobre vieja estaba postrado ante él limpiándole las botas
con su camiseta y atrevidamente alzó la mirada buscando la de su agresor. La
encontró: él lo miró y le dijo
- Dígale a su hermana que esta tarde vengo a verla, que
espero que no tenga inconvenientes como el otro día !!!.
Se levantó y se fue sin despedirse, sus amigotes lo esperaban
en su camioneta.
Unas horas después volvió con su uniforme de combate:
sandalias pantaloneta y camiseta. La señora ya le había dicho a su hija:
"hijita, todo está en sus manos ahora. No lo provoque" Al llegar el corpulento
galán entró sin saludar y encontró a su próxima diversión en la humilde salita
muy alterada.
- Y cómo está mi damita esta tarde?
La miró con irónica sonrisa se acercó y le besó la mejilla,
acto seguido la cercó contra la pared y acariciándole la carita y la boquita con
sus dedos intentó besarla pero ella (como en otras incontables ocasiones) volteó
la cara. El se alejó molesto hacia la puerta diciendo
- Dígale a su mamá que mañana vengo por el local, lo quiero
desocupado a las 9.
Ella corriendo lo alcanzó y tomándolo del brazo lo halaba
hacia atrás rogándole
- No, por favor, perdóneme, perdóneme, yo hago lo que
usted quiera, por compasión, mi papá está muy enfermo, tenga misericordia…
El no la iba a tener pero fingió que sí. Volteando de nuevo
hacia ella le dijo en tono burlón
- Le voy a mostrar quién es el que manda aquí, cuánto
pensó que le iba a durar el papelón de niña difícil conmigo?
Lo miró con rabia y a él le alegró, porque con rabia la iba a
desvirgar, la iba a obligar a rendirse ante él manoseándole el orgullo y
revolcándoselo en el piso.
Mientras la miraba le tomó las manitas, se las besó mientras
se las acariciaba y se las puso entre sus musculosas piernas para obligarla a
cogerle la verga. Ella aceptó desafiante mirándolo muy orgullosa. El apretó y
soltó suavemente sus manos varias veces sobre las de ella indicándole cómo tenía
que apretárselo y soltárselo y ella obedeció dándole placer por encima de la
pantaloneta con sus dos manitas, aunque a punto de estallar de ira.
El muy satisfecho sintió que su elemento estaba uno-A y le
bajó la falda a ella de un tirón. Luego le dijo
- Sáqueme al rey y salúdemelo.
Ella le metió las manos entre la pantaloneta, sacó al rey muy
despacio cogiéndoselo con fastidio y se dio cuenta que la verga de un hombre
excitado era mucho más grande de lo que había imaginado. Con el rey en su poder
calculó lo que le venía y nerviosa se mordió los labios, pero primero estaba su
orgullo, así que pensó cándidamente que para humillarlo iba a fingir que no le
dolía porque ya tenía mucha experiencia y no era de ninguna manera una virgen.
La bella inocencia de la jovencita se reflejaba en sus pensamientos y miró al
salvaje sonriendo con una risa fingida muy cómica, tratando de parecer una mujer
fatal, tras lo cual le agarró el útil con mayor fuerza y puso la punta contra su
más preciado tesoro.
A él le causó gracia el torpe intento de la chica por parecer
muy experta y sonrió.
- No lo ha saludado.
Ella miró esa pioja brillante que se sacudía levemente entre
sus manitas vírgenes a ese tipo de contacto, ese espantoso instrumento de
tortura pegado a su frágil vaginita sin estrenar y no entendió que saludarlo era
sacudirlo, masturbarlo un poco o postrarse y besarlo. Levantándole la punta
hacia su rostro para que la "mirara" le dijo con su cabeza inclinada hacia abajo
- Buenas tardes, cómo está?
El rey no le contestó. El nunca contestaba y el dueño por
poco suelta la risotada, "buenas tardes, cómo está?" . Era lo más gracioso que
les había pasado a juntos, a él y a su rey sediento. Esa joven era
exageradamente inocente, lo cautivaba como nada en el mundo con sus ocurrencias,
con sus sonrisas de experta, con los saludos al rey, a quien le ponía
conversación. Aún así retomó el mando, se preparó, se le acercó y la chica por
primera vez mostró su lado flaco. Cerró los ojos y a punto de llorar miró al amo
y mientras le apretaba el útil con desesperación le dijo con voz quebrada
- No me haga esto…por favor no me haga esto, no así… lléveme
a un motel o a otra parte …por favor, se lo suplico, sí?.
La miró sonriente y triunfante al verla suplicar como tantas
veces lo había hecho su pobre hermano el día anterior y luego de darle
esperanzas "pensándolo" detenidamente, la miró en silencio y le hizo con la
cabeza un lento y teatral "no". La tomó de los antebrazos, la pegó a la pared y
le acercó la punta del grueso yunque que ella aterrorizada tenía entre sus manos
apuntándole. La pobre se supo ya en el desnucadero, cerró los ojos y el infeliz
como siempre hacía le dijo "míreme, míreme…" pero no le pegó; ella obedeció y él
pudo ver por última vez esa inocente carita de virgen. Entonces obligándola a
dirigir con su mano el taladro, se lo fue pegando con más fuerza hasta que
sintió presión: el desvirgue estaba en operación. Se lo fue metiendo como si
fuera una inyección, despacito hasta que sintió perfectamente en la punta de su
verga cómo se rompía ese delgadísimo himen tan celosamente protegido. El llanto
de su alumna empezó muy quedamente junto con una caricia que con su manita
temblorosa le hacía en el hombro mientras con la otra tenía el grueso caimán
pero sin atreverse a tratar de sacarlo de su cálido nido de carne. La chica
aterrorizada no pudo pensar, no tuvo siquiera oportunidad de al menos abrir las
piernas para que su vagina tuviera más oportunidad de recibir el útil y
expandirse un poquito. Lo único que se ocurrió fue pararse sobre los fuertes
pies de su atacante y empinarse un poco para tratar de sacarse ese monumental
dinosaurio.
El amo entre tanto recordó todos los desplantes que la joven
le había hecho, las incontables veces que lo había humillado en público y
vengativo le aplicó rápidamente un ataque que llegó a un cuarto de la longitud
del rey que como siempre ejecutó una faena brillante. Entró derechito y la cortó
de una manera tan cruel que ella sintiendo que le dolía hasta el alma se
estremeció violentamente elevó sus piecitos lo más posible y empezó a llorar con
su diminuta naricita resoplando tratando de tomar aire para asimilar el envión,
con la carita enrojecida y sudorosa por el dolor insoportable; de fingir que no
era virgen pasó a demostrar que sí lo era con lujo de detalles. La había cortado
en dos pero aún (según su señor) le faltaba tratamiento, una terapia de humildad
y un trabajito de cambio y posterior reforzamiento de actitud hacia él así que
se lo sacó de una manera muy violenta y una vez más la clavó, esta vez le metió
hasta la mitad con fuerte envestida para hacerla gritar de dolor, lo que logró
el amo con mucha facilidad.
- Aaaaggghhhhh!!!!, noooo…..
Con sus manitas cubría su rostro como tratando de no sentir
el dolor, se haló instintivamente la abundante y hermosa cabellera con una
espantosa mueca de dolor en un desgarrador intento por escapar de ahí de alguna
manera. La madre y el hijo desde el local de la cafetería escucharon y se
miraron pero nada podían hacer. El amo estaba de nuevo marcando sus posesiones
como se marca al ganado, al rojo vivo.
Se lo sacó y la miró. Estaba desecha, su carita reflejaba la
inimaginable tortura que le estaban propinando de una manera tan injusta y
desproporcionada. El amo inflexible dictando cátedra decidió pasar la página y
continuar con la lección.
- A ver niña. Ponga atención…
le dijo rodeándole la barbilla con su fuerte mano para tratar
de hacerla reaccionar, porque ella estaba mirando al frente pero sin mirarlo a
él, parecía mirar al infinito, a ninguna parte. El amo aprovechó para abrirle
con su mano las piernas y metérselas sobre las suyas flexionadas, fiel a su
costumbre de ponerlas siempre en posición de absoluta desventaja para clavarlas.
Se lo sacó sin compasión y se lo mandó hasta tres cuartos; un nuevo berrido heló
la sangre de madre e hijo que estaban en el local.
-Aaaaggggghhhhhh!!!! Ahhh! , no!!!!!
Entonces el amo arreció, se lo sacó y se lo metió de nuevo,
esta vez rodeándole el cuello con un brazo y la cintura con el otro. Se lo
aplicó hasta el fondo sin ninguna compasión, en una innegable falta
descalificadora, lo que había hecho (jamás lo había hecho antes en su vida) fue
salvaje, irreglamentario. Se escuchó un chillido como de loba y luego un
desgarrador quejido que hizo aterrorizar a los oyentes en el local; La hizo
elevarse del piso cuando se lo mandó de abajo a arriba y ella quedó colgando de
su centro, sintiendo que el alma la había abandonado cuando con sus diminutos
pies en el aire recibió todo el peso de su cuerpo en su pobre vaginita llena de
sangre por dentro y por fuera; no quedaba nada para ella, su tierna virginidad
había sido totalmente desintegrada por un rayo.
La bombeó con violencia. Le dio unos cuantos vergazos con
todas sus fuerzas para dejarla bien humillada y agachadita y lo logró. La joven
lo miraba a duras penas, y tenía los labios morados como un cadáver. No podía
tomar aire, se quedó seca, como desmayada, con la boquita abierta, una carita de
desesperación que pedía una pizca de compasión. Logró en medio de la paliza
tomar aire con un quejido monstruoso como de ultratumba.
- Aaaahhhh!!!!!
Torpemente el hermano y la madre entraron a la sala y vieron
aterrorizados el estado en que se encontraba la jovencita, un pedacito de carne
colgando como una foca en el hocico de ese tiburón desalmado. Ella, toda
fragilidad ternura e inocencia clavada a la pared, habiendo perdido su honra en
forma tan miserable, tenía el rostro demacrado por el terrible dolor, seguía con
la boca abierta y mostraba una palidez de muerte pese a lo cual le ofrecía a su
amo una obediencia de santa, allí quietecita, incondicionalmente rendida a sus
pies, sin arañarlo o tratar de retirarlo, salir corriendo, hacer algo…. Con las
piernas muy abiertas a lado y lado de su maestro parecía más alta de lo que
realmente era, sus piecitos se balanceaban en el aire a lado y lado por el
movimiento del amo hacia adentro y hacia fuera. Con sus manitas se apoyaba en
los hombros del experto que ciego a lo que tenía delante suyo seguía
martillándola y martillándola como si fuera una amante experimentada. El había
recordado mil veces esos tiernos pies, como palomitas delicadas que soñó mil
veces besar, pero ahora los trataba a las patadas. Colgaban descuidadamente,
desnucados, casi parecían desprendidos de los delgados tobillitos. La esclava
yacía sumisamente, aprisionada entre la pared y sus fuertes piernas mientras él
le sacaba brillo a esa hoja doblada como espada árabe que se enterraba y se
desenterraba con descomunal fuerza abriéndose sitio sin pensar en la frágil e
indefensa carnecita que atravesaba. Los labios vaginales de la joven, su
conducto vaginal, incluso su cuerpecito entero no eran ni mucho menos rivales
para el veterano rey, un músculo experto ejercitado en mil guerras en que
siempre venció inobjetablemente. Aún así la joven (aunque parecía por la
expresión monstruosa en su carita) no había muerto. Respiraba, y más aún, casi
podía hablar:
- Ay, mamita, ….aaahhh….aaahhh… aaahhh…
Seguía el ritmo del baile sobre carbones calientes a que
había sido "invitada" y a la que había acudido descalza.
Con su tierna carita bañada en lágrimas intentó tranquilizar
a su familia haciéndose la valiente pero sus manitas caían repetidamente sobre
los hombros del joven y se las volvía a retirar como si él le quemara incluso
las manos cuando trataba de ponérselas encima. Terminó dejándose caer en los
brazos del amo y pegando su carita al pecho de éste se limitó a cerrar los ojos
soportando lo insoportable y esperando que él saciara su sed de sexo o de
venganza. El error ya se había cometido: su madre y su hermano se atrevieron a
interrumpir a los dos amigos: el joven y su rey, y ellos no eran de los que
dejan a las parejas sentadas: en sus bailes todo el que llega tiene que bailar…
descalzo.
Hacía unos segundos todo estaba a punto de terminar. Ahora,
por la torpeza de dos molestos espectadores estaba recién empezando.