
Esta historia es la continuación del relato "le puse los
cuernos a mi novio" y es la narración de lo que sucedió el domingo. El resumen
de lo ocurrido fue que el viernes discutí con mi novio y el sábado por la noche
tuve una aventura con un desconocido con el que me había citado para vernos
aquel domingo por la tarde.
Aquel día libré una batalla interior entre la cordura que me
decía que no debía ir a la cita con Mario porque era el tipo de hombre que
seguro que hacen sufrir a una mujer, y por otro lado el deseo de volver a
sentirle dentro. En mi mente se mezclaban la escenas de la noche anterior, el
cuerpo musculoso de Mario, su sonrisa de dientes perfectos, su voz calida,
sensual y su miembro... no sé cuanto le mediria pero calculando que no lo podía
coger con las dos manos debían de ser seguro más de 20 cm y de un buen calibre.
Hacia unos 6 meses que tomaba con regularidad la pildora, y en ese aspecto me
sentia segura. Por otra parte habia cumplido una fantasia que era la de tener
una noche loca y hacerlo con un desconocido. Ahora bien, el volver a verlo podía
dar lugar a que me encoñase o peor todavía, que me enamorase. Pero él en ningún
momento me habia dicho que me amase, seguramente para él solo representaba un
polvo con una chica que se lo había puesto fácil.
Según se acercaba la hora el morbo y la excitación pudo más y
finalmente decidí dejarme llevar por mis sentidos. Me arreglé de una forma
sencilla, me puse un sujetador y una blusa combinado con una falda negra que me
llegaba dos dedos por encima de la rodilla y unos zapatos negros de tacón. Era
la primera vez que iba a salir a la calle sin ropa interior y aquella idea me
producia un cosquilleo en el estomago mitad miedo, mitad excitación. En el coño
sentia unos picores y un calor que necesitaban ser apagados.
Llegue al pub y le vi en la barra. Sonrió al verme y sus
dientes iluminaron el local. Me estrelló entre sus brazos y nos dimos un beso de
película. Nos sentamos en el interior uno en frente del otro. Su primera
pregunta fue "¿Has venido como te pedí?". Le sonreí picaramente y asentí con la
cabeza, "Demuestramelo", fue más una orden que una petición. Me incorporé un
poco en el asiento y recogí la falda hacia arriba con ambas manos, me volvi a
sentar justo en el borde. Apartó la mesa lo suficiente y le ofrecí el
espectáculo de verme como separaba mis rodillas lentamente todo lo posible y las
volvia a juntar. En el momento de máxima apertura podía ver perfectamente mi
coño abierto. Repetí el juego un par de veces hasta que vi aproximarse al
camarero y me bajé rápidamente la falda. Una vez que el camarero nos hubo dejado
la bebida, Mario se puso a mi lado. Puse una pierna encima de la suya y nos
dedicamos a acariciarnos el uno al otro. Me estrujó las tetas por encima de la
blusa todo lo que quiso para perder su mano por debajo de mi falda, la palma de
su mano subia y bajaba por mi muslo hasta que sus dedos se concentraron en mi
chocho mojado, llegando a meterme dos dedos. Por mi parte le mordia el lóbulo y
le pasaba la lengua por dentro de la oreja, despues de humedecerla le susurraba
al oido "Mario me tienes loca, llevame a otro sitio, quiero sentirla dentro, que
me la vuelvas a meter toda". Sonrió y me dijo que iriamos a su apartamento.
Salimos y fuimos en su coche. Por el camino me contó que el
apartamento lo tenia alquilado con un amigo, Juan, amigo desde la infancia y que
eran como hermanos. Yo supuse que le habría hablado de nuesto encuentro y que el
tal Juan se habría ido al cine o a paseo y que no estaría cuando llegasemos
dejándonos el terreno libre. Pero he aquí que cuando entramos le veo sentado en
el sofá, con un pantalón corto y viendo la tele. Después de las presentaciones
se aprestó a preparar unas copas y actuar como si fuera un anfitrión. Bueno,
pensé, un poco de charla, y se marchará. Pero nada, al contrario parecian los
dos la mar de agusto contandome sus pericipecias y lo bien compenetrados que
estaban.... y yo pensando "os van a dar por culo a los dos y la que se va a ir
voy a ser yo"... en estas que la conversación tomó un giro más picante y Mario
empezó a decirle a Juan lo suertudo que era por haber conocido a una chica tan
abierta y liberal, contó nuestro encuentro en la disco y lo bien que que se la
habia chupado, cómo le habia pasado la lengua por los huevos y el conejito tan
estrecho y caliente que tenía. Yo escuchaba su relato y notaba que estaba
poniendome colorada por la verguenza, pero por otro lado sentía el calor de la
excitación.
- ¡Mario, por favor!, qué va a pensar Juan.
- No te preocupes, dijo Mario, Juan es mi amigo del alma, nos
lo contamos todo y lo compartimos todo.
El tono y la mirada que me lanzó cuando dijo la palabra
"compartirmos" me hizo darme cuenta de golpe que quizá todo esto estaba tramado
de antemano y que el llevarme a su apartamento era una encerrona. Juro que fue
en ese momento cuando pensé que podía tener sexo con los dos. Era otra de mis
fantasias y la podia realizar ese día. Pero por otro lado todo parecia ir muy
deprisa: ponerle los cuernos a mi novio, hacer el amor con un desconocido y
luego con dos tios ... ¡muy fuerte!. Inocente de mi todavía albergaba la
esperanza de que Mario sintiese algo especial por mi, asi que me puse encima de
él y le susurré al oido:
-Pero Mario, ¿qué pretendes?
-Tú dejate llevar por tus sensaciones que vas a flipar...
-Entiendo... sólo me quieres para follar
-Claro, bonita ¿qué pensabas?
-De acuerdo, si es lo que quieres... pero disfrutame bien
porque no me va a volver a ver.
Dicho esto, me dejé caer en el sofá pero esta vez en medio de
los dos. Miré a Juan
- Y tu qué ¿has estado con muchas chicas?
- La verdad es que con ninguna.
-No me lo creo
Y Mario añadió:
-Pues sí, el bueno de Juanillo todavia no se ha estrenado.
Los únicos coños que ha visto son los de las películas porno.
- Bueno, pues esto hay que arreglarlo, dije mientras sonreia
picaramente.
Me puse de pie delante de ellos y mientras hacia la música de
striptease con la boca, con las dos manos me iba subiendo la falda lentamente
-Tarara ... rarara... ra!.
Y mi coñito peludo apareció a la vista de la concurrencia.
Juan tenia los ojos como platos y balbuceaba "no me lo puedo creer, va sin
bragas la tia".
Mario se levantó y me cogió por detrás, sobándome las tetas
para a continuación quitarme blusa y falda y con las dos manos abrirme el conejo
de forma que Juan tuviera una vista de mi intimidad en toda su magnitud.
-Mira que coño. Cómetelo
Juan se arrodilló ante mi y yo apoyé una pierna en una silla
para facilitarle la labor. Se notaba su inexperiencia y resultaba gracioso
porque lamia como si fuera un perrillo, con la lengua plana y dando lenguetazos,
pero aquello me estaba gustando... eran cuatro manos sobandome por todas partes,
lamiendome el cuello, las tetas, el coño... mis gemidos aumentaban...
Mis dos machos se despojaron de sus ropas y pude apreciar la
diferencia de calibre entre la polla de Mario y la de Juan, más pequeñita y
normalita. Me arrodille y empezé a chuparselas, mientras le hacia una paja a los
dos, cada vez que cambiaba de polla y cogia la de Mario tenía que abrir más la
boca, pero también me gustaba la de Juan, su capullo en mi boca era como tener
un caramelo. Les pasé la lengua por el glande y mientras una mano movia la polla
con parsimonia, con la otra les acariciaba los huevos, y asi seguí alternado
hasta que Juan dijo que si seguía se iba a correr.
- Para, colega, dijo Mario que llevaba la voz cantante, se
las vas a meter ahora.
Juan se sentó en el sofá y me puse encima de él. Le dí un
morreo cariñoso. Temblaba de la emoción. Su polla la tenia dura a punto de
explotar. Me di la vuelta, le cogi su polla y la retregé por mi clitoris, la
pase por mis labios para finalmente introducirme la puntita, apoye mis manos en
sus rodillas y empezé a mover el culito tratando de dibujar un ocho, me dejé
caer un poquito y ya la tenia por la mitad, Juan gruñia, pero estaba muy quieto,
intentaba no correrse muy pronto. Miré a Mario, quien sonreia, saqué mi lengua y
me la pasé por los labios, despues me mordí el labio inferior, acudió enseguida
con su enorme tranca y le pegé unas lametazos a su polla, aumenté el ritmo del
movimiento de mis caderas y senti la corrida de Juan en mi interior. El pobre no
habia durado 5 minutos.
- Mira y aprende, le dijo Mario. ¡Ponte a cuatro patas que te
voy a follar por detrás!, me ordenó
Rápidamente le obedecí, por fin le iba a sentir otra vez
dentro de mi. Mario me agarró por detrás y me la clavó de un certero golpe. Di
mi primer grito, su polla me dilataba, me abria en dos, me la sacó y volvió a
introducirla lentamente para a continuación bombearme con ritmo y a tocarme el
clitoris. Mis tetas se movian adelante y atrás por la fuerza de sus empujones.
Estaba tan mojada que sus pollazos sonaban PAF PAF PAF y notaba cómo sus gordas
pelotas rebotaban sobre mi trasero. ¡Qué delicia, madre!. De repente me dió dos
cachetes en el culo...
- Anda puta, dime que quieres rabo, dilo o paro y te dejo a
medias
No me esperaba este juego de dominación-sumisión, pero a
estas alturas no quería que aquello se parase, asi que volví la cabeza y le miré
con ojos encendidos de deseo
- No pares cabrón, dame rabo, DAME RABOOO!.
Mis gemidos se estaban convirtiendo en gritos y notaba la
proximidad del orgasmo.
- ¿Has visto Juan? Ya te dije que a esta tia nos la ibamos a
follar los dos. Toma puta, dijo dandome otro cachete, te la vamos a meter hasta
por el culo.
Cuando dijo estas palabras me corrí como una bestia, con un
temblor que me llegó hasta las uñas de los pies. Mario la sacó, me dio la vuelta
y de una sacudida soltó un chorro que me embadurnó toda la cara y las tetas.
Me limpió con una toallita humeda mientras me daba besitos
cariñosos.
-No te molestes por lo de puta -dijo- es solo por el morbo y
la excitación.
-Claro que no tonto. En circunstancias normales no lo
toleraría, pero hoy es especial, único e irrepetible.
Los dos se quedaron tirados en el sofa y yo la verdad es que
me entraron muchas de hacer cosas asi que me levanté y fui para la cocina. Allí
me puse un delantal que me tapaba solo por delante y me puse los zapatos de
tacón. Con estas pintas les puse lleve un cubata y unas almendras. Cuando me
vieron silbaron, le dejé la bebida y fui a por el cristasol y me puse a limpiar
un poco la estancia porque se notaba que no lo habian hecho en 15 días por lo
menos, cada vez que pasaba cerca de ellos me daban un cachetito y me decían lo
buena que estaba.
Y allí estaba yo metida en un papel de sumisión light que no
me disgustaba en absoluto. Los dos me hacian comentarios a cual más obsceno:
"tengo ganas de metertela por el culo", "te vamos a follar los dos a la vez"
"vas a saber lo que es bueno, te vas a ir con el coño escocido", al final de
tanto provocarme me encontraba muy caliente y con ganas de experimentar nuevas
sensaciones asi que les pregunté que si solo sabian hablar.
Se rieron y nos fuimos al dormitorio, Allí me tumbé y me abrí
de piernas empezando a acariciarme mi conejito mientras les miraba con cara de
vicio. Los chicos se pusieron a mi lado y comenzaron a lamerme por todo el
cuerpo. Yo volvía a encontrarme en una nube y muy caliente. Les dije que se
tumbasen y volví a chuparselas con ansia.
Finalmente me puse encima de Mario y comencé a cabalgarlo con
furia hasta que me sujetó y me hizo poner mi mejilla sobre su pecho. En esta
posición me separó con sus manos mis nalgas y le dijo a Juan:
Clávasela en el culo a esta zorra. Coge vaselina y dale
caña, colega
Es la posición en que me encontraba me sentia abierta,
esperando la embestida. Temblaba con una mezcla de emoción, excitación y miedo
por el posible dolor. Afortunadamente la polla de Juan era más pequeña. Si
hubiesen cambiado de posición, creo que no hubiese podido resistirlo, pues con
el coño lleno del pollón de Mario ya me sentia llena. Extendió una generosa capa
de lubricante y me metió un dedo, luego otro y finalmente sentí el glande de
Juan abrirse camino a través de mi ano. Aquello fue demasiado. Por primera vez
experimentaba un sándwich, me quedé muy quieta hasta que nos acoplamos y los
chicos comenzaron a moverse acompasadamente. Creo que mis gemidos debieron oirlo
en todo el bloque porque fueron una cadena de orgasmos los que sucedieron. Perdí
la cuenta, sólo recuerdo que al final el semen me resbalaba por todos mis
agujeritos y que como bien dijo Mario, acabé aquella tarde con el coño escocido
pero feliz.
