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[ Dicen y dirán que la pega, no es gavilán. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 21 de Noviembre, 2008.
Fecha: 19-Oct-06 « Anterior | Siguiente » en Gays (4826 de 6559)

Scat para cinco

luisfo
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En este relato se narra la primera práctica scat de un grupo de cinco amigos. Puede resultar asqueroso para unos y placentero para otros. Absténgase a leerlo la gente sensible con estos temas. Y se pide respeto para los que disfrutan con ellas. No se hace daño a nadie. Al menos eso piensan 5 sus protagonistas. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

(Este relato es de contenido escatológico y está dirigido a unos lectores muy concretos que buscan este tipo de narraciones, intentando recrear sus posibles fantasías. De este modo, soy consciente de que puede dañar la sensibilidad de algún otro lector. Por favor, de ser así, absténganse a leerlo. Gracias)

Las cosas más insospechadas siempre ocurren entre buenos amigos. Y en ese caso, mis amigos y yo habíamos decidido irnos durante 15 días a la casa de la playa que tenían mis padres. El mes de julio era un mes perfecto para disfrutar de las vacaciones, así que echamos las maletas en los dos coches, subimos también a Bestia, el rottweiller de Fernando, nos montamos y nos largamos para allá.

La casa era pequeña, la planta baja de un bungalow. Dos habitaciones, dos patios (uno delantero y otro trasero), un baño, un salón y una cocina. Los cinco que íbamos nos distribuimos en las habitaciones y el salón, aunque luego seguramente acabáramos todos juntos durmiendo en el salón con los colchones tirados por el suelo.

La historia que quiero contaros sucedió el primer día a las pocas horas de llegar. Habíamos hecho pasta para comer y nos habíamos sentado en la mesa del salón. Yo me llamo Enrique, tengo 22 años, soy moreno con el pelo corto y de piel tostada. Estoy delgado y la verdad es que me considero un tío atractivo. Apenas tengo unas cuantas briznas de vello negro, delgado y rizado entre los pectorales y en el ombligo, aunque en el culo, en los muslos y en las piernas tengo un montón.

Después estaba mi amigo Ángel, un tipo grandullón, rubio, con cara de malo, gordote, con dos buenas tetas de grandes pezones y una imponente tripa. Ángel es imberbe excepto por sus axilas.

También estaba Fernando, el cachas del grupo. Fernando te daba una ostia y te arrancaba la cabeza. Parecía Vin Diesel, tremendamente tocho, varonil, masculino. La ostia de tío. Con su cabeza rapada parecía una mala bestia, como su perro, aunque Fernando era totalmente imberbe, cosa que le diferenciaba de su rottweiller.

El tercero en discordia era Juan Carlos, otro tío grandote, híbrido entre Fernando y Ángel, con algo de vello en el cuerpo, y aunque no estaba ni gordo ni cachas tampoco estaba delgado. Era algo entre medias.

Por último estaba mi hermano mayor, Domingo, que para mí es un amigo más. Domingo tiene un cuerpo parecido al mío, sólo que está más desarrollado. Tiene 25 años, hace natación, así que imaginaos los pectorales, el vientre, el culo y las piernas que tiene. Encima el cabrón, a pesar de nadar, no se afeita, así que conserva una importante capa de vello que le recubre el torso y las piernas. Tiene pinta de mafioso cabrón, algo que me encanta.

Pues estos eran mis acompañantes. Terminada la comida, comenzamos a recoger los platos. Le tocaba fregar a mi hermano y a Fernando, el cachas. Por mi parte, cogí el cepillo y la pasta de dientes y fui al baño con intención de lavármelos. En ello estaba cuando Ángel aporreó la puerta y me pidió pasar.

-Pasa, tío, que estoy lavándome los dientes –dije. Ángel asomó la cabeza por la puerta.

-Enrique, macho, necesito pasar al baño –suplicó. Yo acababa de meterme el cepillo de dientes en la boca y comenzaba a tener espuma en ella.

-Entra –hablé de mala forma, señalándole la taza del váter.

-No, tío, que estás tú –dijo.

-Joder, entra. ¿Te va a dar vergüenza a estas alturas mear delante de mí? –le pregunté.

-Si es que no quiero mear. Si es que me estoy cagando –señaló. Tanta sinceridad a bocajarro me hizo reír.

-Pasa, joder –le dije-, si a mí no me da asco –le tomé del brazo y le obligué a pasar-. Además, yo acabo ya –expliqué, escupiendo espuma en el lavabo.

Ángel iba sin camiseta, sólo con sus bermudas. No se mostraba acomplejado a causa de su barriga de piel blanca e inmaculada de vello. Pasó dentro del baño sin decir nada y todavía me miró dudoso. La puerta estaba entrecerrada.

-Si no sales de ahí vas a morir asfixiado –bromeó Juan Carlos asomándose a través del quicio de la puerta.

-Pues si ya se lo he dicho –recalcó Ángel-. Llevo cuatro días sin cagar. Puede morir –rió. A mí también me hizo gracia.

-Vas a reventar las cañerías, tronco –bromeé.

-Joder, Angelito, déjanos que grabemos en vídeo como descargas lo acumulado ahí dentro desde hace cuatro días. Tienes que soltar una mierda de brontosaurio.

-Calla, cabrón –insultó éste a Juan Carlos-. ¿Qué me dais a cambio? –sonrió Ángel con malicia.

-Nada –dije yo, terminando de enjuagarme la boca.

-¿En serio queréis grabarme jiñando? –preguntó Ángel para asegurarse de las intenciones de Juan Carlos. Nosotros, divertidos, asentimos-. Vale, entonces trae la cámara.

Al decir esto los tres empezamos a descojonarnos de la risa. Juan Carlos desapareció en busca de la videocámara y escuché como avisaba a Fernando y a mi hermano de lo que íbamos a hacer. Así que allí, en la puerta del baño, aparecieron los tres. Juan Carlos con la videocámara en ristre.

-Cuando quieras –dijo Juan Carlos a Ángel.

-Joder, ahí los cuatro mirándome me intimidáis –se quejó éste último.

-Será que no te hemos visto veces en pelotas –dijo mi hermano.

-Sí, pero no cagando, cabrones. –Nos dio la espalda y como haciendo un striptease se fue bajando poco a poco las bermudas, con baile incluido. Admiramos su culo grande, blanco e imberbe. Para estar gordo lo tenía redondito y nada desdeñable. Estaba potente. Después se giró riéndose y nos mostró lo que le hacía tanta gracia-. Mirad, es que no puede ser… Soy un exhibicionista porque se me pone dura cuando me miran.

En efecto, el buen nabazo de Ángel estaba semierecto y apuntaba a seguir creciendo sin parar. He de decir que mis amigos, mi hermano y yo teníamos unas pollas de tamaño bastante respetable, unos más largas, otros más gruesas, pero de importantes calibres. Mi amigo más gordito dio unos pasos hacia la taza del váter mientras su polla y sus pelotas se bamboleaban de forma pesada.

-Joder, me va a estallar el culo –dijo-. Llevo cuatro días sin cagar.

-Pues así no se te va a poder grabar bien –habló Fernando-. Tienes que cagar en otro sitio.

-Sí, en tu cabeza –soltó mi hermano muerto de la risa.

-O en la tuya, ¿por qué no? –arremetió Fernando.

-A ti te faltan cojones para dejar que el Ángel te jiñe encima –le provocó mi hermano.

-¡Qué gilipollas! Tengo más huevos que tú –se encaró el matón de Fernando a mi hermano.

-Aquí hay carnaza –participó Juan Carlos, que con la videocámara grababa a los dos gallitos de corral-. ¿Y por qué no vamos al salón y que Ángel os cague encima a los dos? ¿Tenéis cojones para hacer eso?

Fernando y mi hermano se miraron, y después se giraron a mirar a Ángel, que se encogió de hombros y sonrió con malicia.

-Yo cago donde me digáis, pero rápido que no me aguanto –habló éste.

Dicho y hecho. No me lo podía creer. Los cinco salimos disparados para el salón. Retiramos un poco las mesas y las sillas, mi hermano y Fernando se deshicieron de los pantalones y se quedaron en pelotas, mostrándonos sus curtidos cuerpos. Acto seguido se sentaron en el suelo el uno junto al otro y se recostaron un poco hacia detrás. El ambiente estaba tenso, la verdad es que la situación no era para menos, pero cualquier comentario nos hacía estallar en carcajadas nerviosas.

-Venga –dio una palmada Ángel-, que os voy a poner finos. ¿Dónde lo hago?

Mi hermano y Fernando se miraron.

-En el pecho –respondió Fernando, que se pasó una mano por sus abultados pectorales.

-Vale –dijo Ángel, que se agachó un poco y puso su culo en pompa sobre el pecho de Fernando, aunque él se encontraba entre los dos-. Allá voy –avisó a Juan Carlos, que captaba todo con la videocámara-. No me creo lo que voy a hacer –se tapó Ángel la cara avergonzado, pero al instante se concentró para cumplir su cometido. En un par de minutos que parecieron horas, Ángel tuvo que cambiar su postura-. No me sale –dijo-. Tengo ganas pero no puedo cagar haciendo esto –afirmó.

-Venga, Ángelito –le dio una palmadita Fernando en el culo-. Relájate y sé un buen chico.

-Es que mira como la tengo, tío. ¡Es que estoy cachondo! –se giró para mostrarle la polla totalmente dura a los dos que estaban sentados en el suelo.

-Si, pues mirad la mía –señaló Juan Carlos a su paquete sin dejar de filmar. Tiró hacia debajo de la goma de su bañador y liberó su gordo rabazo de piel morena. Estaba duro como la piedra-. Estoy deseando que les cagues encima. Me la pone como el acero.

-Eres un puto marica –escupió mi hermano, acariciándose tímidamente su polla.

-Anda, cabrón, si a ti también te pone –le dio un codazo Fernando. Las pollas de los cinco comenzaban a estar empalmadas ante la morbosa situación en la que nos encontrábamos-. Venga, Ángelito, ven aquí y échame eso que llevas ahí, que te vea bien el gilipollas de Domingo. Va a ver si tengo cojones o no.

Esta vez, Fernando tomó a Ángel por la cintura y le obligó a ponerse en cuclillas a un palmo de su pecho. Todos permanecimos en silencio y vimos la cara de esfuerzo que ponía Ángel. Su esfínter pareció relajarse.

-Allá va, tíos –susurró placentero el rubio gordito, y luego emitió un largo gemido de gusto-. ¡Aaaahhhhhhhhh, me cagoooo, coñooooo! ¡No aguanto más, se me sale toda la mierda, cabrones!

Y nosotros podíamos verlo, pues un truño de un impresionante calibre comenzó a salir de su hiperdilatado ojete, marrón, pesado, entrando inmediatamente en contacto con el torso de Fernando, que echó su cabeza hacia detrás y después volvió a fijar su vista en aquella masa que parecía no dejar de salir del culo de Ángel.

-¡Joder, vaya mierda estás echando! ¡Qué caliente está! –exclamó Fernando impresionado y excitado. Su imponente nabazo se había puesto duro al instante, se llevó una mano hasta él y se lo peló con ganas durante unos instantes.

Entonces Ángel apretó el culo y se puso en pie. Miró hacia detrás y vio la gran mierda que le había echado a su amigo cachas en todo el pecho

-¡Madre mía! –resopló el dueño de aquello.

-¡Cómo huele joder! –dijo Fernando, más cachondo que asqueado-. ¡Estoy a mil! –nos informó, aunque por su forma de masturbarse no hacia falta que nos lo aclarase.

-Venga, tío, ahora yo –participó mi hermano rápidamente, como si tuviera envidia de Fernando. Mi hermano Domingo también se masturbaba viendo el trozo de mierda que Ángel le había echado a nuestro amigo sobre su musculado pecho. En realidad, a esas alturas, todos nos estrujábamos el rabo viendo el espectáculo. Incluso el propio Ángel.

-Vamos –le dijo a mi hermano.

Ángel se puso de cuclillas repitiendo la acción una vez más. Mi hermano le agarró por las caderas y, ahora con menos esfuerzo, el rubio gordito comenzó a descargarle unos buenos zurullos largos y gordos como barras de pan. Me dejaba perplejo como cosas de aquel diámetro pudieran salir de dentro de Ángel.

-¡Siiiiiiiii! –decía mi hermano muerto de excitación.

Ángel decidió parar al ver que era buena cantidad también para mi hermano. Se puso de pie y se apartó un poco para admirar lo que habían hecho. Y allí estaban Fernando y Domingo, con las pollas duras, unos gigantescos truños sobre el pecho y en pelotas. Ambos se miraron, estudiándose el uno al otro.

-Estoy muy cachondo –le dijo mi hermano.

-Yo también, tío –le correspondió Fernando.

-¿Y ahora? –le preguntó Domingo.

-Quiero terminar de hacerme la paja.

-Sí, sí –dijo mi hermano apretándose la polla y masturbándose.

-Extiéndemela, tío –le pidió Fernando a mi hermano, que le miro interrogante para saber si estaba seguro de lo que iba a hacer-. Sí, venga. Extiéndeme la mierda por todo el cuerpo.

Mi hermano ni se lo pensó. Con la mano abierta empuñó uno de los zurullos más grandes, lo estrujó y lo restregó por los abdominales marcadísimos de Fernando, que gimió de gozo.

-¡Qué olor, joder! –exclamó éste, que excitadísimo ayudó a mi hermano a restregarse la mierda por todo el torso, quedando manchado y marrón desde las inglés hasta el cuello.

-Yo me sigo cagando –masculló Ángel en tono de súplica. Nuestro amigo quería acabar de hacer sus necesidades.

-Entonces ven aquí –sonrió Juan Carlos. Rápidamente se sentó en el sofá, se bajó los pantalones hasta las rodillas y sin dejar de grabar le señaló a Ángel su polla tiesa de 17 cm largo y 5 de diámetro.

-¿Quieres que cague ahí, sobre tu polla? –preguntó Ángel incrédulo. Juan Carlos asintió. Así que el gordito se subió al sofá, se puso de cuclillas y empezó a apretar, dispuesto a darle a su amigo lo que deseaba.

-Me cago, Juancar… -gimoteó, y una masa esta vez menos compacta, comenzó a chorrear de su culo. Era una masa que poco a poco se iba haciendo más líquida y de olor más fuerte que embadurno completamente el cipotón y los cojones de Juan Carlos.

-Siii, me encanta –dijo éste, que se agarró el rabo y se masturbó, llenando su mano de mierda y enmierdando todo su cimbel-. Ven, cabrón –dijo tomando de la cintura a Ángel, que en ese momento había parado de jiñar, acalorado y sudoroso-. Toma esto –dijo. Y sin más apretó con su capullazo en el ojete del rubio.

Ángel abrió los ojos como platos al notar como Juan Carlos, sin apenas hacer fuerza, le invadía el orto con su gigantesco nabo, sintiendo como su propia mierda ejercía de perfecto lubricante. Nunca antes había sido penetrado pero el paradójico placer que le provocaba el dolor de la penetración le hacía morirse de gusto.

-¡Jodeeeeerrrr! –chilló Ángel-. ¡Qué pollón, me cago en todo! ¡Me desgarras! –se agitó al saber que no iba a poder tragar toda aquella carne que Juan Carlos le entregaba. Pero no hizo por retirarse, sino que apretó el doble de fuerte para morir empalado en el venoso y descomunal miembro de uno de sus mejores amigos, dispuesto a que le abriera en canal.

TodoRelatos.com © luisfo

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