Inés notaba algo delicioso en su entrepierna, algo húmedo y blando le
acariciaba su concha y su clítoris, dirigió una mano a su intimidad y notó algo
con pelos, una cabeza, la cabeza de Tomás lamiendo su intimidad.
Inés sonrió ¡qué gran despertar!, Acarició los cabellos de Tomás con dulzura, el
cual respondió lamiendo a consciencia, dando pequeños lametones en el clítoris
de su amada.
-mmmmm, buenos días esclavo, no saludes, sigue con tu trabajo – dijo Inés.
Tomás, envolvió la vagina de Inés con su boca, succionando, penetrándola con la
lengua, recorriendo las paredes uterinas del cuerpo de la ama y señora.
-ah, s-sigue mi juguete, si-sigue, c-ca-casi essssta – decía Inés temblando.
Los fluidos que llenaron la boca de Tomás indicaron a esté que Inés se había
corrido, ella se levantó, estaba desnuda, su piel canela era suave como el
talco, su vello vaginal estaba cortado y peinado como si fuese un relámpago,
agarró el pene de su desnudo amante y lo llevó a la sala comedor.
Cuando llegaron, Inés ordenó a Tomás que preparara la mesa para el desayuno,
Tomás obedeció y puso los platos y los vasos, mientras Inés miraba con una
sonrisa el prieto y desnudo trasero de Tomás.
En aquel momento aparecieron Juan y Ana, en pijama, se sorprendieron al ver los
invitados desnudos.
-¡que descaro! ¡ropas! ¡Quitaros esto inmediatamente! – Decía Inés de forma
autoritaria.
-¡que nos las quitemos!, ¡Ni hablar! ¡¿Que te has creído?! – Gritó Ana con
rabia.
-ok, entonces nos iremos y serás la esclava de tu marido durante tooooodo el fin
de semana – dijo Inés con una sonrisa.
Ana se quedó sin palabras, miró a Juan que la miraba con una sonrisa, se
apresuró a quitarse la ropa, pero Inés la detuvo con un gesto, los labios de
Inés le dijeron a Ana con sensualidad.
-despacio, esclava, muy despacio.
Ana se quitó el primer botón de su pijama, sus dedos acariciaban sensualmente el
borde hasta alcanzar el segundo botón, y el siguiente, así hasta desabrochar su
pijama, no tenia sujetador, se abrió muy lentamente el pijama, mostrando sus
pechos, tenia unos pezones pequeñitos, casi sin aureola, cuando la prenda
abandonó los hombros de Ana, cayó con la suavidad de un pétalo.
Juan se le notaba una imponente erección, él levantó su pijama mostrando un
tórax trabajado por el gimnasio, pero le costaba bajarse el pantalón, la
erección le dificultaba el trabajo.
Ana ya tenia sus pantalones de seda en sus pies, pero antes de tocarse las
bragas, Inés la ordenó que se detuviera.
-Juan, quítaselas, con la boca.
-si, mi reina – decía Juan con una sonrisa.
Ana se tapaba los pechos, no quería que su hermano la mirase, sobretodo con esa
lascivia, cuando llegó Juan a rozar sus bragas, Ana se apartó
-ya vale, como broma ha sido suficiente – decía Ana disgustada.
-¡esclavos! ¡Agarradla! – Decía Inés con rabia.
Juan la agarró de las piernas, Tomás por los brazos, la llevarón ante Inés
mientras esta le decía.
-las niñas buenas deben cumplir sus promesas ¿sabes?, Deberías dejarte hacer, te
encantará, pero he de castigarte, ¡esclavos! Folladla en su coño y correos
dentro de ella – decía Inés de forma autoritaria.
Ana estaba horrorizada ¿iban a hacer eso?, Mientras se acercaban los varones,
ella les decía.
-Juan, por favor, no me hagas esto, Tomás te lo suplico, ¡somos hermanos!.
-no tienes ni idea de las ganas que tenia de hacerte mujer desde que te pillé
desnuda en la ducha cuando tú eras una adolescente y yo un crío – decía Tomás
guiñándole un ojo.
-¡por favor! Tomás – decía Ana a punto de llorar.
-si, pero sobretodo aquel día en el que te trajiste a Juan a casa cuando erais
novios, el te convenció para hacerlo en la cama de nuestros padres, nunca
olvidaré la excitante visión de tu cuerpo cabalgando sobre Juan, acariciándote
las tetas, gritando como una puta en celo.
-¡CALLATEEEEE! – Gritaba Ana.
-cállate tu, putita, seguro que has soñado con esto toda tu vida – le decía Juan
al oído.
-¡ahora sueño con caparte degenerado! – decía Ana enfurecida.
-¿y con que vas a jugar? – Preguntó Juan sonriendo
Ana veía que la rodeaban, intentó luchar, pero Inés intervino y la agarró por
los brazos, los hombres se preparaban apuntando sus vergas en su cueva peluda.
-¡esperad esclavos! No me gustan los pelos en la leche – decía Inés.
Acto seguido la inmovilizaron, la llevaron a la cama a pesar de las quejas de
Ana y la esposaron en el mismo mueble.
Juan y Tomás cogieron sus piernas y las separaron lo máximo que podían.
-¡parad! ¡Me hacéis daño! – gritaba Ana con rabia.
Pero Inés sacó una navaja de afeitar y la puso en la entrepierna de Ana,
intimidándola.
-bien, esclava, te portaras bien para que te dejemos el coño más peladito que el
de una niña, si te mueves, te corto ¿entiendes? – Decía Inés.
Ana decidió no provocar a Inés, ella escupió en la navaja mientras Tomás y Juan
le aplicaban espuma de afeitar.
La chica dominada miraba aterrada la filosa navaja de Inés mientras la afilaba,
lentamente se acercaba a su intimidad y empezó a afeitarla, lenta pero
sensualmente, le quitaba el pelo que invadía su concha.
Ana estaba muy quieta, mientras los chicos la sujetaban las manos, sentían
deseos de chupar esos pechos turgentes mientras estaba indefensa, lentamente se
acercaron, sus bocas envolvieron los pezones de Ana y empezaron a mordisquear y
chupar, esas dos lenguas hacían temblar a Ana, pero tenia que contenerse, si se
movía, cabia la posibilidad de que Inés la cortase, causándole mucho daño, Inés
la afeitaba despacio, con pulso firme, oliendo la almeja temerosa de Ana.
-mmmmmmm, empieza a oler bien, se esta preparando el horno –decía Inés.
-¿hor-hornoooo? ¡qu-que estasss pensaaandoooooooo? – Decía Ana sometida por las
lenguas de los esclavos.
El último vello de Ana ya había desaparecido, Inés besó el ahora inmaculado coño
de Ana, con sus dedos, abrió sus labios superiores y empezó a acariciar con sus
labios el clítoris de Ana.
Ana, intentaba contener sus jadeos, pero la boca de Inés era realmente experta y
conseguía arrancar jadeo tras jadeo, pero antes de que Ana llegase a tocar el
cielo, Inés ordenó.
-Levantadla.
Ambos hombres obedecieron y la levantaron, Inés iba a tomarse su desayuno.
-chicos, Folladla a la vez por su coñito, no paréis de bombearla hasta inundarla
de leche.
Tomás se puso delante, Juan por detrás, apuntaron sus trancas hacia su concha.
-¡no! ¡No!, ¡A la vez no! – Gritaba Ana inútilmente.
Ambas trancas entraban lentamente en la estrecha vagina de Ana, pero estaba
bastante lubricada, no hubo muchas dificultades para entrar.
Pero Tomás y Juan sentían algo de grima al notar como sus miembros viriles se
tocaban entre sí.
Lo que Ana no podía soportar, era la mirada penetrante de Inés, que sonreía al
ver como penetraban a Ana con fuerza y sin piedad, ambos bombeos, antes lentos y
acompasados, poco a poco iban a ser más rápidos y pasionales, las lenguas de
Tomás y Juan estaban lamiendo el cuello de cisne de Ana.
-no sabes el tiempo que te he deseado, hermanita – decía Tomás.
-por favor, ahh, no tann, mmmm fuerrte – decía Ana que sentía como su sexo
volvía a sentir placer.
-Tomás, yo estoy a punto ¿preparado? – Decía Juan. -Si, estoy a punto –
respondió Tomás
los dos amantes aumentan la intensidad de sus envestidas y Ana tenia que
agarrarse a Tomás porque apenas tenia fuerzas en las piernas.
Los tres gritaron, Ana notó como litros de zumo de hombre la invadían con la
intención de fertilizar su óvulo.
-traedla – ordenó Inés.
Los dos esclavos trajeron a Ana, Inés la tumbó, abrió sus piernas y olió su
concha.
-mmmmmmmm delicioso.
Hundió su boca dentro del sexo de Ana, que convulsionaba ante ese ataque
imprevisto, Inés lamía todos los rincones del sexo de Ana, lamiendo la leche
mezclada con los jugos de Ana, mezcla que Inés devoraba con saciedad invadiendo
su lengua dentro de la intimidad de Ana, sin ningún tipo de piedad.
-ahhh, ahhh ¡basta! ¡No! Mmmmmmm ¡no puedo! Ah ¡no puedo aguantar mas! – gritaba
Ana.
Y en efecto, Ana llegó al orgasmo empapando la cara de Inés que sonreía
victoriosa ante ese acto.
Ana jadeaba para recuperarse, pero vió la cara de su ama que la sonreía mientras
le decía cogiéndola por la barbilla.
-estás muy sucia, esclava, vayámonos fuera.
Los tres se dirigieron a la terraza, Ana no se podía creer lo que estaba
pasando, no podía creer que la manipularan a su antojo.
Inés cogió un collar de perro y lo puso en el cuello de Ana, atándola en un
barrote.
-¡¿que significa esto?! – Preguntó Ana indignada.
-esclavos, traed la manguera – decía Inés sonriendo.
Los dos hombres obedecieron trayendo le el objeto deseado, Inés apuntó a Ana con
la manguera y empezó a tirar agua a presión contra el bello cuerpo de Ana, la
cual, no le hacia gracia el agua fría.
-aaaayyy, ¡me haces daño! – Decía Ana.
-¡calla sucia! Te estoy haciendo un favor, no me hagas castigarte – decía Inés
de forma adrementadora.
Ana obedeció, no era prudente cabrear a Inés. -frótate para que estés bien
limpia – ordenó Inés.
Ana obedeció, sus dulces manos empezaban a frotar sus brazos, lenta pero
sensualmente, luego empezó a frotar su cuello, con suavidad.
-sigue encanto, mis esclavos y yo nos gusta lo que vemos, ¡más animo! - Decía
Inés.
Ana dudó un momento, pero sus manos tímidamente empezaron a tocar sus pechos
desnudos, al principio se quedaba quieta, sin ganas de hacerlo, pero Inés se le
acercó al oído soltando unos sugerentes susurros, Ana, hipnotizada, acaricio con
más sensualidad sus senos, senos realmente sensibles, ya que empezaba a jadear.
-¡vosotros dos!, Limpiad los indecentes agujeros de esta perra – decía Inés.
Tomás y Juan se acercaron, uno por delante y otro por detrás de ella.
Juan lamía la intimidad femenina de su mujer, mientras que Tomás penetraba con
su lengua el ano de su hermana, Inés acercó su coño a la boca de Ana y la obligó
a lamer.
Al principio, recibió con asco esta petición, pero las lenguas de los hombres
doblegaron su voluntad, accediendo a la orden de forma inmediata.
-ahhh puta, seguro que has chupado coños en toda tu vida – decía Inés
disfrutando de la lengua de Ana que recorría los bordes de su concha y
saboreando su clítoris.
Ana por su parte, gozaba con este ataque múltiple, ella acariciándose sus
pechos, Su marido limpiando su concha de jugos que no paraba de segregar, Tomás
explorando el recto con su lengua.
Pero sobretodo, el dulce sabor de Inés.
El cuerpo de Ana temblaba, tanto placer debilitaba su mente, sentía que venia,
que venia.
Y no tuvo que esperar mucho, ya que Ana gritó con fuerza, pero denotando placer,
cayendo desmayada al suelo.
Inés, Tomás y Juan miraron victoriosamente el cuerpo agotado de Ana, Inés ordenó
a sus lacayos que la llevaran a la mesa comedor, era hora de comer.
Mientras colocaban a Ana boca arriba sobre la mesa, Inés preparaba la comida, un
asado con su jugo, unos tallarines con crema y unas fresas.
Cuando terminó de preparar la comida la colocó de la siguiente manera.
El asado con su jugo en el abdomen de Ana, los tallarines rodeando los pechos de
Ana mojándolos completamente de crema y con sus manos, exprimió las fresas y
dejó caer el jugo por la cara de Ana.
Ella se despertó, los esclavos la mantuvieron quieta, fue entonces cuando fue
consciente de su nueva situación. Inés cogió el primer trozo de asado, antes de
llevárselo a la boca, lo untó en la concha de Ana, la cual reaccionó ante el
cálido tacto de la carne cocinada.
Tomás prefería el segundo plato, cogía uno de los largos tallarines y lo
succionaba haciendo que la pasta al desenrollarse acariciase los pechos de Ana.
Juan prefería el postre, lamía la cara manchada del dulce sabor con hambrienta
motivación, mirando los ojos de su esposa.
Ana temblaba, pero no quería estropearles la comida, se mantuvo lo más quieta
posible. Inés, cogió un poco de asado y después de untarlo en la intimidad de
Ana, le puso el trozo de carne a su boca.
-come preciosa, debes de estar hambrienta – decía Inés de forma sugerente.
Ana aceptó jadeando los trozos que le daban, su cuerpo no paraba de sudar debido
al continuo saboreo.
Él último trozo de asado lo cogió Inés, pero en vez de dárselo a Ana, acarició
con el clítoris de su esclava, despacio, sensualmente, mientras los esclavos
relamían el cuerpo de Ana para limpiarla.
La esclava se mordía los labios para poder aguantar, pero presentía que no
aguantaría más.
Guardando silencio, su cuerpo se convulsionó sus nervios sensitivos transmitían
el orgasmo en todo su cuerpo, un orgasmo silencioso visto por los ojos de la ama
y los esclavos, ella, acostumbrada a hacerlo con la luz apagada, era una
situación nueva, excitante, cayó desmayada nuevamente ante estas miradas que
profanaban su espíritu
-jejeje, parece que la estemos tomando con ella ¿verdad? – Decía Tomás.
-Culpa suya por no ser más "abierta" – decía Inés.
-Mejor cuidado con maltratarla que mañana le toca a ella – decía Juan en un tono
de preocupación.
Inés y Tomás se miraron preocupados ¿qué pensará hacerles Ana?.
Ella empezó a despertarse, no se atrevieron a articular palabra, pero Juan le
preguntó.
-¿estas bien?.
-si, un poco cansada, ¿mi ama me permite ir a la cama? – Preguntó Ana de forma
suplicante?.
Inés lo pensó un rato para después darle permiso, Juan acompaño a Ana hasta su
habitación.
-¿mañana soy la ama? – Preguntó Ana somnolienta.
-si – respondió Juan.
Ana sonrió antes de caer en el mundo de los sueños.
Juan regresó a la sala de estar.
-ya se ha dormido – dijo Juan.
-tú también deberías, mañana va a ser muy dura con nosotros – respondió Inés.
-dímelo a mí, que solo por verla en la ducha me apretó los huevos de tal manera
que caminé como un pato durante un mes – decía Tomás.
-solo será mañana, ella también quiere divertirse – decía Juan con una sonrisa.