Me llamo Gerardo, tengo 31 años, soy Comunicador Social,
viví y estudié en mi ciudad, Caracas, hasta que me gradué a los 22 años y
gracias a mis papás me pude ir a estudiar al exterior, específicamente a París,
Francia, al terminar el postgrado decidí aún sobre la tristeza de mis padres,
quedarme a vivir allá, por el nivel de vida, por la movida cultural, por ese
aire tan europeo que me gustaba tanto, allá pude desarrollar mi talento en una
empresa de producción audiovisual, me hice relativamente conocido dentro de la
movida parisina, a los 27 años comencé a salir con Audrey, la que fue el amor de
mi vida, a los 28 nos mudamos juntos, a los 30 tuvimos a nuestro primer hijo,
Lucian, y hace 10 meses un día así sin más se fué de mi vida, con su ropa, con
sus cosas, con sus libros y con mi alma, allí nos dejó a mi y a su hijo de 1 año
y 4 meses, sólo dejando una pequeña nota en un arrugado papel que decía "ojalá
algún día puedan perdonarme".
Demás está decir que el mundo se me vino abajo, y la
estocada final fue cuando llamé a Marcel, mi mejor amigo, y no me contestó,
luego su novia me dijo que se había marchado en condiciones sospechosamente
parecidas a las de mi Audrey, ahora si estaba completamente solo, traicionado
por las personas que más quize, en un país extranjero y con mi pequeño hijo de 1
año, tan pequeño y ya huérfano, no lo pude soportar y en cuestión de un mes
vendí todo lo que pude, el departamento, el carro, los muebles, cerré mis
cuentas, renuncié a mis empleos, solicité el divorcio a Audrey por abandono de
hogar, hice los trámites para adquirir la completa patria potestad de Lucian y
me devolví a Venezuela, después de ser el muchacho joven, profesional, exitoso,
independiente, de mundo, ahora volvía a vivir en el apartamento de mis padres,
un hombre de 31 años y con un hijo, de vuelta en su país natal para comenzar a
hacer una vida que preferí dejar de lado hace mucho tiempo.
Cuando llegué mis padres estaban en un crucero en un tour
por la Gran Sabana, llegarían en una semana y me dejaron las llaves de la casa
con Mariela, nuestra vecina, la que fue como una segunda madre para mi mientras
era un niño, me contó que Rodolfo, su esposo, la abandonó poco después que yo me
fui, dejándola sola con su hijo, esa semana prácticamente viví en casa de
Mariela, pues ella y Mercedes, su madre me estaban ayudando a cuidar a Lucián
mientras yo andaba en entrevistas de trabajo, gracias a los contactos de un
viejo amigo de la universidad consegui empleo como asistente de edición en una
empresa de post-producción bastante importante de Caracas, ahora la ciudad no
era como cuando me fui, a pesar de todos los problemas de país, Caracas está
completamente cosmopolita, ya se está convirtiendo en toda una urbe
internacional con un puesto relevante en la movida cultural iberoamericana, como
soy algo extrovertido rápidamente me hice de un buen grupo de amigos tanto del
trabajo, como de mis antiguos compañeros de universidad y me decidí a superar mi
dolor por la traición que me sacó de Francia.
Ya habían pasado dos semanas, mi madre se quedó 3 días
conmigo y después decidimos como serían las cosas, yo me quedaría en nuestro
apartamento, y mis padres lo pondrían a mi nombre, pues aunque seguía siendo de
ellos, hace 5 años que se habían mudado a una casa amplia con jardines y esas
cosas en una ciudad satélite a las afueras de Caracas, donde no había tanto
ajetreo para ellos, pero quedaba como a media hora de la ciudad, así que no
estaban aislados, como yo ya tenía dos trabajos, mi mamá se llevaría a Lucián a
vivir con ellos pues ella y mi hermana María Eugenia podrían cuidar de él, pues
ella también tiene hijos pequeños, yo me lo traería los fines de semana, me era
un poco difícil separarme de mi hijo pero era lo mejor pues yo sólo y con
trabajo no sé que desastre haría para criarlo, sin embargo apenas estuviera más
grandecito volvería a tenerlo conmigo.
Así pasó otra semana, un día cualquiera llegó mi cargamento
de libros que había dejado en París, era viernes y el servicio puerta a puerta
del correo estaba suspendido por la inmensa lluvia que estaba cayendo, pero si
no buscaba mis libros tendría que esperar hasta el lunes y además tenía unos
papeles importantes que buscar, así que tomé un taxi y retiré yo mismo las 3
cajas de libros, al llegar al edificio tuve que mojarme mientras bajaba las
increíblemente pesadas cajas pues el taxista era un señor mayor y no me podía
ayudar, en eso estoy cuando oigo una grave pero juvenil voz a mis espaldas, "¿Te
ayudo?", voltee hacia la puerta del edificio allí estaba uno de los muchachos
mas lindos que he visto en mi vida, primero comienzo por aclarar que si bien me
considero hetero y amé a mi esposa mas que a nada y me encantan las mujeres por
sobre todas las cosas, como buen artista sé reconocer la belleza cuando la veo,
esté en un hombre o no, y él si que era un buen representante de la estética
masculina, como 1,80 de alto, complexión musculosa de gimnasio, piel morena
color canela muy bronceada, cabello negro y brillante, lacio y recogido con un
palito para cabello, penetrantes ojos verdes, labios rosados y carnosos, cara de
niño malo en cuerpo de hombre, no debía superar los 25 años.
El oportuno muchacho me ayudó a cargar las cajas hasta el
ascensor y luego hacia mi apartamento, hicimos 3 viajes, me extrañaba un poco su
disposición a ayudar, sobre todo ahora que los muchachos se metieron los modales
no sé por donde, pero todo se aclaró cuando al meter la última caja en mi
apartamento, saqué mi billetera para agradecerle su ayuda, a lo cual se negó y
me dijo, "No vale, no hace falta, ¿para qué están los vecinos?", dijo mientras
se despedía de mi y entraba al apartamento de al lado, no lo podía creer, era
él, Ibsen, el hijo de Mariela, ese niñito gordito que yo cuidaba cuando sus
papás salían, que siempre quería jugar conmigo y que yo defendía en el colegio
de las bromas de sus compañeritos, cómo no se me había ocurrido preguntar por
él, apenas tenía 12 años cuando me fui y desde entonces no lo vi más, sabiendo
que yo le llevo 10 años ahorita debía tener 21, me sentí un poco apenado por no
haberlo reconocido mientras que obviamente él a mi si, pero quién me puede
culpar, ahora era todo un hombre y vaya en que hombretón se convirtió.
Ese día no dejaba de pensar en él, no sé si recordandolo de
niño pero sobre todo comparándolo con lo que era ahora, estaba totalmente
diferente, ese niño gordito, algo torpe e introvertido ahora era un hombre
fuerte, musculoso, atractivo y seguro, que habría sido de su vida, en la noche
para agradecerle su ayuda iba a invitarlo a que viéramos una película y nos
tomáramos algo, toqué a su puerta, al abrirme sólo estaba usando unas bermudas
floreadas de esas playeras, vaya que está fuerte el muchacho, abdominales
completamente marcados, pectorales duros y prominentes, brazos y hombros gruesos
y trabajados, y esa sonrisa encantadora que tiene el condenado Ibsen, acepto que
me quedé un poco lelo observándolo pero pasó rápido, le hice la
proposición, él me dijo que en ese momento estaba haciendo unas cosas pero que
me llegaba como a las 9 de la noche, así fué, se apareció a esa hora trayendo
varias películas, de nuevo oportunamente, pues aunque yo lo había invitado no
había reparado en que no tenía películas, traía puesta la misma bermuda pero con
una ajustada franelilla blanca y unas sandalias de cuero, ahora con su
desordenado y lacio cabello negro colgando mas o menos hasta la mitad de cuello.
Me disculpé por no haberlo reconocido, me dijo que era de
esperarse pues había cambiado mucho en todos los aspectos, pero que yo estaba
igualito a como me recordaba, me dijo que se puso muy triste cuando me fui y que
no pudo despedirse de mi porque estaba en un campamento en ese entonces, me
contó que no lo había visto porque estaba de vacaciones con unos amigos para
Margarita, por eso el bronceado espectacular que cargaba, me contó que al
comenzar el liceo comenzó a practicar natación y eso le formó el buen cuerpo y
que además ahora entrena en el gimnasio, estudia 8vo semestre de Medios
Audiovisuales en mi misma universidad y trabaja como editor de imagen en la
revista de la que yo fui uno de los fundadores mientras estudiaba, y que ahora
se distribuye a todas las universidades de Caracas, la conversación estuvo
genial, yo le había ofrecido una malteada de chocolate pero en un momento fue a
su casa y volvió con un six-pack de cerveza, me dijo que él ya había crecido y
que prefería tomar cosas más "refrescantes", sonreí y le acompañé con la
cerveza, compartía muchas cosas con Ibsen, el estilo medio hippie universitario
que yo también tuve a su edad, su actitud de bohemio y su amplia cultura y su
afición por el arte, pues también estudia Fotografía, y su inusitada madurez
para tener apenas 21 años, a ambos como que la vida nos hizo madurar muy pronto.
Desde entonces veía mucho a Ibsen, en las mañanas solía
darme la cola en su carro hasta mi trabajo, que queda en la vía para la
universidad, una que otra vez coincidimos en alguna fiesta o en algún evento, o
en alguna parranda nocturna, y las noches o los fines de semana hablabamos un
rato o yo me iba a pasar el día a su casa o él a la mía, pues desde que Mariela
se jubiló pasa la mayor parte del tiempo en un apartamento que se compró cerca
de la playa, como a 20 minutos de Caracas y él vive prácticamente solo, tal como
hace 9 años nuestra relación era algo extraña, en aquel entonces un adolescente
de 16 años se la pasaba de arriba para abajo con un niñito de 6, y ahora un
hombre de 30 con un adolescente de 20, parecería que yo soy algo infantil, pero
en realidad él es muy maduro, sostiene una conversación mucho más profunda que
muchos adultos de mi edad, en parte porque estudia Filosofía y en parte porque
él siempre ha sido así, total es que me sentía muy bien estando con él y por lo
visto él conmigo igual.
La verdad es que el tiempo que Ibsen pasaba solo en su
apartamento era un verdadero desastre, rumbas diarias, metía mujeres, música a
todo volumen, a mi no me molestaba pues yo hacía lo mismo a su edad, incluso un
par de veces fui a una de sus fiestas, una verdadera locura, noté que era muy
cercano a un amigo suyo, un tal Bruno, un chamo como de su edad que estudiaba
con él, que solía quedarse a dormir en su casa al menos 2 veces a la semana, no
sé porqué pero ese Bruno no me caía muy bien, comencé a pensar que podían ser
celos, aunque finalmente decidí que no podía ser eso y decidí ignorarlo, igual
yo quería a Ibsen como un amigo, y como el hermanito menor que siempre fue para
mí, nada mas allá de eso, sin embargo cada vez que coincidía con Bruno apenas lo
saludaba, así fué esa vez cuando me lo conseguí saliendo del edificio, cuando
subí le toqué a Ibsen para pedirle que me prestara su cable USB para pasar unas
fotos a mi PC pues el mío se me había quedado en el trabajo, al abrirme se
notaba que estaba muy triste evidentemente había estado llorando pues tenía los
ojos enrojecidos, le pregunté que qué le había pasado, me dejó entrar y sin
decir nada comenzó a llorar abrazado a mi.
Cuando se calmó comenzó a contarme de su relación con Bruno,
como yo sospechaba era un poco más que una amistad, aunque era su mejor amigo,
hacía ya varios meses que se había acostado con él por primera vez, desde
entonces eran una especie de "amigos con derecho", lo hicieron varias veces pero
no formalizaron nada, de hecho él salía con chicas y Bruno tenía una novia, sin
embargo su amigo andaba un poco celoso por la estrecha relación entre Ibsen y
yo, y esa vez antes de que yo lo viera irse habían peleado, me contó que Bruno
lo insultó de maricón para abajo, lo humilló horrible y le dijo que no quería
tener más nada con él, que si iba a estar revolcándose por ahí con cualquiera a
él le daba asco ponerle un dedo encima, yo estaba muy molesto por la forma en
que había tratado a Ibsen, recordé cuando era un niño y venía llorando a
abrazarme cuando un compañero de clases le pegaba o se burlaba de él, lo abrazé
paternalmente y lo ayudé a tranquilizarse, le dije que no valía la pena sufrir
por un imbécil como ese que no podía entender nuestra amistad y que tenía que
ensuciar todo con sus malos pensamientos, aunque no puedo negar que hasta ese
momento no había considerado nisiquiera como posibilidad una relación con Ibsen
mas allá de la amistad, pero al saber que alguién más lo creía, y además al
saber que Ibsen era capaz de tener algo con otro hombre, comencé a imaginarlo y
hasta a fantasear con eso, aunque trataba de no hacerlo y de pensar en otra
cosa.
Desde ese día las cosas cambiaron entre nosotros, ahora la
relación era más paterno-filial que de amigos maduros como antes, yo lo percibía
así más vulnerable, por una parte ambos estabamos solos, dentro de nuestras
agitadas vidas y nuestros amigos, pero con la cicatriz de la traición y el
abandono, él no tenía un padre en el cual apoyarse, el cual lo cuidara y
defendiera, como yo lo hacía, y yo por unas razones u otras no podía estar a
tiempo completo con mi hijo dándole todo el amor y la protección que necesitaba
por haber sido abandonado por su madre, entonces todo cuadró yo empecé a jugar
el rol de su padre y él el de mi hijo, comenzamos a pasar más tiempo juntos, a
hablar más, a tener más que ver el uno con el otro, a ser ese hombro en el cual
llorar, pues él también me contenía y me consolaba en mis períodos depresivos
cuando recordaba a Audrey y la forma en que me traicionó con Marcel, mi mejor
amigo, uno de esos episodios se dió mientras nos tomábamos unas cervezas un
jueves por la noche, luego de recibir un mail de Audrey, la única comunicación
que había tenido con ella desde hace un año, en el cual me avisaba que había
realizado todos los trámites del divorcio y me cedía sus derechos sobre Lucián,
que tenía que ir a la embajada francesa en Caracas para retirar los documentos,
me puse muy mal y comencé a llorar amargamente, quería que la tierra me tragara,
hasta ese momento su partida y su traición aunque ciertas no eran concretas, en
mi fantasía aun se hallaba la esperanza de que todo fuera un error, que un día
volvería conmigo y con nuestro hijo y seríamos una familia, pero ese mail
arrancó de raíz cualquier atisbo de posibilidad.
- Sabes Gerard, comprendo tu dolor, imagino lo que es ser
traicionado de esa forma, puedes desahogarte todo lo que quieras, pero recuerda
que tienes muchos motivos para seguir adelante
- Si, yo sé, tengo a mi hijo, pero no sé como pueda criarlo solo, con toda esta
rabia hacia su madre, como le explico que ella lo abandonó con apenas un año
para irse con mi mejor amigo?, que es su padrino además....
- Bueno Gerard, son cosas difíciles pero vas a tener que hacerlo algún día, y
además no estás solo, tienes a tus padres y a tu hermana, tienes a tus amigos, y
bueno.. bueno... me tienes a mi también, sabes que estoy dispuesto para hacer
cualquier cosa para hacerte sentir bien
- Lo sé Ibsen, gracias te quiero mucho, gracias por ayudarme y estar conmigo
- No hay de qué Gerard, si tu me has cuidado y has estado conmigo desde que era
un niñito, gracias a ti pude convertirme en alguien mas seguro de mí mismo de lo
que era antes, tu has sido y ahora eres fundamental en mi vida y no sé de que
manera te lo puedo pagar, pídeme lo que sea y yo lo hago, te lo prometo
- En serio Ibsen? lo que sea
- Claro Gerard, lo que sea
A pesar de la tristeza en ese momento mi mente comenzó a
volar, comencé a imaginarme tantas cosas con ese chiquillo hermoso, frágil y
vulnerable, su preciosa carita de niño bueno que intenta ser duro, ese cuerpo
delicioso formado a base de sudor y esfuerzo, esas nalgas grandes y redondas que
prometían esconder el tesoro de su esfínter ya desflorado pero que se moría de
ganas de ser estrenado por un hombre de verdad no por un carajito inmaduro como
Bruno, en ese momento dejé acceder a mi consciencia todas esas insinuaciones que
Ibsen me hacía, todos esos dobles sentidos, toda esa rabia y ese dolor que tenía
por dentro rogaban ser descargadas, toda esa líbido retenida desde que me vine
de Francia, todo ese deseo de protección sobre Ibsen, mi niño solitario y
asustado, todo tomó cuerpo en ese momento, todo se tradujo en un salvaje beso
que lo tomó por sorpresa, en eso y en una última frase
- Vamos a ver si lo que dices es cierto muchachito
Ibsen estaba sorprendido pero correspondía a mi beso, era
obvio que esperaba esto hace mucho tiempo, mi ritmo comenzó a aumentar a hacerse
más rudo, como me gustaba el sexo, tanto que él comenzó a sentirse sobrepasado,
trato de detenerme pero no podía, aunque él era fuerte yo era más grande y podía
dominarlo, luego entre jadeos trató de convencerme de que parara
- Ge.. Gerard por favor, espérate un momento ¿si?
- ¿Qué coño quieres?
- Es que, que, bueno yo...
- ¿Tú que?, ¿no era esto lo que querías?
- Bueno si, pero.. es que..
- Mira carajito déjate de mariconadas y disfrútalo que tu te lo buscaste
- Gerard, ¿porque me hablas así?, mejor déjame, ya no quiero
- Me sabe a mierda si quieres o no, crees que puedes estar tentando a un hombre
y después dejarlo cuando se te dé la gana
- Gerard disculpa si me malinterpretaste pero...
- Malinterpretaste un carajo!!!!, te me has estado ofreciendo en bandeja de
plata y ni loco te voy pelar
- Es en serio Gerard, suéltame, no me gusta como me estás tratando, me asustas,
quiero irme
Seguí besándolo y comencé a meterle mano, ya me estaba
sacando la piedra sus histeriqueadas llorosas, los padres no sólo cuidan también
se hacen respetar y obedecer, mi sensación de poder y dominio sobre él me estaba
volviendo loco, esos músculos duros cubiertos por su piel tersa y suave de
adolescente con olor a coco, sus dulces labios rosados, sus besos aún torpes, el
sabor joven de su boquita, así fuera por las malas lo iba a enseñar a respetar,
al final eso era lo que él quería, lo que necesitaba, el padre que nunca tuvo, y
yo necesitaba dominarlo, usarlo, vengarme, no de él sino de ellos, de Audrey y
de Marcel, de esos malditos desgraciados que se aprovecharon de mi confianza y
mi cariño, si sólo hubiese sido más rudo, si me hubiera hecho respetar, no me
hubieran traicionado, pero con Ibsen no iba a pasar lo mismo, él si iba a saber
desde el principio quién mandaba.
- Mira Ibsen vamos a dejarlo todo claro desde ya, te guste o
no aquí el hombre soy yo, así que ya vete dejando de mariqueras y comienza a
portarte bien, no quiero lastimarte así que es mejor que cooperes
- Pero Gerard, ¿porque estas haciendo esto?, yo te quiero, tu me dijiste que me
querías y ahora me estás amenazando con lastimarme- Dijo mientras su voz se
quebraba y comenzaba a llorar
- Maldita sea te dije que te dejaras de mariqueras, si vas a llorar ya te voy a
dar motivos para que llores, te juro que cuando termine contigo me vas a rogar
de rodillas que te coja de nuevo
Ahora si me había hecho arrechar el carajito este, ya estaba
harto de que jugaran conmigo, que me hicieran pensar una cosa y a la hora del té
me dejaran con las ganas, solo, abandonado, no era necesario pero necesitaba
imponerme, le di un par de fuertes cachetadas que lo hicieron sollozar, luego lo
besé a la fuerza mientras sujetaba sus manos, él estaba muy asustado y seguía
llorando, eso comenzaba a gustarme, que llorara que me tuviera miedo, que
supiera que yo era un hombre y no un maricón del cual puede burlarse, que pagara
por haber huido con mi esposa y echar por tierra todo el amor que le tuve, la
confianza que puse en él al hacerlo bautizar a mi hijo.
- Si vamos, llora, así me gusta
- Por favor, Ge.. Gerard, no lo hagas, no me hagas daño
- Solo así vas a saber cuanto te amo carajito
Le saqué el shorcito que llevaba, su culo quedó desnudo en
todo su esplendor ante mi, delicioso, carnoso y duro, un culo de hombre, algo
peludo pero lindo, me llevé los dedos índice y medio a la boca y luego se los
ensarté, gimió un poco y comencé a dedearlo cada vez más profundo, él gemía y
susurraba sonidos incomprensibles, al sacar los dedos de su culo se los metía a
la boca para humedecerlos más y volvía a mi faena, ya le cabían tres, como
apretaba ese culo, a pesar de ya haber sido cojido estaba bien estrecho, pero yo
iba a cambiar eso, lo iba a dejar como una charca de patos escurriendo mi leche
por semanas.
- Que apretado estás mariquito, te voy a reventar hasta que
no puedas ni caminar
- Gerard tan piedad por favor, no me rompas por favor
- Te voy a causar una hemorragia precioso, te voy a marcar de por vida
- No Gerard, Ge.. Gera.. Ahhh.. Ahhhh, me duele para
Me saqué el güevo que ya estaba como un fierro al rojo vivo,
me escupí para lubricarlo y sin más se lo dejé ir hasta el fondo, entró completo
en dos embates, acallé su grito haciéndolo chupar mis dedos hasta llegárselos a
la garganta, ya ahí estaba totalmente transportado, lo embestí como un animal,
el lloraba y sollozaba pero estaba al palo, comencé a masturbarlo con mi mano
libre, sus quejidos se fueron transformando en gemidos, estaba empezando a
gustarle, mis violentos empujes lo hacían levantarse del sofá y recostarse de la
pared
- ¿Ah te está gustando no?, dime ¿quieres más?, vamos dímelo
- Ge..Gerard, si, ahhh, si, me gusta
- Claro que te gusta, se que te morías por tenerme dentro
- Es cierto papi, es cierto necesitaba tenerte, gracias por hacerme respetar,
por hacerme obedecerte
- Así me gusta, que seas un niño bueno, un niño que le gusta hacer feliz a papi
- Si papi, quiero hacerte feliz, haz conmigo lo que quieras, estar contigo es
suficiente para mi
Se lo hice así un rato más, luego lo hice ponerse en cuatro
y lo esmadré de nuevo, al final estaba sobre él, abriendo sus piernas totalmente
con las mías y mordiendo su nuca con mis dientes, recorriendo cada centímetro de
su piel con mis manos, hundiendo su cara en el sofá, quería hacerlo sentir que
podía matarlo si quería, que estaba a mi disposición, hasta su vida me
pertenecía, aumenté la fuerza de mis embates si eso es posible hasta hacerlo
gritar, terminé corriéndome dentro de él, fue una descarga brutal, sentía que me
quedaba sin fuerzas, eyaculé tanto como nunca antes, aú teniéndolo dentro de él
mi simiente comenzó a escurrirse por sus piernas, había sido sencillamente
sublime, era algo totalmente carnal, visceral, pero a la vez muy emocional, creo
que esa primera vez que tuve sexo después de todo lo que me pasó me permitió
liberar tantas cosas que tenía por dentro, tantas cosas que sentía hacia Audrey,
Marcel y hacia Ibsen, por supuesto, sé que había sido injusto haciéndolo pagar
por las culpas de los demás, pero creo que él me había entendido e iba a ser
capaz de perdonarme.
Después de esa noche nuestra relación cambió mucho, fuimos
mas cercanos no sólo en el sentido físico, sino que nos conocíamos más a fondo,
descubrimos facetas nuestras que pueden parecer bizarras o sórdidas para muchos,
pero que podemos reconocer como humanas, pudimos estabilizarnos y aprender a
perdonar y a hacernos más responsables de nuestras vidas, luego de dos años me
mudé a otro apartamento y me llevé a mi hijo Lucián a vivir conmigo, Ibsen se
graduó y también tuvo la oportunidad de irse a estudiar a Europa,
específicamente a Londres, estabamos siempre en contacto y nos veíamos cuando él
venía o cuando yo iba, somos muy buenos amigos, y nunca voy a olvidar el papel
que jugó para mi, fue ese niñito que me quizo, que me hizo sentirse responsable
por alguien más, que me permitió desbordar mis miserias y mi dolor en él y que
luego me ayudó a perdonar y a surgir como persona, eso fue Ibsen para mi, yo con
31, él con 21, yo un hombre, él un adolescente...