"Vaya…no podía dejar de venir, claro", pensé cuando la vi
salir del ascensor. Iba con Javi, su novio, un compañero mío de clase…y ex -
amigo. Ella también lo era. Compañera de clase y ex – amiga, las dos cosas. Si
hace un año me llegan a decir que las cosas iban a estar así entre nosotros me
hubiera reído, porque éramos inseparables. Javi fue la primera persona con la
que hablé cuando empezó mi primer curso en aquella universidad. Y eso que lo
primero que pensé fue que me iba a matar. Llevaba todo el día sin cruzar una
palabra con nadie. Él estaba sentado a mi lado, y por tratar de romper el hielo
le comenté lo buena que estaba la chica a la que el profesor había mandado
levantarse ara resolver unos ejercicios que había escrito en la pizarra. Era
morena, con el pelo largo y rizado. No muy alta, pero con un cuerpo precioso. No
era la típica chica explosiva, pero tenía algo que la hacía resultar muy
atractiva. Quizás fuera su boca, o quizás sus enormes y expresivos ojos negros,
pero no pasaba desapercibida. Para mi sorpresa, no solo no se rió con mi
comentario, sino que se me quedó mirando fijamente, sin decir palabra.
"Oye, era solo un comentario, ¿eh?", le dije, "Vaya
cara…vamos, que si llegas a ser su novio me matas aquí mismo".
"Pues es que resulta que lo soy", fue lo único que me dijo.
Me quedé helado. Mentalmente pensé lo que me costaría un
nuevo traslado de expediente…o un programa de protección de testigos. Antes de
que pudiera darle forma a alguna excusa, volvió a hablar: "El caso es que estoy
de acuerdo contigo…si pudiera me la tiraba ahora mismo", dijo, y me dio un
codazo, sonriendo. La sangre volvió a circular con normalidad por mi cuerpo.
Después de eso nos hicimos muy amigos. Cuando acabaron las clases me presentó a
Marta, que así se llamaba la chica en cuestión. Además de lo que ya os dije de
ella, era majísima, y se rió muchísimo cuando Javi le contó lo que había pasado.
"Qué bien tener admiradores…así si me falla Javi ya tengo
recambio", me dijo, guiñando el ojo. "¡Por el recambio!", gritó Javi, y
brindamos los tres, entre risas.
Todo iba genial. Ya no me arrepentía de haber decidido
haberme ido a estudiar a otra ciudad, como me sucedió los primeros días. Los dos
estaban muy pendientes de mí, de que no estuviera solo, de que no me faltara
nada…incluso gracias a ellos conocí a Ana, mi novia, que era una de las amigas
de Marta.
Pero ahora todo eso había cambiado: ahora ni nos dirigíamos
la palabra. Así llevábamos un tiempo y ya me había acostumbrado a verles pasar
de largo o girar la cabeza cuando nos cruzábamos. Al principio se me hizo duro,
incluso le di muchas vueltas al asunto intentando encontrar la manera de
arreglar las cosas, pero no había forma. Casi me había costado mi relación con
Ana, y pensé que era mejor dejarlo correr. La cosa se había ido tranquilizando,
aunque manteníamos claramente las distancias. Pero últimamente parecía que se
habían reanudado las hostilidades, al menos por parte de Marta. Por amigos
comunes me había enterado de que había hablado mal de Ana a algunos profesores.
No quise meterme en el asunto, pero la cosa no quedó ahí, porque se las había
arreglado para que cambiaran la fecha de entrega de unos trabajos sin que ella
se enterara, así que cuando Ana lo llevó, no se lo corrigieron por estar fuera
de plazo, sin que valieran de nada las explicaciones que le dio al profesor.
No le dije nada de que había sido Marta la que estaba detrás
de todo aquello, porque había decidido arreglarlo por mi cuenta. Ya estaba bien
de dejar que hiciera lo que quisiera. Iba a ponerle las cosas claras. Sin que se
presentara la ocasión había llegado el último día de clase antes de las
vacaciones de Navidad, en el que tradicionalmente nos tomábamos unas botellas de
champán con los profesores a la puerta de clase. Después de la jugada que le
había hecho a Ana pensé que no vendría, pero me equivoqué. Allí estaba ella, con
la mejor de sus sonrisas. No la perdía de vista, aunque de forma disimulada.
Estaba esperando el momento adecuado. Y ese momento llegó al fin. Escuché como
le pedía a Javi que le sujetara la copa porque tenía que ir al servicio. Dejé
que pasaran unos segundos para que no se notara nada, y con la misma excusa, le
dejé mi copa a Ana y fui hacia las escaleras.
El servicio estaba un par de plantas más abajo. Mejor. Así
sería más fácil. Además, debíamos ser de los últimos que quedábamos en el
edificio. Me aseguré de que no había nadie cerca y entré en el servicio de
chicas sin hacer ruido. Ella estaba en una de las cabinas. Mejor aún, así sería
mayor la sorpresa cuando me viera allí. Me apoyé contra la puerta y esperé,
pensando lo que le iba a decir. Estaba más nervioso de lo que me hubiera
gustado, pero no solía hacer este tipo de cosas. Lo mío era más bien la
diplomacia, pero en este caso no había servido de nada. Oí descorrerse el
cerrojo de la puerta. Tragué saliva. La puerta se abrió y salió Marta. No se dio
cuenta de que estaba allí. Se lavó las manos, aún sin verme. Se miró en el
espejo y entonces me vio.
"¿Qué coño haces aquí?", dijo, dando un paso atrás.
"He venido para aclarar unas cuantas cositas contigo, Marta.
Con lo del trabajo te has pasado", le contesté.
"Vaya, vaya, ¿y has decidido tú solito venir? Qué sorpresa…
¿seguro que no está Ana ahí fuera para protegerte?", respondió. El ataque me
cogió un poco desprevenido. No pensé que fuera a reaccionar tan rápido y me
había dejado algo desconcertado.
"De sobra sabes que no", le dije, intentando rehacerme. "Ana
no tiene nada que ver con esto. De hecho no sabe siquiera que he venido aquí".
Marta se sonrió. "Ah, entonces lo estás haciendo a sus
espaldas. ¿No será que quieres algo más aparte de hablar conmigo?". Seguía
atacando. Sabía que no lo había dicho con esa intención, pero estaba llevándome
a su terreno.
Tenía que acabar rápido con la conversación si no quería que
se complicara: "No digas tonterías, Marta. Sabes por qué estoy aquí. Quiero que
dejes tranquila a Ana, y que nos olvides".
Se quedo callada, como pensando. Después avanzó un par de
pasos hacia mí, e instintivamente retrocedí. "¿Es que me tienes miedo?", dijo.
"¿Por qué iba a tenértelo?", contesté. Ella avanzó otro poco
y yo di un paso más atrás, y miré hacia la puerta. Fue un acto reflejo, una
décima de segundo, pero Marta se dio cuenta: "Te noto nervioso…a lo mejor no
tienes miedo de mí, sino de ti…".
No dejaba de pensar en lo mal que había hecho yendo allí a
buscarla. Tenía que haberme quedado al margen, como siempre…"¿Qué quieres decir
con eso?", dije.
"Bueno, que a lo mejor no estás seguro de cómo
reaccionarás…", contestó, mirándome muy fijamente a los ojos.
A esas alturas yo estaba ya bastante nervioso. Además, no
sabía exactamente dónde pretendía llegar Marta con esas insinuaciones…o no
quería saberlo. "¿Reaccionar? ¿A qué, si se puede saber?", pregunté, temiendo la
respuesta.
Por toda respuesta, Marta se desabrochó un botón de la blusa
que llevaba, dejando ver el principio del sujetador. "A esto", dijo, y me besó.