EN EL AUTOBUS A ALEMANIA: homenaje a Eric Hundt Richard
La estación de autobuses está llena de gente y Luis mira a
todas partes tratando de encontrar el autocar que lleve el rótulo a Francfort.
Gente con maletas y bolsas que le empujan de un lado y del otro. A sus dieciséis
años va a hacer un viaje solo. Su hermano, con quien tiene una relación
distante, le ha dejado a la entrada y ahora casi lo echa de menos. Al menos le
ayudaría un poco con esa bolsa pesada y llena de regalos para su hermana.
Por fin, divisa un gran bus amarillo que lleva la consigna
"Hamburgo-vía Francfort" y se hace paso hacia allá. Deja la bolsa en la panza
del vehículo y se dispone a subir. Muchos trabajadores, pocos turistas y algún
estudiante despistado como él. Luis se deja caer en el asiento vacío con el
número catorce y se pregunta quien le tocará al lado. Hace calor y lleva la
camiseta sudada y un mechón de pelo sobre la frente, casi en los ojos. Le duele
el brazo de tanto cargar. Los músculos se han tensado y se siente ya como un
hombre maduro viendo sus bíceps inflados y brillantes. El torso está apretado
por la camiseta verde y deja ver sus tetillas pequeñas y prominentes y los
brazos ya fuertes. La gente se está sentando y por el momento nadie llega a su
lado, aun cuando aparenta que todo está lleno.
La azafata anuncia en español y alemán la próxima partida. La
puerta del bus se abre y deja paso a un chico joven que se dirige al asiento
contiguo a Luis, el trece. ¡Vaya! pensé que no llegaba, le dice mirándole
sonriente y arrastrando un acento cantarín que Luis no conoce. Me llamo Erik ¿y
tú? Ah hola, yo Luis. ¿Eres de Barcelona? No. De Santander ¿y tú? Ah, yo soy de
Bogotá ¿conoces? No, nunca he viajado hasta ahora fuera de aquí. Mh bueno, yo
voy a estudiar cerca de Hamburgo. Yo a visitar a mi hermana… Luis percibe una
simpatía cercana en Erik y se pone contento. Tal vez nos hagamos amigos, piensa.
Erik es rubio como el trigo maduro, de boca ancha y deja ver unos dientes
pequeños y regulares. Lleva una camisa desabrochada y enseña un pecho fuerte y
sudoroso, de hombros anchos y porte ágil. Sus ojos son azules, claros como el
cielo y llenos de alegría. Posee esa mezcla asombrosa de catire europeo y
ligereza latina. Luis está fascinado por su manera de moverse, pues en poco
tiempo se ha levantado, ha colocado su ropa, le ha preguntado a la azafata cosas
del viaje y se ha estirado dejando ver el nacimiento de su vientre moreno y
plano. Lleva unos vaqueros desgastados y ajustados que marcan sus piernas
fuertes y torneadas. Parece algo mayor que Luis, aunque se mueve como un crío.
El autobús arranca y los muchachos contemplan la salida de la
estación y la gente que despide a los pasajeros. Un hombre negro y fuerte, de
torso desnudo, mira a Luis con intensidad y desaparece entre el gentío… Pronto
el mar azul mediterráneo y la carretera que lleva al norte.
Erik comenta acerca de su país, de las playas y de la gente.
Está arrimado a Luis que siente su aliento y el roce de su brazo, de vello
dorado, con el suyo. La sensación es intensa y desconocida, y deja su brazo
pegado mientras respira el aire que llega del mar. A Luis las historias de Erik
se le hacen divertidas y sueña con estar algún día en ese país donde todo parece
tener tanto ritmo y la vida es tan intensa. Su pierna está pegada a la de su
compañero y le excita. De vez en cuando hace algún gesto para tocarle el hombro
o le golpea el muslo en plan de risa. Erik recibe esto con naturalidad y
ocasionalmente le palmetea la espalda también…
Luis es tímido para hablar de él. No tiene claro qué le
atrae. Ha tenido una novia, pero la cosa ha decaído por falta de intensidad. A
veces se ha sorprendido mirando a algún compañero del colegio, pero rechaza eso,
pues no sabe qué pensar. Erik con sus chistes y su naturalidad es la persona más
agradable con la que ha estado hasta ahora. El colombiano le cae realmente bien.
Tras mucho recorrido, ha caído la noche y el autobús se
detiene en un hotel de carretera en pleno corazón de Francia. La azafata hace
bajar a todos los pasajeros y plantea que hay que distribuir las habitaciones.
Luis siente palpitar el corazón cuando piensa que puede pasar la noche con su
nuevo amigo y ambos buscan a la azafata para decirle que quieren una doble. Pero
las habitaciones son triples así que hay que buscar un nuevo compañero. Los dos
se miran con inquietud ¿Quién les tocará de compañía, ahora que ya se han
habituado el uno al otro?
Un hombre joven se les acerca y les propone compartir. Parece
amable, de unos treinta años, y tras sus lentes relucen unos ojos con chispa y
tranquilizadores. Los chicos aceptan al nuevo, ya que no les queda otra y la
azafata alemana les entrega la llave para que puedan ir a descansar, pues al día
siguiente toca madrugar y seguir el viaje.
Erik es el primero en entrar. Siempre encuentra algo
positivo. El dormitorio es espacioso y tiene tres camas y un lavabo, pues hay
que compartir el baño fuera de la habitación. Erik hace chistes acerca de quien
va a roncar más y molestar a los otros. Enrique, el nuevo, es tranquilo y se
queda rápidamente dormido sin ponerse el pijama, tras quitarse los zapatos y los
pantalones.
Erik y Luis siguen contándose historias sentados al borde de
una de las camas. Luis siente el calor de su amigo y no puede evitar mirarle el
pecho, ahora sin camisa, de reojo, con un sentimiento de excitación pero también
de vergüenza. Erik en cambio, se ríe, le hace chistes acerca de todo. Le mira a
los ojos, ojos verdes de Luis y le pasa la mano por la espalda sin importancia,
como con una caricia.
Deciden dormir. Luis se siente inquieto. La luz se apaga. Se
queda pensativo. Tantas emociones el día de hoy. Pronto escucha un ronquido
desde la cama de Erik. No sabe si le dejará dormir.
Piensa en el cuerpo de su amigo, tan bien formado. En el
momento en que se quitó los pantalones, enseñando sus piernas cubiertas de vello
rubio y de piel broceada. Sus brazos, de músculos fuertes y alargados y hasta
cuando vio sus slips blancos que se curvaban bajo el peso de su sexo y que le
produjo una impresión mezclada de deseo de conocer y de pudor… Erik se acostó
con slips. Luis se puso el pijama. Ahora, el calor de la habitación y los
ronquidos lo tienen en vela. Una fina luz atraviesa las cortinas. Se levanta y
se acerca a la cama de Erik, que duerme con las manos bajo la cabeza, enseñando
el pecho. Bajo sus axilas una mata de vello rubio profuso. Sus tetillas son
finas, rosadas, terminadas en punta y envueltas de un pequeño e incipiente vello
dorado. La postura abulta sus bíceps y parece un joven Mercurio durmiendo. Sólo
el ronquido lo distingue. Aún dormido parece de buen humor.
Luis se sienta a su lado. No se atreve a despertarle. Lo
contempla con admiración. Baja lentamente la sábana y aparece el torso entero y
el vientre liso de su joven amigo. En el ombligo termina una fina hilera de
vello que apunta hacia el slip. Erik no parece darse cuenta y Luis se
envalentona dejando ver el slip y el nacimiento de sus muslos fuertes.
Ahora no sabe qué hacer. El ronquido, la atracción de del
cuerpo del joven, la vergüenza… ¿Qué: no te dejo dormir? Luis se sobresalta
mientras Erik se echa a reír con simplicidad e inocencia. ¡Vaya susto te he
dado! Jajaja… Le agarra por los hombros y lo tumba a su lado. No grites no
vayamos a despertar a ese, dice refiriéndose a Enrique. Podemos charlar un rato
¿quieres? Claro, dice Luis, que no puede creerse tanta naturalidad y está
gozando la suave y cálida piel de Erik, tan cerca. Hablan de cosas sin
importancia mientras Erik le mira con sus ojos azules y sonrientes. El
colombiano mira a su amigo y percibe su susto. El pelo alborotado, los ojos
verdes, la boca fina y delicada, el cuerpo longilíneo, el aspecto delicado pero
varonil de Luis le gusta. ¿Sabes? Me gustaría que fuéramos amigos y que nos
podamos ver cuando te bajes en Francfort. Sus palabras suenan como música para
Luis, que se siente tenso y cerca a un tiempo. El otro lo abraza con suavidad y
le pasa las manos por la espalda. Quédate a dormir conmigo. Pero ¿Y Enrique?
¡Qué más nos da! Además no hay nada malo: le diremos que yo roncaba y que por
eso te quedaste aquí. Vale. Luis responde a sus abrazos con cautela. No puede
evitar sentir su propio miembro tieso y un delicioso calor que sube por su
espalda. Erik lo nota también. Jaja. Te has empalmado. Yo también ando calentón,
mira. Y sin preguntarle nada toma la mano de Luis y se la pone en el paquete.
Luis no sabe qué hacer. Siente la verga del otro fuerte, grande, bajo el slip.
Ya ves. Estamos calientes, es normal, nos caemos bien…
Nunca Luis ha estado con alguien que le hable y le acepte con
tanta libertad. La admiración y el cariño hacia Erik son tan grandes que le
sonríe y le toma del cuello para darle un beso en la mejilla. Me caes superbien,
le dice. Y tu a mi, le dice abrazándolo de nuevo y agarrandole la verga. Luis se
sobresalta. Jaja, no te asustes, no te voy a violar, Luis. Sólo quería saber
como la tienes, es más larga y yo la tengo más gruesa ¿a que sí? Luis va
perdiendo miedo y le toca la suya. Es verdad. La tienes bien gruesa. Erik se
baja el slip. Tócala, anda, que me da gusto. Luis siente la suave piel de la
polla del amigo, caliente y húmeda y sus huevos grandes y ya velludos y permite
que Eric, a su vez, le baje el pantalón del pijama y se apodere de la suya. La
sensación es deliciosa. Luis le acaricia el glande mojado con su mano grande y
caliente. La impresión es como miel en la boca y agitación en el cuerpo. Se
abandona. Y Eric: ahora ya somos más amigos. Nos conocemos más íntimamente…Y le
da un pico en los labios, tomándole del cuello. Mmh estoy cansado, pero quiero
que sigas a mi lado. Así te puedo acariciar. Vale, creo que ya no me importa que
ronques.
Los chicos están ahora desnudos y abrazados. El cansancio se
apodera de ellos por encima de la excitación y se quedan dormidos el uno con el
otro. Son casi las tres y a las seis hay que levantarse….
(continuará)