Bajo la lluvia
Nuevamente me encuentro sola en mi casa. Estoy caliente,
deseando que alguien me descubra. Me afeité bien al ras. Me pinté los labios,
peiné como pude para parecer más femenina, Me puse una bombacha y un corpiño
negros. Arriba unas medias bordadas con flores negras que suben hasta mis pechos
tienen dos breteles que terminan en mis hombros, vistiéndome entera. Como es muy
transparente me puse una camisa amplia de seda violeta brillante y una mini muy
corta que apenas me tapa la cola. Mis sandalias me dan el último toque. Me
siento elegante y provocativa.
Estoy sola y preparada para estar con un hombre. Mi esposa
está fuera de la ciudad, hace dos días, dos días en que llego a casa y me pruebo
toda su ropa, me pinto las uñas con sus esmaltes, combino sus zapatos con sus
medias.
Él no está, le dejo un mensaje en su contestador, invitándolo
a venir…
- Clau, soy Sole, ¿Podés venir a visitarme? llamame así nos
vemos… Un beso Sole.
Y ahora a esperar, odio esperar, no creo que pueda venir su
esposa lo tiene cortito, pero aunque sea quiero escuchar su voz, que me diga
cosas bonitas…
Miré su foto en la pantalla de mi computadora y me excito aún
más. Voy a preparar una cena, por si viene y si no viene comeré sola.
Llueve, la calle está vacía y refrescó bastante, las
posibilidades de tener sexo esta noche es casi son casi nulas. Ni Nacho, ni
Aldo, ni Jorge y menos Claudio. Saldría a la calle para ver que pasa, pero
llueve y no me dan ganas. Seguro que cuando pase la hora estaré con más deseos y
me anime.
Cené apenas, bebí una copa de vino y mi excitación me pudo,
Me puse un impermeable rosa de mi esposa y salí a buscar.
Poca gente caminaba por la avenida. Me paré en una parada de
colectivos, siempre hay gente allí, un refugio con techo y poca luz. Unos
segundos después vinieron dos jovencitos, me miraron pero no pasó de eso. Se
subieron al primer colectivo que pasó, y del mismo ómnibus, bajó un señor que se
refugió a mi lado en la parada.
- ¿Tiene hora? – Lo increpé. El tipo se quedó inmóvil pues no
se había percatado que había alguien a su lado. Con la lluvia y el viaje, había
bajado del bus, de forma atolondrada. – Disculpe no la quise asustar.
- Son las diez y media de la noche. – Me dijo con voz varonil
y tono seductor.
- Gracias… ¿Usted sabe si el veinticuatro pasa aún? – Le
pregunté para retenerlo un poco, me preste atención y se atreva a algo.
- No señorita a esta hora ya no pasa. Tendría que caminar
hasta el bulevar y allí tomarse el ciento sesenta y ocho.
- ¿Hasta el bulevar? ¡Ay! Me da miedo, me voy a empapar…
- Yo voy para aquél lado, si me permite la acompaño. – Abrió
un paraguas y me lo ofreció.
- Bueno, gracias es usted muy gentil. – Me paré a su lado y
empezamos a caminar. Él se esmeraba para que la lluvia no me moje y se acercaba
mucho a mí. Cuando llegamos a la esquina Un charco enorme impedía el paso,
entonces me tomó por la cintura y me guió para que podamos cruzar sin problemas…
y ya dejó su brazo en ella, cuando el peligro había pasado.
Si nos vieran desde la vereda de enfrente pensarían que
éramos una pareja. Así que aproveche para acercarme más a él.
- Perdón no nos presentamos: Mi nombre es Antonio.
- Yo soy Sole. - Lo miré y le di un beso en la mejilla.
Seguimos caminando, muy apretaditos, pero en silencio, el bulevar estaba a menos
de una cuadra. Era ahora o nunca, pero tendría que ser él el que tomara la
iniciativa… no me voy a regalar por más caliente que me encontrara. Estaba
atenta a cualquier señal que me envíe.
Sentir su brazo en la cintura, su olor, mis pezones
emergentes, el taconeo de mis zapatos y la noche, son condimentos que alientan
mi calentura.
Llegamos al bulevar y doblamos por él, antes de llegar a la
parada del colectivo, el se detuvo. El brazo se deslizó y su mano me agarró la
cintura, lo miré y me dijo.
- Yo vivo aquí. – Nos quedamos quietos. Los dos esperábamos
que pase algo. Podía ser solo separarnos y no vernos nunca más, yo caminaría
hacia la parada y él abriría la puerta del edificio y adiós. Pero pasó lo
inesperado. Él se acercó y beso mis labios. Un beso seco, suave, tierno… Fueron
unos segundos y mi corazón se disparó hacia delante… Al ver que yo no le pegaba
una cachetada, lo hizo otra vez. Igual beso, Igual de seco, igual de suave y mas
tierno.
Con la mano que estaba en mi cintura me hizo encarar la
puerta del edificio y me invitó a entrar. Cerró el paraguas, sacó del bolsillo
las llaves y sin decir nada me dejó pasar.
Bueno ¿Y ahora? ¿Qué hago? Todos los hombres con los que
estuve, sabían quién era yo… y los que no lo sabían no pasé de darles una mamada
ocasional… Pero ahora estaba frente a un hombre que no lo sabía y en una
situación que seguro que desearía llevarme a la cama.
Subimos por una escalera al primer piso, Antonio rozó mi
cola. Abrió la puerta de su departamento. Encendió la luz y me dejó ver una
sala, bastante simple, limpia y ordenada. No había rastros de otra persona,
vivía solo. Me ayudó a sacarme el impermeable, luego se sacó el suyo y los puso
a secar.
- Estoy muerto de hambre, ¿Comiste?
- Si. - Tomo mi mano y me acercó hasta su cuerpo, me besó,
pero este fue un beso distinto
Su boca abierta, me hizo abrir mis labios y su lengua no
tardó en entra. Su saliva y la mía, mojaron el beso y sentí que era suya… Me
encantaba que llevara la iniciativa, sin pedir permiso, sin esperar respuesta.
Lo mis o que me gustaba era lo que me daba miedo… Cuando se diera cuanta que mis
tetas son casi imperceptibles y que tengo una verga, pequeña pero verga al fin,
podría ponerse violento.
- Pará, pará un poco, Antonio. Tengo que decirte algo. – Tomó
en serio mis palabras y se detuvo. – No puedo.
- ¿Por qué no podés?
- Porque no soy lo que vos pensás.
- Yo no pienso nada. - se acercó y volvió a enredarse en mi
lengua.
- Pará un poco. – pude decirle entre un beso y otro… Me tenía
con los dos brazos en la cintura, yo lo miraba para arriba. – Es que no soy una
mujer, común…
- Eso se nota al instante, sos hermosa.
- Soy un hombre vestido de mujer…
- ¡No!... – Buscó tantear mi entre pierna. Yo hice un
movimiento intuitivo para atrás.
- ¿Por qué te voy a decir eso, si no fuera verdad? Me gustás
y quiero hacerlo bien. – seguía intentando buscar mi pene.
- ¡No lo puedo creer! – Entonces me contuvo y pasó la mano
por mi zona y sintió mi pequeña pija. Si hubiera estado con una mujer, yo
hubiera tenido la verga parada, pero apenas me pongo una bombacha, es como que
se inhibe y se convierte en mi clítoris, pequeño y sin vida.
Antonio sacó la mano como si le hubiera dado un shock
eléctrico.
– No lo puedo creer… Sos tan femenina.
Ninguno de los dos sabíamos que hacer.
- ¿Y entonces? - me preguntó como si tuviera yo la respuesta.
- ¿Y entonces qué? - Le repregunté, con mi ánimo cayendo por
el precipicio.
- ¿Querés seguir? No sé como ni que hacés, ni como. – Mi alma
volvió a respirar y me sentí segura.
- Podemos hacer todo lo que los dos tengamos ganas. – Y me
acerque para ofrecerle mi boca y él la buscó con desesperación. Se olvido de la
cena y del mundo… Fue desprendiendo la camisa y cuando vio que estaba enfundada
en ese body que parecía no acabarse nunca se encendió.


(No es de ese día pero es para que vean como era el body)
Bajó los breteles de mi enterito y desabrochó mi corpiño. Mis
tetillas estaban erectas… Jugó con ellas como si fueran de talle noventa. Las
masajeó, las mordisqueó, las lamió… nunca nadie me había hecho gozar así con mis
tetas. Yo desprendí su camisa, unos pocos bellos en su pecho, lo hacían
perfecto… el aroma de su piel y su sudor, de todo un día de trabajo me
emborracharon. Olor a hombre, piel de hombre y sus manos que no dejaban de
tocarme. Con facilidad logré que sus pantalones caigan al piso y con pasos
cortos lo llevé hasta un sillón que encontré cerca.
Su verga, parada, todavía no había llegado a su esplendor,
pero con lo que veía, me conformaba. . Me senté y lo dejé paradito al frente
mío. Su polla quedaba a la altura de mi boca. Se la bese, desde la base hasta la
cabeza. Una peluda mata de pelos, cubría sus huevos, tuve que alisarlos para
poder llegar allí con mi lengua. Como un helado lo fui saboreando. Lo miré y él
estaba mirándome.
- ¡Ay! Que bien lo hacés…
Entonces saboreé la cabecita, húmeda de sus líquidos. Mi
lengua jugó en el orificio de su pene y luego de sentir su suspiro, me la fui
tragando despacio y midiendo hasta donde podía entrar. La sacaba e intentaba aún
más, quería entrarla toda. Antonio trataba de ayudar y se impulsaba hacia
delante, estaba muy excitado, gozaba y yo gozaba, todo funcionaba a la
perfección… Pero yo no quería que acabe, ya que sabía que estaba cansado y
quizás no le daba para recuperarse y penetrarme. Así que cuando lo tuve a punto,
me la saqué de la boca. Él no lo podía creer.
- ¿Por qué no seguís?
- Porque voy por más…
- Puedo más, hace varios meses que no la pongo, estoy hecho
un toro. – Entonces se acomodó y me la metió… ahora era él, el que llevaba el
ritmo y la profundidad de la embestida… No habría pasado ni treinta segundo
cuando empezó a eyacular, el primer chorro entró por mi garganta y los
siguientes, me dieron en la cara… Volvió a introducirla y la dejó allí dentro
hasta que se empezó a desvanecer.
Fui hasta el baño a limpiarme la cara, mientras él sacó unas
empanadas de la heladera y se las comió rápidamente.
Me ofreció una copa de vino y brindamos. - Ahora viene lo
mejor… me dijo mientras nuestras copas se chocaban…
Antonio, estaba totalmente desnudo, yo me había acomodado el
body nuevamente, por encima la falda corta y mis sandalias altas.
Me bajó la mini y me miró todo mi cuerpo se dejaba ver entre
el tramado de mi enterito, menos la franja que ocupaba la bombacha. Giró a mí
alrededor, para mirarme la cola. ¿Por qué no me puse una tanga? así no debería
mostrar mi pene, ya que con esa bombacha era imposible penetrarme sin sacarla.
Es que pensaba estar con Claudio y con él tengo confianza.
Me llevó a su cuarto y me fue enrollando mi body hasta llegar
a mi cola, luego me sacó las sandalias y me recostó en su cama, para sacarme de
mis piernas el resto de mi enterito. Solo me quedaba la bombacha. Su pija iba
tomando forma. Me di vuelta y subí la cola, para facilitarle la tarea de sacarme
la bombacha y evitando que me vea mi verga. Sus manos tomaron mis nalgas y no
tardó en lamer mi agujero. Su lengua lubricaba, intentaba penetrar en mi ano,
Mojó mi dedo índice y me lo dirigió la mano a mi cola, con la idea que me auto
penetre… lo hice, mi dedo empezó a entrar, a desaparecer dentro mío. Eso pareció
volverlo loco, me lo sacó y chupó mi dedo., mientras apoyaba la cabeza en mi
orificio.
- Ponete un condón…
- ¿Ahora?
- Sino no hay nada. Sin dejar de apoyármela, Buscó en el
cajón de la mesita de luz, sacó un sobre y lo abrió.
- Ponémelo. - Me ordenó y yo se lo fui poniendo entero. Luego
le volví a ofrecer mi cola y el se puso en posición y empezó a ensartarme. Si
bien no era mi primera vez, le costó meterla. Pese a que no era mi primera vez,
me dolía un poco. Me iba entrando sin parar y lo sentí cuando llegó al final.
Parecía más grande que cuando se la mamé. Se quedó así unos segundos, hasta que
me empezó a coger.
- Que lindo se siente tu culito… - yo solo podía jadear… La
sacaba casi toda y me embestía con fuerza superando mi límite. Sentía que tocaba
el fondo de mi cueva.
Con sus manos en mi cadera, se daba impulso y eso me hacía
gozar, más y más.
Gimió muy fuerte y sentí que se venía… mi culo latía su verga
también. Como hizo antes se movió dentro de mí, hasta que se salió sola. Mi culo
ardía… Se recostó a mi lado y me abrazó. Así nos quedamos unos minutos, hasta
que nuestra respiración fue retomando su ritmo.
- ¿Estás bien? – Me preguntó.
- Si.
Y nos quedamos así por unos minutos más. Luego se levantó y
volvió con dos cigarrillos prendidos. Fumamos en silencio… Solo se escuchaba la
exhalación del humo. Su mano acariciaba mi pecho mis tetillas erizadas… me daba
escalofríos.
- Estás temblando… ¿Tenés frío? ¿Te tapo?
- No, estoy bien…
- ¿Tengo que hacer algo para vos?
- No entiendo
- Es que vos no acabaste…
- ¿La querés tocar? – No me contestó, directamente me tomo la
pija con los dedos y empezó a hacerme una paja. Ahora era yo la sorprendida.
Nunca hubiera pensado que un tipo como él, quisiera tocar mi pene y menos que mi
pija creciera así. Ya que muchos hombres me la tocaron, pero nunca se me puso
tan dura.
Antonio, se acercó y me empezó a lamer la cabecita,
saboreando mis flujos. Se fue animando hasta que se la tragó entera…
- No me acabes en la boca ¿Está bien?
No le contesté y empecé a cogérmelo por la boca… cuando
estaba a punto de acabar le indiqué, pero ahora él no me dejaba sacarla.
Salieron dos chorros de semen, que inundaron su boca… La leche le caía por los
labios y entonces yo lo recorrí con mi lengua limpiando su cara y ayudándolo a
tragar los restos de mi néctar.
Esa noche dormimos juntos…
Por la mañana me arreglé y me fui si despertarlo. Lo busqué
varias veces en su casa, pero no lo encontré. Una vez lo vi en el supermercado,
yo iba con mi esposa y él, no me reconoció.