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La dependienta más guarra
TODORELATOS » RELATOS » EL MAR
[ A la mujer casera, el marido se la muera. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 05 de Diciembre, 2008.
Fecha: 22-Oct-06 « Anterior | Siguiente » en Amor filial (5170 de 6524)

El mar

santi35
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Leonor levanto bien el culo para que su hijo se preparara para meterle todo el miembro. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

EL MAR

Siempre me gustó el mar, no solo bañarme en el, si no caminar largas horas, descalzo, por la orilla mientras las olas lamía mis pies, sentir la arena entre los dedos; eso me relajaba de una forma que ningún otro tipo de terapia podría hacerme tal efecto.

Especialmente me gustaba en el otoño, ver las nubes cargadas de lluvias y el mar tomar un color parecido al acero.

Tanto así, que con mi esposa decidimos comprar una casa a la orilla de mi amado mar; no habíamos tenido hijos, así que una vez que me acogí a la jubilación, con el dinero ahorrado, ya que siempre fuimos muy cuidadosos con los gastos, el sueño de una casa junto al mar se nos hizo realidad.

La alegría nos duro muy poco; ya que una noche en que caminábamos por el pueblo, un pueblo de casas bajas y bonitas, todas pintadas de colores brillantes y alegres, como corresponde a un pueblo de pescadores; mientras caminábamos tomados de la mano por este pueblo decía, un joven, totalmente alcoholizado, conduciendo una motocicleta, de alta cilindrada, y a gran velocidad, se nos vino encima; yo tuve suerte, si podríamos llamarlo suerte, solo me quebró las piernas, mandándome tres meses al hospital, mi esposa no tuvo tanta, ya que le quebró la columna vertebral en dos partes, matándola instantáneamente.

Así que a los 60 años me encontré solo; ayudándome, para caminar con un bastón de por vida, con una casa vacía y el corazón destrozado.

Ni siquiera pude enterrar a mi esposa ya que me encontraba hospitalizado, de eso se encargaron amigos en comunes que teníamos con ella.

Cuando salí del hospital, ya estaba bien entrada la primavera; me dirigí a la casa, me encerré en ella y estuve 15 días sin salir; solo bebía, dormía y lloraba.

Las llamadas se amontonaban en el contestador, mis amigos llegaban, golpeaban en la puerta y luego de unos ratos cansados de que no les contestara, se alejaban con aire apesadumbrados.

Luego de dos semanas, me desperté casi a la madrugada, me bañe y afeité, luego, abatido aun, decidí que la vida sigue y salí a caminar por la playa; estaba seguro que mi fallecida esposa no querría que mi vida terminara encerrado en la casa, matándome de tanto beber.

Después de tantos días encerrados, el brillo del sol me pego como si fuera un mazo, al salir; eché a caminar y cruzando los medanos me encontré en la extensa playa, llena de arena de color casi blanca; me saque los zapatos, como tantas veces hicimos como mi esposa; comencé a caminar.

El mar estaba tranquilo, el sol brillaba y la temperatura subía a cada minuto que pasaba, sin embargo una brisa fresca que venia desde el océano me refrescaba y me daba ánimo para seguir caminando.

Luego de lo me pareció hora u hora y media de caminar, divisé, no muy lejos más, algo que me pareció una posada o algo así.

Estaba entre los medanos y alejado del mar, había caminado con Leonor, mi esposa, por ahí y jamás la había visto, supuse entonces que seria nueva, al acercarme vi que era antigua en sus formas, pero nueva, ya que estaba recién construida, la pintura relucía al sol y todo estaba impecable.

Era en realidad una especie de restaurante; me acerque a la puerta y a pesar que estaba entreabierta, por dentro todo estaba en penumbras, gire la cabeza, mirando por donde yo había llegado y no se veía a nadie, esto me pareció extraño ya que a esa hora del día, por lo general había gente caminando o ya bañándose en las frescas aguas del océano.

Conjeturé que al no ser aun temporada alta, los turistas no habían llegado; entré entonces en el restaurante, ya que al estar sediento quería tomar algo fresco.

Una agradable voz de mujer me dijo:

Está cerrado, hoy es día de descanso y no abrimos al público-

Perdone – conteste – Es que tengo sed y quería tomar algo, pero no se preocupe seguiré mi camino y veré si encuentro otro lado para que me atiendan – y di media

vuelta para irme.

Espere – dijo la mujer – Un vaso de agua no se le niega a nadie; por favor pase-

Camine unos pasos y me senté en una de las mesitas que ahí había visto, una mujer se me acerco, con un vaso de agua muy fresca, en una bandeja y la deposito en la mesa, al verla quede gratamente sorprendido, era una dama de unos 30 años, bellísima, de rostro ovalado, con grandes ojos de color celestes, una boca de labios rojos y carnosos, con unos dientes blancos y perfectos, su pelo parecía del color del oro, recogido en un rodete sobre su cabeza; tanto su ropa como su peinado, me pareció antiguo pero supuse que era una forma de estar acorde con el restaurante, ya que este era de un estilo muy antiguo; no conozco mucho de arquitectura pero presumí que era replica de algún restaurante de los años 1910 o 1920.

A pesar de que su ropa ocultaba mucho su cuerpo, se adivinaba que este era escultural, mas parecía el de una modelo que el de una dueña de un restaurante; era alta, delgada, una cintura fina y grandes tetas paradas y por lo que vi bastantes duras, no representaba ni cerca que tenia 42 años, (en un momento de la larga charla que mantuvimos me lo confeso) realmente en el primer momento en que la vi., podría haberle dado, a lo sumo, unos 35 años.

Se sentó a mi lado, me contó que su marido había muerto hacia dos años, dejándole una pequeña herencia, que ella había invertido en el restaurante, inaugurado hacia solo un mes.

Descubrimos, que teníamos muchísimas cosas en común, los dos éramos viudos, solo que ella sí, tenia hijos, nos gustaba la música clásica, cocinar, el mar y por supuesto caminar descalzos por la playa y como si fuera una cruel broma del destino, ella también se llamaba como mi esposa, Leonor

En ese momento, risas y gritos nos interrumpió, saliendo de una pequeña puerta de atrás del mostrador, hicieron su entrada los tres hijos de Leonor, dos niñas y un varón.

Me los presentó; el mayor se llamaba Luís y tenia unos 17 años, le seguía Maria, con unos 15 años y la menor Laura, con solo 13 añitos, los tres eran hermosos adolescentes, el varón y la menor de las niñas habían salido mas parecidas al padre, según me comento Leonor, ya que eran de cabellos negros, pero Maria era el vivo retrato de su madre, rubia y de grandes ojos celestes.

Como era día de descanso se preparaban para pasar una jornada en la playa, por supuesto, inmediatamente Leonor me invito y yo acepte con gusto.

Salimos; el sol ya estaba alto y el calor se hacia sentir, a pesar de que teníamos el mar prácticamente a nuestros pies, Leonor y sus hijos se dirigieron hacia unas grandes piedras negras, pulidas por el tiempo y pasando por una pequeña rendija que había entre ellas, desembocamos en una pequeña playa que estaba totalmente fuera de los ojos de cualquier persona que no conociese la forma de ingresar a ella.

Leonor extendió una gran toalla, mientras sus hijos se dirigían gritando al agua.

- Espero que no seas una persona prejuiciosa – me dijo y sin ninguna vergüenza comenzó a sacarse su ropa; pensé que la ropa de baño la traía puesta, pero grande fue mi sorpresa cuando vi que se desnudó completamente y extendió su impactante cuerpo sobre la toalla.

Mire en dirección a sus hijos y vi que ellos hacían lo mismo, dejando la ropa en la arena y totalmente desnudos entraban en el mar entre gritos y risas.

Realmente era, Leonor, de una belleza incomparable, el vientre plano no indicaba en absoluto que hubiese dado a luz a tres hijos, los senos, grandes, redondos y duros, coronados en las puntas por dos pezones de color café claro, duros y erectos, las caderas en forma de pera, divididas en dos medialunas perfectas, piernas largas y delgadas y en la unión de esas hermosas piernas, el triangulo abundante y rubio de una mata de pelos ensortijados, que apenas dejaban ver los labios gordos y rosados de su perfecta vulva; al levantar los brazos para sacarse la ropa, advertí que no depilaba las axilas , ya que pude ver unos largos y finos pelos rubios debajo de cada brazo.

-¿Supongo que no es la primera vez que estas ante una mujer desnuda, que no es tu esposa?- me dijo con una sonrisa que era toda ternura, sus ojos brillantes no dejaban de mirarme.

- Claro que no – conteste – Pero para serte sincero hacia muchísimo tiempo que no veía a alguien tan hermosa y perfecta –

Soltó una risa que me supo a música, y una de sus manos acaricio mi mejilla.

Luego sin dejar de mirarme me tomo la mano y se la llevó hacia los pelos que rodeaban su concha, cerrando los ojos hizo que la acariciara levemente en esa parte tan íntima.

Sentí, después de muchísimo tiempo, que mi miembro reaccionaba y comenzaba a endurecerse.

- Vamos – me dijo – Desnúdate tú también – y al ver que yo miraba en dirección a los niños continuo diciendo – No te preocupes por las niñas están acostumbrada a ver a su hermano desnudo y no se sorprenderán en absoluto -

Así que, un poco cortado, me saque la ropa y quede tan desnudo como ella.

Su mirada me recorrió todo el cuerpo, al llegar a mi verga sonrió satisfecha, ya que esta, se había erguido en todo su largor y dureza, dejando bien a la vista mi dilatado glande.

Presto atención, a una medalla, de oro, que yo llevaba colgada del cuello, sujeta a una gruesa cadena también de oro, en ella estaba grabada en bajo relieve la letra L, pidiéndome que le contara la historia de esa medalla.

-Bueno – conteste yo – En realidad no es una historia, solo que cuando cobre mi primer sueldo en mi trabajo, compre dos medallas exactamente iguales, una con la letra L y otra con la letra M, una se la regale a mi esposa, la que tenia mi nombre claro, ya que me llamo Martín y la que tenia la letra L me la coloque yo -.

- ¿Y como se llamaba tu esposa? – pregunto.

- Leonor, al igual que tú - le conteste yo.

- ¿Y donde se encuentra ahora esa medalla, la que le distes a tu mujer, la que tiene grabado tu inicial?-

- Enterrada junto con el cuerpo de mi esposa- contesté

Ella nada dijo, pero una sombra de tristeza nublo por unos segundos sus ojos.

Luego sonrió alegremente y olvidando la charla se fijó nuevamente en mi miembro que se mantenía aun bien parado

Lentamente su mano lo tomo y mas lentamente aun comenzó a masturbarme; yo no podía creer lo que me estaba sucediendo, pero el contacto de su tibia mano en mi miembro me demostró que no era un sueño.

Yo estaba aun parado, ella poniéndose de rodillas se coloco la verga en la boca y sacando su húmeda y rosada lengua, comenzó a lamerla mientras una de sus manos se apoderaba de mis huevos apretándolos suavemente.

Yo miraba en dirección de donde se encontraban sus hijos, temeroso de que ellos nos vean.

Leonor, dándose cuenta de mi preocupación, dejando de jugar con mi verga me dijo:

- Ya te dije que no te preocupes por ellos; y como se que eres una persona discreta te aseguro que comprobaras cosas que ni siquiera en tus sueños mas eróticos has vivido -.

Solo podía asentir con movimientos de mi cabeza, ya que sus manos y su lengua me producían tanto placer que ni siquiera podía articular palabra alguna.

Ella poniéndome sus manos en mis caderas, me atrajo hacia si, sepultando mi verga en su boca, tanto, que su nariz se aplasto contra mi bajo vientre.

Comenzó entonces a chuparme el miembro con una maestría nunca antes experimentada por mí, chupaba con fuerza y al retirar la boca, o sea retirar su cabeza, su lengua cosquilleaba en mi glande.

Mis manos colocadas en su cabeza acompañaban el ritmo de entrar y salir, un estremecimiento recorría mi cuerpo, haciendo que se me erizara la piel, solo se sentía el sonido de su boca chupándome, el resto de los ruidos habían desaparecido para mí.

En un momento que gire mi cabeza y abrí los ojos, advertí que Maria nos había visto, por supuesto la posición de su madre y mía no dejaba ninguna duda de lo que hacíamos, reparé como hablaba con sus hermanos y estos al vernos, salieron del agua y se dirigieron, los tres, corriendo hacia nosotros.

En muy poco tiempo llegaron a nuestro lado, yo no podía creer que esto estuviera sucediendo, Luís se paro al lado de su madre, mientras que Laura y Maria se colocaron una a cada costado mío, arrodillándose en la arena y sin apartar los ojos de la boca de Leonor chupándome el miembro, el cuerpo de los tres brillaban por el agua del mar que humedecían aun sus cuerpos.

Eran los tres realmente hermosos, Luís, alto y moreno, de tórax bien desarrollado, con sus brazos y piernas musculosas parecía un dios griego, su verga, larga y gruesa, estaba tan erecta que apuntaba hacia arriba, por debajo dos huevos, casi sin pelos, se veían, chicos, pero duros, su glande de forma redonda estaba totalmente al descubierto, venas azuladas serpenteaban por el grueso tronco.

Leonor, sacándose por un instante mi verga de la boca, tomo la de su hijo, la apretó en su mano, y acercándola a su rostro le dio algunos besitos en la cabeza, saco su lengua y lamió todo el tronco, la levanto y lamió también los huevos, al hacerlo pequeños hilos de saliva corrieron por su mentón.

Yo me deleitaba mirando a las dos adolescentes, la mano de su madre apretaba aun mi miembro mientras que la otra mano se apoderaba de la verga de Luis, su boca luego de lamer a su propio hijo, chupo nuevamente mi miembro por unos segundo antes de volver a chupar el miembro de Luís.

- Vamos mamá déjanos un rato a nosotras – le pidió riendo Laura.

Dándonos un beso a cada uno de nosotros, Leonor se levanto.

- Tenemos todo el día para divertirnos, chicas, no se apuren - contesto la madre.

Hizo colocar a sus tres hijos uno a lado del otro y me dijo:

- ¿Martín que te parecen mis tres amores, son hermosos verdad? -

Y realmente así era; Maria, era muy rubia, el cabello muy largo le llegaba hasta la cintura, con ojos celestes, como el mismo mar que tenia a sus espaldas, de nariz pequeña y respingada, su boca de labios finos pero rojos, como la grana, al sonreír dejaban al descubierto unos dientes chicos y blancos, su lengüita al rozarse los labios con ella, era de color pálido y se veía húmeda y tentadora.

A sus 15 años estaba totalmente desarrollada, sus tetas , eran grandes; en eso se parecía a su madre, pesadas, levemente caídas, y con areolas de color rosa claro, las puntas de sus pezones, largos y en este momento erectos y duros; su cintura estrecha, su vientre plano y piernas largas y muy bien formadas y lo principal, en la unión de sus piernas, una hermosa mata de pelos color del oro viejo, en la parte superior muy enrulados, se podía ver, gracias a lo brillante el día, una fina hilera de pelitos, que subían hasta el ombligo; su culo era perfecto, alto y con forma de pera, cortados al medio por la raja lo separaba en dos perfectas media lunas, al agacharse y mostrar el agujero de su ano, se veían unos pelitos rubios oscuros mas gruesos que los que recubrían su vulva, esta era de labios gorditos, con el clítoris larguito y desarrollado, en un momento que Maria llevándose la mano hasta ese lugar, producto de la excitación que sentía, se lo entreabrió, y pude ver el brillo de la humedad que lubricaba el interior de su vulva.

Al levantar los brazos comprobé que al igual que su madre no se depilaba las axilas, ya que pude ver unos rulitos finos y rubios.

Hacia muchísimos años que no sentía a mi verga tan gorda y tan dura, tenia la impresión que me explotaría en cualquier momento.

Laura, a pesar que solo tenia trece añitos, también estaba totalmente desarrollada, mas delgada que su hermana y mas morena, incluso su piel tenia un color mas oscuro, podía deberse al sol ya que estaba muy bronceada, pero supuse que su padre era latino y de ahí ella había hederado su color de piel.

Pelo muy negro, al igual que sus ojos, nariz mas grande que la de su hermana, y una boca de labios gruesos y carnosos, que invitaba a besarlos por toda una eternidad, cuello largo y fino, un capitulo aparte seria hablar de sus tetas, eran perfectas en todo sentido, estaban totalmente desarrolladas, redondas, duras y paradas, sus pezones del color del café, con pequeñas areolas y puntas paradas, apuntaban, desafiantes hacia arriba.

Sus piernas, largas y delgadas, muslos perfectos y duros, tobillos finos y los pies delgados de deditos largos y finos.

Tenia abundantes pelos enrulados y negros en la parte superior de su vulva, pero nada en los costados, solo unos pelos larguitos pero muy separados entre si, así que prácticamente se le veía la concha totalmente, de labios gorditos, sobresalían un poco los labios interiores, el clítoris asomaba envuelto en su capucha, largo y sobresaliente; al igual que su madre y hermana debajo de sus brazos se veían largos pelitos, finos, negros y brillantes.

Su culo, pequeño, como el de un varón, pero redondo y parado, al ser, Laura, de piel morena, unos pelitos, finos pequeños y oscuros, corrían desde su cintura hacia abajo y se perdían entre la raja perfecta de su culo, también sobre su bajo vientre y en dirección a su ombligo una líneas de pelitos negros sombreaban su pancita plana.

Leonor, se acerco a ellas y sus manos las acariciaba, se detenía en sus tetas y les tocaba los pezones, endureciéndoselos, mientras ellas saltaban y reían.

Se arrodillo frente a María y entreabriéndole la vulva me dijo:

- Mira Martín que mojada está, ésta cochinita necesita que alguien le saque la calentura ¿no crees?

Me acerque mas a María y la tome entre mis brazos besándola en la boca, instantáneamente, respondió al beso, su lengua entro en mi boca y jugueteo con mi lengua, una de sus manitos se apodero de mi endurecida verga, apretándomela, sus tetas se aplastaron contra mi pecho, la mano que le quedo libre me acaricio la nuca.

Sentí que todo mi cuerpo se estremecía de placer, no podía creer que en minutos mas le metería la verga a una pequeña de tan solo 15 años; mi mano trato de tocar su concha, pero ella al sentir mi mano buscar su intimidad se separo y alejándose unos pasos se tiro sobre la arena separando bien sus piernas, dejándome bien a mi vista y a la del resto, su concha completamente mojada.

Su hermano, se arrodilló a un costado, Maria le tomo la verga y comenzó a lamerla, mientras sus grandes ojos sin apartarse de los míos me invitaban a lamerla a ella.

Me arrodille entre sus piernas, sus muslos, se abrieron aun mas, como si fuera una boca invitándome a besarla, su vulva se entreabrió, dejándome ver su húmedo interior.

Mi verga se estremecía, con solo ver ese espectáculo estaba a punto de largar un torrente de leche, sin embargo, me agaché y sepulte mi boca en la concha de la adolescente.

Mis manos la tomaron del culo, levantándola hacia mi boca, mi lengua comenzó a lamer y lamer en todo el largo de su hendidura, sentía la dureza de su clítoris, Maria a cada lamida mía se estremecía y chupaba con mas fuerza la verga de su hermanos que solo gemía con los ojos cerrados.

Mientras Leonor miraba, la pequeña Laura se coloco detrás mío, tomo mi verga que colgaba y comenzó lentamente a masturbarme, mi piel se erizó, no solo me masturbaba desde atrás si no que también empezó a lamerme la raja de mi culo, yo entreabrí mis piernas para facilitarle la operación y ella al descubrir el agujero de mi ano metió la lengua en el.

Creí que el mundo explotaría y yo con el; mi lengua se movía a toda velocidad entrando y saliendo de la mojadísima concha de Maria.

Aferrado al culo de la niña, no solo le lamía la concha si no que también la parte externa de sus muslos; de tal forma que note que pronto la niña llegaría a su orgasmo, este llego con movimientos convulsos, lo note en mi boca, los movimientos espasmódicos de su pelvis, justo en el momento que su hermano le largaba grandes chorros de semen en su boca, ahogándola y haciéndola toser; Maria apretó sus rodillas en mi cabeza y luego de retorcerse, quedo laxa sobre la arena.

Yo me derrumbe sobre ella, por supuesto, mi verga aun estaba dura como una piedra ya que yo, por fortuna, no había acabado; esto me alegro sobremanera ya que aun me quedaba mucho trabajo por hacer.

Maria se levanto, me besó amorosamente en la boca, que aun mantenía el sabor de su concha y tomando de la mano a su hermano se dirigieron al mar.

- ¿Te gusto el sabor de la vulva de mi hijita? – me pregunto sonriente Leonor.

- Realmente – conteste yo – Jamás he probado algo tan delicioso –

Ella me contesto con una carcajada, se arrodillo, me tomo la endurecida vega con su mano y dirigiéndose a su hija más pequeña le preguntó

- Laura ¿me ayudas con esto, a ver si se la bajamos un poco al pobre de Martín?

- Con muchísimo gusto mamá – contesto Laura.

Se arrodillaron las dos, ante mí, y mientras la pequeña me acariciaba los huevos, su madre se metió todo el glande dentro de su boca y comenzó a chupar y lamerlo.

Yo eche la cabeza hacia atrás y cerré los ojos, las manos de madre e hija me acariciaban el culo y los muslos mientras la boca de Leonor no dejaba de chuparme y lamerme tanto el glande como todo el tronco, se lo sacaba de la boca y se lo daba a su pequeña hija quien lo besaba y lamía; en un momento dado me dijo:

- Acuéstate en la arena Martín, acuéstate mi amor.

Obedecí inmediatamente acostándome en la caliente arena, ella me acaricio la cara y luego se coloco a horcajadas sobre mí parada verga, la tomo en sus manos y diestramente se la coloco en la entrada de su concha, que al estar tan lubricada, comenzó a entrar fácilmente, cuando estaba enterrada hasta los mismos huevos un largo suspiro salio de la garganta de Leonor.

- ¡Que gorda la tienes Martín! que gorda y dura -

Luego acostándose sobre mí, mientras apoyaba las duras tetas sobre mi pecho le dijo a Laura:

- Laurita ve a llamar a tu hermano, rápido hija, rápido -

Laura salio corriendo a buscar a Luís que se encontraba en la orilla junto con su hermana.

Leonor se tiro sobre mí y colocando su boca sobre mi oído me susurró:

- Quédate quieto, no te muevas, amor mío; yo se que estas a punto de explotar dentro mío y llenarme la concha de leche, pero solo espera -

Ella tenía razón, mi verga ya palpitaba preparándose para largar un torrente de leche.

No olvidemos que hacia muy poco yo había lamido la concha de Maria y Laurita me había masturbado y tampoco olvidemos que yo tenia 60 años y me costaba mucho retener el semen que pugnaba por salir; sin embargo trate de pensar en otra cosa y de esa manera esperar para ver que tramaba Leonor.

Sentía las músculos de su vulva apretarme la verga, cada movimiento de ella, repercutía en mi miembro, este estaba tan adentro de Leonor, que solo quedaba a la vista mis huevos, casi aplastados por su amplio culo.

En ese momento llegaron, a la carrera los tres hijos de Leonor, el agua del mar hacia brillar sus cuerpos desnudos, se colocaron las dos niñas casi al lado nuestro para ver bien lo que acontecería en minutos mas.

Luis, enseguida comprendió lo que su madre quería, Leonor levanto todo lo que pudo el culo, pero tratando de que mi verga no saliese de dentro de ella, su hijo, tenia la verga bien dura, ya que Maria se la sacudió un rato, la tomo con una mano, se escupió la otra y se paso la saliva por el miembro, nuevamente se escupió la mano y esa saliva se la paso al abierto culo de su propia madre, se acomodo detrás de ella, y con un pequeño esfuerzo, ya que por lo visto el culo de Leonor había recibido anteriormente la verga de Luís, y se la fue metiendo hasta los mismos huevos, que golpearon en la concha de Leonor.

Al recibir en su interior toda la verga de su hijo, Leonor soltó un largo suspiro, se volcó sobre mi pecho y comenzó a mover la cintura, al mismo tiempo la verga de Luís entraba y salía del culo de su madre, Leonor tenia mucho cuidado de que mi propia verga no se saliese de su concha.

Las dos niñas miraba extasiadas el espectáculo, sus manitos pasaba de sus concha a sus tetas apretándoselas y tratando de que sus pezones se endurecieran aun mas.

Yo sentía en mi miembro los movimientos de la verga de Luis, Leonor susurraba en mis oídos no solo palabras de amor si no gemidos y suspiros; en un momento dado me dijo:

- Déjate ir amor mío, acábame adentro que ya noto la aproximación de mi orgasmo - no termino de decir esto que retorciéndose y gimiendo se apretó contra mi, sentí los espasmos en su vulva apretándome la verga y el orgasmo la meció como si fueran olas.

Cerré mis ojos, mis dientes se apretaron y como si fuera un golpe eléctrico, sentí que desde mis huevos ascendía un torrente de leche que fue a llenar la concha de Leonor, chorros tras chorros, fue saliendo toda la esperma que hacia tanto tiempo ya no expulsaba.

Quede como muerto en la arena, en ese momento, casi al salir mi flácida verga ya del interior de Leonor, los gritos de Luís y de las niñas me dieron a entender que Luís le llenaba el culo de leche a su madre quien quedo como desvanecida sobre mi.

Luego de descansar unos minutos, Leonor se levanto, abrió bastante las piernas y nos mostró; pudimos ver, entonces, que de su concha y de su dilatadísimo culo, grandes gotas de esperma, salían, quedaban colgando, algunos segundos, por un delgado hilo de semen y caían finalmente en la arena, donde brillaban por un momento, antes de que la arena los absorbiese.

- Mamá - les dijeron las niñas que miraban lo que le sucedía – Ve ya mismo a bañarte, que tus dos agujeros resuman leche – me sorprendió, gratamente, que todo esto se lo decían entre bromas y risas.

Leonor, corriendo se aproximo a la playa, tomando el agua del mar con sus manos procedió a lavarse sus partes intimas; luego regreso también al trote; un espectáculo aparte fue ver sus grandes y pesadas tetas bambolearse al correr al igual que sus nalgas.

Al llegar a nuestro lado se coloco solo el vestido y colándose entre las piedras nos dijo que esperáramos unos minutos que nos traería algo de comer, ya que era la hora del almuerzo.

Solo tardo un momento y extendiendo un mantel grande y floreado coloco en el: frutas, nueces, pollo frito, pescado ahumado, pan cortado en rodajas y una botella de un vino que realmente era una delicia.

Por supuesto todos, incluidas las niñas bebimos de el, pasando un momento espectacular, entre risas y bromas e incluso comentando lo sucedido momentos antes.

Luego, me tire sobre la arena y me fui adormilando; debo haber estado dormido quizás una hora, me despertaron unos gemidos, al abrir los ojos, descubrí a mi lado a Leonor, tenia los ojos cerrados y gemía de una manera que enseguida y en cierto modo a mi pesar, la verga se me empezó a parar; estaba como he dicho a mi lado, su cabeza volteada hacia mi, sus piernas levantadas de tal forma que sus rodillas aplastaban sus senos, las tenia no solo levantada, también muy abiertas, mientras la verga de su hijo entraba y salía en forma rápida de su vulva, hasta el ruido de succión, yo oía perfectamente.

Laura y María al ver que yo despertaba, se me acercaron a los gritos, sus cuerpos brillantes de sudor y excitación, las mejillas arreboladas y los ojos llameantes de deseo.

Si algo necesitaba para que mi miembro se pusiese otra vez como una roca, esa visión lo logro ampliamente; no entendía que me estaba pasando, anteriormente para estar preparado para otro asalto sexual necesitaba muchísimas mas horas de descanso, ahora con solo verlas y oír a su madre gemir y gritar obscenidades como una puta cualquiera mientras la verga de su hijo la taladraba, me enloquecía y endurecía mi verga hasta un punto que me era intolerable.

Como si otra vez tuviera 20 años y no 60 como en realidad tenia, mi miembro apuntaba, gordo y duro hacia el cielo, inclusos daba pequeños brincos, sentía mis huevos, duros y nuevamente llenos de leche, preparados para atiborrar, de esperma, esas dulces, pequeñas y húmedas conchas adolescentes.

María se coloco entre mis piernas, me tomo el miembro entre sus manos y comenzó a pasárselo por la cara, al mismo tiempo lo besaba y lamía, se tomo un pezón con los dedos y se lo froto con mi dilatado glande, de vez en cuando lo tocaba con su lengua para humedecerlo.

Laura mientras tanto, colocándose a horcajadas sobre mi pecho, levanto su vulva hasta la altura de mi boca y me la ofreció para lamerla, para que mi lengua llegase a todos los rincones de su intimidad, se la entreabrió con los dedos.

Por supuesto estaba empapada de sus propios jugos, tanto así que bajaban por mi mandíbula.

Luís, seguía taladrando la concha de su madre, mientras ésta solo gemía y gritaba de una forma incontrolable.

Subí mis manos hasta los recién formaditos pechos de Laura, los encontré duros y los pezones totalmente erectos, mis manos se apoderaron de ellos y los estruje, haciéndola suspirar de puro placer.

Cuando María consideró que mi pene ya estaba a punto, se levanto y acomodándoselo en la entrada de su concha, que ella misma se abrió, se lo fue enterrando hasta que los abundantes pelos color de oro que le recubrían la vulva se confundieron con los míos.

La presión de su concha, el placer de sentir mi verga apretada por ella, la humedad abundante que corría por mi tronco y especialmente sus movimientos, me trasportaban a un mundo que yo creí conocer, pero que en realidad nunca lo había visitado.

Laurita, se paro y se dio la vuelta, sentándose en mi pecho nuevamente pero de cara a su hermana, no solo me dejo a la vista su bien formado culo, si no que también girando la cabeza podía ver la cara de Leonor, transformada de placer al sentir en todo su largor la verga de su hijo; en un momento dado, abrió sus ojos y se clavaron en los míos, una sonrisa que era todo amor me dedico, entendí en ese momento que sin saberlo estaba profundamente enamorado, no solo de ella si no también de sus hijos, ella como si leyera mis pensamientos, asintió con la cabeza, y con los labios formo la palabra que yo deseaba, mas que nada en este mundo, oír: Te amo.

Laura abrazo a su hermana, que me cabalgaba sin piedad y las dos se unieron en un profundo beso; algo le susurró por que María se levanto y cambiaron de posición, ya que Laura se acomodo sobre mi verga y se la metió completamente adentro, mientras que sus manos se apoderaban de mis huevos, mientras se movía como una salvaje.

Y por segunda ves en ese día, sentí como desde el fondo de mis entrañas un volcán explotaba y grandes chorros de leche se sumergían en las profundidades de la casi virginal concha de la niña, al mismo tiempo Laurita apretó las piernas contra mis costados y un orgasmo la tomo casi por sorpresa dejándola exhausta.

Por los gritos de su madre comprendí que también ella estaba acabando con la verga de su hijo incrustada en su interior, quien sin poderse contener mas también la lleno de una leche caliente y espesa.

Todos quedamos tendidos en la arena, completamente rendido; pude ver por la posición del sol que ya atardecía; por lo que me levante, me vestí y acercándome a Leonor le dije: - Es tarde ya para mi y la verdad es que estoy muy cansado, lo único que deseo ahora es dormir algunas horas y darme un baño –

- ¿Regresaras?- me pregunto ansiosa.

- Claro que si – conteste – Solo dime a que hora quieres que regrese-

- No regresaras nunca mas, me lo dicen tus ojos – me contesto llena de tristeza.

- No es así – le dije – Estoy enamorado de ti; y para que sepas que digo la verdad te dejo mi medalla que me devolverás esta noche cuando estemos todos juntos de nuevo –

Y pasando del dicho al hecho le coloque en el cuello la cadena con la medalla donde estaba grabada en bajo relieve la letra M.

Una sonrisa alegro su hermoso rostro.

- Te esperamos a las 10 P.M. como estas muy oscuro colocare una vela en la ventana para que puedas ver el restaurante -

- Perfecto, a esa hora estaré acá y te aseguro que será para siempre –

Me despedí de los niños, pase entre las piedras y en un rato mas llegue a mi casa.

Me bañe, y me tire en la cama para descansar un rato, mi reloj pulsera marcaba las 7.30 P.M. así que tenia mas o menos dos horas para dormir, pensando en Leonor y sus maravillosos hijos me quede dormido, con el firme propósito de despertarme a la hora convenida.

Cuando abrí los ojos, el sol entraba a raudales por los ventanales; me levante angustiado, ni siquiera sabia que día era, me había dormido y la noche ya había pasado.

Casi desesperado me vestí y salí a la carrera, pensando que excusa poner, decidí que solo le diría la verdad ya que por estar tan cansado no me desperté a la hora que debía hacerlo.

Llegue corriendo hasta donde estaba el restaurante, cuando estuve frente a la puerta lo mire sorprendido, era el mismo, pero al mismo tiempo no lo era; la pintura brillante y nueva estaba totalmente descascarada, tenia una parte nueva agregada que no había visto el día anterior; algo no estaba funcionando correctamente allí.

Entre, todo era distinto, un hombre gordo y calvo estaba detrás del mostrador limpiando unas copas, y un par de parroquianos bebían cerveza.

Me acerque a este hombre y pregunte por la dueña; me miro con sorpresa.

-Yo soy el dueño – me dijo.

- No, quiero hablar con Leonor- conteste yo.

- Vea amigo – me dijo haciendo un esfuerzo para no enojarse – El único dueño soy yo y no hay ninguna persona con ese nombre –

- Pero si yo hable ayer con una mujer llamada Leonor que tiene 3 hijos y es la dueña de este lugar-

-El restaurante lo compro mi abuelo en los años 30 luego lo atendió mi padre y ahora es mío, así que yo sabría si hay alguna persona con ese nombre y discúlpeme pero estoy ocupado.

Salí caminando como si estuviese borracho ¿Que estaba pasando? ¿Fue un sueño?

Sin embargo yo sabia que todo era real incluso mi miembro estaba como si hubiese echo el amor durante horas, así que no había sido una ilusión.

Cruce los medanos y me adentre en el pueblo, alguien tendría que explicarme que es lo que estaba sucediendo; solo que no sabia a quien preguntar.

Me encontré de pronto frente a una gran edificio de forma rectangular; la biblioteca publica; pensé que quizás acá tendría algo que me aclarara las ideas; entre en el fresco edificio y llegue hasta donde atendía la bibliotecaria; una señora delgada, alta, de lentes y ceño adusto, pero que me atendió muy amablemente; al explicarle que quería saber sobre el restaurante que estaba en los médano, me contesto que había muy poco material donde verificar eso, pero que tenia unos periódicos de la época en que se había inaugurado, así que me alcanzo unos periódicos muy viejos, los tome y me senté en una de las grande mesas que estaban ahí para la lectura; en los dos primeros no encontré nada pero en uno vi en primera pagina una foto con un titular que hablaba de un incendio.

Me fije en la fecha 10-10-1926; por supuesto no podía ser ya que yo había estado ayer en el, me fije en mi reloj que también es calendario; 10-10-2006; el periódico tenia exactamente 80 años; el articulo hablaba de un incendio que destruyo parcialmente el restaurante, provocando la muerte de su dueña y de sus tres hijos.

Todo comenzó a girar a mi alrededor, sentí nauseas y las piernas como si me pesaran toneladas, sin embargo me esforcé para seguir leyendo; según el jefe de los bomberos una de las causas del incendio podría haber sido una vela colocada cerca de alguna cortina, posiblemente en una de las ventanas.

Había una foto, ya casi descolorida por el tiempo; la mire bien y algo me llamó la atención; me acerque nuevamente a la bibliotecaria y le pedí algún vidrio de aumento, ella buscando en uno de los cajones me entrego una especie de lupa, con ella en la manos, me senté nuevamente y coloque la lupa sobre la foto, en ella se veían cuatro cuerpos quemados, totalmente irreconocible, sin embargo pude ver claramente que en el cuello de uno de los fallecidos, una cadena con una medalla y una inconfundible letra M en bajo relieve.

Coloque mis manos en mi rostro y llore.

 

FIN

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