NOCHES LOCAS
Esto que voy a narraros comenzó hace dos fines de semana. Es
algo que por ahora no puedo contarle a mis amigas porque pensarían que soy una
zorra y además una mala amiga.
Era sábado. A las 4 de la mañana ya estaba un poco cansada de
tanto bailar y todo eso, y decidí irme a casa. Cuando llegué, el novio de mi
compañera de piso (que a veces se queda a dormir en nuestro casa) aún estaba
levantado. Estaba en el ordenador, redactando un trabajo importante para la
universidad o algo así.
Bueno, eso es lo de menos. El caso es que entre el alcohol
que había bebido aquella noche y que llevaba ya casi cuatro semanas sin follar,
estaba más caliente que una perra en celo. Mi compañera de piso se había quedado
en la discoteca cuando yo me fui, así que estábamos en el piso su novio y yo,
los dos solitos.
Sé que no debí hacerlo, el novio de una amiga es intocable y
nunca me he liado con el novio de una amiga, creedme. No penséis mal de mí, de
verdad que nunca lo había hecho antes. Pero es que ese día estaba tan caliente,
y con el puntillo subido... y el novio de mi compañera está tan bueno... no sé,
las circunstancias se juntaron...
Él estaba sentado frente al ordenador cuando llegué, en la
habitación de mi amiga y compañera de piso, Olalla. Estaba sin camisa, con el
torso desnudo, porque en nuestra casa a veces hace un calor insoportable. Le
saludé y él me devolvió el saludo sin apenas prestarme atención. Pero yo me
quedé embobada mirándole... ¡qué bueno está! Me deleité mirándole su pecho, sus
abdominales bien duros, sus brazos fibrosos con músculos marcados (como a mi me
gusta), sus ojos verdes, su carita de niño bueno con un toque pícaro… Aunque
estaba sentado, podía intuir su culo, ese culo duro y respingón en el que tantas
veces me había fijado antes, siempre con miedo a que Olalla descubriera las
furtivas miradas que le lanzaba al trasero de su chico cada vez que éste iba por
casa. Me pregunté cómo sería tocar ese culo, cómo sería su polla… entonces me lo
imaginé desnudo, con su mástil bien alto, y me imaginé a mi misma cogiendo entre
mis manos esa polla que aún no había visto, lamiéndola de arriba abajo con mi
lengua… no sé que me pasó… no pude resistirme…
Sin mediar palabra me acerqué a él y empecé a quitarme la
ropa. No sé qué me dio, de verdad, pero no me pude aguantar. El chaval se quedó
pasmado (teníais que haber visto que cara de bobo puso), jamás se habría
imaginado que yo iba a hacer eso.
–¡Qué estás haciendo! –empezó a gritar él, entre confuso e
indignado–. ¡Tengo novia, recuerdas…! ¡Olalla, una de tus mejores amigas! ¡¿Te
has vuelto loca o qué?! Anda, ponte la ropa y vete a acostar que estás como una
cuba…
Yo seguí decidida, me agaché, le bajé la bragueta, le saqué
la polla y empecé a chupársela. ¡No veas cómo enseguida se le quitaron todos los
escrúpulos y ya no decía nada de su novia!¡Todos los tíos sois iguales!
Después de unas cuantas chupadas, me levanté y me senté
encima de él metiéndome la polla en mi coño de una sola vez. Empecé a moverme
como una zorrita, mientras él me manoseaba el culo y me lamía las tetas.
Mientras follábamos yo le decía de vez en cuando: "si me
follas bien te dejaré que me empales por el culo", "me pondré a cuatro patas
como una perra para ti". Y no veas como se ponía el tío cada vez que le decía
eso... empezaba a moverse más rápido y a jadear como un poseso.
Al principio no respondía nada cuando yo le decía esas cosas
(supongo que porque aún estaba flipando), pero luego se lanzó y me decía cosas
como: "claro que te voy a empalar, zorra" "te voy a meter la polla tan dentro de
tu puto culo que te va a salir por la boca, cabrona"
Y no veáis lo cachonda que me pone que me digan esas cosas...
mi coñito estaba todo mojado.
Cuando estábamos en el mejor momento sonó la puerta de la
entrada: ¡era mi compañera de piso que llegaba! Me levanté y, tras coger mi ropa
como pude, salí corriendo hacia mi habitación antes de que mi amiga nos pillase.
La faena se nos quedo a medias...
El domingo me pasé todo el día pensando en eso. Sabía que no
debería haberlo hecho: ¡era el novio de Olalla!. Pero a pesar de ello tenía unas
ganas tremendas de volver a meterme esa verga. Era el novio de mi amiga pero…
Estuve horas encerrada en mi cuarto, masturbándome, excitando mi almejita
mientras con la otra mano me pellizcaba los pezones y me acariciaba por todo el
cuerpo. Sólo podía pensar en su cuerpo desnudo, en su polla penetrándome una y
otra vez, dentro de mi coño, dentro de mi boca…
Pero la cosa no acabó ahí...
Unos días después, entre semana, el novio de mi amiga se
quedó otra vez a dormir en nuestra casa. Les escuché follar y me puse cachonda
recordando lo que había quedado inacabado el fin de semana anterior, pero
suponía que aquella noche no sucedería nada porque estando mi compañera en el
piso ninguno de los dos nos atreveríamos a hacer nada... estaba equivocada.
Estuve masturbándome un rato y después me quedé dormida
profundamente. A veces duermo con un tanga y nada más, y otras con el tanga y
una camiseta holgada; aquel día llevaba la camiseta y el tanga.
Debía ser muy de madrugada (posteriormente comprobaría que
eran más de las seis de la mañana), yo seguía dormida como una marmota cuando de
repente noté que alguien me quitaba la colcha de encima y me quedaba
desarropada. Yo estaba bocabajo, con el culo hacia arriba. Me quedé un poco
sorprendida entre el sueño y la extraña sensación... no sabía qué estaba
pasando.
Escuché una voz susurrándome:
–El otro día quedamos algo a medias, Daniela. He venido a
acabarlo.
Y noté cómo una mano se posaba sobre mi culo, acariciándolo
suavemente.
Medio dormida aún, tomé conciencia de la situación.
–¡Raúl! ¿Estás loco o qué? –le espeté con voz alterada–.
Olalla está en la habitación de al lado, tío. Nos puede oír. ¡Lárgate!
Pero en vez de eso, el muy cabrón me dio un tirón al tanga,
me lo arrancó quedando mi coño al aire y me susurró al oído:
–No te preocupes Daniela, Olalla duerme como un tronco, no se
despertará, haremos poco ruido. Venga, anda... Desde el otro día no pienso en
otra cosa que en follarte, ya no puedo más tía.
La verdad es que yo también llevaba toda la semana pensando
en ese polvo que se quedó a medias y en sentir su polla otra vez, pero aquella
situación me daba reparo: ¡mi amiga estaba en la otra habitación! Es que una
cosa es hacerlo con el novio de mi amiga, pero otra muy distinta hacerlo casi
delante de sus propias narices. Era algo peligroso y además no me parecía bien.
A lo mejor diréis que es una tontería ¿no? Porque ya puestos a engañar a mi
amiga, qué más da. Pero me parecía fatal hacerlo de esa forma, casi delante de
ella; parece que la cercanía de mi amiga aumentaba mi sensación de culpabilidad.
Así que volví a insistir en que se fuera.
Él, en vez de hacerme caso, empezó a meterme mano en el coño
y a susurrarme que aún no había olvidado mi promesa de que le dejaría que me
ensartara la polla por el culo. Continué diciéndole (aunque con mucha menos
convicción que al principio, la verdad) que era mejor que se fuera, pero seguía
moviendo sus dedos con destreza por mi almejita (¡cómo los mueve el muy cabrón!)
y diciéndome guarradas al oído... y al final no pude resistirme más.
–Bájate los pantalones y saca esa pollaza que me la voy a
comer toda entera –le dije medio jadeando–.
No sé qué me dio, pero de repente aquella situación, con mi
amiga en la otra habitación y yo liándome con su novio, pasó de hacerme sentir
culpable a hacerme experimentar una sensación morbosa impresionante. El hecho de
que mi amiga pudiera descubrirnos me excitaba enormemente en vez de cohibirme.
¡Joder! Tal vez no soy una buena amiga ¿no? pero es que el deseo sexual me
puede, me pierde esta afición al sexo. Cualquier día me dará problemas. En fin,
os sigo contando...
Raúl me quitó la camiseta y me quedé completamente desnuda.
Me di la vuelta y me puse tendida bocarriba, con la cabeza un poco elevada por
el almohadón. Él se colocó a horcajadas sobre mí y sin mediar palabra me metió
la verga en la boca. Yo empecé a chupársela, a succionar, pero enseguida él tomó
el control de la mamada y empezó a entrar y sacar la polla como si me estuviera
follando la boca. Su culo se movía sobre mis tetas y su verga horadaba mi boca
como si un improvisado coño se hubiese abierto en mitad de mi cara. A veces me
daba en la garganta con fuerza y me entraban arcadas, pero me dio igual porque
me encantó esa sensación de estar totalmente dominada, como una perra.
Al rato se corrió dentro de mi boca, ¡y menuda corrida! ¡no
veas qué cantidad de leche salió por esa verga! ¡casi pensé que me ahogaba!
Cuando hubo acabado la sacó y yo le limpié lentamente con mi lengua los restos
de semen que habían quedado en el capullo. ¡No veas que cara de satisfacción
tenía! Durante toda la mamada el tío había estado haciendo esfuerzos por no
gritar de placer para que mi amiga no nos oyese.
Mientras se recuperaba y le volvía la erección, me puse
encima de él y empecé a lamerle y acariciarle el cuerpo (¡¡qué bueno está!!). Al
mismo tiempo, él me magreaba las tetas, el culo, la espalda, el coño...
En cuanto estuvo bien empinado de nuevo, me metí esa polla
dura bien dentro y empecé a cabalgar encima de él. Ahora él no era el único que
tenía que hacer esfuerzos por no hacer ruido. Cuando follo y estoy muy excitada,
gimo muy fuerte, y hubo un momento que tuvo que taparme la boca porque no podía
reprimirme y empezaba a lanzar grititos.
Después me quitó de encima y me tendió bocabajo. Se puso él
encima de mí y me dijo al oído, bajito para que no nos escuchara mi amiga:
–Vale, mi zorrita, ahora es cuando te voy a encular de lo
lindo. Vas a abrir ese agujerito para mí, a qué sí Danielita, putita.
Mientras me decía todo esto iba metiendo sus dedos por mi
culo y un rato después noté cómo por fin intentaba ensartarme la polla.
No es la primera vez que me follan por el culo, así que le
dije que esperara un momento, que iba a ponerme a cuatro patas como una perra
para que su polla entrara mejor. Él estuvo encantado, claro.
–Venga cabrón, métemela bien fuerte, párteme en dos, hazme
una puta –le dije, mientras le miraba con los más lascivos ojos de guarra que
pude poner– .
Y es que decir y que me digan estas obscenidades me pone a
cien, caliente como un volcán. Así me enculó, mientras con una mano me agarraba
del pelo y tiraba de mi cabeza hacia atrás y con la otra me sobaba las tetas que
se balanceaban sin cesar adelante y atrás, adelante y atrás, y de vez en cuando
me daba un cachete en las nalgas diciéndome al oído:
–¡Mueve ese culo de guarra que tienes! Así, muévelo, cerda…
Yo no podía más, me sentía como una guarra, me encantaba,
estaba al borde del éxtasis… con una mano empecé a acariciarme salvajemente el
clítoris mientras el seguía entrando y sacando su verga de mi ano y estrujándome
los pezones… yo me corrí, él se corrió, me llenó el culo de semen… unos
instantes después se puso a mi lado y me dio un beso en los labios. Habíamos
estado bastante tiempo follando y cada vez corríamos más riesgo de que Olalla se
diese cuenta de que su novio no estaba en la cama, así que le dije: "Vete ya,
date prisa". Él, sin mediar palabra, salió por la puerta y regresó a la
habitación de mi amiga.
Afortunadamente Olalla ni siquiera se había despertado.
No sé si volverá a pasar algo o no (por ahora no ha pasado
nada más), pero lo cierto es que me dio mucho morbo hacerlo de ese modo, con el
peligro de ser pillados in fraganti por mi amiga. Aunque, por otro lado, me
siento mal por mi amiga, claro. Es un lío... En fin, ya veremos qué pasa... y
por supuesto, si pasa algo más ya os lo contaré...
Dadate