Intercambiando hijos
Caro cuenta la historia de dos viudas cuarentonas que, debido
a un hecho fortuito, decidieron intercambiar hijos para educarlos sexualmente y
hacerlos debutar.
Soy Caro, profesora de historia, lista para relatarles una
historia que espero les resulte interesante. Les adelanto que no es una
experiencia personal.
Paulina y Leticia son dos mujeres que en este momento tendrán
cerca de 45 años, cuyas vidas, sin proponérselo, han estado ligadas desde la
niñez. Los padres de ambas eran socios en un negocio de zapatería de renombre
que ellas heredaron a su muerte. Se casaron casi al mismo tiempo y tuvieron un
hijo cada una, Miguel y Esteban. Desafortunadamente hace unos diez años también
enviudaron casi al mismo tiempo.
Con mucho valor y entereza encararon tanto la crianza de sus
hijos como la administración del negocio familiar. Viven en la misma calle, en
casas ubicadas una enfrente de la otra. Físicamente una es lo opuesto de la
otra. Paulina es delgada, alta y elegante. Leticia robusta, de mediana estatura
y menos refinada. Por su parte, los hijos tienen 19 años, son bastante pintones
para su edad y muy compinches entre ellos.
A pesar de no tener sobresaltos económicos, guiar la vida de
dos adolescentes no es tarea fácil pero el constante intercambio de ideas les
facilitó la solución de muchos problemas. El despertar sexual de estos crios fue
todo un desafío. Con mucho tino y delicadeza detectaron la presencia de las
primeras Play Boy que ellos ocultaban en recónditos lugares de sus habitaciones.
Resolvieron hacer la vista gorda, total a lo sumo todo terminaría con una
masturbación.
Si se están preguntando cómo era la vida sexual de estas dos
laboriosas y dinámicas cuarentonas les adelanto que nada de nada en lo que se
refiere al contacto físico con hombres. Los hijos, el negocio y el hogar las
absorbían totalmente. De vez en cuando alguna que otra fantasía no reconocida
expresamente servía para inspirar una que otra masturbación nocturna. Paulina se
atrevió a contárselo a su amiga y esta le respondió que ella hacía lo mismo
porque no estaba dispuesta a traer otro hombre a la casa. Además, ninguno la
atraía lo suficiente. Esto quiere decir que en materia de sexo, cero absoluto.
Un sábado a la mañana mientras Miguel y Esteban estaban
jugando al fútbol con sus amigos, Paulina tomó el cesto de la ropa sucia y se
aprestó a lavarla. Le sorprendió la presencia de una bombacha que a todas luces
no era de ella porque, por lo menos, era tres tallas mayor que las que
acostumbraba a usar. Estaba evidentemente usada y, además, advirtió algunas
manchitas que parecían de semen seco. Ni corta ni perezosa tomó el teléfono y
llamó a su amiga.
Leti, si te cuento lo que acabo de encontrar en el cesto
de la ropa para lavar vas a pensar que soy una delirante.
¿De qué se trata?
Tengo en mis manos una bombacha que no es de mi talle,
sucia y manchada con restos de algo que sospecho que es semen.
¿Por casualidad es de color negro y tiene una florcita
rosa en el frente?
Si. ¿Cómo lo sabés?
Hace dos días que la estoy buscando por todas partes y no
la puedo encontrar.
¿Cómo llegó a mi casa?
¡Pauli, parecés boba! ¡No te lo imaginás!
No quiero imaginármelo.
Imagínatelo porque en todo esto tienen algo que ver
nuestros respectivos y amorosos hijitos.
¿Te parece?
Estoy segura como que me llamo Leticia. ¿A vos no te
falta también alguna bombacha?
No estoy muy segura pero creo que podés tener razón. Me
desapareció por dos o tres días una que usé para dormir pero al final la
encontré en el cesto. Después no me volví a fijar.
¡Ja, ja! Estuvo en casa, la "usó" Esteban y Miguelito la
devolvió.
¿La usó?
Si nena, mi hijo se pajeó y después la devolvió.
Entonces quiere decir que se intercambian nuestras
bombachas usadas para pajearse.
¡Exacto! El olorcito a las feromonas los excita.
¡Qué puercazos que son!
No te alarmes porque es algo natural. Sé que andan
calientes porque todavía no debutaron y las chicas de la barra no les dan ni
cinco de bola.
¿Cómo te enteraste?
Escuché sus conversaciones sin que se dieran cuenta.
¿Qué hacemos Leti?
Estos chicos necesitan debutar pero tampoco es cuestión
de que lo hagan con una puta cualquiera. No me gusta y es peligroso.
¿Te parece que les hablemos?
No creo que sea suficiente porque la calentura no se la
vas a sacar con una charlita de morondanga. ¡Estos pibes necesitan acción
urgentemente!
Esto se está poniendo difícil. Una cosa es pasar por alto
las Play Boy y otra conseguirles minas decentes y potables para que garchen
por primera vez.
Tenemos que tomar el toro por las astas y darle al asunto
una solución terminante y definitiva. Sin perjuicio de que me tildes de puta
e inmoral, te propongo que hagamos un intercambio de hijos. Vos inicias al
mío y yo al tuyo. ¿Qué te parece?
Después de tanto tiempo de abstinencia sexual la idea de
garchar con un pibe no me desagrada pero el problema es cómo lo van a tomar
ellos.
Intentemos algo que los induzca y que, al mismo tiempo,
no les deje remordimientos.
¿Qué te parece si cuando llegue el mío lo encaro con la
bombacha en la mano y lo obligo a devolvértela?
La propuesta no es mala. Yo te mando a Esteban y vos me
mandás a Miguelito. Acordate que estás sorprendida, indignada y enojada.
Ni bien lleguen pongo manos a la obra.
Una vez que el tuyo salga para aquí ni se te ocurra
llamarme por teléfono.
Ok.
Cerca de mediodía Miguel llegó a su casa encontrando a la
madre parada en el centro del living y con las manos en jarra. Sospechó que algo
malo pasaba porque la mujer ocultaba algo en su mano derecha.
¿Me querés explicar a quién pertenece esta bombacha que
encontré en el cesto de la ropa sucia? ¡Mía no es!
No se...este..bueno..
¡Es demasiado grande para ser una de las mías! ¿De dónde
la sacaste, de quién es?
De...Leticia.
¿Cómo? ¿Quién te la dio?
Este...Esteban.
¡A claro, se la robó a la madre, te la dio y vos te
masturbaste! ¿Me equivoco?
No Ma, perdoname.
¡La que tiene que perdonarte es Leti! Ahora mismo agarrás
la bombacha, se la llevás, le explicás para qué la usaste y le pedís perdón!
¡Ni se te ocurra volver hasta que no te perdone!
Pero estoy todo sudado de jugar al fútbol. Dejame bañarme
y después voy.
Nada de bañarse, te vas ya mismo y le pedís perdón.
Paulina le extendió la bombacha, el hijo la tomó y partió
hacia la casa de en frente mientras la madre lo vigilaba atentamente desde la
puerta de entrada. Simultáneamente, en la casa de Leticia sucedía algo
semejante. Los dos condenados avanzaban lentamente uno hacia el otro, se
cruzaron en el camino y Esteban musitó torciendo los labios <Miguel, cagamos la
bandera>. <Me parece que si, macho>, respondió el amigo. Leticia y Paulina se
saludaron agitando la mano derecha y festejaron con un guiño de ojo. La suerte
de los atrevidos ladronzuelos estaba echada, el intercambio de hijos estaba en
marcha.
¿Para qué viniste Esteban?
Vengo a devolverte algo que es tuyo y a....pedirte perdón
– balbuceó tímidamente el jovencito.
¿Se puede saber qué me tenés que devolver y qué te tengo
que perdonar?
Eee...esto.
¡Oh, la bombacha que tanto busqué! ¿Por qué la tenés vos?
Me la dio Miguel.
¡Ah, qué bien! ¿Para qué te la dio?
No sé cómo hacer para explicártelo.
Ja, ja, ja. Como está usada y sucia quiere decir que algo
hiciste con ella.
Bueno...si.
¿Qué hiciste queridito?
¡Es difícil de explicar!
Te voy a ahorrar las explicaciones. La oliste y te
masturbaste. ¿Verdad?
Algo así. ¿Me perdonás?
Entrá y cerrá la puerta. Ciertas cosas no pueden hablarse
en la calle.
El desconcertado joven se introdujo en el living para luego
sentarse en el sillón que estaba junto a la puerta del baño. Paulina se acercó
caminando con andar felino y sensual y se sentó a su lado.
¿Qué te anda pasando bebé? Podés confiar en mi porque te
conozco desde que naciste.
Perdoname Paulina, perdoname. Fue un impulso
irresistible.
No te voy a perdonar hasta que no me cuentes todo, pero
todo.
Es que con Miguel estamos desesperados por debutar y
ninguna de las chicas de la barra nos da pelota. Ir al cine, bailar, pasear
si, pero lo otro no. Prefieren muchachos mayores que nosotros, con
experiencia.
Querés decir que no les dan pelota por que ustedes dos
todavía no debutaron. ¿Si?
Algo así. A lo mejor tienen razón, conocemos mucho de
teoría pero nada de práctica.
¿Y eso que tiene que ver con mi bombacha?
Es que andábamos con una calentura de novela y las bombis
usadas por ustedes dos tenían un olorcito muy excitante.
¡Qué bien! Así que resulta que mi "olorcito" te excita.
Si y el de mi vieja también pero nos pareció que era una
chanchada masturbarse oliendo la bombacha de nuestras respectivas madres.
Consideramos que era algo así como una falta de respeto.
¿Hacerlo con la mía no es una falta de respeto?
Es distinto, vos no sos mi mamá y, además, el olorcito es
más intenso.
¡Qué halago! Así que te gusta más mi "olorcito". ¿Y a
Miguel le gusta más el de tu mamá?
Si porque lo excita más.
¡La pipeta! ¡Miren a los calentones!
¡Qué querés que le haga!
Que vos mi hijo creen que saben mucho de mujeres y no
saben nada de nada. Creen conocer el cuerpo femenino porque miran las
pajinetas de Play Boy pero no tiene ni la más remota idea de lo que es una
mujer. ¿Alguna ve viste una vagina en vivo y en directo?
La verdad, no.
¡No ves que tengo razón! Necesitas que te enseñen muchas
cosas y yo no estoy dispuesta perdonarte hasta no estar segura de que
aprendiste.
¿Vos me vas a enseñar?
¿Te molesta?
No, pero sos la mamá de mi amigo Miguel. Sos casi como mi
mamá.
Casi, bebé, casi, pero no lo soy. De por sí, es una gran
ventaja.
¿Qué tengo que hacer?
Seguir todas mis indicaciones. Si no te parece bien, ahí
tenés la puerta. Te vas y no volvés nunca más. ¿Entendiste?
¿Vamos a hacer el amor?
¡A coger, bebucho, a coger que es otra cosa! Vamos a
disfrutar el uno del otro y a divertirnos.
Entendí y acepto.
Ni corta ni perezosa, Paulina se paró frente a Esteban,
desabrochó el vestido, lo dejo caer al piso, desprendió el corpiño y se despojó
de la bombacha. ¡Estaba totalmente desnuda frente a los atónitos ojos del
ine4xperto joven!
¡Ni se te ocurra toquetearte el pito! Tiempo al tiempo.
Desnudate despacito mientras me mirás. ¿Te caliento?
¡Shii, Pauli, shii!
Mirá como me levanto las tetitas y me mando una lamidita
de pezones. ¿Te gusta?
¡Shiiii!
Esto que ves aquí es el monte de Venus. Lo tengo peludito
porque no me gusta depilármelo. Estos son los labios externos y aquí están
los labios internos y el clítoris y la abertura de la concha. ¿Te gustan?
¡Cómo no me va a gustar! ¡Qué peludita que estás Pauli!
Ves, ahora me estoy haciendo la paja. Me froto toda esta
zona para calentarme mejor para vos.
¿Para mi?
¡Si bebote, para vos! Arrodillate delante mío y así podés
olerme un poquito.
¿Puedo?
¡Sos boludo o te hacés! No tenés que pedir permiso, hacé,
hacé.
Cumpliendo con la sugerencia de su "maestra", Estebi inhalaba
profundamente los aromas que expelía la cachucha peludona que tanto le atraía.
Es más rico que el olorcito de la bombi.
Viste que no te mentí. En directo es más lindo. Abrime
los labios mayores con los deditos, explorá, separá los otros, metémelos
adentro despacito. ¡Agghhh! ¡Así, así!
¡Maravilloso!
Meteme el dedito mojado en la boca que quiero degustar el
saborcito de mis juguitos.
¿Así?
Parate un poquito así me podés lamer los pezones. ¡Ni se
te ocurra sacar losd deditos de donde los tenés!
Estebi mantuvo los dedos introducidos dentro de la vagina de
Pauli y, sin dejar de entrar y salir suavemente, se incorporó levemente
encorvando la espalda para alcanzar las tetas de la madre de su amigo.
¡Lamé no muerdas! Pasame la lengüita por toda la aureola.
¡Ium, ium!
¡No chupes, no chupes! ¡Lamé, lamé!
Paulina comprendió la inexperiencia del pendejo y lo dejó
hacer. Por el momento, no estaba mal. Creyó que había llegado el momento de
intentar alguna variante así que giró sobre sí misma hasta colocar a Estebi de
espaldas al sillón y, dándole un leve empellón, lo hizo sentar.
Ahora tu tía postiza tiene ganas de jugar un poquito con
el pitito del nenito.
¿Qué me vas a hacer?
Voy a jugar y a divertirte.
Poniéndose en cuclillas frente a las piernas abiertas del
sobrino postizo y esbozando un sonrisa lasciva, empuñó el miembro con delicadeza
para luego bajarle el prepucio. Lo observó por breves instantes, sacó la lengua
y con ella acarició lentamente toda la superficie de la brillante cabecita.
¡¡¡Aahhhjjj!!! – exclamó el pendejo.
Otra pasadita para juntar el juguito que te está
saliendo.
¡¡Shiii, tiita, shiii!!
Con gesto de golosa se lo introdujo totalmente en la boca
hasta sentir que la punta le tocaba la campanilla provocándole arcadas. La boca
destilaba grandes cantidades de saliva mezclada con líquido seminal. Lo retiró
un poco para toser y continuó hasta que notó que las brevas ya estaban maduras.
Había llegado el momento crucial, no podía fallar.
Preparate bebote, te llegó la hora.
¿Qué hago?
Ahora la que se va a acostar sobre el sillón voy a ser
yo, vos parate y esperá a que esté lista.
¡Qué caliente que estoy!
Paulina se recostó boca arriba sobre el sillón, levantó las
piernas hasta que sintió que las rodillas tomaban contacto con sus pezones y
aguardó el embate. Esteban dudó.
¿Qué estás esperando? ¡Metémela!
¡Ya va, ya va, ya va!
La inexperiencia del pendejo era evidente. No encontraba la
entrada del túnel del placer. En el primer lance sólo logro deslizar el pene
sobre el clítoris. El pibe estaba desconcertado y sin saber qué hacer.
¡Papito, separame los labios mayores con los deditos!
Abrite camino y embocame.
¿Así?
¡¡Siiii!!
Fue suficiente con una sola sugerencia. Apoyó la palma de la
mano izquierda sobre el monte de Venus y usando los dedos índice y pulgar separó
los obstáculos que le impedían cumplir con su cometido.
¡Qué calentita que la tenés tiitaaaa!
¡No hables y metele con todo!
¡¡¡Shhiiii!!
Adentro, afuera, adentro, afuera, adentro. Pausa. Adentro,
afuera, adentro, afuera. Pausa. Sin poder dominarse, Esteban reclinó su cuerpo
sobre el de Paulina, alcanzó su boca fundiéndose ambos en un escandaloso y
febril beso de lengua. Ella continuaba moviendo cadenciosamente las caderas para
poder disfrutar de las suaves penetraciones peneanas. Adentro, afuera, adentro,
afuera. Pausa para permitir que ella entrelazara sus piernas por detrás de la
espalda. Él mantenía el equilibrio con las manos apoyadas a la altura de los
pechos de ella. Adentro, afuera, adentro, afuera, adentro.
¡ME VIENE, ME VIENE, ME VIENE!
¡Seguí metiendo, seguí metiendo! No la saques! ¡Dale,
dale!
¡¡¡AAHHGGRRRHHH!!
¡¡¡SSIIII!!! ¡Papito dejala adentro hasta que se te
achique!
Obedeciendo los consejos de la tía postiza, Esteban continuó
bombeando hasta que la erección disminuyó por completo permitiendo así que ella
alcanzara dos orgasmos simultáneos. Con los ojos cerrados y haciendo un leve
movimiento de manos, ella le indicó que se la chupara.
¡Ium, ium, ium!
¡Así, así! Pasame la lengua por toda la concha. ¡Absorbé,
absorbé fuerte! ¡Sacame la leche de adentro!
¡Ussfff! ¡Ussff!
¡Cómo me gusta, cómo me gusta!
Paulina se incorporó violentamente, acomodó al pibe sobre el
sillón y se enfrascó en una feroz mamada de pito. Él soportaba sumisamente la
operación limpieza, sobre todo cuando sintió que ella había desplazado su
atención hacia los testículos. La hambrienta Paulina se las ingenió para lograr
que las dos bolitas le entraran en la boca.
¡Viste que podías!
¡Ufff! Con vos todo es más fácil.
¿A dónde vas?
Al baño, a limpiarme.
¡Qué limpiarse ni ocho cuartos! Te quedás aquí y no
fumamos un puchito.
No fumo delante de mi vieja.
¡Yo no soy tu vieja así que podés fumar tranquilo! ¿No
sabías que la mayoría de los hombres se fuman un pucho después de coger?
Pensé que te podía molestar.
¡No jodas!
Sentados en el piso del living, con la espalda apoyada en el
sillón, la pareja despareja disfrutó su cigarrillo post coito con singular
deleite. Al finalizar, Paulina propuso comer algo para reponer fuerzas. ¡Un buen
par de huevos fritos no le hacen mal a nadie! Ella continuó desnuda, cubriéndose
sólo con un delantalcito que abarcaba desde los pechos hasta 30 cm por sobre las
rodillas. Por detrás, ¡Nada! Eso fue lo que permitió que Esteban pudiera
regodearse con la vista del pequeño pero excitante culo de Paulina.
Pauli, ¿puedo preguntarte algo?
Por qué no.
¿Cuánto tiempo hacía que no estabas con un hombre? No sé
si me entendés. ¿Cuánto hacía que no cogías?
Mucho tiempo, bebote, mucho tiempo. Desde que murió mi
marido.
¿Diez años?
Si, creo que si.
¿Cómo te las arreglaste?
¡Pajita, nene, pajita! ¿Por qué te creés que la bombacha
tenía el olorcito que tanto te excitó? Me la puse después de hacerme una
paja formidable.
Te juro que estuviste genial. ¡Sos una diosa! ¿Me
perdonaste?
¡Ni por puta casualidad! Todavía te falta mucho
Otra cosa. ¿Por qué no usamos forrito? ¿No tenés miedo de
quedar preñada?
Soy menopáusica precoz, bebé. Tengo la fabrica cerrada,
abrí el circo y...¡se me murió el payaso! Que Dios lo tenga en la gloria. Tu
vieja dice lo mismo así que no te extrañes. Lo del perdón está por verse.
Después de la siesta voy a ver qué decido.
¿Siesta?
Después de comer vas a ver lo que es una siesta, lo que
se dice una buena siesta.
Finalizaron el almuerzo, levantaron la mesa, lavaron los
platos y luego de ordenar la cocina se dispusieron a siestear en el mejor
sentido de la palabra.
Bebé, dormir, lo que se dice dormir, ¡Un carajo! Si no
tenés otro plan mejor, creo que puedo enseñarte algunas cositas más.
Tengo todo el tiempo del mundo para dedicártelo.
¿Esta noche no tienen bailecito?
¡Quién piensa en el bailecito! Tu propuesta es mucho
mejor.
Vamos a aprovechar tu capacidad de observación. La misma
que usaste para mirarme el culo durante todo el tiempo que estuve cocinando.
¡Es que es monumental!
¡Basta de halagos! Te adelanto que ahora me vas a culear.
Me la vas a dar por el orto pero con el forrito puesto. ¿Sabés ponértelo? Si
no, te lo coloco yo. Fijate que antes me lo voy a dilatar para que no me
duela tanto. Te explico que siempre duele un poco pero vale la pena. Después
de una buena dilatación, lo más importante es la lubricación. Es lo que te
va a permitir que me entubes mejor. En la mesa de noche vas a encontrar
forros y un tubito con crema para lubricar. Te lo digo ahora porque después
en el ardor de la batalla va a ser difícil que me entiendas.
¡Sos una maestra!
Te estoy cantando la precisa y así evitamos dolores de
cabeza y de los otros también.
¿Qué hago ahora?
Poneme pomada en los dedos así me hago la dilatación
previa. En la siguiente etapa vamos a juguetear como la otra vez, hacemos
mimitos, chupadidas, metiditas de dedo, besuqueos y cuando yo esté lista,
levanto el culo, ponés el almohadón ese bajo de mi panza y de ahí en más
quedo en tus manos. No te pongas nervioso si no la embocás de primera,
insistí despacito, meté deditos en mi ojete y guiá con la otra mano la pija
hasta que encuentre la entrada que corresponde. El resto te lo podés
imaginar, metés y sacás. ¡Ojo! El ojete es muchísimo más estrecho que la
concha. También puede ser que sientas que mi ojete te oprime la pija, no
tengas miedo y dame con todo.
Así como lo planteás, parece fácil.
Te quiero advertir que estas charlitas previas no son
comunes en una pareja con ganas de coger. Se supone que los dos saben lo que
tienen que hacer.
Aquí fue cuando se terminaron las palabras y comenzó la
acción. El pendex resultó ser bien ligerito para hacer los mandados. Abrevió
tanto los trámites que cuando menos me lo esperaba me estaba acariciando el
ojete con la punta de la pija. ¡Bien calentita, lubricada y dura como el mármol!
Se detuvo por un instante, separó un poco los glúteos con sus dedos, tomó envión
y...!ME LA ENSARTÓ TAN A FONDO QUE SENTÍ QUE LOS HUEVOS ME TOCABAN LOS LABIOS
MAYORES DE LA CONCHA!
¡¡UUUYYYY! - Fue la única originalidad que se me ocurrió
decir.
Adentro, afuera, adentro, afuera, adentro. Pausa. Inclinó el
cuerpo sobre el mío, me tomó de los pelos y tiró hacia atrás haciéndome levantar
la cabeza. Afuera, adentro, afuera, adentro. ¡Buen trabajo el del pibe!
¡Cariñito, me duele pero me gusta!
¡Divina, divina, divina!
Arqueé el cuerpo hacia arriba para acompañar las embestidas
con un intenso movimiento de caderas. Afuera, adentro, afuera, adentro.
¡AGGHHHJJJ! – grité aterrada.
¡Otra más, otra más, otra más!
A pesar de tener puesto el forro, sentí cuando el violento
borbotón de leche se depositaba en la protuberancia de la punta.
¡¡EEEHHHGGGHHH!!
¡¡Siii, siii, siii!!
Acto seguido, todavía con la pija enterrada bien adentro del
ojete, nos desplomamos exhaustos sobre la cama.
¡Sácamela, chupame el culo y haceme la paja con los
deditos bebote!
¡Si, divina, si!
Finalizó como el mejor, usando los dedos y la lengua. El
cuerpo me temblaba y comencé a sentir escalofríos. Les cuento que nos quedamos
dormidos hasta la hora de la cena. Nos levantamos, rumbeamos para la ducha y,
sin vestirnos, preparé la cena mientras él me comía el culo con la mirada. ¿Este
chico nunca antes había visto un ojete? Daba la impresión que no.
¡Seguro que pensás que soy una puta!
Al contrario, ¡Te repito que sos divina!
Después de cenar vamos a ver un poco de tele para
descansar. ¿Si?
Me parece bien.
No digas siempre que si.
Pero si me parece bien por qué lo voy a negar.
Prestá atención a lo que te voy a decir. Cuando una mujer
dice no, seguro que es si, pero si dice no vaya uno a saber qué carajo
quiere.
Por lo que veo, bastante complicado.
Ni una sola palabra a nadie sobre todo esto que estamos
haciendo. Ni a tu vieja, ni a Miguel.
¿Y si me preguntan si cogimos qué hago?
Eso sí pero nada de dar detalles. Cogimos y punto. Para
el resto del mundo, esto nunca pasó.
Voy ser más mudo que una tumba. ¿Qué estarán haciendo mi
vieja y Miguel?
¡Cogiendo, bebé, cogiendo! ¿O te pensás que andan tomando
chocolate con churros?
Seguro que la están pasando tan bien como nosotros.
¡Qué se yo! Es algo que no nos atañe. Pensemos que
todavía falta mucho para que consigas mi perdón.
¿Falta tanto?
Creo que como dos o tres años.
¡No jodas!
¿Te parece mal?
Para nada. ¡Uauuu! Tres años completos garchando con un
minón infernal como vos es un sueño.
Calmate, calmate.
Desde el punto de vista sexual la noche fue de lo más
tormentosa aún sin que hubiese caído ni una sola gota de lluvia. Pasó de todo y
los dos quedamos satisfechos. Supongo que les resultará obvio conjeturar lo que
sucedió el domingo. Esteban pagó bien caro el "robo" de la bombacha. Lo perdoné
un poquito y le saque la promesa de volver a mi cuando sintiese acuciantes
deseos de coger. Aproveché sus ganas para satisfacer los diez años de
abstinencia voluntaria. ¿Qué pasó entre Leticia y mi hijo? Yo no estuve presente
así que es mejor que lo cuenten ellos.
Colorín colorado, este cuentito se ha acabado.