Habían pasado dos días después de los últimos sucesos con
Aitor, y aun no había tomado una decisión.
Era complicado, por un lado deseaba entregarme a él y
experimentar todas las fantasías que había sentido desde que era una
adolescente.
Pero tenía miedo, eran muchos factores los que me aconsejaban
que lo dejara correr, que iniciara los trámites para trasladar a Aitor de
emplazamiento y que me olvidara del asunto.
No se cuantas veces había abierto el cajón donde guardé las
esposas y su correspondiente llave, y me quedaba embobada por tiempo ilimitado
mirándolas fijamente, como si ellas pudieran darme la respuesta idónea a mi
dilema.
Al fin, el tercer día amaneció, tristón y nublado, y el
primer pensamiento que me vino a la mente nada mas despertarme fue que debía
tomar una decisión u otra, pero ¿Cuál sería la más acertada?
Me puse una bata sobre mi desnudo cuerpo, siempre duermo
completamente desnuda, y me encaminé al cuarto de baño a hacer mis necesidades
cotidianas y a asearme, como todos los días solía hacer, pero esta vez decidí
darme un baño en vez de la acostumbrada ducha matutina.
E hice algo que me sorprendió a mi misma, cogí mi pequeña
maquinilla desechable y jabón de afeitar, y me los llevé a la bañera conmigo.
Sin duda mi inconsciente había tomado la decisión por mi,
casi sin yo darme cuenta.
Esta bien, pensé, no hay nada de malo por arreglarme un poco
el pubis, que la verdad esta un poco desatendido últimamente .Pero no pienso
depilármelo completamente, de eso nada.
Y mientras mantenía estos pensamientos comencé con el
delicado proceso, pasándome la cuchilla suavemente una y otra vez hasta que solo
quedo un minúsculo triangulito de bello que le daba a mi vagina una apariencia
algo ridícula, pero también cierto aire sexy y morboso.
Perfecto ,me dije, en el caso que esta noche decida
entregarme a él, cosa que dudo mucho francamente, al menos que vea que no soy
tan fácil de someter y manipular .
Sin un pelito como el culito de una niña, ¡Será presuntuoso!
Aun no sabe con quien esta jugando.
Y mientras tenía estos positivos pensamientos, como auto
tratando de infundirme confianza, fui eligiendo mi ropa para ese día.
Una vez más, me sorprendí, poniendo especial cuidado en la
elección de mis prendas.
Sopesé varios tipos de faldas y de blusas, más cortas, con
más o menos vuelo, más escotadas, más suaves, más traslúcidas.
Esto es absurdo, por Dios, soy una mujer adulta, casada, con
dos niñas preciosas y que ha triunfado en su vida laboral.
Entonces ¿Por qué me estoy comportando como una adolescente
ante su primera cita, y que por otro lado aun no se si va a consumarse?
Al final me decidí por ponerme el mismo conjunto que había
llevado aquella primera noche.
Desayuné como una autómata con aire distraído y me fui al
trabajo.
Una vez en mi despacho traté de enfrascarme en mi trabajo
para olvidarme del tema, pero era inútil, una y otra vez, Aitor volvía a mi
mente, impidiéndome concentrarme en los innumerables papeles y documentos que
exigían mi total atención pero que eran despachados casi sin leer, sin duda
tendría que pasar los próximos días reparando los posibles errores que sin duda
estaría cometiendo, pero nada de esto tenia importancia para mi por el momento.
El día fue transcurriendo lentamente, como si estuviera
pasando a cámara lenta, pero al fin, llegó a su ocaso.
Eran las 21:30, hora en que cerraban los comercios y el
personal empezaba a abandonar el centro, y el tan temido momento en que debía
tomar una decisión.
Sabía de sobra que lo más sensato y prudente sería recoger
mis cosas e irme a casa.
Pero a esas alturas ya sabía que no lo iba a hacer.
La curiosidad, el morbo, y la incertidumbre, eran demasiado
fuertes para mi, y para que negármelo a mi misma, el incontrolado deseo que
sentía en todos los poros de mi piel .
Así que fui a la cafetería del centro, compré un bocadillo y
un refresco y me lo lleve al despacho.
Ni siquiera fui capaz de comérmelo todo, apenas un par de
bocados y acabó en la papelera.
A medida que el tiempo pasaba mi excitación iba creciendo
paulatinamente y no podía pensar ya en nada más que en esperar la visita de mi
subyugante dominador.
Sabía que Aitor comenzaba su turno a las 22:30, así que un
cuarto de hora antes, mejor ser precavida, me desnudé cuidadosamente y esta vez
doblé mi ropa correctamente y la dejé en un rincón del despacho, cogí las
esposas , dejé la correspondiente llave encima de la mesa, y me las ceñí a la
espalda.
Solo quedaba arrodillarme como me había ordenado Aitor , y
así me quedé, esperando su inminente visita .
Pronto dieron las 22:30 y después las 23 :00, y Aitor no
había dado aun señales de vida.
Mi excitación y entusiasmo, dieron paso a un estado entre de
humillación, enfado y desengaño.
¿Acaso aquel hombre estaba jugando conmigo? ¿Me había tomado
el pelo, y ahora estaría riéndose de mi estupidez?
Allá en la lejanía sonó el toque de campana que anunciaba las
23 :30 .
Bien, es suficiente, me dije, esto ha llegado demasiado
lejos. Estaba ya a punto de levantarme para coger las llaves de las esposas,
cuando, de pronto, se escucharon unos sigilosos y característicos pasos.
¡ Alguien se estaba acercando!!.
Mi boca se resecó de golpe, noté de inmediato una
incontrolable humedad en mi entrepierna, y un profundo escalofrío cruzó mi
cuerpo, que empezó a temblar imperceptiblemente, y no era de frío precisamente.
Lentamente se abrió la puerta, y allí estaba, parado, con
altanería y ademán de triunfo, mi anhelado y temido visitante.
Buenas noches,…. Puta.
Traté de contestar a su procaz y despreciativo saludo, pero
las palabras se negaban a salir de mis labios, por lo que opté por quedarme en
un prudente y sumiso silencio.
Sin decir más palabra, Aitor se acercó hasta quedar a mi
altura, se saco la polla del pantalón, amorcillada como siempre, sin llegar a
estar erecta del todo, y la acercó a mi boca.
No hacía falta decir más, arrodillada como estaba, me la metí
lentamente en la boca, tratando de disimular el ansia que sentía por devorarla y
sacarle hasta la ultima gota de su esencia y empecé a chupar y mamar
frenéticamente.
Esta vez todo fue mucho más rápido, y a los pocos minutos,
Aitor, dando un suave y controlado gemido derramó toda su leche directamente en
mi boca esta vez, con lo cual no tuve mas remedio que tragar y tragar hasta que
toda su corrida fue a parar a mi estomago.
Lentamente sacó su verga de mi boca y se la guardó de nuevo
en los pantalones.
Yo estaba más ansiosa y expectante que nunca, ¿Qué sucedería
ahora?
Pero no estaba preparada para lo que iba a escuchar.
Veo que te has arreglado ese chumino tan peludo que
tenias, zorra estirada, pero me has desobedecido.
¿Estas sorda, o eres estúpida? Te dije muy claramente que
no quería ver un solo pelo en ese coño de perra en celo que tienes entre las
piernas.
¿Crees que esto es un juego?, ¿o que se puede tomarme el
pelo impunemente?
Por lo pronto, esto es lo que vamos a hacer. De momento
te has quedado sin probar mi polla en tu agujero, que ya se que estas
deseando hacerlo desde la primera vez, y escucha muy atentamente porque es
la última vez que te lo digo.
Mis órdenes tienen que ser obedecidas a la primera y sin
rechistar. Este es el primer y único error que te permito, la próxima vez
todo habrá terminado.
¿Lo has entendido, mala puta?
Imaginen mi estado de shock al escuchar tan severas y
directas palabras expresadas de aquella manera tan brutal.
Mis defensas estaban rotas y mente se negaba a reaccionar con
la suficiente cordura. Por lo que solo podía proferir unas excusas balbuceantes,
rogando que me perdonara, que trataría de hacerlo mejor, que quería que
estuviera orgulloso de mi, y no se cuantas tonterías mas, pero que en ese
momento me creía de verdad.
Menos excusas y más hechos.
Pasado mañana, tengo guardia de nuevo. Ya sabes lo que
tienes que hacer. Si quieres ser mi esclava y que me ocupe de ti deberás
contemplar mis ordenes como si fueran la palabra divina. No lo repetiré otra
vez, ni habrán más oportunidades.
Pero además, te has ganado tu primer castigo.
Si quieres disfrutar de mi cuerpo y de mis atenciones
especiales. Además de afeitarte de una puta vez ese ridículo puñado de pelos
que te has dejado en el coño, por tu insolencia al desobedecerme necesitas
ser castigada como una niña malcriada, que es lo que eres en realidad.
Quiero que te escribas en la frente, con lápiz de labios
y en letras bien grandes la palabra:"FOLLAME".
Tu sabrás lo que te conviene hacer, pero repito, es tu
ultima oportunidad.
Y sin decir más, salió sin prisas de mi despacho, dejándome
completamente descolocada, humillada, perpleja y atónita.
Lo peor del caso es que en ningún momento había levantado la
voz ni una sola vez, lo había dicho todo tan tranquilamente y sin perder la
compostura que sus palabras causaron en mi el doble de efecto que si las hubiera
pronunciado nervioso o iracundo.
No, en todo momento había mantenido la calma, como si en
cierto modo ya hubiera esperado una reacción similar por mi parte y lo tuviera
todo controlado, incluso como iba yo a reaccionar ante sus palabras.
Y entonces rompí a llorar, tímidamente al principio, para
terminar sollozando desconsoladamente, manteniendo la misma postura en que me
había quedado, pues no había sido capaz de moverme aun.
El llanto tuvo un efecto tranquilizador y curativo sobre mi
maltratado espíritu.
Me levanté como pude, cogí las llaves de las esposas de la
mesa, donde las había dejado la ultima vez, y me quité las esposas que ceñían
todavía mis muñecas. Esta vez, me costo mucho menos, sin duda la practica es la
madre de los progresos, y en pocos segundos estaba de nuevo libre.
Me vestí apresuradamente y me fui a casa.
Sin duda, tenía mucho que pensar y meditar. Debía tomar una
decisión inmediata, pero no sería hoy, en esos momentos me sentía demasiado
confusa y frágil.
Mañana, mañana lo haría, mucho más despejada y sin tanta
presión. Ahora solo pensaba en llegar a mi cama y dormir largo y tendido, como
si quisiera la mañana no llegara jamás.
Al día siguiente desperté mucho mas tranquila y con las ideas
muy claras.
Aquello había ido ya demasiado lejos, y no estaba dispuesta a
dejarme humillar así, y mucho menos por alguien a quien yo misma había
contratado.
Lo primero que hice al llegar a mi despacho fue redactar una
carta de despido, alegando exceso de personal y con las mejores recomendaciones,
y la rubriqué con mano firme, sin dudarlo ni un segundo.
Y luego, la releí para cerciorarme de que estaba todo
correcto, y acto seguido, y aun hoy no se que demonios me impulso a hacerlo, la
arrugué con gesto airado y la arrojé a la papelera .
Me asusté de mi propia reacción, ya que esto solo significaba
una cosa.
Estaba atrapada en sus redes, no se como ni porqué, aquel
hombre parecía ejercer un poder irresistible y magnético sobre mi persona, y
supe irremediablemente que me entregaría a él y me sometería a todo cuanto
quisiera infligirme.
Mi pequeño conato de rebeldía al no afeitarme el coño, y que
claramente había sido un pulso, para tentar hasta donde estaba dispuesto Aitor a
llegar, me había salido mal, y desde luego, habían quedado muy claras nuestras
respectivas posiciones.
Él tenia el control absoluto de la situación, desde luego yo
era libre de mandarlo al diablo, pero sin embargo, por mas que mi mente me
decía: "hazlo, líbrate de él, te vas a complicar la vida". Todos los poros de mi
cuerpo me empujaban en dirección contraria, y una vez más, la carne fue débil,
mis deseos y fantasías fueron más fuertes que mi prudencia.
Así que puntualmente a las 22 :00 horas del día siguiente
,allí estaba yo, sola en medio de mi despacho, completamente desnuda,
arrodillada con las piernas abiertas, y mi coño, COMPLETAMENTE DEPILADO, y
además con aquella humillante palabra escrita en mi frente .
Nuevamente Aitor se hizo de rogar para hacer acto de
presencia, esta vez llegó pasada la una de la madrugada, sin duda quería dejar
bien claro quien mandaba allí, y desde luego, no quedaba ninguna duda al
respecto.
Mis rodillas estaban completamente enrojecidas y doloridas
por la larga espera, pero sin embargo, tenía las partes internas de mis muslos
completamente mojadas del constante rezumar de flujo vaginal que yo había estado
destilando durante todas esas horas de espera.
Estaba completamente excitada como no recordara nunca,
esperando el inevitable momento en que Aitor vendría tomar posesión de su
esclava sexual.
Cuando éste entró en el despacho, con su tranquilidad y
parsimonia habitual, una vez más se quedo plantado ante mi y no dijo nada,
examinándome en silencio.
Comprobó que todas sus instrucciones habían sido cumplidas
siguiendo sus deseos a la perfección. Ambos sabíamos que yo estaba completamente
vencida a su autoridad y a cuanto quisiera hacer conmigo.
De pronto rompió a hablar, con esa tranquilidad tan suya,
dueño en todo momento de sus emociones:
Escúchame atentamente y bien, puta, porque no voy a
repetírtelo dos veces.
Desde este momento y hasta que me canse de ti, eres mía,
de mi propiedad, te has entregado libremente y sin coacción de ningún tipo,
y tu único derecho de ahora en adelante será dejarlo cuando así lo desees,
pero me parece que eso no sucederá. Debajo de tu capa de autoridad y
frialdad externa, se esconde el corazón de una zorra caliente necesitada de
una buena polla que sepa satisfacerte como mereces, y me parece que hasta
ahora no has tenido demasiada suerte al respecto.
No te preocupes, tu suerte acaba de cambiar, pero vas
tener que ganarte mis favores y mis atenciones. En esta vida nada es gratis.
No hablaras en mi presencia salvo para contestar a mis
preguntas o si yo te lo permito expresamente. Desde ahora no volverás a
llevar ningún tipo de ropa interior bajo ninguna circunstancia y los
pantalones están desterrados de tu vestuario.
Llevarás siempre zapatos de tacón alto y con el pie
descubierto, tipo sandalia, y a partir de mañana quiero ver las uñas de tus
manos y de tus pies pintadas de color rojo sangre, como corresponde a una
puta de tu calibre.
Si vuelvo a ver un solo pelo en ese coño de guarra que
tienes entre las piernas, o desobedeces el mas mínimo detalle de lo que te
acabo de decir "se acabó", ¿entiendes lo que te estoy diciendo, zorra
incontinente?
Yo había ido excitándome más y más a cada nueva palabra y
orden que me decía aquel hombre y ahora al pronunciar por primera vez el primer
"si , Amo" que le dedicaba, algo en mi pareció estallar e inexplicablemente me
corrí sin ni siquiera tocarme, en un poderoso y estremecedor orgasmo que parecía
salir del fondo mismo de mi alma.
A Aitor no se le pasó por alto tal detalle, pues continuó.
Desde luego, veo que necesitas muchos cuidados sexuales,
debes haber pasado mucha hambre, pequeña perra. Descuida, a partir de ahora
lo voy a remediar con creces, pero hay otra cosa que debes saber.
Una esclava como tu, no tiene ni siquiera el control
sobre su cuerpo, comerás cuando yo te diga y lo que yo decida ofrecerte,
solo te correrás cuando yo te de mi expreso permiso y si sientes necesidad
de mear o de algo mas contundente, deberes pedirme permiso para hacerlo.
Y si no estoy delante de ti en ese momento, pues me
llamas al teléfono móvil, que para eso están ¿de acuerdo?
Yo asentí sumisamente, pero esa respuesta no pareció
satisfacer a mi Amo, pues volvió a repetir, levantando ligeramente un tono de
voz.
¿De acuerdo, putita? No te he oído.
Sabiendo lo que Aitor quería que hiciera, me apresure a
complacerle una vez más, dispuesta a obedecer hasta el mas mínimo deseo que
surgiera de su ser.
Si, mi señor, desde este momento soy suya completamente,
su esclava, su puta, un objeto de su propiedad si así lo desea. Estoy a su
disposición las 24 horas del día, durante los siete días de la semana. Le
obedeceré en todo cuanto se le antoje ordenarme, y haré que se sienta
orgulloso y satisfecho de esta indigna y necesitada esclava que acaba de
poseer. Mi cuerpo y mi espíritu ya no me pertenecen, ahora es usted mi único
Amo, señor, y propietario.
Sin duda, mis sumisas y sinceras palabras debieron de
complacerle, pues la conversación terminó así, por el momento.
Se sacó la polla del pantalón y me la acercó a la boca, tal y
como hiciera en nuestro último encuentro.
Una vez más, me abalancé sobre ella como si fuera la última
polla del planeta y se la mamé, lamí, y chupé como si mi vida dependiera de
ello, y a los pocos minutos se volvió a derramar sobre mi, dando uno de sus
característicos y contenidos gemidos que yo estaba aprendiendo a conocer tan
bien.
Como hiciera la primera vez, se corrió en mi cara, salpicando
mis ojos, pómulos, nariz, y gran parte de su corrida fue a parar a también a mi
cabello, que quedó en un estado lamentable, pegajoso y pringado.
Una vez le hube lamido y limpiado su polla adecuadamente, se
la guardo en el pantalón y salió del despacho sin decir palabra.
Yo no sabía que hacer o como reaccionar, no me había dado
ninguna orden al respecto, por lo que hice lo que creí mas prudente, me quedé en
la misma posición que me había dejado, de rodillas y maniatada, recubierta de su
leche, y esperando su retorno sumisamente.
Afortunadamente, esta vez no se hizo esperar demasiado, y a
los pocos minutos retornó al despacho provisto de una abultada mochila.
De la que saco un objeto que me dejó helada pero a la vez
presa de una gran excitación sexual.
Era ni mas ni menos que un collar de perro autentico, de
piel, nuevo y reluciente, de color rojo, que no se como, pero había averiguado
que era uno de mis colores favoritos, y del que colgaba una chapita de acero
como de una moneda de 2 euros con un nombre grabado:"Luna", y en el reverso,
simplemente y en letras mas pequeñas: "Propietario: A.".
Al mismo tiempo que lo ceñía en mi cuello, mi dueño me
explicó que a partir de ahora ese iba a ser mi nuevo nombre, mi nombre de perra,
y me confesó que lo había elegido porque siempre le había gustado mucho y le
había parecido muy apropiado, pues nuestros encuentros mayormente serian
nocturnos y aquel le había parecido muy apropiado: Luna, la perra nocturna.
Acto seguido y ante mi mansedumbre, ciñó a éste su
correspondiente cadenita, de aproximadamente metro y medio, y me quitó las
esposas que ceñían todavía mis muñecas, y se las ajustó de nuevo a su cinturón
diciendo.
Ya está, de momento no vas a necesitarlas más.
Bueno, perra, ¿es necesario que te diga lo que tienes que
hacer ahora?
A buen entendedor pocas palabras bastan, era obvio lo que mi
dueño deseaba que hiciera, así que por el simple procedimiento de adelantar mis
manos hacia el suelo me quedé a cuatro patas frente a él.
Buena perra –alabó
Se quedó mirándome fijamente, como observando el resultado
final, pero no pareció quedar convencido del todo.
Uhmmm, creo que aun te falta algo.
Y dicho esto, sacó un par de pinzas de plástico blancas,
parecidas a las de tender la ropa, y me aplicó una en cada pezón, a modo de
adorno.
Siempre he tenido los pezones muy sensibles, así que
reaccionaron a tal refinamiento endureciéndose inmediatamente y provocándome un
largo y contenido gemido, mezcla de placer y dolor, que pareció complacerle.
Ahora si, se te ve perfecta.
Te diré lo que vamos a hacer a continuación, verás, a un
buen vigilante siempre le gusta tener a mano a un buen perro guardián que lo
apoye en su trabajo. Así que a partir de ahora, tu vas a ser mi perra, es mi
intención adiestrarte en este sentido, y vamos a empezar ahora mismo con tu
doma y primeras enseñanzas.
Y dando un suave tirón de mi correa, me instó a empezar a
gatear en dirección a la salida de mi despacho.

Mejor te vas acostumbrando, Luna, porque a partir de hoy
me vas a acompañar a hacer siempre la ronda, ya sabes, cuatro ojos vigilan
mejor que dos, ¿no te parece?- dijo con aire entre divertido y cínico.
Dios santo, pensé para mi misma, me va a hacer recorrer
de esta humillante guisa todo el centro comercial.
No obstante, empecé a avanzar sin hacer la mínima señal de
protesta o repulsa. Aitor era mi Amo, y me había puesto en mi sitio, el de una
perra faldera a disposición de mi dueño, y aunque me negaba a reconocerlo,
estaba encantada de la situación y disfrutando como si en efecto fuera una de
ellas.
Continuara ¿?
Nota del autor:
Hola, amables lectores, quisiera agradecer antes que nada, la
buena acogida que ha tenido este nuevo relato. Me he quedado gratamente
sorprendido por ello, y desde luego, muy agradecido.
Como ya sabrán quienes lean habitualmente mis escritos, soy
poco aficionado a hacer sagas interminables, y todo lo mas, suelo hacer dos
capítulos por historia.
No obstante y como sabrán quienes como yo han escrito un
relato alguna vez, éstos parecen cobrar vida propia y desean establecer por
ellos mismos el término de su andadura.
Es por esto que me he visto sorprendido, y casi obligado por
él, a , de momento, añadir un capitulo mas.
Esta es mi intención, pero una vez más solo lo haré si
percibo que les interesa la historia y el rumbo que esta tomando.
El procedimiento, ustedes lo saben mejor que yo, es
haciéndome saber sus comentarios, observaciones, y valoraciones, tanto en la
misma página de relatos, o bien si prefieren un contacto mas personal,
enviándome sus e-mails a la dirección que siempre suelo adjuntar.
Animense, no le temo a una critica franca, sincera, y
constructiva, siempre y cuando este expresada dentro de los limites del buen
gusto y la educación.
Y como ya saben aquellos/as que han tenido a bien escribirme,
siempre suelo contestar a dichos correos, ya que es la mínima cortesía que me
merece quien se toma el tiempo y la molestia de hacerlo.
Asimismo, sus criticas me ayudan a mejorar y a tratar de
superarme, por ejemplo, voy a tratar de acentuar mejor las palabras, cosa que
confieso que odio hacer, y sobre todo a corregir mas exhaustivamente mis relatos
de faltas de ortografía ,algo realmente imperdonable y que un amable lector me
hizo saber con toda cortesía y tacto. (Gracias, Steve).
Bueno, esto es todo, una vez mas, gracias por su paciencia y
comprensión.
El autor
Pacineo@yahoo.es