Travesuras en Cuba III
(cuando Alex se animó)
Antes que nada quisiera agradecer sus correos y los
comentarios e invitaciones que en ellos envían. A lo que respondo: el tiempo
dirá. Previo a comenzar este tercer relato y penúltimo de mi estancia en la
Isla, quiero aclarar que aunque las situaciones fueron reales, los nombres los
modifiqué para proteger la identidad de quienes aparecen en estos relatos y lo
harán en otros futuros. Evidentemente, mi nombre y el de mi hermana, han sido
modificados. Espero comprendan.
Un día antes de la clausura del congreso, hubo una cena
de gala a la que estábamos invitados únicamente los participantes, es decir,
quienes dimos conferencias y no los asistentes. Bety y yo nos arreglamos
bastante bien, con vestidos frescos –el mío color negro de tirantes- y escotados
de la espalda y del frente; falda ajustada a la cadera, pero con vuelo amplio,
sin brassiere y yo con mi pequeña panty negra; Bety, su típica tanga. Nos fuimos
en un shuttle al lugar en que sería la cena; un lugar muy bonito, por cierto.
La cena transcurrió, sin mayores o interesantes
incidentes; lo típico, ir por varias mesas, saludando, intercambiando tarjetas
de presentación, brindando, conversando, en fin relaciones públicas. Lo que sí,
es que entre plática y plática, me tomé varios rones y ya que como no tomo
mucho, se me empezó a subir. Cuando fui a una de las mesas en las que estaban
algunos de los organizadores –Alex, estaba en esa mesa- me senté a platicar un
rato con ellos y Alex –que estaba sentado al lado mío- me acarició la pierna por
la parte interna del muslo -claro, por debajo de la mesa- y me susurró
discretamente: Tenemos algo pendiente…Por supuesto, sabía a lo que se refería y
me encantaba la idea. Tal vez crean que le estaba dando demasiado vuelo a la
hilacha –como decimos en México- pero, siempre me ha gustado el sexo y además
estaba de vacaciones profesionales en un país extranjero, así que me di mis
permisitos. En fin, al levantarme de la mesa, me excusé para ir al baño –que
estaba afuera del salón- y saliendo del tocador, me interceptó Alex…
-Te ves divina, Tere.
-Muchas gracias. Tu también te ves muy bien.
-Muchacha, no sabes lo inquieto que me has puesto con
ese par de escotes. Las cosas que he pensado.
-¿Tanto así?
-Muchacha…si yo te contara. –Me le acerqué lo más pude y
le dije cachondamente: -Mejor enséñame…-él me acarició la pierna y subió la mano
lentamente, moviéndola hacia mis nalgas.
-¿Te gustaría?
-M-hmmmm…-le respondí, masajeando mis tetas en su pecho.
-Te llevo a tu hotel. Ahorita.
-Vamos.
Como traía mi bolsa, no tuve que volver al salón y nos
fuimos al estacionamiento del lugar. Nos subimos en un automóvil –uno de los del
Ministerio- y salimos rumbo al hotel en el que estaba hospedada. Me senté de
lado –es decir hacia él- y me acarició las piernas de inmediato; subía la falda
para tocar mis piernas directamente…mmmmmmm…yo empezaba a mojarme. Luego, subió
su mano mis tetas y las acariciaba sobre el vestido, hasta que metió la mano
dentro de él y masajeaba mis tetas directamente. Bajó uno de los tirantes del
vestido y mi pezón ya duro apuntaba hacia él. Entonces, Alex comenzó a agarrarse
el ya notorio paquete, mientras yo me acariciaba las tetas y la concha por
encima de mi panty.
-Qué rico se ve. Le dije lamiéndome los labios. Entonces
me incliné sobre él, le bajé el cierre del pantalón y me encontré con su rica
verga –no traía nada el muy cabrón-. Mmmmmm, se me hizo agua la boca. Lo olí, lo
lamí con la puntita de la lengua y luego me lo metí entero a la boca. Lo
masturbaba y se la chupaba a la vez; sube y baja, sube y baja. Le deba
chupetones, mamadas, le lamía y chupaba los huevos –con muchos trabajos, por la
posición- y le lamía el tronco a todo lo largo…
-Mmmmmmmm, qué rico estás, papito…mmmmmmmm.
-Sigue, mami, sigue. Mientras, él me levantaba la parte
de atrás del vestido y me acariciaba las nalgas. Hacía mucho que no se la mamaba
a alguien en un coche…fue rico. En pocos minutos, sentí como se hinchaba su
miembro en mi boca; se iba a venir.
-Vas a hacer que me venga, Tere, espera…-me negué y
seguí mamándosela; de hecho incrementé el ritmo, quería su lechita en mi boca.
–Ahhhhhhh…ahhhhhh…yaaaaaaaaaaaa.
-Mmm-mmmmmmmm-mmmmm…-me llenó la boca con su leche y yo
seguía mamándosela y masturbándolo. Le di unos besitos a su verga, unas
lamiditas, unas lengüeteaditas y me incorporé en mi asiento.
-Qué rico, mami…
-Lo mismo digo.
Ya en el elevador, Alex no se detuvo y se abalanzó sobre
mí. Me besó apasionadamente, me acarició la espalda y bajó sus manos hasta mis
nalgas. Me embarró su paquete, que ya notaba signos de vida otra vez. Yo le
arañaba suavemente la espalda y agarraba sus nalgas. Estaba buenísimo el cabrón.
Entramos al cuarto y siguió el escarceo. Me fue llevando hacia el ventanal del
balcón, me volteó dándole la espalda, se me pegó –ya sentía su verga dura de
nuevo, pegada en mis nalgas- bajó lentamente los tirantes del vestido, mientras
me besaba los hombros y mordisqueaba la oreja; bajó el vestido lentamente
lamiéndome la espalda y mis pezones sintieron inmediatamente el frío vidrio del
ventanal; eso me excitó bastante. Bajó lamiéndome hasta las nalgas, bajó todo el
vestido y me lo quitó, pero no me quitó los zapatos –de tacón alto- que traía.
Se levantó y acariciándome las piernas y puso su mano en mi conchita; la panty
ya estaba empapada y empezó a acariciarme encima de la panty, mientras me
arrimaba más la verga y hacía movimientos como si me bombeara lentamente.
-Cógeme…volteó mi rostro y me besó, mientras movió su
mano hacia delante, para seguir masturbándome, pero más cómodamente; con la otra
mano, me agarraba las tetas y pellizcaba los pezones. Me subió la pierna a una
silla que estaba cerca, me pegó otra vez las tetas al vidrio, me movió la panty
hacia un lado y de un empujón me la metió. Esa posición fue nueva para mí y me
encantó.
-Estás empapada, qué rico resbaló, mami.
-Ay sí, qué rico. Así estuvimos pocos minutos. Después,
se acostó en la cama y me dijo que lo montara dándole la espalda –le encantaba
metérmela por atrás.
-Qué culo tiene, Teresita. Y lo mueves de maravilla.
-Y tú coges bien rico; qué rico palo tienes. Lo
cabalgaba y movía la cadera para que entrara hasta el fondo su verga.
–Cógeme-cógeme, cabrón. Luego me tiró en la cama, me abrió las piernas, me olió
la concha, la sopló suavemente y comenzó a lamerla despacio, con ritmo…uy, qué
delicia, papito. Así, sigue. Me lamía también el culo y subía hasta la concha.
Yo estaba que moría de lo caliente que me estaba poniendo. Me masajeaba las
tetas y pellizcaba los pezones mientras su lengua hurgaba mi panochita. Cuando
el orgasmo estaba cerca, se acostó a mi lado me chupó las tetas y me masturbó…
-Así, Alex, así…aaaaaayyyyyy sí, papi,
aaaaaaaaaaaahhhhhhh.
-Qué buena estás, Tere, qué tetas, qué papaya, qué culo.
-¡¡¡Qué rico!!! Aahhhhhhh…-a-a-a-a-a-a-a-a. El orgasmo
fue riquísimo. Me encanta que me masturben y me chupen las tetas al mismo
tiempo. Mis pezones estaban como piedras y mi concha hinchada. Sin esperar ni un
segundo, en esa misma posición –la del misionero- me la metió de un empujón.
-¿Te gusta?
-Ay, sí, sí, así métemela. Soy tuya, cógeme como
quieras, métemela por donde quieras, amor. Él bombeaba fuerte y mis tetas –que
él lamía ocasionalmente- se bamboleaban. Agarré una almohada y la puse debajo de
mi cadera para mayor penetración. Él me acariciaba la concha mientras me cogía y
me jalaba hacia él. Me puso la cadera de lado, pero mis tetas seguían apuntando
hacia él, para que pudiera masajearlas y admirarlas mientras me la metía. Me
daba nalgadas, que yo recibía muy excitada. Me puso un dedo en la boca y se lo
chupé imaginando que era su verga. Así estuvimos unos minutos, después me dijo:
-Voltéate, te la voy a meter por atrás. Le obedecí y me
puse de perrito; él acomodó su verga en mi culito y lo penetró lentamente…
-Ay…despacio, mételo, así…ahhhhh, qué rica verga.
-Apretadito culito…¿la sientes? Claro que la sentía, era
riquísima. El bombeo fue lento y muuuuuuy rico. Seguía dándome nalgadas y
acariciándome la espalda suavemente. Ahí tuve mi segundo orgasmo de la noche.
Durante mi orgasmo contraje los músculos y sentí más su rica verga en mi
culo…Qué delicia. Cuando acabé, el sacó la verga y me la metió en la concha,
sentí pronto cómo se hinchaba su verga…su orgasmo estaba cerca, así que apreté
los mi panochita.
-Vente, vente en mí.
-Qué rico aprietas la papaya, Tere.
-Mójame, dame tu lechita. Vente, cabrón. Mójame el culo.
Cógeme, cógeme.
-Ya va, ya va. Aaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhh…-lo agarré de las
nalgas y lo empujaba hacia mí y sentí su caliente lechita dentro de mí.
Aaaaaaagggggghhhhhhhhhh…toma, mami…
-Ay qué rico, papi…-terminó y se acostó sobre mi, aún
metiéndomela. Me quedé dormida y al despertar, Alex se había ido y Bety todavía
no había llegado. ¿Qué habrá hecho la cabrona?