Cambio
!Eh usted¡ !Alto, Policía¡
Me sonrío y comienzo a saltar hacia los lados mientras me
alejo de los disparos. Con la velocidad adquirida salto y ejecuto dos vueltas y
un tirabuzón en el aire. Las balas silban sobre mí, es divertido y salvaje al
mismo tiempo no me arrepiento de esto; es la vida que escogí.
La calle esta atestada de gente, mas a mi favor-
pienso mientras huyo.
Me salen al encuentro un grupo de agentes del FBI y la CIA,
salto sobre ellos para luego rodar y continuar mi huida. Los hombres se quedan
ahí parados con sus armas como unos monigotes inútiles. Uno de ellos me dispara,
tiene suerte de que ya me halle lejos porque me da.
El pedazo de plomo incandescente penetra mi carne destrozando
tejido. El dolor comienza a punzar en mi hombro. En ese instante desaparezco en
una calleja y entonces te encuentro...
Una bonita novicia de ojos azules y ceñido uniforme de
instituto católico me mira entre asustada y sorprendida, presiente el peligro.
Me mira y nota el balazo en mi hombro y la sangre regándose entre mis dedos yo
le sonrío y la tomo de los hábitos mientras la empujo contra la pared.
Ayúdame o soy hombre muerto. Le digo con una súbita
calma.
Pero ¿por qué yo?. Preguntas.
Por que sino también morirás. Le digo mientras inserto
mis dedos en su carótida.
Urrrgh...esta...bien... ayudare.
La solté, terminando con su tortura me abandone a ella
mientras me alejaba del peligro; me llevas hacia una catedral monumental. Una
vez allí, damos un rodeo mientras intentas que nadie me vea. Luego me introduces
hasta llegar a una pequeña construcción cerrada con un pesado portón de hierro.
Sacas una llave de entre sus ropas y abres, luego entramos
mientras te cerciorabas de todo. El recinto era sombrío, solo lo iluminaba una
minúscula ventana y unas velas gastadas.
Me siento en el suelo mientras me desvisto rápidamente para
inspeccionar la herida. Te apartas de mi lado, me miras algo ruborizada en eso
te pregunto:
¿Como te llamas?
Ana Maria. Comentaste.
Ven y aprieta fuerte mi hombro por favor.
Obedeciste, el dolor era terrible pero era necesario extraer
ese pedazo de plomo. Saco de mi bolsillo una pinza y la introduje dentro del
agujero. Las manos me tiemblan por el grado de sufrimiento, ese instante parecía
que me iba a desmayar pero pude sentir el objeto y dando un tirón lo arranco de
mi interior.
Grite y un poco de sangre mano de la herida, me quede quieto
mientras volvía a respirar con normalidad. Te paraste frente a mí e intentaste
patearme, mala jugada mocosa. Pensé mientras tomaba tu pie y lo atraía
hacia mi, desequilibrándote. Caíste mal, dándome el tiempo suficiente para
rodear tu cuello con mi brazo, asfixiándote.
¿Es que no te han enseñado nada sobre hospitalidad,
niña?. Te pregunte.
No la hay para quien la pide de mala manera. Dijiste.
Jeje, eso es cierto. Pero eso no te impide hacer el bien.
Lapide.
No respondiste, se te estaba terminando el oxigeno por eso
solté la llave con que te aprisionaba. Te tomaste el cuello y luego te
incorporaste.
Eres extraño ¿por qué te hirieron? Quisiste saber.
Fácil, acabo de matar a un hombre importante. Conteste.
Entonces eres un asesino. Concluiste.
No siempre, pero podrías decir que si. Afirme.
Entonces eres malvado. Dijiste tu.
¿Y que sabes tú de mi para asegurarlo?. Te dije, con algo
de ira.
No es necesario que lo sepa, puedo sentirlo. Me
respondiste.
Es posible pero entonces ¿Por qué me ayudaste?. Te
pregunte.
Porque soy buena. Contestaste.
Pero el ayudar a un asesino ¿no te hace mala?. Inquiri.
No. Dijiste, muy resuelta.
Ok, me quedare aquí puedes irte no me moveré. Te asegure.
Gracias.
Desaparecí tras la puerta de esa presencia inquietante, mi
ropa tenia impregnada algo de su sangre la que limpie con mi pañuelo. Me fui a
clases, llegaba tarde pero no importaba. El sentir a ese hombre cerca de mi me
hacia sentir rara. Llegue al edificio y extraje mis cosas del casillero que
tenia asignado. Corrí por los pasillos y me introduje a hurtadillas en la clase.
Llega tarde señorita Vercetti. Me retó el profesor.
Disculpe, es que..
Nada de excusas, a su asiento. Interrumpió.
Me fui a mi asiento en el fondo de la clase, agregándome así
al grupo de alumnos de su aburrida clase de religión. Es realmente pedante
escucharlo hablar sobre amor al prójimo, cuando de acción jamás ha hecho nada.
Las palabras quedan muy bonitas en la boca de cualquiera, pero quedaría mejor
aun si lo pusiera en practica de verdad.
Me quede pensando por un momento en decirle mi punto de
vista, pero no me pareció productivo. No cuando la persona es solo un presumido
arrogante. Una de mis compañeras me pregunto por lo bajo el porque de mi
retraso, solo me limite a decirle que tuve cosas que hacer.
Cuando termino la clase, me dirigí de nuevo hacia la
catedral. Tenia que hacer la limpieza en el lugar. Es mi deber como novicia y
además parte de mi entrenamiento para llegar a monja. Barrí el lugar para luego
limpiar una por una las figuras que adornan el interior del lugar.
Cerca del final del día el apareció, ese que aparece tan
digno predicando el mensaje de los evangelios. Sin que nadie sepa que por las
noches aprovecha la lujuria de la madre superiora y otras monjas para
corromperse.
Personalmente a mi me da asco tenerlo cerca mío. Pero parece
provocarle verme limpiando porque se me acerca con intenciones de manosearme y
besarme. Me zafo y huyo, él no me sigue porque cree que algún día voy a ceder.
Tomo un pan y una jarra con agua, me voy a ver al asesino...
El portón se abre y ella penetra nuevamente en la sombría
habitación. Me sonrío al verla, trae alimentos para mi. Realmente me sorprende
su bondad, yo pensé que iba a delatarme con la policía.
Me alcanza las cosas y yo las tomo con desesperación, me
parecen los manjares mas sabrosos que he probado en mucho tiempo. Seguramente
sea por el hambre que tengo, pero devoro el alimento.
A pesar de ello, me percato de la manera en que sus ojos me
devoran con curiosidad; me detengo por un instante y la miro. Esto la descoloca,
la pone en evidencia. El se sienta frente a ella, esto la asusta; las pupilas de
él miran dentro de las suyas.
¿Que me harás?. Pregunta ella temerosa.
No le respondo, mi mano acaricia su rostro para luego
quitarle suavemente el habito que cubre su pelo. Me miras furiosa a la par de
asombrada, mientras las ondas de tus cabellos salen a relucir.
Puedo sentir como quieres huir, tus latidos se aceleran tu
mirada se vuelve inestable e intentas golpearme por mi osadía. Bloqueo tu golpe
y tomo tu mano, mientras esquivo el otro golpe atrapándote.
Quedo sobre ti, me río y entonces te lo digo:
Podría hacerte mía en este momento, pero has sido buena
conmigo por eso solo me iré.
Me levanto y juntando mis ropas comienzo a caminar hacia el
portón, pero entonces tu voz me detiene:
Quiero... quiero que me tomes ahora, extraño.
Me detengo y cierro la entrada me doy la vuelta y me acerco a
ti. Me quito el pantalón y me llego a tu lado. Te quito los hábitos, dejando a
la vista tu suave y pálida piel. Mis manos tocan tu piel, recorriéndola palmo a
palmo te beso sin prisa.
Tus labios son tan cálidos y suaves, me quedaría toda la
eternidad con ellos. Me rodeas con tus brazos, acaricias mi espalda, mientras yo
hago lo propio con tus pechos pequeños.
Lamo y beso las areolas, arrancándote gemidos de placer que
me inspiran a continuar con mi labor. Mi mano baja hacia tu sur, uno de mis
dedos comienza a introducirse lentamente en tu clítoris.
Aaaaaaaah...ahahaaaaaaah
Ssh, que falta lo mejor.
Sigue, sigue por favor.
Lo haré, no lo dudes por un segundo.
Así, lubricándote bien, introduzco poco a poco mi miembro en
el interior de tu cueva mientras siento como te estremeces. Te colmo por
completo, mientras empiezo a bombear con fuerza. Te aprietas contra mi cuerpo
deseando sentirme tanto como yo.
Me acuesto en el suelo y te sientas sobre mi pene mientras
gozas con el, yo intento abandonarme. Para no sentir el dolor de mi herida, solo
quise sentir el placer de tu cálido coño envolviendo mi miembro.
Me incorporo y me agarro de tu cintura, mientras aumento el
ritmo hasta correrme dentro de tus entrañas. Te deposito en el suelo, te beso
nuevamente deteniéndome en tus ojos y en tu boca.
Sonríes, tus ojos azules se pierden en los míos; te abrazas a
mi. Luego de un rato hablas:
¿Qué vas a hacer ahora?
Tengo que irme lejos que aquí, estoy siendo muy buscado
seguramente.
¿A dónde iras? ¿Puedo ir contigo?
Aún no lo sé, pero no te preocupes que tu siempre vendrás
conmigo.
¿Como harás, si eres tan buscado?
Siento recurrir a esto, pero debo tomar tu cuerpo para
escapar.
¿Cómo dices?
Haremos un cambio, mi cuerpo por el tuyo.
No se, me parece imposible.
Jeh, si quieres no lo hacemos.
Esta bien, estoy cansada de mi vida.
Bien, entonces mírame fijamente a los ojos.
Sus ojos me marean, pareciera como si diera mil vueltas. Me
parece como si flotara en el éter, como si ya no tuviera cuerpo. De pronto un
agudo dolor me vuelve a la realidad, mi hombro me duele. !¿Cómo, mi hombro?¡ Me
miro y efectivamente hay un balazo en el. ¿Qué, qué esta pasando?
Me veo levantarme y mirarme a mi misma. Me sonrío y entonces
me escucho hablar:
Gracias preciosa, siempre me acordare de ti.
Es...espera. Explícame.
Tengo que irme, hay mucho por hacer; bonita.
Pe...pero. entonces esto significa que...
Tal y como lo piensas, ahora será mejor que nos vayamos.
¿Como? Pero ahora yo seré buscada, perseguida y quizás me
maten.
Si, es lo mas probable. Fue por eso que tome tu cuerpo,
así no seré descubierto.
Yo..yo no quería esto !¿por qué me has hecho esto?¡.
Dices mientras comienzas a llorar.
No te pongas así, es lo que elegiste al dejarme actuar.
Estos solo son los resultados. No desesperes puedes vivir en mi cuerpo.
Nooooo, lo siento pero no puedo, no puedo.
Te abrazo consolándote por unos momentos, me da pesar verte
tan mal y entonces te digo:
¿Prefieres morir tranquilamente?
En tus labios saben tan bien esas palabras. Si, por
favor, hazlo... libérame.
Lo siento, de veras lo siento. Esperare tu perdón.
Ya lo tienes, amor.
Te acercas a mi, hay lagrimas en tus ojos y con dulzura
apoyas una de tus manos detrás de mi cabeza. Mientras me besas, despidiéndome;
veo tus rizos caer con hermosura sobre mi rostro. Luego, mis ojos se dan vuelta
quedando blancos mientras tu terminas de arrancarme la garganta.
La sangre vuelve a manchar tus manos, es la misma sensación
pero ahora se siente distinto. Las lagrimas en tu rostro te sorprenden, pero en
tu interior sabes a que se deben. Tomas tus hábitos y te marchas, a seguir esa
vida que has elegido. Te deshaces de la llave arrojándola al rio, y luego
comienzas a correr... suerte, mi vida.