Oh, amada mía,
Que con tus lácteos pechos yo conviniera
Un tratado de paz imposible.
Que entre la selva de nuestro amor
Valiente y caos resplandeciente
Intentase yo practicar la horticultura
Y diere yo de comer al de los incisivos largos.
Retorne el orden a donde no estuvo,
Llénense los huecos,
Desaparezca la migraña,
Haga acto de presencia la convalecencia,
Retorne la inflorescencia
Al monte de la diosa,
Y donde antes hubo cocaína
Que ahora reine la endorfina.
Huevos duros y almejas pendejas,
No hay amor
Sin introito
Ni anal sin coito
Ni amor que resista la sequía
De un interminable desierto.
Que ha sido de ti, Afrodita,
Que has condenado a Priapo
A seguir la senda de Onan,
Muy a pesar suyo,
Pues el tubo se hizo para el cilindro
Y en lo blando acabó lo duro.
Y donde estuvo ya no hubo
Más cera que la que arde.
Y de tus redes yo me desate
Que soy pez espada y no piraña.
Que en los altares sagrados de las bestias
Acaba nuestra ceremonia
Como estiércol removido.
Promesa de futuras mesas,
Alimento de comensales
Repletos de carpanta.
Y venga a nosotros la lluvia
Que calme nuestra sequía,
Sobre todo la tuya
Que no la mía.