EL MAR
Siempre me gustó el mar, no solo bañarme en el, si no caminar
largas horas, descalzo, por la orilla mientras las olas lamía mis pies, sentir
la arena entre los dedos; eso me relajaba de una forma que ningún otro tipo de
terapia podría hacerme tal efecto.
Especialmente me gustaba en el otoño, ver las nubes cargadas
de lluvias y el mar tomar un color parecido al acero.
Tanto así, que con mi esposa decidimos comprar una casa a la
orilla de mi amado mar; no habíamos tenido hijos, así que una vez que me acogí a
la jubilación, con el dinero ahorrado, ya que siempre fuimos muy cuidadosos con
los gastos, el sueño de una casa junto al mar se nos hizo realidad.
La alegría nos duro muy poco; ya que una noche en que
caminábamos por el pueblo, un pueblo de casas bajas y bonitas, todas pintadas de
colores brillantes y alegres, como corresponde a un pueblo de pescadores;
mientras caminábamos tomados de la mano por este pueblo decía, un joven,
totalmente alcoholizado, conduciendo una motocicleta, de alta cilindrada, y a
gran velocidad, se nos vino encima; yo tuve suerte, si podríamos llamarlo
suerte, solo me quebró las piernas, mandándome tres meses al hospital, mi esposa
no tuvo tanta, ya que le quebró la columna vertebral en dos partes, matándola
instantáneamente.
Así que a los 60 años me encontré solo; ayudándome, para
caminar con un bastón de por vida, con una casa vacía y el corazón destrozado.
Ni siquiera pude enterrar a mi esposa ya que me encontraba
hospitalizado, de eso se encargaron amigos en comunes que teníamos con ella.
Cuando salí del hospital, ya estaba bien entrada la
primavera; me dirigí a la casa, me encerré en ella y estuve 15 días sin salir;
solo bebía, dormía y lloraba.
Las llamadas se amontonaban en el contestador, mis amigos
llegaban, golpeaban en la puerta y luego de unos ratos cansados de que no les
contestara, se alejaban con aire apesadumbrados.
Luego de dos semanas, me desperté casi a la madrugada, me
bañe y afeité, luego, abatido aun, decidí que la vida sigue y salí a caminar por
la playa; estaba seguro que mi fallecida esposa no querría que mi vida terminara
encerrado en la casa, matándome de tanto beber.
Después de tantos días encerrados, el brillo del sol me pego
como si fuera un mazo, al salir; eché a caminar y cruzando los medanos me
encontré en la extensa playa, llena de arena de color casi blanca; me saque los
zapatos, como tantas veces hicimos como mi esposa; comencé a caminar.
El mar estaba tranquilo, el sol brillaba y la temperatura
subía a cada minuto que pasaba, sin embargo una brisa fresca que venia desde el
océano me refrescaba y me daba ánimo para seguir caminando.
Luego de lo me pareció hora u hora y media de caminar,
divisé, no muy lejos más, algo que me pareció una posada o algo así.
Estaba entre los medanos y alejado del mar, había caminado
con Leonor, mi esposa, por ahí y jamás la había visto, supuse entonces que seria
nueva, al acercarme vi que era antigua en sus formas, pero nueva, ya que estaba
recién construida, la pintura relucía al sol y todo estaba impecable.
Era en realidad una especie de restaurante; me acerque a la
puerta y a pesar que estaba entreabierta, por dentro todo estaba en penumbras,
gire la cabeza, mirando por donde yo había llegado y no se veía a nadie, esto me
pareció extraño ya que a esa hora del día, por lo general había gente caminando
o ya bañándose en las frescas aguas del océano.
Conjeturé que al no ser aun temporada alta, los turistas no
habían llegado; entré entonces en el restaurante, ya que al estar sediento
quería tomar algo fresco.
Una agradable voz de mujer me dijo:
Está cerrado, hoy es día de descanso y no abrimos al
público-
Perdone – conteste – Es que tengo sed y quería tomar algo,
pero no se preocupe seguiré mi camino y veré si encuentro otro lado para que
me atiendan – y di media
vuelta para irme.
Espere – dijo la mujer – Un vaso de agua no se le niega a
nadie; por favor pase-
Camine unos pasos y me senté en una de las mesitas que ahí
había visto, una mujer se me acerco, con un vaso de agua muy fresca, en una
bandeja y la deposito en la mesa, al verla quede gratamente sorprendido, era una
dama de unos 30 años, bellísima, de rostro ovalado, con grandes ojos de color
celestes, una boca de labios rojos y carnosos, con unos dientes blancos y
perfectos, su pelo parecía del color del oro, recogido en un rodete sobre su
cabeza; tanto su ropa como su peinado, me pareció antiguo pero supuse que era
una forma de estar acorde con el restaurante, ya que este era de un estilo muy
antiguo; no conozco mucho de arquitectura pero presumí que era replica de algún
restaurante de los años 1910 o 1920.
A pesar de que su ropa ocultaba mucho su cuerpo, se adivinaba
que este era escultural, mas parecía el de una modelo que el de una dueña de un
restaurante; era alta, delgada, una cintura fina y grandes tetas paradas y por
lo que vi bastantes duras, no representaba ni cerca que tenia 42 años, (en un
momento de la larga charla que mantuvimos me lo confeso) realmente en el primer
momento en que la vi., podría haberle dado, a lo sumo, unos 35 años.
Se sentó a mi lado, me contó que su marido había muerto hacia
dos años, dejándole una pequeña herencia, que ella había invertido en el
restaurante, inaugurado hacia solo un mes.
Descubrimos, que teníamos muchísimas cosas en común, los dos
éramos viudos, solo que ella sí, tenia hijos, nos gustaba la música clásica,
cocinar, el mar y por supuesto caminar descalzos por la playa y como si fuera
una cruel broma del destino, ella también se llamaba como mi esposa, Leonor
En ese momento, risas y gritos nos interrumpió, saliendo de
una pequeña puerta de atrás del mostrador, hicieron su entrada los tres hijos de
Leonor, dos niñas y un varón.
Me los presentó; el mayor se llamaba Luís y tenia unos 17
años, le seguía Maria, con unos 15 años y la menor Laura, con solo 13 añitos,
los tres eran hermosos adolescentes, el varón y la menor de las niñas habían
salido mas parecidas al padre, según me comento Leonor, ya que eran de cabellos
negros, pero Maria era el vivo retrato de su madre, rubia y de grandes ojos
celestes.
Como era día de descanso se preparaban para pasar una jornada
en la playa, por supuesto, inmediatamente Leonor me invito y yo acepte con
gusto.
Salimos; el sol ya estaba alto y el calor se hacia sentir, a
pesar de que teníamos el mar prácticamente a nuestros pies, Leonor y sus hijos
se dirigieron hacia unas grandes piedras negras, pulidas por el tiempo y pasando
por una pequeña rendija que había entre ellas, desembocamos en una pequeña playa
que estaba totalmente fuera de los ojos de cualquier persona que no conociese la
forma de ingresar a ella.
Leonor extendió una gran toalla, mientras sus hijos se
dirigían gritando al agua.
- Espero que no seas una persona prejuiciosa – me dijo y sin
ninguna vergüenza comenzó a sacarse su ropa; pensé que la ropa de baño la traía
puesta, pero grande fue mi sorpresa cuando vi que se desnudó completamente y
extendió su impactante cuerpo sobre la toalla.
Mire en dirección a sus hijos y vi que ellos hacían lo mismo,
dejando la ropa en la arena y totalmente desnudos entraban en el mar entre
gritos y risas.
Realmente era, Leonor, de una belleza incomparable, el
vientre plano no indicaba en absoluto que hubiese dado a luz a tres hijos, los
senos, grandes, redondos y duros, coronados en las puntas por dos pezones de
color café claro, duros y erectos, las caderas en forma de pera, divididas en
dos medialunas perfectas, piernas largas y delgadas y en la unión de esas
hermosas piernas, el triangulo abundante y rubio de una mata de pelos
ensortijados, que apenas dejaban ver los labios gordos y rosados de su perfecta
vulva; al levantar los brazos para sacarse la ropa, advertí que no depilaba las
axilas , ya que pude ver unos largos y finos pelos rubios debajo de cada brazo.
-¿Supongo que no es la primera vez que estas ante una mujer
desnuda, que no es tu esposa?- me dijo con una sonrisa que era toda ternura, sus
ojos brillantes no dejaban de mirarme.
- Claro que no – conteste – Pero para serte sincero hacia
muchísimo tiempo que no veía a alguien tan hermosa y perfecta –
Soltó una risa que me supo a música, y una de sus manos
acaricio mi mejilla.
Luego sin dejar de mirarme me tomo la mano y se la llevó
hacia los pelos que rodeaban su concha, cerrando los ojos hizo que la acariciara
levemente en esa parte tan íntima.
Sentí, después de muchísimo tiempo, que mi miembro
reaccionaba y comenzaba a endurecerse.
- Vamos – me dijo – Desnúdate tú también – y al ver que yo
miraba en dirección a los niños continuo diciendo – No te preocupes por las
niñas están acostumbrada a ver a su hermano desnudo y no se sorprenderán en
absoluto -
Así que, un poco cortado, me saque la ropa y quede tan
desnudo como ella.
Su mirada me recorrió todo el cuerpo, al llegar a mi verga
sonrió satisfecha, ya que esta, se había erguido en todo su largor y dureza,
dejando bien a la vista mi dilatado glande.
Presto atención, a una medalla, de oro, que yo llevaba
colgada del cuello, sujeta a una gruesa cadena también de oro, en ella estaba
grabada en bajo relieve la letra L, pidiéndome que le contara la historia de esa
medalla.
-Bueno – conteste yo – En realidad no es una historia, solo
que cuando cobre mi primer sueldo en mi trabajo, compre dos medallas exactamente
iguales, una con la letra L y otra con la letra M, una se la regale a mi esposa,
la que tenia mi nombre claro, ya que me llamo Martín y la que tenia la letra L
me la coloque yo -.
- ¿Y como se llamaba tu esposa? – pregunto.
- Leonor, al igual que tú - le conteste yo.
- ¿Y donde se encuentra ahora esa medalla, la que le distes a
tu mujer, la que tiene grabado tu inicial?-
- Enterrada junto con el cuerpo de mi esposa- contesté
Ella nada dijo, pero una sombra de tristeza nublo por unos
segundos sus ojos.
Luego sonrió alegremente y olvidando la charla se fijó
nuevamente en mi miembro que se mantenía aun bien parado
Lentamente su mano lo tomo y mas lentamente aun comenzó a
masturbarme; yo no podía creer lo que me estaba sucediendo, pero el contacto de
su tibia mano en mi miembro me demostró que no era un sueño.
Yo estaba aun parado, ella poniéndose de rodillas se coloco
la verga en la boca y sacando su húmeda y rosada lengua, comenzó a lamerla
mientras una de sus manos se apoderaba de mis huevos apretándolos suavemente.
Yo miraba en dirección de donde se encontraban sus hijos,
temeroso de que ellos nos vean.
Leonor, dándose cuenta de mi preocupación, dejando de jugar
con mi verga me dijo:
- Ya te dije que no te preocupes por ellos; y como se que
eres una persona discreta te aseguro que comprobaras cosas que ni siquiera en
tus sueños mas eróticos has vivido -.
Solo podía asentir con movimientos de mi cabeza, ya que sus
manos y su lengua me producían tanto placer que ni siquiera podía articular
palabra alguna.
Ella poniéndome sus manos en mis caderas, me atrajo hacia si,
sepultando mi verga en su boca, tanto, que su nariz se aplasto contra mi bajo
vientre.
Comenzó entonces a chuparme el miembro con una maestría nunca
antes experimentada por mí, chupaba con fuerza y al retirar la boca, o sea
retirar su cabeza, su lengua cosquilleaba en mi glande.
Mis manos colocadas en su cabeza acompañaban el ritmo de
entrar y salir, un estremecimiento recorría mi cuerpo, haciendo que se me
erizara la piel, solo se sentía el sonido de su boca chupándome, el resto de los
ruidos habían desaparecido para mí.
En un momento que gire mi cabeza y abrí los ojos, advertí que
Maria nos había visto, por supuesto la posición de su madre y mía no dejaba
ninguna duda de lo que hacíamos, reparé como hablaba con sus hermanos y estos al
vernos, salieron del agua y se dirigieron, los tres, corriendo hacia nosotros.
En muy poco tiempo llegaron a nuestro lado, yo no podía creer
que esto estuviera sucediendo, Luís se paro al lado de su madre, mientras que
Laura y Maria se colocaron una a cada costado mío, arrodillándose en la arena y
sin apartar los ojos de la boca de Leonor chupándome el miembro, el cuerpo de
los tres brillaban por el agua del mar que humedecían aun sus cuerpos.
Eran los tres realmente hermosos, Luís, alto y moreno, de
tórax bien desarrollado, con sus brazos y piernas musculosas parecía un dios
griego, su verga, larga y gruesa, estaba tan erecta que apuntaba hacia arriba,
por debajo dos huevos, casi sin pelos, se veían, chicos, pero duros, su glande
de forma redonda estaba totalmente al descubierto, venas azuladas serpenteaban
por el grueso tronco.
Leonor, sacándose por un instante mi verga de la boca, tomo
la de su hijo, la apretó en su mano, y acercándola a su rostro le dio algunos
besitos en la cabeza, saco su lengua y lamió todo el tronco, la levanto y lamió
también los huevos, al hacerlo pequeños hilos de saliva corrieron por su mentón.
Yo me deleitaba mirando a las dos adolescentes, la mano de su
madre apretaba aun mi miembro mientras que la otra mano se apoderaba de la verga
de Luis, su boca luego de lamer a su propio hijo, chupo nuevamente mi miembro
por unos segundo antes de volver a chupar el miembro de Luís.
- Vamos mamá déjanos un rato a nosotras – le pidió riendo
Laura.
Dándonos un beso a cada uno de nosotros, Leonor se levanto.
- Tenemos todo el día para divertirnos, chicas, no se apuren
- contesto la madre.
Hizo colocar a sus tres hijos uno a lado del otro y me dijo:
- ¿Martín que te parecen mis tres amores, son hermosos
verdad? -
Y realmente así era; Maria, era muy rubia, el cabello muy
largo le llegaba hasta la cintura, con ojos celestes, como el mismo mar que
tenia a sus espaldas, de nariz pequeña y respingada, su boca de labios finos
pero rojos, como la grana, al sonreír dejaban al descubierto unos dientes chicos
y blancos, su lengüita al rozarse los labios con ella, era de color pálido y se
veía húmeda y tentadora.
A sus 15 años estaba totalmente desarrollada, sus tetas ,
eran grandes; en eso se parecía a su madre, pesadas, levemente caídas, y con
areolas de color rosa claro, las puntas de sus pezones, largos y en este momento
erectos y duros; su cintura estrecha, su vientre plano y piernas largas y muy
bien formadas y lo principal, en la unión de sus piernas, una hermosa mata de
pelos color del oro viejo, en la parte superior muy enrulados, se podía ver,
gracias a lo brillante el día, una fina hilera de pelitos, que subían hasta el
ombligo; su culo era perfecto, alto y con forma de pera, cortados al medio por
la raja lo separaba en dos perfectas media lunas, al agacharse y mostrar el
agujero de su ano, se veían unos pelitos rubios oscuros mas gruesos que los que
recubrían su vulva, esta era de labios gorditos, con el clítoris larguito y
desarrollado, en un momento que Maria llevándose la mano hasta ese lugar,
producto de la excitación que sentía, se lo entreabrió, y pude ver el brillo de
la humedad que lubricaba el interior de su vulva.
Al levantar los brazos comprobé que al igual que su madre no
se depilaba las axilas, ya que pude ver unos rulitos finos y rubios.
Hacia muchísimos años que no sentía a mi verga tan gorda y
tan dura, tenia la impresión que me explotaría en cualquier momento.
Laura, a pesar que solo tenia trece añitos, también estaba
totalmente desarrollada, mas delgada que su hermana y mas morena, incluso su
piel tenia un color mas oscuro, podía deberse al sol ya que estaba muy
bronceada, pero supuse que su padre era latino y de ahí ella había hederado su
color de piel.
Pelo muy negro, al igual que sus ojos, nariz mas grande que
la de su hermana, y una boca de labios gruesos y carnosos, que invitaba a
besarlos por toda una eternidad, cuello largo y fino, un capitulo aparte seria
hablar de sus tetas, eran perfectas en todo sentido, estaban totalmente
desarrolladas, redondas, duras y paradas, sus pezones del color del café, con
pequeñas areolas y puntas paradas, apuntaban, desafiantes hacia arriba.
Sus piernas, largas y delgadas, muslos perfectos y duros,
tobillos finos y los pies delgados de deditos largos y finos.
Tenia abundantes pelos enrulados y negros en la parte
superior de su vulva, pero nada en los costados, solo unos pelos larguitos pero
muy separados entre si, así que prácticamente se le veía la concha totalmente,
de labios gorditos, sobresalían un poco los labios interiores, el clítoris
asomaba envuelto en su capucha, largo y sobresaliente; al igual que su madre y
hermana debajo de sus brazos se veían largos pelitos, finos, negros y
brillantes.
Su culo, pequeño, como el de un varón, pero redondo y parado,
al ser, Laura, de piel morena, unos pelitos, finos pequeños y oscuros, corrían
desde su cintura hacia abajo y se perdían entre la raja perfecta de su culo,
también sobre su bajo vientre y en dirección a su ombligo una líneas de pelitos
negros sombreaban su pancita plana.
Leonor, se acerco a ellas y sus manos las acariciaba, se
detenía en sus tetas y les tocaba los pezones, endureciéndoselos, mientras ellas
saltaban y reían.
Se arrodillo frente a María y entreabriéndole la vulva me
dijo:
- Mira Martín que mojada está, ésta cochinita necesita que
alguien le saque la calentura ¿no crees?
Me acerque mas a María y la tome entre mis brazos besándola
en la boca, instantáneamente, respondió al beso, su lengua entro en mi boca y
jugueteo con mi lengua, una de sus manitos se apodero de mi endurecida verga,
apretándomela, sus tetas se aplastaron contra mi pecho, la mano que le quedo
libre me acaricio la nuca.
Sentí que todo mi cuerpo se estremecía de placer, no podía
creer que en minutos mas le metería la verga a una pequeña de tan solo 15 años;
mi mano trato de tocar su concha, pero ella al sentir mi mano buscar su
intimidad se separo y alejándose unos pasos se tiro sobre la arena separando
bien sus piernas, dejándome bien a mi vista y a la del resto, su concha
completamente mojada.
Su hermano, se arrodilló a un costado, Maria le tomo la verga
y comenzó a lamerla, mientras sus grandes ojos sin apartarse de los míos me
invitaban a lamerla a ella.
Me arrodille entre sus piernas, sus muslos, se abrieron aun
mas, como si fuera una boca invitándome a besarla, su vulva se entreabrió,
dejándome ver su húmedo interior.
Mi verga se estremecía, con solo ver ese espectáculo estaba a
punto de largar un torrente de leche, sin embargo, me agaché y sepulte mi boca
en la concha de la adolescente.
Mis manos la tomaron del culo, levantándola hacia mi boca, mi
lengua comenzó a lamer y lamer en todo el largo de su hendidura, sentía la
dureza de su clítoris, Maria a cada lamida mía se estremecía y chupaba con mas
fuerza la verga de su hermanos que solo gemía con los ojos cerrados.
Mientras Leonor miraba, la pequeña Laura se coloco detrás
mío, tomo mi verga que colgaba y comenzó lentamente a masturbarme, mi piel se
erizó, no solo me masturbaba desde atrás si no que también empezó a lamerme la
raja de mi culo, yo entreabrí mis piernas para facilitarle la operación y ella
al descubrir el agujero de mi ano metió la lengua en el.
Creí que el mundo explotaría y yo con el; mi lengua se movía
a toda velocidad entrando y saliendo de la mojadísima concha de Maria.
Aferrado al culo de la niña, no solo le lamía la concha si no
que también la parte externa de sus muslos; de tal forma que note que pronto la
niña llegaría a su orgasmo, este llego con movimientos convulsos, lo note en mi
boca, los movimientos espasmódicos de su pelvis, justo en el momento que su
hermano le largaba grandes chorros de semen en su boca, ahogándola y haciéndola
toser; Maria apretó sus rodillas en mi cabeza y luego de retorcerse, quedo laxa
sobre la arena.
Yo me derrumbe sobre ella, por supuesto, mi verga aun estaba
dura como una piedra ya que yo, por fortuna, no había acabado; esto me alegro
sobremanera ya que aun me quedaba mucho trabajo por hacer.
Maria se levanto, me besó amorosamente en la boca, que aun
mantenía el sabor de su concha y tomando de la mano a su hermano se dirigieron
al mar.
- ¿Te gusto el sabor de la vulva de mi hijita? – me pregunto
sonriente Leonor.
- Realmente – conteste yo – Jamás he probado algo tan
delicioso –
Ella me contesto con una carcajada, se arrodillo, me tomo la
endurecida vega con su mano y dirigiéndose a su hija más pequeña le preguntó
- Laura ¿me ayudas con esto, a ver si se la bajamos un poco
al pobre de Martín?
- Con muchísimo gusto mamá – contesto Laura.
Se arrodillaron las dos, ante mí, y mientras la pequeña me
acariciaba los huevos, su madre se metió todo el glande dentro de su boca y
comenzó a chupar y lamerlo.
Yo eche la cabeza hacia atrás y cerré los ojos, las manos de
madre e hija me acariciaban el culo y los muslos mientras la boca de Leonor no
dejaba de chuparme y lamerme tanto el glande como todo el tronco, se lo sacaba
de la boca y se lo daba a su pequeña hija quien lo besaba y lamía; en un momento
dado me dijo:
- Acuéstate en la arena Martín, acuéstate mi amor.
Obedecí inmediatamente acostándome en la caliente arena, ella
me acaricio la cara y luego se coloco a horcajadas sobre mí parada verga, la
tomo en sus manos y diestramente se la coloco en la entrada de su concha, que al
estar tan lubricada, comenzó a entrar fácilmente, cuando estaba enterrada hasta
los mismos huevos un largo suspiro salio de la garganta de Leonor.
- ¡Que gorda la tienes Martín! que gorda y dura -
Luego acostándose sobre mí, mientras apoyaba las duras tetas
sobre mi pecho le dijo a Laura:
- Laurita ve a llamar a tu hermano, rápido hija, rápido -
Laura salio corriendo a buscar a Luís que se encontraba en la
orilla junto con su hermana.
Leonor se tiro sobre mí y colocando su boca sobre mi oído me
susurró:
- Quédate quieto, no te muevas, amor mío; yo se que estas a
punto de explotar dentro mío y llenarme la concha de leche, pero solo espera -
Ella tenía razón, mi verga ya palpitaba preparándose para
largar un torrente de leche.
No olvidemos que hacia muy poco yo había lamido la concha de
Maria y Laurita me había masturbado y tampoco olvidemos que yo tenia 60 años y
me costaba mucho retener el semen que pugnaba por salir; sin embargo trate de
pensar en otra cosa y de esa manera esperar para ver que tramaba Leonor.
Sentía las músculos de su vulva apretarme la verga, cada
movimiento de ella, repercutía en mi miembro, este estaba tan adentro de Leonor,
que solo quedaba a la vista mis huevos, casi aplastados por su amplio culo.
En ese momento llegaron, a la carrera los tres hijos de
Leonor, el agua del mar hacia brillar sus cuerpos desnudos, se colocaron las dos
niñas casi al lado nuestro para ver bien lo que acontecería en minutos mas.
Luis, enseguida comprendió lo que su madre quería, Leonor
levanto todo lo que pudo el culo, pero tratando de que mi verga no saliese de
dentro de ella, su hijo, tenia la verga bien dura, ya que Maria se la sacudió un
rato, la tomo con una mano, se escupió la otra y se paso la saliva por el
miembro, nuevamente se escupió la mano y esa saliva se la paso al abierto culo
de su propia madre, se acomodo detrás de ella, y con un pequeño esfuerzo, ya que
por lo visto el culo de Leonor había recibido anteriormente la verga de Luís, y
se la fue metiendo hasta los mismos huevos, que golpearon en la concha de
Leonor.
Al recibir en su interior toda la verga de su hijo, Leonor
soltó un largo suspiro, se volcó sobre mi pecho y comenzó a mover la cintura, al
mismo tiempo la verga de Luís entraba y salía del culo de su madre, Leonor tenia
mucho cuidado de que mi propia verga no se saliese de su concha.
Las dos niñas miraba extasiadas el espectáculo, sus manitos
pasaba de sus concha a sus tetas apretándoselas y tratando de que sus pezones se
endurecieran aun mas.
Yo sentía en mi miembro los movimientos de la verga de Luis,
Leonor susurraba en mis oídos no solo palabras de amor si no gemidos y suspiros;
en un momento dado me dijo:
- Déjate ir amor mío, acábame adentro que ya noto la
aproximación de mi orgasmo - no termino de decir esto que retorciéndose y
gimiendo se apretó contra mi, sentí los espasmos en su vulva apretándome la
verga y el orgasmo la meció como si fueran olas.
Cerré mis ojos, mis dientes se apretaron y como si fuera un
golpe eléctrico, sentí que desde mis huevos ascendía un torrente de leche que
fue a llenar la concha de Leonor, chorros tras chorros, fue saliendo toda la
esperma que hacia tanto tiempo ya no expulsaba.
Quede como muerto en la arena, en ese momento, casi al salir
mi flácida verga ya del interior de Leonor, los gritos de Luís y de las niñas me
dieron a entender que Luís le llenaba el culo de leche a su madre quien quedo
como desvanecida sobre mi.
Luego de descansar unos minutos, Leonor se levanto, abrió
bastante las piernas y nos mostró; pudimos ver, entonces, que de su concha y de
su dilatadísimo culo, grandes gotas de esperma, salían, quedaban colgando,
algunos segundos, por un delgado hilo de semen y caían finalmente en la arena,
donde brillaban por un momento, antes de que la arena los absorbiese.
- Mamá - les dijeron las niñas que miraban lo que le sucedía
– Ve ya mismo a bañarte, que tus dos agujeros resuman leche – me sorprendió,
gratamente, que todo esto se lo decían entre bromas y risas.
Leonor, corriendo se aproximo a la playa, tomando el agua del
mar con sus manos procedió a lavarse sus partes intimas; luego regreso también
al trote; un espectáculo aparte fue ver sus grandes y pesadas tetas bambolearse
al correr al igual que sus nalgas.
Al llegar a nuestro lado se coloco solo el vestido y
colándose entre las piedras nos dijo que esperáramos unos minutos que nos
traería algo de comer, ya que era la hora del almuerzo.
Solo tardo un momento y extendiendo un mantel grande y
floreado coloco en el: frutas, nueces, pollo frito, pescado ahumado, pan cortado
en rodajas y una botella de un vino que realmente era una delicia.
Por supuesto todos, incluidas las niñas bebimos de el,
pasando un momento espectacular, entre risas y bromas e incluso comentando lo
sucedido momentos antes.
Luego, me tire sobre la arena y me fui adormilando; debo
haber estado dormido quizás una hora, me despertaron unos gemidos, al abrir los
ojos, descubrí a mi lado a Leonor, tenia los ojos cerrados y gemía de una manera
que enseguida y en cierto modo a mi pesar, la verga se me empezó a parar; estaba
como he dicho a mi lado, su cabeza volteada hacia mi, sus piernas levantadas de
tal forma que sus rodillas aplastaban sus senos, las tenia no solo levantada,
también muy abiertas, mientras la verga de su hijo entraba y salía en forma
rápida de su vulva, hasta el ruido de succión, yo oía perfectamente.
Laura y María al ver que yo despertaba, se me acercaron a los
gritos, sus cuerpos brillantes de sudor y excitación, las mejillas arreboladas y
los ojos llameantes de deseo.
Si algo necesitaba para que mi miembro se pusiese otra vez
como una roca, esa visión lo logro ampliamente; no entendía que me estaba
pasando, anteriormente para estar preparado para otro asalto sexual necesitaba
muchísimas mas horas de descanso, ahora con solo verlas y oír a su madre gemir y
gritar obscenidades como una puta cualquiera mientras la verga de su hijo la
taladraba, me enloquecía y endurecía mi verga hasta un punto que me era
intolerable.
Como si otra vez tuviera 20 años y no 60 como en realidad
tenia, mi miembro apuntaba, gordo y duro hacia el cielo, inclusos daba pequeños
brincos, sentía mis huevos, duros y nuevamente llenos de leche, preparados para
atiborrar, de esperma, esas dulces, pequeñas y húmedas conchas adolescentes.
María se coloco entre mis piernas, me tomo el miembro entre
sus manos y comenzó a pasárselo por la cara, al mismo tiempo lo besaba y lamía,
se tomo un pezón con los dedos y se lo froto con mi dilatado glande, de vez en
cuando lo tocaba con su lengua para humedecerlo.
Laura mientras tanto, colocándose a horcajadas sobre mi
pecho, levanto su vulva hasta la altura de mi boca y me la ofreció para lamerla,
para que mi lengua llegase a todos los rincones de su intimidad, se la
entreabrió con los dedos.
Por supuesto estaba empapada de sus propios jugos, tanto así
que bajaban por mi mandíbula.
Luís, seguía taladrando la concha de su madre, mientras ésta
solo gemía y gritaba de una forma incontrolable.
Subí mis manos hasta los recién formaditos pechos de Laura,
los encontré duros y los pezones totalmente erectos, mis manos se apoderaron de
ellos y los estruje, haciéndola suspirar de puro placer.
Cuando María consideró que mi pene ya estaba a punto, se
levanto y acomodándoselo en la entrada de su concha, que ella misma se abrió, se
lo fue enterrando hasta que los abundantes pelos color de oro que le recubrían
la vulva se confundieron con los míos.
La presión de su concha, el placer de sentir mi verga
apretada por ella, la humedad abundante que corría por mi tronco y especialmente
sus movimientos, me trasportaban a un mundo que yo creí conocer, pero que en
realidad nunca lo había visitado.
Laurita, se paro y se dio la vuelta, sentándose en mi pecho
nuevamente pero de cara a su hermana, no solo me dejo a la vista su bien formado
culo, si no que también girando la cabeza podía ver la cara de Leonor,
transformada de placer al sentir en todo su largor la verga de su hijo; en un
momento dado, abrió sus ojos y se clavaron en los míos, una sonrisa que era todo
amor me dedico, entendí en ese momento que sin saberlo estaba profundamente
enamorado, no solo de ella si no también de sus hijos, ella como si leyera mis
pensamientos, asintió con la cabeza, y con los labios formo la palabra que yo
deseaba, mas que nada en este mundo, oír: Te amo.
Laura abrazo a su hermana, que me cabalgaba sin piedad y las
dos se unieron en un profundo beso; algo le susurró por que María se levanto y
cambiaron de posición, ya que Laura se acomodo sobre mi verga y se la metió
completamente adentro, mientras que sus manos se apoderaban de mis huevos,
mientras se movía como una salvaje.
Y por segunda ves en ese día, sentí como desde el fondo de
mis entrañas un volcán explotaba y grandes chorros de leche se sumergían en las
profundidades de la casi virginal concha de la niña, al mismo tiempo Laurita
apretó las piernas contra mis costados y un orgasmo la tomo casi por sorpresa
dejándola exhausta.
Por los gritos de su madre comprendí que también ella estaba
acabando con la verga de su hijo incrustada en su interior, quien sin poderse
contener mas también la lleno de una leche caliente y espesa.
Todos quedamos tendidos en la arena, completamente rendido;
pude ver por la posición del sol que ya atardecía; por lo que me levante, me
vestí y acercándome a Leonor le dije: - Es tarde ya para mi y la verdad es que
estoy muy cansado, lo único que deseo ahora es dormir algunas horas y darme un
baño –
- ¿Regresaras?- me pregunto ansiosa.
- Claro que si – conteste – Solo dime a que hora quieres que
regrese-
- No regresaras nunca mas, me lo dicen tus ojos – me contesto
llena de tristeza.
- No es así – le dije – Estoy enamorado de ti; y para que
sepas que digo la verdad te dejo mi medalla que me devolverás esta noche cuando
estemos todos juntos de nuevo –
Y pasando del dicho al hecho le coloque en el cuello la
cadena con la medalla donde estaba grabada en bajo relieve la letra M.
Una sonrisa alegro su hermoso rostro.
- Te esperamos a las 10 P.M. como estas muy oscuro colocare
una vela en la ventana para que puedas ver el restaurante -
- Perfecto, a esa hora estaré acá y te aseguro que será para
siempre –
Me despedí de los niños, pase entre las piedras y en un rato
mas llegue a mi casa.
Me bañe, y me tire en la cama para descansar un rato, mi
reloj pulsera marcaba las 7.30 P.M. así que tenia mas o menos dos horas para
dormir, pensando en Leonor y sus maravillosos hijos me quede dormido, con el
firme propósito de despertarme a la hora convenida.
Cuando abrí los ojos, el sol entraba a raudales por los
ventanales; me levante angustiado, ni siquiera sabia que día era, me había
dormido y la noche ya había pasado.
Casi desesperado me vestí y salí a la carrera, pensando que
excusa poner, decidí que solo le diría la verdad ya que por estar tan cansado no
me desperté a la hora que debía hacerlo.
Llegue corriendo hasta donde estaba el restaurante, cuando
estuve frente a la puerta lo mire sorprendido, era el mismo, pero al mismo
tiempo no lo era; la pintura brillante y nueva estaba totalmente descascarada,
tenia una parte nueva agregada que no había visto el día anterior; algo no
estaba funcionando correctamente allí.
Entre, todo era distinto, un hombre gordo y calvo estaba
detrás del mostrador limpiando unas copas, y un par de parroquianos bebían
cerveza.
Me acerque a este hombre y pregunte por la dueña; me miro con
sorpresa.
-Yo soy el dueño – me dijo.
- No, quiero hablar con Leonor- conteste yo.
- Vea amigo – me dijo haciendo un esfuerzo para no enojarse –
El único dueño soy yo y no hay ninguna persona con ese nombre –
- Pero si yo hable ayer con una mujer llamada Leonor que
tiene 3 hijos y es la dueña de este lugar-
-El restaurante lo compro mi abuelo en los años 30 luego lo
atendió mi padre y ahora es mío, así que yo sabría si hay alguna persona con ese
nombre y discúlpeme pero estoy ocupado.
Salí caminando como si estuviese borracho ¿Que estaba
pasando? ¿Fue un sueño?
Sin embargo yo sabia que todo era real incluso mi miembro
estaba como si hubiese echo el amor durante horas, así que no había sido una
ilusión.
Cruce los medanos y me adentre en el pueblo, alguien tendría
que explicarme que es lo que estaba sucediendo; solo que no sabia a quien
preguntar.
Me encontré de pronto frente a una gran edificio de forma
rectangular; la biblioteca publica; pensé que quizás acá tendría algo que me
aclarara las ideas; entre en el fresco edificio y llegue hasta donde atendía la
bibliotecaria; una señora delgada, alta, de lentes y ceño adusto, pero que me
atendió muy amablemente; al explicarle que quería saber sobre el restaurante que
estaba en los médano, me contesto que había muy poco material donde verificar
eso, pero que tenia unos periódicos de la época en que se había inaugurado, así
que me alcanzo unos periódicos muy viejos, los tome y me senté en una de las
grande mesas que estaban ahí para la lectura; en los dos primeros no encontré
nada pero en uno vi en primera pagina una foto con un titular que hablaba de un
incendio.
Me fije en la fecha 10-10-1926; por supuesto no podía ser ya
que yo había estado ayer en el, me fije en mi reloj que también es calendario;
10-10-2006; el periódico tenia exactamente 80 años; el articulo hablaba de un
incendio que destruyo parcialmente el restaurante, provocando la muerte de su
dueña y de sus tres hijos.
Todo comenzó a girar a mi alrededor, sentí nauseas y las
piernas como si me pesaran toneladas, sin embargo me esforcé para seguir
leyendo; según el jefe de los bomberos una de las causas del incendio podría
haber sido una vela colocada cerca de alguna cortina, posiblemente en una de las
ventanas.
Había una foto, ya casi descolorida por el tiempo; la mire
bien y algo me llamó la atención; me acerque nuevamente a la bibliotecaria y le
pedí algún vidrio de aumento, ella buscando en uno de los cajones me entrego una
especie de lupa, con ella en la manos, me senté nuevamente y coloque la lupa
sobre la foto, en ella se veían cuatro cuerpos quemados, totalmente
irreconocible, sin embargo pude ver claramente que en el cuello de uno de los
fallecidos, una cadena con una medalla y una inconfundible letra M en bajo
relieve.
Coloque mis manos en mi rostro y llore.
FIN