Después de un par de años me atrevo escribir mi relato, creo,
puedo escribir unos cuantos mas, si así lo desean.
Mi nombre es inconsecuente, a lo mejor se me escapa durante
el relato, mi esposa se llama Alma. Ella es un poco pequeña como cinco pies tres
o cinco pies cuatro. Tiene todo en su lugar, un culo hermoso, y no muchas tetas,
pero lo que tiene está para divertirse de lo lindo. No tiene ni un gramo de
grasa en su cuerpo, y es que se ejercita con frecuencia y cuida sus alimentos.
Yo, en realidad en algún tiempo estaba para darle competencia al Brad Pitt, pero
ahora, con eso de la caída del pelo y con algunas libras de más, pues ya estoy
fuera de combate. Pienso.
Creo todo empezó a decaer después de mi operación en las
rodillas, ya no tengo la capacidad para ejercitar y con eso que la cervecita
fría sabe muy, muy bien…
Bueno, lo único bueno hoy día es mi trabajo. Hace tiempo que
era un ejecutivo menor, muy menor en la compañía donde trabajo, estaba yo
confinado a una oficina en el quinto piso, pero fui ascendido a una posición en
la que se requiere viajar seguido. Tengo una oficina, que casi no veo, ahora en
el octavo piso con mi propia secretaria y a unos cuantos pasos del presidente
regional.
Las cosas entre mi mujer y yo iban mas o menos en aquel
entonces, nada espectacular, sexo una vez al mes, cuando me iba bien, y eso
duraba unos cuantos minutos. Salíamos cuando era posible, ni el trabajo de ella
ni los niños (tenemos dos) nos hacían las cosas fácil.
Todo este rollo empezó la única vez que un viaje de negocios
fue cancelado, por razones que no vienen al caso, iba yo a para Seattle, (muy
bonita ciudad, se las recomiendo). Tuve que regresar a la oficina.
Apenas le pagaba al taxista, cuando un amigo sale del
edificio y me informa que acaba de ver a mi mujer en el aparcadero, me extrañé,
pues ella no sabía que el viaje se había cancelado, no puede ser posible que me
estuviera buscando, a menos que no estuviera ahí para buscarme, ¿Pero, para qué
entonces?
Mi corazón empezó a latir fuerte y la verdad no sabía que
hacer.
Antes de mi promoción, tenía yo una oficina en el quinto piso
donde Alma y yo nos dimos cita muchas, para coger, follar o como le quieran
decir, como conejos. La oficina estaba al fondo de un pasillo con varios cuartos
utilitarios a lo largo, alejada de las demás oficinas, ideal para echar un buen
palo. Lo mejor de todo es que era accesible desde unas escaleras traseras que
nadie usa, hacia un closet de la oficina con una pequeña puerta que solo Alma y
yo sabíamos. ¿Cuántas veces entraría por ahí, sin ser vista para darnos una
buena arrastrada en el piso, en el escritorio, hasta en el mismo cuartito
anterior al closet? Muchas veces, y ¡que bien la pasábamos!
Este día fue diferente, pese a las libritas (o kilitos)
demás, me aventé los cinco pisos de escaleras en pocas zancadas y con el corazón
en la mano, entré al edificio y abrí la puertilla que da al closet. Entré sin
problemas, no había nada que me impidiera entrar, y luego con sigilo salí al
cuartito adjunto a la oficina, con tan buena suerte que Kevin, mi sucesor y
pensé hasta entonces buen amigo, había dejado la puerta abierta y la luz
apagada. El corazón me latía en los oídos y el pecho lo tenía a punto de
reventar.
Kevin es un tipo alto, elegante, bien parecido, según las
mujeres de la oficina, al que nunca le conocí una novia, supe de varias amantes
y que ninguna lo puede ‘atrapar’. Al menos de eso se jacta y con buena razón,
aún cuando no se folla a las secretarias de la oficina, siempre anda con unas
mujeres de esas que se catalogan como peligrosas. ¿Dónde las encuentra? Quien
sabe, pero que mujeres tan hermosas.
Ahora, Kevin ha realizado un par de ventas bastante
lucrativas para la compañía. Eso lo ha promovido bastante rápido, más rápido que
a mí (pero aún sigo en un nivel mas alto que él por los años que llevo en la
compañía) y el chisme es que consigue clientes proporcionándoles mujeres.
Con todo el sigilo que pude esbozar, bajo las circunstancias,
la verdad es que el corazón me retumbaba en los oídos, me acerqué a la puerta
del cuarto y poco a poco, calmándome un poco, escuché a Kevin decir a alguien, a
quien todavía no veía: ‘Es una belleza de mujer’ y su interlocutor contestaba:
‘Preciosa, y putísima, que bien chupa la polla’
Me asomé a la oficina y vi a mi mujer, acostada de espaldas
sobre escritorio, desnuda, y mi ‘buen amigo’ Kevin entre sus piernas
follándosela. El otro a quien no conocía, un tipo rubio y fornido, con su polla
en la boca de mi esposa.
Mi mujer, según veía, gozando con las dos pollas. Me cayó la
gota fría.
¿Te la quieres follar?
Si vamos a cambiar, tengo ganas de sentir que tan caliente
está la puta
Kevin se salió de entre las piernas de mi mujer, desnudo de
la cintura hacia abajo, ayudó a Alma a levantarse del escritorio y la abrazó
besándole los labios. Sus manos se pasaron por sobre sus senos y sus nalgas. La
llevó al frente del escritorio y le dijo que se mantuviera de pie pero
doblándose ligera mente a la cintura y que se apoyara sobre este con las palmas
de sus manos. Mi mujer obediente estaba lista abriendo ligeramente sus piernas.
El rubio, se jalaba la verga viendo con lujuria el cuerpo de Alma. Se acercó a
mi mujer frotándole sus nalgas, su polla estaba dura y apuntaba al techo. Luego
de acomodarse un poco, penetró a mi mujer. Al principio se afianzó de las
caderas, pero poco a poco sus manos iban sobando la espalda, luego se pegó a
ella besando su nuca y frotando las tetas. Alma estaba fuera de si, con la boca
entreabierta jadeando con las arremetidas del rubio.
Eso es, métesela bien a la putita. Kevin le decía mientras se
jalaba la verga.
Me daba vueltas la cabeza, me dolía ver a mi mujer a si,
poseída por otro, pero cosa curiosa, al mismo tiempo me puse duro.
El rubio seguía afanado y al poco tiempo se chorreó haciendo
muecas, se la sacó a mi mujer que al parecer estaba al borde del orgasmo y ella
pidió mas. Kevin reemplazó al rubio y se la metió.
Se la folló unos cuantos minutos hasta que alma se desplomó
sobre el escritorio, le vi la cara y supe entonces que se apoderaba de ella un
orgasmo intenso, Kevin aprovechó la posición para apretar el culo de mi mujer
con sus dos manos y follarla mas rápido. Luego de unos cuantos minutos se la
metió hasta donde pudo una última vez y la llenó de leche una segunda vez.
Pero el rubio no había terminado, se le había parado otra vez
y volvió a tomar su lugar atrás de mi mujer. Kevin veía el espectáculo por un
lado y se encaminó al cuarto donde me escondía, me tuve que meter al closet.
Entró a sacar unas toallas y al salir cerró la puerta. Puta suerte.
La media hora siguiente me la pasé en la oscuridad escuchando
al par de cabrones follándose a mi mujer, le decían cosas como ‘lame bien
putita, que no quede ni gota de leche’ Un par de veces la alcancé a escuchar
pidiendo más polla y gemir como loca.
Oí cuando el rubio se despedía y luego Kevin le dijo que lo
esperara en el lobby.
Entonces me salí por donde había entrado y esperé a Alma en
el coche. Aparentemente ella también había entrado por ahí.
Cuando me vio recargado en su coche se detuvo en seco y se
puso a llorar.
Como también tengo llaves de su auto, abrí las puertas y la
llevé del brazo al asiento del pasajero, luego nos fuimos a casa. El trayecto
fue silencioso, ni me atreví a verla y ella solo irrumpía de vez en cuando con
un sollozo.
No los aburro con pormenores, pero si les diré que esta fue
la primera vez que la vi follar con otro hombre, o con dos hombres, pero no la
última. Dejo los detalles para la próxima.