EN EL AUTOBUS A ALEMANIA: HOMENAJE A ERIC HUNDT
(2ª parte)
Por MIG
A penas deben de ser las cinco de la mañana. Eric se ha
despertado y se da cuenta de que Luis sigue a su lado. La piel fina y suave de
la espalda del adolescente pegada a su pecho le da calor y hace que se ericen
los vellos de su pecho. Siente una ternura hacia el muchacho que se ha atrevido
a llegar hasta su cama, a pesar de su juventud y de su timidez corporal. La
habitación está suavemente iluminada por la luz que se filtra de la calle a
través de las cortinas y al otro lado, junto a la cama vacía de Luis, Enrique
respira profundamente.
Con lentitud, pasa la mano por el pecho de Luis abrazándolo.
No tiene esa posibilidad desde hace tiempo. Tal vez desde que dejó a su novia en
Manizales hace más de un año. Ahora, en este viaje, se ha topado con el
españolito, cinco años más joven que él, pero maduro, decidido y reflexivo.
Aunque Eric está acostumbrado a moverse por el mundo, no le había pasado tener
un encuentro tan breve e intenso. Se reconoce a sí mismo que el chico le gusta y
que… quiere tenerlo más cerca, más íntimamente.
Sus manos acarician las pequeñas tetillas de Luis hasta
ponerlas tiesas y rugosas. Pasa por sus axilas, en donde encuentra poco y fino
vello y por sus hombros redondos, elegantes pero fuertes ya y pega su nariz al
cuello de su amigo, como sorbiendo su olor, rico olor de jovencillo inocente. Su
pelo es ondulado y claro, y deja ver unas orejas pequeñas y pegadas a las
sienes. Eric sigue su exploración, bajando hacia el ombligo, pequeño y cerrado
en el que hace círculos con su índice. Siente su verga tiesa y dura, pegada al
trasero de Luis, que no parece despertar. Sin embargo, mientras sus manos bajan
hacia el rizado vello del pubis, se da cuenta que Luis está empalmado. Puede que
sea lo normal a su edad y por la madrugada.
Eric va cogiendo ritmo, y le planta un beso en el cuello,
dejando un leve rastro de saliva. Luis parece despertar. Se deja. El colombiano
lo abraza más fuerte mientras sus besos se transforman en pequeños mordiscos en
las orejas.
El chico se da la vuelta. Los ojos abiertos y la mirada
seria. Nunca he hecho esto Eric, tengo miedo. Mhh, alguna vez hay que empezar
¿no te gusta estar conmigo así? Sí, me encanta, me gustas mucho. Sólo que tengo
un poco de miedo ¿sabes?, el cura me dijo… Ah, todavía crees en los curas…Bueno
es que, nunca… nadie… No sé qué hacer…
Mira Luis, a mí me gustas. Durante todo el viaje me he dado
cuenta. Y anoche cuando llegaste a mi cama te hubiera comido. Creo que lo que
estamos haciendo es natural, normal. La vida tiene de todo y la única manera es
vivir lo que llega. Quien sabe si después seguirás con tíos o con tías. Pero la
única manera de saberlo es ensayar. Y si yo te gusto, te aseguro que no te vas a
arrepentir. Nada más quiero que me jures que podremos vernos o hablar cuando nos
separemos ¿vale? Esto no puede acabar en un hotel de paso…
Mientras le dice esto, Eric le acaricia el pecho y le pasa la
mano por el vientre liso y sin vello. Luis siente un placer como nunca hasta
ahora y pasa sus manos por el cuello de su amigo al tiempo que entierra su cara
en él. Respira el olor de sus axilas velludas y masculinas. Le da un beso en la
tetilla. Y se va dejando ir. Las caricias se van haciendo mutuas, y con
delicadeza Eric le pasa las manos por el culo, recorriendo sus nalgas
prominentes y duras. Las amasa como un buen pan en manos del panadero y siente
el deseo encenderse dentro de sí. Luis hace lo mismo que le hacen y se encuentra
con la robusta suavidad y redondez del de su amigo, cubierto por una fina capa
de vello que se hace más densa en el inicio de la espalda y entre las nalgas. Ha
llegado el momento. Eric le toma la cara y le da un beso en los labios. Poco a
poco, empieza a mordisquearlos, por arriba, por abajo. Abre la boca, le dice.
Luis siente la lengua fuerte y la saliva dulce de su compañero entrar y buscar
su propia lengua. Dámela, ordena. Y Luis entra en la boca de Eric y siente su
lengua sorbida, aprisionada, mordisqueada, mientras sus sensaciones se
revolucionan y su miembro, pegado a su vientre, entra en contacto con el de
Eric, grueso y húmedo, reclamante, que ahora se pone encima de él. Le pasa la
mano derecha por debajo, agarrándole del culo y acercándose con un dedo a su
intimidad, mientras la izquierda le toma del cuello y le besa con pasión. Luis
está totalmente entregado ya y se enreda en el cuerpo de su compañero. Abre las
piernas, déjame meterme quiero que sientas mi calentura entre tus piernas, anda.
Y así ocurre; el grueso miembro de Eric, se acerca más a la abertura del chico.
Mmh me gustas tanto, anda, date la vuelta, quiero verte por detrás. Luis así lo
hace, y Eric, vislumbra entre las nalgas del muchacho lo que más desea. Las abre
con cuidado. Luis se voltea. No temas, no haré nada que no quieras. Sólo quiero
verte, y le abre de nuevo, viendo el ojete cerrado, rosado y virgen casi sin
vello. Eric mete la nariz, aspira su olor, y le da un beso que hace respingar a
Luis. Pero no se quita. Y aprovecha para mordisquearle sus cachetes blancos y
delicados, mientras con la mano le agarra los huevos que aparecen por abajo,
acariciándolos con delicadeza. Para su edad son pesados y abultados, revestidos
de un fino vello. Luis está en el cielo. Respira profundo y de vez en cuando
pasa la mano por el cuerpo de su amigo, buscando su contacto y su seguridad.
Eric le pasa la lengua por el ojete y busca entrar. Aflójate
un poquito más, le dice mientras le masajea el culete, ¿verdad que te gusta? MMh,
parece ser lo único que se atreve a contestar el otro. Jaja, está rico tu culete
a pesar del viaje, sabe a Mediterráneo. Y le come entre las nalgas con golosina…
Luis intenta reír. Eric espera, quiero verte yo. Vale. Se da la vuelta. Déjame
verte ahora yo a ti. Y mira su fuerte pecho, se baja hacia el vientre y le come
su ombligo grande y redondo, siente la fuerza del miembro grueso obscuro y
descapullado, que deja caer una fina y transparente gota haciendo brillar el
glande. Anda pruébala. Los ojos verdes y serios tropiezan con los azules
tranquilos y sonrientes. Venga inténtalo, ya verás. Y Luis se acerca al miembro,
aspira su olor y pasa la lengua por el capullo, arrancando un sonido de placer
de Eric. Sigue, sigue, cómetelo de a poquito, vamos. El glande obscuro
desaparece en su boca y le transmite un sabor dulzor y acre, mientras sus manos
le toman las bolas tibias y peludas que cuelgan mansamente. Está bueno, ¿ves? Te
dije. Anda ponte al revés que quiero chuparte también yo ahora. Y toma el tronco
del muchacho, largo y más delgado, blanco, le baja la piel y aparece su punta
rosada y mojada y se lo mete hasta que tropieza con sus huevos. Luis se arquea
de placer, mientras siente la lengua darle una y otra vez, arrancándole quejidos
cada vez más profundos y un intenso placer que le recorre toda la espalda. Su
pene cabecea desesperadamente introduciéndose más en la garganta de su amigo…
¿Qué hora es? Se oye al otro lado de la habitación. Los dos
chicos se separan bruscamente. Y se quedan uno al lado del otro… Eh, no sé.
Buenos días Enrique. Ah ¿estáis juntos? Si, es que Luis no podía dormir con mis
ronquidos y vino a mi cama. Ah ya. Es hora de levantarse no, son ya más de las
seis y a la y media tenemos que estar de nuevo en el autobús…
Vale, vale, Vas tú al baño primero ¿no? Sí, dice Enrique,
encendiendo la luz que choca en los ojos de sus compañeros devolviéndolos a la
realidad ordinaria. Enrique, está en calzoncillos mostrando sus piernas fuertes
y velludas. Bueno, ahí voy, dice mientras se enfunda el pantalón, mirándoles de
reojo y sale.
¡Vaya! ¿Tú crees que se habrá dado cuenta?
Bueno ¡qué más nos da! No le veremos más, en cuanto se baje
en Mannheim. En cambio espero que yo a ti si pequeñín, le dice Eric, atrayéndolo
hacia él y dándole un beso. Luis le abraza y se queda pensativo. Eso espero yo
también.
Ahora tendremos que levantarnos, venga. Eric lo empuja
mientras le da un mordisco en el culo. Jaja, no te olvides que todavía nos ha
quedado lo mejor… Luis, se ríe. Eric definitivamente es muy simpático y la
persona que más quiere tener a su lado en este momento., No piensa más y se pone
el pijama para salir hacia el baño. Su cuerpo delgado y fino excita a Eric que
lo ve desaparecer.
Este españolito no se me ha de escapar, piensa el colombiano,
mientras se frota los ojos y se acomoda el miembro duro en el slip.
Enrique reaparece con una toalla a la cintura y el torso
fuerte desnudo. Vamos a llegar tarde, casi todo el mundo está ya abajo…
El bus pega dos bocinazos estentóreos.