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[ Uno levanta la caza y otro la mata. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 02 de Diciembre, 2008.
Fecha: 13-Oct-06 « Anterior | Siguiente » en Dominación (2343 de 3497)

La Playa

spartakus
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Lo miraba despectivamente con sádica satisfacción. Los fuertes enviones le provocaban a su esclavo sexual un insoportable dolor pero él seguía dándole sin compasión a pesar de que el chico que yacía indefenso a sus pies se veía mal... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

La Playa.

Lo miraba despectivamente con sádica satisfacción. Los fuertes enviones le provocaban a su esclavo sexual un insoportable dolor pero él seguía dándole sin compasión a pesar de que el chico que yacía indefenso a sus pies se veía mal, estaba muy pálido con el rostro desencajado y mirando a su señor con los ojos llenos de lágrimas, temblándole la cara de dolor y angustia mientras inocentemente pedía ayuda y le suplicaba misericordia:

- por favor, auxilio!!!! agg, agg, agg, (seguía con sus gemidos el ritmo con que era violentamente penetrado) no más, pare, pare !!!

Pero no servía de nada. El sumiso daba golpecitos con sus talones atados en la espalda y las nalgas de su atacante (que subía y bajaba su cintura para perforarlo con más rudeza) pero esto sólo contribuía a aumentar el dolor. Su amo de pies frente a él lo estaba trabajando con verdadero salvajismo y el chico estaba para su desgracia en una posición de humillante desventaja: acostado boca arriba sobre la mesa con las manos atadas a su espalda, las piernas rodeando la cintura del amo y atado por los tobillos con las puntas de una toalla tras la espalda de éste que mientras lo destrozaba le ordenaba insistentemente

- míreme, míreme, h.p. (y le daba puños y palmadas en el estómago cuando no obedecía) para que se acuerde toda la vida de lo que tiene adentro... sí siente que se lo tengo bien enterradito?

Con los tobillos atados, había holgado espacio para que el cuerpo del amo cupiera cómodamente entre las piernas abiertas (atarlo le había fácil pues la víctima de la cruel terapia intentó defenderse con extraña debilidad a pesar de que eran contrincantes parejos). Luego de atado e inmovilizado y acostado boca arriba sobre la mesa fue fácil halarlo de los pies para que las piernas quedaran en el aire. Después el amo pudo meterse por debajo y colarse entre ellas para quedar de pies en posición para hacer suyo al frágil cuerpo virgen que estaba próximo a ser ajusticiado.

El amo se bajó la pantaloneta sonriendo al vaivén de los movimientos que el jovencito hacía desesperadamente con sus piernas atadas tratando de evitar lo inevitable. Cuando su juguete sintió que la cintura de su rival estaba desnuda miró con dificultad y confirmó sus sospechas: su señor se masturbaba apretando y aflojando repetidamente con puño firme un respetable yunque ya tieso y erguido, listo para propinar un castigo inimaginablemente cruel y doloroso. El sumiso era un plato demasiado fácil y ese león sediento de sexo pegado a su cuerpo lo tenía todo a su favor; el amo seguía masturbándose lentamente apretando y aflojando con su puño el útil mientras apoyaba su espalda en los pies atados de su esclavo y sonriente le decía

- Ahora vas a ver, malparidito, vas a conocer al rey.

Se burlaba irónicamente para degradarlo y humillarlo más: no sólo iba a penetrarlo, sino que lo iba a hacer muy despacio, con toda calma pero también con maestría: ya tenía suficiente experiencia, no eran menos de diez las chicas que se habían mordido los puños y habían gemido y gritado desesperadas a sus pies mientras las desvirgaba moviéndose violentamente y con ritmo variable, habiéndolas puesto previamente en posición de desventaja (justo como lo hacía con su nuevo sirviente sexual) para provocarles más dolor fingiendo no darse cuenta.

Sonriendo le acercó la espada y se la restregó contra las nalgas poniendo la puntita contra el pequeño huequito del esclavo, lo que provocó una nueva pataleta y nuevas súplicas de éste: con los pies le daba golpecitos en la espalda y estiraba y recogía sus piernas cuanto le era posible aunque el tronco de un joven más fuerte estaba sembrado entre ellas como un árbol; por su posición de absoluta indefensión y por la cara de su rival se dio cuenta que le iba a dar una verdadera lección.

Sonriente el abusador dejó que su víctima se cansara pataleando y tras varios intentos débiles y burlones de su puntita rozando y rodeando la zona cero se dispuso, lo agarró por las piernas para atraerlo a su cintura y muy despacito empezó a violarlo. Al principio hubo resistencia y brinquitos en medio de chillidos pero mientras lo penetraba cada vez más, milímetro a milímetro, el esclavo se dio cuenta que sólo acrecentaba la tortura moviéndose y tuvo un momento de lucidez desesperada: se sintió perdido y para delicia del violador se entregó, dejó de luchar y se limitó a quedarse quieto mientras sentía cómo esa hoja afilada lo profanaba por dentro. Esa mole descomunal de carne tiesa iba entrando y lo taladraba lentamente y sin misericordia. Lloraba apretando sus puños cerrando los ojos resignado mientras lo destrozaban... su amo sonreía y penetraba, sonreía y penetraba, sin prisa pero sin pausa. Le inyectaba lentamente con su gruesa ponzoña mientras el sumiso indefenso sentía el útil penetrar como un cuchillo caliente en mantequilla… cada vez más adentro. Cada vez más vergüenza… ambos guardaban silencio.

Cuando lo clavó a fondo, en lo que tardó mucho más de lo que nunca se había tomado para hacerlo, su amo dijo burlonamente

- Listo, clavado…. clavado hasta la empuñadura.

En eso no se equivocaba: lo hurgó sin clemencia hasta el fondo y un hilo de sangre bajaba por sus piernas, lo que le dio un indicio de lo que estaba sufriendo su esclavo con la terapia a que lo estaba sometiendo. Entonces quiso darle un tratamiento especial: lo penetró mucho rato tratando de hacerle el máximo daño posible, con movimientos bruscos y cambiándole el ángulo de penetración mientras el otro se limitaba a llorar y guardar respetuoso silencio ante su maestro. Sólo se escuchaba el ruido "clap clap clap" mientras le daba yunque, era el insoportable sonido que hacía al pegarle con fuerza su cintura en las nalgas mientras lo penetraba.

- Míreme !!! míreme !! - se escuchaba de vez en cuando.

Sin sentir ninguna compasión seguía penetrando y penetrando ese frágil cuerpo desprotegido con furia, como queriendo romperlo. El sumiso acostado lo miraba desesperado mientras sentía los músculos de las piernas de su enemigo trabajando a todo vapor: sintió en sus nalgas la inclemencia con que se le pegaba la ingle ancha y fuerte de su amo y sentía esa verga hirviente sedienta tomando la plaza sin ninguna resistencia de su parte: su amo lo tenía donde quería, incondicionalmente rendido a sus pies.

La tortura duró unos minutos en que su señor descansaba a ratitos para reiniciar vigorosamente los enviones: lo trabajó con verdadera maestría, lo dominó sin contemplación y lo guió por el desvirgue como quería hacerlo: lo destrozó sintiendo el sabor a miel de las súplicas y los quejidos. Lo estaba matando, el esclavo suplicaba, cerraba los ojos y los sentía calientes. Le ardían los intestinos porque estaba siendo atacado con infame fuerza. Su amo lo había humillado hasta el límite y lo único que se podía hacer era mirarlo, erguido y quemadito por el sol se veía hermoso, imponente, inmenso de pies frente a él, como un toro salvaje con la piel bronceada: estaba siendo cogido por un salvaje toro rojo.

Afortunadamente para el sumiso la naturaleza hizo lo suyo y su señor se detuvo de repente a la vez que hacía una mueca de placer para después gemir largamente mientras su verga sedienta convulsionaba frenéticamente dentro de esas carnes que se habían abierto como una delicada flor ante un poder superior erecto. Eyaculó despacio, muy despacio hasta inundar de semen fresco las entrañas del chico que muy quieto guardaba respetuoso silencio mientras lo mojaba. Entendió que su amo se le estaba derramando adentro y cerró los ojos humillado y avergonzado. Después el amo recostó su tronco sobre él y se quedó como desmayado de cansancio y de placer. Entonces se incorporó y le dijo

- ah, huevoncito… terminó como mi mujercita de ocasión, ja, ja, ja …

Se lo sacó despacito, entre gemidos lágrimas y ligeras convulsiones del sumiso; subiéndose a la mesa se le acostó encima. Le lamió las mejillas y la boca, le mordió los labios y le agarró con fuerza los cabellos obligándolo a repetir varias veces

- Gracias, amo. Gracias por sembrarme, ahora le suplico que me permita beberlo.

El amo descansó y luego de unos minutos de quietud puso sus tetillas al alcance de la boca del sumiso y lo hizo chuparlas mordisquearlas y lamerlas, al igual que todo su pecho sudoroso su cintura y su ingle que le iba acercando a la boca hasta que llegó al yunque y se lo empezó a restregar en la cara. El chico intentaba moverla hacia los lados para evitar la humillación suprema pero el amo con las manos lo tomó de las sienes y le haló fuertemente el cabello hacia arriba obligándolo a emitir chillidos desesperados. Entonces obediente el esclavo abrió la boca y permitió que la hoja le entrara muy despacio casi hasta la garganta. A una orden de su señor cerró los labios y sintió cómo le soltaba los cabellos, le apretaba con las rodillas los lados de la cara y postrándose arrodillado y con los brazos hacia delante como un musulmán en oración empezó a mover la cintura hacia arriba y hacia abajo sacándoselo y metiéndoselo lentamente con descansos intermitentes. Lo usó sin contemplaciones, le ordenó acariciárselo con movimientos de lengua para sentir más placer y se detenía para disfrutar el delicioso masaje que su esclavo le hacía en el hongo con la lengua y los labios rápido y despacio, suave y más fuerte y luego chupándoselo con fuerza y con suavidad (todo convenientemente dirigido por su señor que le daba las órdenes con toda naturalidad). Le dio verga en la boca todo lo que se le dio la gana y se hizo dar lengua y masaje con los labios mucho rato. El amo postrado sobre él cerró los ojos y arañaba la madera de la mesa para resistir la sensación intensa que le prodigaba su esclavo. Era placer de verdad, esa boquita parecía enloquecida sirviéndolo con diligencia y el violador tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no gritar, para no suplicarle que se detuviera porque no resistía más. Era una cuestión de dignidad pero estaba metido en la grande con ese pequeño experto que salió de la nada. Luego de disfrutarlo a fondo empezó a sentir que un volcán iba a explotar y cerró los ojos, estaba a un paso del éxtasis. Por coincidencia el sumiso tampoco pudo más y se detuvo en el momento justo de la eyaculación. La sensación del amo fue inigualable, esa boquita quietita apretándoselo suavemente mientras se derramaba en cámara lenta. Sólo suplicó en silencio que el esclavo no se fuera a mover para no dañar su momento más intenso en mucho tiempo.

Logró una fluida eyaculación. Cuando se vino se quedó muy quieto y el chico no tuvo más opción que irse bebiendo ese semen que salía y salía entre gemidos del amo que jamás esperó sentir tanto placer derramándose dentro de la boca de otro hombre.

Finalmente se lo sacó ya saciado su apetito. Desató al pobre diablo y lo tiró al piso para asegurarlo, necesitaba su silencio. Lo abofeteó y le dio puños y patadas hasta que lo doblegó. Le puso el pie en el cuello, luego lo ayudó a arrodillarse y a suplicarle compasión. Le hizo cumplir una vez más:

- Ahora vas a mamar de rodillas

aunque sólo como una cuestión de etiqueta, algo simbólico porque el amo no podía dar más: nadie hubiera podido extraerle más avena, estaba vacío, totalmente saciado su apetito. Se limitó a dejarlo caer de medio lado y con los pies lo acarició varias veces hasta que le ordenó ponerse boca arriba para obligarlo a lamerle las plantas. Lo amenazó con cara de pocos amigos y lo convenció a patadas en las costillas.

Luego se fue al pueblo caminando lentamente tambaleándose por el esfuerzo que había hecho. Fue la primera vez que pensó en el otro ("Si yo me siento así, cómo se sentirá ese pobre hijo de puta?") , se sentó en la humilde cafetería de la madre de su esclavo de ocasión, pidió una Red Bull helada y se la tomó lentamente. Unos minutos después llegó su sumiso callado y caminando raro. Lo miró y se acercó a él. El amo esperaba un merecido puño un insulto o alguna agresión pero el manso jovencito con los ojos húmedos por las lágrimas se limitó a decirle "Quiere que le traiga algo más? Otra Red Bull?". Asintió.

Todo estaba bien. Su único castigo fue la mirada de infantil rencor en su víctima. Ya habría tiempo de decidir si darle otra terapia. Por ahora beberse la cerveza.

TodoRelatos.com © spartakus

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