DESDE ALEMANIA, CON AMOR…
1
Las conocí por accidente. Fue en un paseo de la
universidad a una reserva forestal cerca de la ciudad. Estaba aburrido como el
invierno y me alejé un poco para leer y dar un pestañazo, recordando que alguien
había mencionado algo sobre dos bellas alemanas merodeando por ahí… y ya que
ustedes saben que mi alter ego es Herr Kleizer, mi imaginación empezó a rebullir
y poco bastó para que mi miembro estuviera al aire, habiendo decidido tener un
poco de sexo conmigo mismo acostado en la verde hierba…
Me puse la chumpa sobre la cara y me entregué a sobármela… el
lugar estaba tan silencioso que podía escuchar a alguien aproximarse… eso pensé
al menos, porque poco después, me incorporé alarmado al oír varias risitas
frente a mí.
Grande fue mi sorpresa al ver, de pie ante mi a dos preciosas
jóvenes, a cual más apetitosa. Las dos rubias, una con su cabello largo y liso,
toda ella como una muñeca, y la otra con su cabello corto, lo que la hacía ver
un poco más voluptuosa que su amiga. Las dos vestían diminutas calzonetas y la
de pelo corto una camisa sin mangas apenas atada a la altura de sus abultados
pechos. Las dos me sonreían sin complejos, y ante tal espectáculo, mi capitanazo
se mantuvo firme como una roca.
-Hola, preciosas -les dije-, apuesto a que no esperaban
hallar este tipo de flores creciendo por aquí.
La nena de pelo largo se rió y tradujo a su amiguita, que se
rió también y le dijo algo al oído, y luego, en tosco español, la chica me dijo:
Lenka es fanática de las plantas exóticas y dice que va a examinar de cerca esa
nueva especie…
Lenka… que nombre más bonito y… de puta. Lenka, pues, apenas
su amiga terminó de hablar se sentó a mi lado, permitiéndome apreciar mejor la
belleza de su rostro y sus ojos verde claros… su mano se cerró en torno a mi
pene y me dio un súbito temblor. La otra tomó asiento también a mi lado, en
tanto Lenka ya subía y bajaba su mano despacio.
-Lenka, mi amor -musité y ella me miró, sonriéndome y nos
besamos, dándome una inolvidable cátedra de morreo germánico. Su amiga apoyó su
cabeza sobre mi hombro y sin ningún pudor empezó a sacarme la camiseta.
-¿Cómo te llamas? -le pregunté.
-Miroslava, para servirte -me respondió, sonriendo, y me
incliné para besarla en la boca, a lo que ella se dejó y luego correspondió. Mis
dos brazos enroscados en las cinturas de cada una de esas bellezas, poco a poco
acariciándoles sus enormes y redondos pechos y ninguna puso objeción. Con ayuda
de Lenka dejamos al descubierto el bellísimo busto de Miroslava, expuesto a mi
lengua depredadora y a la saña lujuriosa de mis manos…
Pero Lenka quería su parte de este pastel y ya que su amiga
tenía monopolizada mi boca y mis manos, sin mayores preámbulos, Lenka se acomodó
y se metió mi verga en la boca, pasando a la segunda lección de amor nórdico.
El clima en sí estaba muy helado, pero nosotros tres
estábamos en llamas. Con ayuda de Miroslava logramos dejar en pelotas a Lenka y
ella se terminó de desnudar… así es, sólo en el bosque con dos voluptuosas
rubias dispuestas a todo. Miroslava interrumpió la riquísima mamada de su amiga
para mostrarme cómo se besaban entre ellas, chupándose sus lenguas y sus labios,
descendiendo hasta darme el placer de sentir dos lenguas europeas lamiendo mi
palanca palpitante, y luego tragándosela por turnos.
Se dijeron algo en su idioma y se besaron de nuevo. Entonces,
Lenka, la más rolliza, se sentó a horcajadas sobre mi pene, clavándoselo poco a
poco, deseando sentir mi carne uniéndose a la suya muy despacio… pero Miroslava
no se quedó atrás y también se sentó a horcajadas de cara a su amiga sobre mi
rostro, dándome su raja para almorzármela, cosa que hice, mientras la gatita
Lenka me cabalgaba suspirando, y pronto escuché cómo las dos se besaban sobre
mí, riéndose muy contentas… empecé a meter mis dedos en el culo de Miroslava, y
ella se quejó pero no apartó su bonito trasero de mi cara… Lenka aumentó su
velocidad a medida que su orgasmo se acercaba, soltándose de la boca de
Miroslava y dedicándose a gimotear escandalosamente durante los tres o cuatro
minutos que tardamos en corrernos los tres… Miroslava en mi cara, Lenka sobre mi
pene y yo muy dentro de Lenka…
Luego, las chicas, cubiertas de sudor, lamieron mi pija otra
vez, queriendo ponerla en forma para Miroslava que necesitaba follar con
desesperación… me acosté de lado sobre la hierba y Miroslava se dejó hacer,
pegando a mí ese cuerpo divino, de espalda, ella cruzó un brazo alrededor de mi
cuello, me besó con furia, con mi brazo aferré su pantorrilla, alzándola y
acercando mi pene a su concha mojada, Lenka se encargó del contacto, haciendo
rozar mi glande contra los trémulos y rosados labios de su bellísima amiga, y la
sádica Lenka empezó a restregarme la verga contra ese coñito ansioso de tragarse
toda mi carne ardiente, arrancando gritos de deseo y desesperación a Miroslava,
que farfulló en su idioma, pero que no me costó entender que rogaba a su amiga
que me dejara tirármela de una vez… Lenka terminó de acomodarnos y pude penetrar
a ese ángel…
Fue delicioso, casi onírico, copulamos así por casi veinte
minutos, sin dejar de besarnos. Lenka se colocó frente a Miroslava y veces me
arrebataba esa boquita celestial para devorarla, ora se acercaba ella a mí para
morrear conmigo, en todo caso, Lenka no dejó de travesear el clítoris de
Miroslava, facilitando su orgasmo en poco tiempo. Apenas sucedió esto, cuando
los gemidos de mi angelito se desvanecían, saqué mi miembro y me corrí sobre los
pechos de Miroslava, metiéndosela en la boca mientras Lenka limpiaba mi
desastre…
Fue una tarde de locura, cogimos, cogimos, cogimos y cogimos…
me dejó el bus pero por el celular avisé a un compañero que me encontré con un
conocido que me iba a llevar de vuelta a la ciudad después. Las nenas iban a
pernoctar allí y me ofrecí a cuidarlas… grande fue mi sorpresa al descubrir que
eran hermanas, Miroslava con 20 y Lenka con 18…
2
Pasamos la noche juntos. Ellas me invitaron a acompañarlas
hacia las montañas. Habían alquilado un carro y yo no me hice rogar. Nos
alejamos más aún de la ciudad y nos internamos en el mero bosque. Al no
imaginarme esta aventura, no había traído conmigo ningún mapa. Las chicas
preguntaron a un campesino si podía guiarnos un poco en la siguiente montaña, al
principio se mostró renuente pero luego ofrecieron pagarle en dólares y aceptó.
Se trataba de un tipo delgado como de unos cuarenta años, don Genaro, se
presentó, y andaba acompañado de un hijo suyo, Julián, de 14, los dos de aspecto
indígena, morenos, un poco bajos y de pelo negro. Ninguno de los dos disimuló su
embrujo por los pechos dorados escotados o las nalgas redondas y bien marcadas
en los shorts de las calientes alemanas. Eran como las diez de la mañana.
Durante el ascenso don Genaro guiaba y Julián y yo ibamos a
la zaga. En una de esas, Lenka se deslizó y el chico campeño se apresuró a
ayudarla, sujetándola bien de sus generosas curvas… un accidente que la alemana
repitió un par de veces más. Llegamos a un claro adecuado para poner el
campamento, preparamos las piedras para la fogata y prestamos una tienda de
campaña a don Genaro y a su hijo. Había un riachuelo a pocos metros y las chicas
me invitaron a bañarme con ellas. Antes de meterme admiré esa visión orgiástica
de dos esculturales ángeles de pieles doradas retozando en el agua, besándose y
tocándose, haciéndome señas para meterme con ellas.
No me hice esperar y pronto estuve en medio de ellas, y esas
cuatro manos divinas exploraron como quisieron mi cuerpo. Miroslava me besó
mientras Lenka se agachó para mamarme el mástil… poco después, cambiaron
lugares, hasta que las dos hermanas me lamían y chupaban mi miembro. Entonces,
Miroslava se puso de pie y me dijo: Te quedas con Lenka, hazle de todo.
Y salió del agua, donde la esperaba Julián que, de seguro
llevaba algún rato pajeándose extasiado ante esa orgía, nada cotidiana en su
vida. Lenka siguió mamándomela, lento, quería saborearme y yo a ella; la levanté
y nos besamos. "Mira, mi vida", me dijo Lenka y me di vuelta para ver a la
hermosa Miroslava de rodillas turnándose para dar placer oral a Julián y a don
Genaro, los dos gemían como niños, nunca hubieran tenido oportunidad de
agenciarse una diosa así. El morbo del inusual trío redobló mi furia y llevé a
Lenka para acostarme con ella.
Me tendí sobre una toalla y Lenka me montó, clavándose
despacio y luego iniciando un movimiento rico y creciente. Tuve tiempo de ver a
Miroslava a cuatro patas, succionando el pito del jovencito que estaba acostado
y arrobado de placer, y siendo follada por el maduro campesino, de rodillas tras
ella, agarrándose embrutecido de sus nalgas de oro… por la manera en que se
quejaba, la lujuriosa alemana parecía estar pasando a lo grande. En eso, Lenka
se inclinó sobre mí, nos besamos mientras cogíamos y nos olvidamos del mundo un
rato, dedicándonos a hacernos el amor como si nada más existiera. El ambiente se
llenó de gemidos y de grititos de gozo expulsados de las dos gargantas mas
encantadoras…
Abracé a Lenka y la puse de espaldas, sobre la toalla,
coloqué sus piernas perfectas sobre mis hombros y empecé a tirármela como Dios
manda, su cara se enrojeció gradualmente, sudando los dos, haciendo más
escándalo nuestras voces… de soslayo miré a la angelical Miroslava, cabalgando a
gusto a Julián, y a don Genaro acomodándose tras ella… la extranjera exclamó de
dolor, miedo y sumo placer al sentir dos vergas colmándola…
Lenka vio esto y se separó, me besó y se puso de cuatro
patas, invitándome a romperle el culo. Ya que mi cipote estaba empapado de sus
jugos, empujé de inmediato, entrando sin mucha dificultad… bien se ve con son un
par de rameras… a pesar de todo, me encantó la tibieza aterciopelada de ese culo
y me moví con cuidado al principio… Lenka casi se volvió loca de placer,
descubriendo su coito favorito, moviendo sus nalgas para acentuar el gustazo.
Por el jaleo que armaron al lado, supe que se estaban
corriendo, y los dos campesinos, padre e hijo, quedaron extenuados, besando y
manoseando a su antojo ese cuerpo adorable que tanto placer gratuito acababa de
darles. Lenka, con sus movimientos, logró correrse a su vez, luego salí de ella
para bañarle sus senos como a su hermana el día anterior, pero la golfa me tragó
la polla y recibió mi semen sobre su lengua, paladeándolo un rato y limpiando mi
pene con su lenguita adolescente.
Luego cada quien se limpió por su lado, hicimos fuego y nos
aseguramos de que fuese a durar un rato, porque la orgía iba a seguir. Las
chicas se acariciaron y sacaron la ropita frente a nosotros, para después
hacerse un espectacular 69 que a la luz de las llamas se convirtió en un show
único. Me hinqué y las dos hermanas me lamieron el pene, de cuatro patas las
dos, y Miroslava recibió de nuevo a don Genaro, en tanto Lenka se entregó a
Julián.
Aproveché para cachetearlas a las dos. Don Genaro había visto
lo que hice con Lenka y antes de acabar, salió de Miroslava para sujetarla de su
largo cabello dorado y obligarla a abrir la boca, ella sonriendo aceptó su
capullo y el semen del zafio campesino rebalsó aquellos labios bellísimos,
chorreando sus mejillas y su cuello… el señor cacheteó a Miroslava y restregó su
rechoncho pene hasta que la beldad alemana se lo hubiera limpiado.
Luego hice que me la chupara un rato. Don Genaro intentaba
ponerse en forma de nuevo pues quería saborear a Lenka, a quien su hijo ya
estaba dando buena cuenta, obteniendo los dos jóvenes un bullicioso orgasmo.
Puse a Miroslava como perrita y apunté a su trasero, mismo que don Genaro ya
había dejado un poco dilatado. Miroslava gimió, dándome a entender que también
le fascinaba ser sodomizada y comencé mi muy grata faena.
Ahora era Lenka quien, en igual posición que su hermana
mayor, era culeada por Julián y chupaba el rabo del padre de éste. Miroslava se
enderezo y juntó su sinuoso tronco al mío, sujetándome de mis nalgas, y busqué
sus senos, manoseando aquellos frutos deliciosos, entregándonos a un caliente
sexo anal en medio de la nada… "Oh, Dios, adoro este país", exclamó antes de
caer en los espasmos orgásmicos.
El último polvo de la noche fue la enculada que el curtido
campesino obsequió a la escultural Lenka, ya casi desmayada de tanto placer
seguido. Don Genaro le folló el culo por casi media hora hasta lanzar unas
cuantas gotas de semen que pringaron el muslo perfecto de la extenuada Lenka.
Me dormí con Miroslava en una tienda y los campesinos
metieron a la casi inconsciente Lenka en la otra. Miroslava y yo dimos una
cogidita veloz en la madrugada, y por ciertos jadeos que escuchamos supimos que
Lenka y compañía no estaban ociosos.
Al día siguiente descendimos. Las chicas les regalaron una
última mamada a los campesinos antes de despedirse de ellos. Volvimos al carro y
me llevaron a su hotel… donde las esperaba su prima…. Pero esa ya es otra
historia.