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Fecha: 27-Sep-06 « Anterior | Siguiente » en Gays

Cadete muy putito de un jefe espectacular

Marianito
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Tiempo estimado de lectura: [ 25 min. ]
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Él era muy puto, y se encontró con el macho más hermoso, el que lo llevaría casi a la locura... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Cadete muy putito de un jefe espectacular

Creo que todo lo que me pasó últimamente es, como siempre, por mi cara de nene. Si bien tengo 24 años recién cumplidos, un cuerpo grandote y bien musculado, bastante velludito, buenas piernas, buen lomo, gracias al mucho rugby y fútbol que jugué siempre, mi cara de nene siempre me condena. Y a los machos que les gusto, ellos mismos me lo dicen, les gusto por eso: Los vuelve loco esta combinación excitante de cuerpo grandote y varonil con esta cara de nenito puto irresistible.

Pero además de eso, yo sé cuál es mi secreto infalible, lo que nunca me falla para estar siempre bien garchado y tener buenos machos al palo dispuestos a trincarme. Obvio, mi culito. Este cuerpo de piernas fuertes y velludas, este lomo fornido de machito rugbier esconde bajo sus slips un culo capaz de bancarse la poronga más dura y trituradora. Un culito de glúteos duros y redondeados, bien sedosos al tacto, apenas velluditos, un culito bien paradito, bien varonil y suculento, coronado en un ano generoso y de excelente dilatación, una matita liviana de vello esconde al fondo un ano algo rosadito, definitivamente aguantador e insaciable. Este culo necesita ser regado de guasca y para conseguirlo se banca los taladrazos de la pija más dura, exigente y bombeadora.

Me vine de la provincia, de la casa de mis viejos, por el motivo de siempre: familia conocida, de guita, en un pueblo chico, con hijo puto. El convenio con mi viejo fue como es él: expeditivo, rápido y seco. Que yo hiciera con mi culo lo que quisiera, siempre y cuando fuera lejos del pago, y nadie se enterara nunca. El pretexto, que además yo tendría que hacer realidad, era que estudiara en la Facultad. Dinero no me iba a faltar, el viejo me iba a depositar guita todos los meses en el banco, además de darme una extensión de su tarjeta de crédito.

Así que me vine a la ciudad, y de un día para el otro, con veintiún años, me encontraba con total libertad en un departamento para mí solo, que venía a limpiar una mucama tres veces por semana, con plata, tiempo y absolutamente ningunas ganas de inscribirme en la facultad. Además era verano y hasta marzo tenía tiempo. Si bien no me faltó garcha y guasca de macho en cantidades más que suficientes, pronto iba creciendo mi sentimiento de insatisfacción. Yo iba a los pubs gay, a las discos, bailaba, hacía facha, levantaba y terminaba siempre encamándome. Pero la vida gay mucho que digamos no me gustaba. Estaban todas en la misma, mucho histeriqueo, todo el mundo quería enamorarse, prometían mucho con su plástica sensualidad cuando bailaban en la pista pero en la cama eran un aburrimiento total y dentro del poco cerebro que tenían, eran más prejuiciosos, conservadores y moralistas que mi mismísimo padre. Así que a la mierda.

Además me di cuenta de otra cosa. Otro era el tipo de macho que a mí me gustaba. Muy rápido me di cuenta cuál era mi macho ideal. Buen cogedor, bien macho, nada sentimental ni romántico, bien bestia y que lo único que le importara era taladrarse bien garchado a su putito. Hacerlo mierda, hacerle trizas el culo. Dejárselo empapado de guasca y después si te he visto no me acuerdo. En general, obvio, estoy hablando de tipos maduros (los nenes de mi edad la verdad eran un bajón), generalmente cuarentones, casados y bisexuales. Ese tipo de machos que enchastran con su suculenta virilidad cada baldosa que pisan, esos tipos que se cogen a un puto sólo una vez por semana y cuando llega el momento, lo que quieren es una boquita que les chupe bien la verga, se las prepare y les ofrezcan un culo que se muere de amor y pasión por su ración de guasca. Y nada de mariconeadas. Cero histeria.

Hasta cierto punto, me salió bien. Quiero decir, cada tanto tenía la suerte de que me surtiera un macho así, un perfecto ejemplar de la especie animal masculina, y yo con eso volvía a estar de humor unos 2, 3 días. Pero desde otro punto de vista, desde que estuve con Hernán, desde que fui su cadete puto — y esto para nada es arrepentimiento, aclaro— algunas cosas resultaron un tanto diferentes... La pura verdad: amaba ser su puto y me sentía para el mismísimo carajo si mi macho no me daba bola. Lo re amo. Me vuelvo loco por él.

Voy a contarles cómo lo conocí a Hernán y fundamentalmente cómo es que me hice su cadete.

Una mañana estaba revisando mis mails y un flaco que había conocido y del que casi no me acordaba, me había mandado una invitación. Era un reenvío de un mail que le había llegado a él. Decía más o menos: FIESTA PRIVADA ENTRE VARONES – RESERVA Y SEGURIDAD GARANTIZADAS – NO IMPORTA TU EDAD NI TUS CARACTERÍSTICAS FÍSICAS, VOS VENÍS A LA FIESTA Y SI TENÉS ONDA ALGUIEN, LO HACÉS – PERMANENCIA EN EL LUGAR PERMITIDA ÚNICAMENTE EN SHORTS, EN CALZONCILLOS O EN BOLAS – ACCESO AL LUGAR 22.00 HS.- SE IMPONE PUNTUALIDAD – SI QUERÉS INVITÁ A TUS AMIGOS.-

Le mandé de respuesta un lacónico "gracias" al flaco ese, y me quedé pensando. ¿Si esa noche iba ahí en vez de ir al pub de siempre? La verdad era que ya me estaba cansando mucho de la histérica frigidez gay y no sé por qué me imaginé que en una fiesta así, seguramente iba a haber más de lo que yo buscaba: hombres bisexuales, cuarentones, casados, que solo querían sexo, que habían juntado ganas de coger y tirar guasca durante toda la semana y cuando llegaba el momento te partían el ano. Por qué no probar, me dije.

Llegué impuntual, lamentablemente... igual me dejaron entrar. Pero digo lamentablemente porque si hubiera visto qué hombres eran los que estaban esperando para entrar, yo me habría tomado el raje ahí mismo. No era para nada la onda que yo estaba buscando. Había tipos mayores, sí, pero algunos DEMASIADO mayores, y se calentaban más que nada mirando, que era lo único que podían hacer porque la verga no se les paraba más desde hacía años. Muchos barrigones, muchos pelados y, sobre todo, muchos chicos de mi edad pero haciendo de prostitutos, que aprovechaban eventos como esos para ver si redondeaban ingresos en un lugar más seguro que la calle.

La verdad, un bajón. Yo me quería ir cuanto antes. Pero ese lugar, donde sonaba una música muy de mierda, estaba todo con demasiada luz, y que tenía canastos por todas partes llenos de preservativos y sachecitos con gel para dilatar el orto, la única ventaja que tenía era que a un costado había mesas donde habían puesto cantidades industriales de comida. Salvo un par de chabones que estaban lejos de mí, tenía una mesa llena de morfi para mí solo y podía hacer autoservice de cerveza todo cuanto se me cantara. Era una ventaja, después de todo, porque en ese barrio no había nada abierto a esa hora y yo estaba más que lejos de mi casa y del centro.

Así que me senté a morfar y a tomar cerveza, ya casi me había olvidado de todo el montón de barrigones, locas gays queriendo levantarse a viejos con guita y, sobre todo, tipos feos e insignificantes. Completamente olvidado de todo estaba yo, con mi culito intacto y un hambre descomunal, apenas con un slip blanco Calvin Klein bien chiquito y ajustado (era lo reglamentario), cuando lo vi llegar. A él. A Hernán. Mi jefe. Mi macho.

Por Diossss, ¿cómo había llegado a un lugar de mierda como ese un machito espectacular como ese, un potro, un bomboncito, un tipo que apenas lo miraba se te abría el culo de par en par? Entró como siempre es él: Elegante, seguro de sí mismo, con ese aspecto de machito lindo e infartante que mira todo con perfecta naturalidad varonil de quien pisa territorio seguro, porque sabe que un machito como él es lo mejor que le puede pasar al lugar que pisa.

De cuerpo mediano, algo velludito, morocho, de pelo corto, con una hermosa cara varonil que te partía el culo ante tanta belleza masculina, vestía únicamente un slip Calvin Klein blanco, más o menos parecido al que tenía yo puesto ahora. La diferencia es que en el calzoncillo de él, de Hernán, se divisaba un par de pelotas suculentas, bellísimas, y un pedazo de caño que te hacía suspirar. Sobre todo, la cara, la cara de Hernán. Además del lomo que tenía, de su elegancia de machito refinado y porfiado, además de ese porte varonil de mi machito, tenía una cara que —a los 35, 36 años que yo le daba— había llegado al punto exacto de belleza masculina en un hombre. Era un machito espectacular, y la verdad es que yo había tenido demasiada suerte porque un tipo así de lindo y fuerte no tenía por qué pisar un lugar de mierda como ese.

El tipo, Hernán, el que ahora es mi machito, mi jefe y mi dios, miraba el lugar con un mínimo de interés. Caminaba reposado, calmo y seguro por ese lugar mirando todo con un dejo de desdén. No parecía tampoco hacerse demasiado problema por haber desperdiciado esa noche en un lugar como ese, con una onda que no le iba para nada —era lo que yo ratificaba cuando lo veía andar, no me perdía uno solo de sus pasos, lo devoraba con la mirada y el culo ya me estaba palpitando de deseo—. El tipo ni siquiera parecía estar pensando demasiado, simplemente parecía inspeccionar el lugar como para ver si había algún culo de puto que fuera mínimamente digno de él.

Como no lo había, yo miraba y creía distinguir que Hernán estaba por irse. Pero lo que yo jamás me podría haber imaginado, y me puso totalmente loquito, totalmente puta de deseo por él, es que Hernán iba a tener el mismo razonamiento que había tenido yo hace minutos: el de antes de pegar la vuelta sentarse a tomar algo.

Cuando el machito hermoso se sentó y empezó a tomar su cerveza, yo ya estaba tan puto que decidía que si él no me miraba, aunque fuera gateando y mandando mi orgullo de puto lindo al mismísimo carajo, yo me iba a arrimar a él y le iba a suplicar, aunque más no fuese, que me dejase chuparle el calzoncillo y arrimar mi hocico de puto rebajado y muerto de deseo a esas bolas hermosas, suculentas, juveniles y briosas que estaban palpitando serenamente debajo de ese espectacular calzoncillo blanco.

Efectivamente, el tipo ni me miró. No es que me miró y me descartó porque yo no le gustase sino que directamente ya no parecía más seguir buscando a un puto para su verga. Ni corto ni perezoso, completamente loco de deseo por ese machito, completamente puta ante semejante machito espectacular, mandé a propósito mi chopp de cerveza a astillarse contra el piso. Y pasó. Le llamó la atención que alguien tirara un vaso y su mirada chocó con la mía.

Ahí la cara de Hernán, la bellísima cara de mi machito espectacular, cambió un poco su gesto. Pareció levemente interesado. Apenas me divisó, me recorrió un poco con la mirada. Yo sabía que me estaba inspeccionando. Abrí las piernas, levanté los brazos, puse mi gesto más puto y cachondo ante el soberano pedazo de machito más espectacular e hijo de puta que yo había visto en meses. Simulando un mínimo de casualidad, me puse de pie y fui caminando a buscarme otra cerveza, cuidando de mostrarle bien este culito que Dios me ha dado a ese terrible, hermoso machito que me estaba excitando como la putísima madre.

La estrategia de Hernán, enseguida me di cuenta, era algo diferente. Efectivamente yo le había interesado y mi culo había visto su aprobado, de eso me di cuenta por su gesto. Pero al tipo, a mi hermoso jefe machito, lo que más lo ratoneaba era seducir él. Tener a un puto en la palma de su mano, poseerlo, manejarlo como una pertenencia de acuerdo a sus despóticos antojos de macho soberano.

Y justamente eso era lo que a mí me estaba pasando. Un pedazo de potro semejante, un machito tan hermoso yo no había visto en toda mi puta vida. Si no me cogía esa noche mismo, yo estaba dispuesto a vendarme el culo y hacerme monja de por vida. El tipo hizo como que se desperezaba, mostró abierta, serenamente su físico espectacular, sus piernas envidiables, su lomo bellísimamente entrenado en el gimnasio, sus bolas palpitantes e infartantes, y sobre todo, esa cara que lo hacía un macho lindo, un macho joven y varonil llegando a la madurez en lo mejor de su belleza.

Al rato yo ya estaba haciéndome agua por la boca, no sabía más con qué gestos y movimientos demostrarle que quería ser su puto, que me estaba volviendo loquito por él... El machito parecía disfrutar la situación, quiero decir, esa situación de estar exhibiéndose como un manjar, haciéndose desear, y gozaba con sonrisas bellísimas y cancheras la situación de estar ganando territorio.

Traté de dibujar una sonrisa y hacerle un gesto como que le convidaba cerveza. Me hizo no con la cabeza. Mi cara de desesperación y desencanto la debe haber visto todo el local. Hizo gestos de que era otra cosa lo que él quería. Lo miré atentamente, devorándolo con la mirada enfebrecida de deseo. Lo que Hernán quería, lo que me estaba ordenando, era que me fuera arrastrando por el piso y me dirigiera exactamente a sus bolas, a esas bolas infartantes y bellísimas que el tipo estaba liberando de su calzoncillo, que fuera a lamerle como una perra que se arrastra por el deseo ese enorme, suculento, infartante, bellísimo pedazo de verga que me estaba mostrando bajándose el calzoncillo y preparando para la estampida, con varonil parsimonia, echándose él mismo una escupida en la mano y lubricándola.

No puedo explicarles lo que sentí a partir de ese momento, de ese momento único en mi vida de putito insaciable frente a ese pedazo bellísimo de macho espectacular.

Apenas sentí ese enorme, palpitante, durísimo pedazo de verga hinchándose dentro de mi boca, apenas empecé a recorrer trémulamente con mi lengüita golosa e insaciable ese glande henchido y bellísimo, definitivamente ese macho me hizo puto para toda la vida. Pero puto fanático, adicto, enamoradísimo únicamente de mi macho Hernán.

No podía dejar de mirarlo al hermoso hijo de puta mientras mi lengüita masajeaba intrépidamente su poronga al palo. El macho era lindo como la puta madre, rajaba la tierra con su varonil belleza de macho, y al rato estaba cogiéndome por la boca; bien mandón y soberbio, me había agarrado fuerte por la nuca y estaba dándome maza, haciéndome casi ahogar con su enorme pedazo de verga estrellándose contra mi garganta. Cuando lo vi tan excitado, tan sumido en su propio placer de tener a un putito desviviéndose por el y lamiéndole incansablemente las bolas y el palo, pensé que iba a tirarme guasca hasta el fondo del estómago. Pero no.

En un momento, abruptamente, vuelve a agarrarme de la cabeza y me saca su espléndida verga de la boca. Chorreando saliva, muerto de amor por él, por su belleza, por su masculinidad fragante y joven de machito bellísimo que llega a la madurez, lo miro a los ojos, a esa hermosa cara de hijo de puta que tiene, y el machito me dice:

—¿Te dejás culear, puto?... Tengo ganas de partirle el ano a un puto.

Él mismo se dio cuenta de mi respuesta antes que yo pudiera musitar palabra. Se ve que me pongo tan puta ante un macho como él que ya la cara me delata. Él se rió por primera vez en la noche, fue una risa corta, fresca, de macho soberbio que sabe estar metiéndose a un puto en el bolsillo, capaz de puro macho hermoso que es de hacer con su puto lo que se le canten las pelotas. Las hermosas bolas de mi macho, de Hernán.

Sin ninguna delicadeza, apenas untándose un poco con las manos con un sachecito de gel que rompió tomándolo de la mesa donde esperaba su cerveza, mi macho se apoderó de mí sin ningún tapujo, me sentó arriba suyo y me acomodó el culo entre sus piernas de semental con ganas de tirar guasca.

—Bueno, putito... te la voy a ensartar de una que tengo ganas de hacerme un culo. Espero que tengas el culo capaz de aguantarte un taladro como éste...

Y ahí nomás me la hundió.

Efectivamente fue un impacto. Semejante pedazo de poronga alzada y cargada de guasca a punto de explotar casi me parte el culo en un segundo en mil pedazos. Pero a la vez creo que me lo aguanté porque yo no podía creer que me estuviera cogiendo un macho tan espectacular. Tan bellísimo, tan hermosamente hijo de puta es mi macho Hernán que varios habían parado con lo suyo nada más que para mirarnos a nosotros. Mirarlo a él, mejor dicho, para ver lo que mi macho hacia cuando encontraba a un puto que le calzara bien.

A mí esa poronga en el culo más que calzarme bien, en cambio, me estaba haciendo ver las estrellas. Pero cuando en algún momento ese enorme pedazo de fusil vuelve a clavárseme en una estocada brutal en el ano, siento que no voy a poder contener un alarido y mi macho, rápido como un varón en celo que solo le importa tirar guasca, me agarra de la cabeza y me enchufa un beso en la boca, me anuda con su lengua la mía hasta hacerme llegar al cielo.

Culea fuerte y duro el hijo de puta, mi machito Hernán está con ganas de taladrarme y aunque me esté matando, nada ni nadie lo va a hacer parar para tenerme piedad. Como el hijo de puta se sabe hermoso, me escupe la orden:

—Cuando te duela mucho, puto, abrí más el orto y pensá que en un rato nomás vas a tener los cantos chorreando guasca...

Tan perra, tan puta me hace sentir que por momentos me olvido que el macho está tan encabritado que me tiene sentado arriba suyo en su silla y que la silla apenas se aguanta un movimiento tan frenético y que en cualquier momento nos tira al piso. Si bien por momentos el dolor en el ano es insoportable, todo me lo banco por ese machito hermoso que me muestra su hermosa cara de hijo de puta y cada tanto me tira un beso en la boca. Me está usando, me está haciendo puta, me está preparando el orto para que un puto de mierda como yo sepa por fin lo que es un macho. Y yo lo amo. Todo, todo me dejo hacer por él.

Mucho más rápido de lo que yo habría deseado, siento —cuando estoy empezando por fin a gozar— una ráfaga caliente, espesa y a borbotones de guasca enchastrándome hasta el fondo del ano. El hermoso macho Hernán corona su orgasmo tirándome un ultimo beso en la boca, un poco más despectivo y soberbio todavía que los de antes. Me hizo su puta delante de todo el mundo y ahora algunos de los mirones se ríen y aplauden. Me siento tan puta de que todos hayan mirado que ya nada me importa. Sólo espero haberle dado placer a mi macho, hacerlo gozar, a él que quería sacarse una dosis de guasca con un puto. Cuando me ordena levantarse, me da una palmada en el culo y me dice:

—Felicitaciones, puto... muy buen orto. Te portaste bien.

Y me guiña un ojo:

—Te ganaste una cerveza, putito, ¿te puedo convidar?

Los otros volvieron a lo suyo, ya casi nadie nos mira. Con el culo mustio y totalmente dolorido, echando guasca por los cantos, no puedo dejarlo de mirar arrobado, totalmente enamorado y totalmente... al palo. No pude acabar. El macho me culeó tan fuerte y tan bestia que apenas hice a tiempo de ponerme un poco al palo que él ya había eyaculado su guasca. Le digo que sí con la cabeza, todo para no despegarme de él, para no irme, para no irme de su lado que me tiene totalmente enamorado. Mi machito hermoso Hernán se da cuenta de que algo pasa:

—Bueno, puto, felicitaciones ya te dije, jajaja... ¿Qué más querés? Esta noche tenés para hacerte una paja que te culeó el mejor macho de tu vida.

No puedo más que asentir, no puedo dejar de mirarlo. Está en bolas, a los segundos recién empieza a subirse el calzoncillo que tenía entre los pies y se lo pone de nuevo, me mira gozador pero algo inquieto. Sé que hay algo de mí que lo pone incómodo. Creo que los dos nos damos cuenta de que hay como un hechizo, que ese macho hermoso me está poniendo más puto y más enamorado que nunca. El machito se sabe bello y ganador pero no por eso quiere que un puto le joda la vida. Yo también soy rápido y me doy cuenta de que eso es lo que lo incomoda. Cuando un flaco nos trae mi cerveza a la mesa, yo lo único que atino a decirle a Hernán es:

—El mejor macho. El más hermoso. Sos bellísimo, macho... y nadie en mi puta vida me ha culeado mejor que vos. Sos el mejor culeador.

Para bajar la tensión y parar de temblar, me finjo un machito canchero y me bajo la cerveza de un solo trago. Cuando la termino sigo mirándolo y le digo:

—Y si me permitís, la paja me la hago ya mismo. Voy a acabar como una yegua nada más que de mirarte así, en calzoncillos, tan divinamente hermoso como sos, macho....

Más que incomodarlo, Hernán lo toma con naturalidad y por lo visto le encanta lo que voy a hacer. Me acomodo y empiezo a gozarlo a ese machito hermoso y divino con la mirada cuando empiezo a masturbarme. Él se sabe deseado, sabe que un putito que se desvive por él es lo que le corresponde como macho y —generoso y soberbio como es— abre bien sus patas, muestra bien su lomo, se acaricia las bolas sobre su calzoncillo y, en un hermoso, legendario espectáculo, se tira él mismo la cerveza que estaba tomando sobre su cuerpo bellísimo y espectacular. Lo amo, lo adoro, lo chupo todo con los ojos, con la mirada, con el culo, con el deseo, y termino eyaculando chorros de semen.

Él me mira nuevamente, seguro y bellísimo, y levanta su vaso de cerveza vacío en un gesto de brindis:

—Ya podemos festejar entonces, puto, jeje...

Después, esa noche, no pasó mucho más. En algún momento, después de mirarnos un buen rato a los dos en calzoncillos, me dice:

—Si no estás muy lejos, te llevo a tu casa... ¿Nos cambiamos y salimos, ok?

Por supuesto le dije que sí. Tenía la tonta esperanza de que ese macho espectacular y regio quisiera subir a mi depto. con el pretexto de otra cerveza y me regara nuevamente el orto de su semen inaudito y precioso, el mejor que me habían chorreado alguna vez en el culo. Pero no. Nada de eso. Lo único que me dijo, al estacionar su auto en la puerta de mi edificio, fue:

—Si tenés una dirección de mail, dejamelá.

—Ok, macho....

—Me llamo Hernán.

—Bueno, Hernán. Acá la tenés. A mí me dicen Charlie.

—Ok, Charlie, ha sido un gusto, jeje... Muy buen culo, hacía rato que no me cojía un culito tan aguantador y potente... Ah, che.... ¿vos laburás, no?

—...Eh?... Cómo?... No, no, yo estudio...

—Ah, pensé que estabas laburando de este... eh... Bueno, como vos quieras. Igual esto te lo ganaste.

Y me da una guita. Cuando la miro, no entiendo nada. No sé si hacerme el ofendido o qué. Encima el hijo de puta como si nada me tiró cien dólares. Lo miro, está hermoso el hijo de puta, me dio la guita con total naturalidad, y le digo casi balbuceando:

—Nooo, pero... Yo lo hice porque me gustás, macho...

—Ok, Charlie, pero ese culo se lo ganó bien ganado... Ah che, dicho sea de paso... Ando necesitando un cadete en el laburo porque...

—Hernán, eh... no sé si entiendo.... O sea, yo no busco laburo, no necesito la guita, además tengo que ir a la facultad...

—Ok, como vos quieras. Chau, Carlitos puto, se me hace tarde, andá bajando...

Acerco mi cabeza a la suya como para ganarme un beso en la boca. Por Diosss lo pido, otro beso en la boca de ese macho bellísimo. Pero no. El hijo de puta de Hernán se ríe y en cambio me da un jovial apretón de manos.

Esa noche me masturbé tantas veces pensando en él, tocándome y metiéndome los dedos en la mano para seguir disfrutando de la guasca que me había dejado tirada por todo el ano que casi no pude dormir. Me taladraba la cabeza esa idea suya de que yo fuera su cadete. Me parecía un delirio. Además de ser un machito hermoso este Hernán, ¿estaría loco o algo así? La verdad todo me parecía un disparate. Lo único que esperaba era que ese machito espléndido y divino alguna vez me maileara para pedirme otra sesión de garcha. Me moría de ganas de eso.

Por supuesto no pasó. Me la pasé puteándome a mí mismo miles de veces por no haberle sacado la dirección de mail, o un número de teléfono, o algo... pero nada. A ese macho espectacular, el mejor cogedor y el más lindo, lo había perdido para siempre. Un día, harto ya de leer mails que no me interesaban para nada, descubro uno de él. Demoré un rato largo en darme cuenta porque no decía Hernán en el nombre sino Dr. Ramírez Lynch y el texto decía simplemente algo así como SIGO SIN ENCONTRAR CADETE. VOS TENÉS UN BUEN CULO CHARLIE, DE CADETE ME GUSTARÍAS BASTANTE. SI QUERÉS SIGO CON MI PROPUESTA.

No sabía qué hacer, francamente... si mi viejo se llegaba a enterar que su nene estaba ensuciándose el culo laburando de cadete puto, yo iba a estar en problemas... por el otro lado pensaba que a lo mejor no, porque yo no tenía por qué decirle cómo lo había conocido a Hernán y al fin y al cabo era un paso más en mi independencia económica...

De todos modos, obvio, fui al estudio de Hernán. Pero no porque quisiera laburar de cadete. Quería volver a verlo a él. A mi machito Hernán. Al machito más lindo y mejor culeador de toda mi vida de puto.

Cuando me atiende en su despacho, casi grito como una yegua, el culo se me abre de par en par y no sé cómo hice para contenerme y no tirarme arriba de él, enchufarle un beso en la boca y el culito en su verga soberana.

El hijo de puta —trajeado, pantalón negro, zapatos negros, camisa blanca, corbata, estaba más espectacular— que nunca. Encima cuando ya estaba sintiendo un orgasmo en el culo de solo verlo, volví a pensar lo primero que pensé cuando lo vi a Hernán. Ese machito en sus 30 y pico de años estaba llegando a su pico más espléndido de belleza masculina. Qué machito lindo, el hijo de puta...

La charla que tuve con él en su escritorio fue más que confusa. Yo no quería trabajar de cadete, quería mi libertad, mis tiempos sin horarios, y el de cadete me parecía un laburo de mierda, yo no necesitaba guita... Pero cuando empecé a comentarle todo eso, Hernán tranquilamente tira para atrás su silla en el escritorio, abre bien las patas y me muestra el bulto en su pantalón. Se lo baja. Vuelve a mostrarme su soberana belleza masculina, de varón infartante, con los pantalones bajados, de nuevo en unos espléndidos calzoncillos blancos Calvin Klein.

—Pero vos lo que querés es esto, Carlitos... Y yo lo que quiero es un cadete de buen culo y que chupe bien estas bolas...

Empieza a refregárselas. Se acaricia las bellísimas, abultadas pelotas que se hinchan dentro de su espectacular calzoncillo blanco.

—Y de paso yo me culeo a mi cadete, tengo un buen culo de puto a mi disposición y vos te hacés unos mangos.

Cuando me dice Hernán cual va a ser mi sueldo, casi me caigo. Era casi el doble de lo que me mandaba mi viejo, que ya era bastante. La verdad yo no entendía nada. Nunca necesité guita. Si acepté igual no fue por eso. Fue porque este era el macho más lindo y mejor cogedor que había visto nunca. Y yo semejante pedazo de machito no me lo quería perder por nada del mundo. Si yo no hubiera sido puto, les juro, me habría hecho puto por Hernán.

De todos modos, a los tres días yo ya me quería matar de haber aceptado trabajar en ese lugar. El lugar era demasiado concheto, era un estudio jurídico lleno de gente muy fachera pero con demasiada ambición y corrupción encima. En ese lugar se cocinaban asuntos siempre por cantidades de guita escandalosas, los clientes todos eran políticos corruptos, gente que quería cagar a gente, etc. Todo era facha, guita, careta y corrupción. Mi laburo era nada más que imprimirle algunos mails a Hernán, llevarle el café, hacer algún que otro trámite en Tribunales. Nada especial.

O sea que la mayor parte del tiempo me la pasaba haciendo tiempo por ahí. Casi ni podía verlo a mi machito Hernán. Y las veces que lo veía era peor, porque mi machito estaba ocupando con sus cosas y casi ni levantaba su bellísima cara de machito irresistible para mirarme cuando yo me acercaba. Me daba órdenes y listo.

Al tercer día, ya me quería ir. Para qué mierda estás acá Charlie, me dije. Guita no necesitás, te la pasás encerrado y encima tenés el mejor machito del mundo al lado pero no podés ni tocarlo ni sentirlo ni chuparlo ni olerlo ni nada. A última hora de ese día, cuando yo ya tenia prácticamente mi decisión de renunciar tomada, Hernán me llama por su intercomunicador.

—Vení, Charlie, te necesito.

—Voy Hernán.

—Llamame doctor acá, puto.

—Estoy yendo, doctor.

Cuando llego al despacho de Hernán, tenía casi todas las luces apagadas. El machito había apagado la compu, había interrumpido las llamadas, había corrido las cortinas y se había sacado prácticamente toda la ropa. Estaba en su escritorio, en sus espectaculares slips blancos. Me señala sus pelotas.

—Necesitan una buena chupada estas bolas, vení para acá Carlitos... vení gateando y mové ese culo de puto como una buena perra.

Cuando me acerco a lamerle el palo, ya lo tenía completamente erecto. Era de una magnificencia y un volumen tal que cuando me lo meto en la boca, casi me lo quiero comer. Le chupo bien las bolas, cuando paso al glande sigo trabajándole las bolas con la mano, cuando tengo toda la verga enterrada hasta la garganta me doy cuenta de que el machito me está mirando el culo.

—Te dije que movieras como una puta ese culo puto que tenés, Carlitos... Dale que quiero que me embarres la pija de mierda.

—Hummmmm, sí, macho, perdoname... Mirá cómo mueve el culo esta perra por vos, mirá como se está abriendo este culo pensando en tu garcha, potro...

De nuevo me hace subirme a él, me sienta sobre sus piernas, me manda como si nada, con total naturalidad, un beso de lengua que casi se me cae el culo de la excitación.

—Hacía rato que me quería coger este culo, puto...

—Es todo tuyo, papi...

El hijo de puta de Hernán no me había dilatado. Tenía tantas ganas de culear mi machito que ni forro se había puesto. Cuando siento que en el ano me empieza a clavar un taladro semejante, el hijo de puta se da cuenta de mi dolor, de que voy a pegar un alarido:

—Sos una mala puta, Carlitos, una puta de mierda... Cómo se te ocurre venir a servir a tu machito sin haberte preparado el orto, puto...

Me tira en cuatro sobre el escritorio, me hace abrir las piernas y el culo y siento en el medio del ano la estampida de su escupida. Un chorro fresco, abundante, fulminante de mi machito hermoso. Casi lloro de la emoción. En algún momento lo escucho decirme:

—A ver qué gusto y qué olor tiene en el culo mi cadete puto Carlitos...

Siento sin poder creerlo que el macho más hermoso, espectacular y lindo del mundo me está haciendo el inmenso favor de pasarme su lengua de semental hambriento por todo el orto. Me palmotea las cachas y el chupa el fondo del ano con su lengua fabulosa, mi machito... Cuando a los minutos de estar cogiéndome mi machito por el culo con su lengua magnífica, y yo estoy en cuatro como una perra sobre su escritorio rodeado de papeles y expedientes, escucho de nuevo la voz de mi patrón:

—Por lo menos la próxima lavate bien el culo, Carlitos... Así cagado no me servís, puto de mierda.... Dale, bajate, dale sentate arriba mío que te voy a tirar la guasca en ese ano de puto de mierda que tenés...

Sin ninguna piedad, con total pericia y urgencia, mi hermoso machito Hernán me sienta soberanamente sobre él y me clava en el acto su verga maciza, dura y al palo. Empiezo a sentirme de nuevo puta por él, me vuelve loco este machito.

—Ahhhh...

El dolor inicial cuando me coge Hernán es siempre fulminante. Apenas empieza a empomarme el hijo de puta, siento que me taladra el culo y que me va a matar. Pero mi machito sabe de sexo mejor que ninguno.

Me agarra fuerte de las piernas, me enchufa un beso en la boca y vuelve a clavarme. Le gusta hacerme sufrir. Le gusta volverme puto. Le gusta que me muera de amor por él. Cuando está por llegar la guasca, mi culo ya es una concha que solo quiere su alimento. Encima el hijo de puta cuando me garcha hace unos gestos divinos y tiene la cara más hermosa del mundo.

Pero esta vez hace un cambio mi machito Hernán. Yo no entiendo nada. Cumplo sus órdenes porque es un machito espectacular, porque yo lo amo, es mi patrón pero la verdad, no entiendo nada.

—Bajate... Tirate en el piso, como una perra, en cuatro, mostrame ese culo lleno de mierda recién acabado de culear, Carlitos...

Yo a él no puedo verlo. Se pone atrás mío y yo estoy moviendo el culo como una puta para excitarlo, como él me mandó. Noto que Hernán me está empezando a meter dedos. De a poco, hace un trabajo tan fuerte y brioso con los dedos que me fusila. Ya tengo cuatro dedos de Hernán en el orto y los mueve con tanta furia y violencia que mi culo arde.

—Así movete, Carlitos... Quiero ver cómo mueve ese culo lleno de mierda y guasca mi cadete puto, a ver....

—Ahhhh, me dueleee....

—También te dolía la poronga, puto, y sin embargo es lo único que querés, Carlitos, que te ensarten... Tomáááá, abrime bien esos cantos, putooo...

—Ahhh...

Cuando ya me siento totalmente cojido por los dedos salvajes de mi machito Hernán, el macho da unos pasos y se pone parado sobre mí, que sigo tirado en el piso arrodillado con el culo abierto de par en par....

—Ahora me vas a chupar las bolas y el palo hasta el fondo, Charlie putito, hoy te vas a tomar toda la leche... vas a probar leche de varón, puto, te voy a alimentar...

Y empiezo a ordeñar al macho hijo de puta y divino. Me acomodo para quedar arrodillado ante él. Lo masturbo y chupo con la lengua de un modo que el machito se pone más al palo que nunca. Cuando me está por escupir todo su exquisito, fresco y lechoso semen, me da la orden:

—No te la tenés que tragar toda, puto, quiero ver cómo tenés toda esa carita nene de lindo puto ensuciada de la guasca de tu macho...

Cumplo. No dejo de chuparlo un segundo y cuando empieza a escupir guasca, me contengo y no me la trago. Dejo que me la escupa por los labios, las mejillas, los ojos, la cara toda. Los borbotones de semen de mi machito espectacular parecen inagotables. Tengo la cara bañada de su semen. Cuando por fin acaba y yo estoy totalmente al palo y sin poder eyacular, Hernán me ordena:

—A ver, dejame verte la carita, puto de mierda, putito lindo...

Se la muestro. Me mira detenidamente. Avanza a su escritorio y me trae su calzoncillo blanco Calvin. La orden es la siguiente:

—Vas a acabar ahora, puta de mierda.... Vas a lavarme bien el slip con tu boca y tu saliva, ¿entendés, Carlitos puto? Lo vas a oler, lo vas a chupar, te vas a masturbar como una puta de mierda olfateando y saboreando el calzoncillo de su macho...

Me tira el calzoncillo y cumplo su orden. Esta mirándome e inspeccionándome todo el tiempo mi machito Hernán. El calzoncillo me lo tira despectivamente y llega a aterrizarme en plena jeta, y yo me acabo de tirar totalmente acostado sobre la alfombra de la oficina. Apenas siento ese calzoncillo en mi boca, me siento completamente puta. Ya no soy más Charlie. Ahora soy una puta totalmente enloquecida de amor y éxtasis por mi machito Hernán.

Empiezo a chupar y me olvido de todo. Quiero sentir completamente el aroma de mi macho en su calzoncillo, e aroma de sus bolas, de su culo, de su piel, de su néctar de macho soberbio y hermoso... En la superficie interna del calzoncillo, mi machito Hernán había dejado algunos pendejos suyos y por supuesto me los como con pasión.

Luego doy vuelta el calzoncillo y le muestro a mi jefe hermoso e hijo de puta cómo voy chupando y oliendo la parte de su culo. Hasta el aroma de sus pedos quiero sentir. Es un hermoso hijo de puta mi machito y mi jefe.

Hernán no dice una palabra. Solamente me mira. Parado sobre mí, en bolas, espectacular e infartante, observa todo el tiempo la masturbación de su cadete el puto, de su Carlitos hecho puta por él, con su calzoncillo de macho en la boca de su puto.

En algún momento no puedo más y quiero poneme el calzoncillo entre mis bolas, luego adentro de mi propio culo. Hernán frunce el ceño. Cuando ve que quiero ponerme su slip entre los cantos, adentro del ano, me reta:

—Hijo de puta.... ese es el slip de un macho. Es el slip de tu jefe, puto de mierda. No se merece el culo cagado y lleno de guasca de un puto de mierda como vos. A la boca, puto, dale... seguí chupándolo. Lavamelo bien que me tengo que ir a casa a cogerme a mi mujer, puto infeliz...

Termino eyaculando en mis propias manos, masturbándome, con el calzoncillo de Hernán en la boca. El no deja de mirar un segundo, está complacido.

—Bien, Charlie. Bien, cadete puto, ya podés retirarte... Hasta mañana.

Me visto. Apenas contengo las ganas de llorar. No pienso decirle nada a Hernán. Ni una palabra de que mañana yo no vengo, de que yo no aparezco nunca más en su vida.

Es que este hijo de puta es tan hermoso y tan soberbio que si sigo dejándome usar por él voy a volverme loquito. Ni autoestima me va a quedar. Yo lo amo. Pero me está volviendo loco. Siento en el culo, en la cabeza, en el pecho que este tipo hermoso y divino va a hacerme mierda. Ni sombra va a quedar de Charlie. Una puta va a hacerme.

Apenas me termino de vestir, agarro el ascensor y me voy de nuevo a la calle. Empiezo a mirar al voleo entre la gente. Me digo: A ver, Charlie, buscá uno, solamente uno. Solamente un tipo que pueda tener algo de virilidad y hombría y belleza masculina y sensualidad comparables a lo de Hernán.

Por supuesto, ni uno. Desde el bar de enfrente, me mira un flaco vestido de oficina. Tendrá a lo sumo unos 25 años. No es feo, pero... Me sonríe, me guiña un ojo.

Llego al correo. Pido un formulario para telegrama laboral. Cuando me lo dan, escribo: LAMENTO COMUNICARLE DEBO RENUNCIAR A MI TRABAJO EN SU ESTUDIO. POR FAVOR LE RUEGO NO COMUNICARSE NUEVAMENTE CONMIGO. ESTOY MUERTO. MUERTO DE AMOR. CARLOS BIANCHI.

Vuelvo al bar donde estaba el tipito que estuvo guiñándome el ojo y haciéndome caritas. Era lo que yo creía. Tiene buena conversación, es totalmente gay pero no parece tan boludo.... Terminamos revolcándonos buenamente en mi depto., cogemos bien, franeleamos mucho. Lo único raro es que después de haberme cogido profundo solamente una vez, mi nuevo compañero se queda dormido bien profundo y no logro despertarlo. Tiene un sueño muy pesado, parece....

Yo, por mi parte, soy insomne. Ni un segundo pude olvidarme de Hernán. Pienso que mañana cuando reciba mi telegrama se va a ofender. Y bueno, me digo yo, quizás sea mejor. Así no vuelve a contactarse conmigo, si no todo el tiempo voy a tener miedo de estar pendiente que no quiera culearme más. Es mejor cortar así.

Son las tres de la mañana, así que mejor olvidarse de ese telegrama. Mañana cuando despierte, después del mediodía, ya todo habrá pasado. Prendo mi computadora. Solamente tres mails tengo, uno de los cuales es de Hernán.

HOLA CHARLIE, LAMENTO COMUNICARTE QUE MAÑANA NO TENÉS QUE VENIR. POR FAVOR NO TE CONTACTES OTRA VEZ. ESTA TARDE DESPUÉS DE ESCRIBIR ESTE MAIL TE VOY A GARCHAR MEJOR QUE NUNCA. TE VOY A DEJAR TODO MI AMOR EN LA GUASCA QUE TE TIRE. DESPUÉS NO TENGO MÁS, LO LAMENTO. VOS SABÉS: FAMILIA, TRABAJO, ETC. VOS VAS A SABER ENTENDER. TE MANDO UN BESO. CUIDATE. HERNÁN. PD: SOS PELIGROSO, CHARLIE, PELIGROSO PORQUE SOS EL MEJOR PUTO QUE TUVO EN SU VIDA ESTE MACHO.

Marianito

yorsitoblanco@yahoo.com.ar


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© Marianito

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