Mi nombre es
Clara y el mes pasado me llamaron para hacer una suplencia en el instituto para
chicos marginales Ben Gabirol.
A mitad de la
primera semana las clases iban bastante bien, ningún problema digno de
mencionar. Pero el jueves, un grupo de chicos se dedicó a fastidiarme la clase de
Literatura; parece ser que el Romanticismo alemán de Wether no les motivaba lo
suficiente.
Tuve que
llamarles varias veces la atención para que guardasen silencio, para que dejasen
de lanzar bolas de papel, lápices, gomas o cualquier objeto que estuviese al
alcance de sus manos.
Me tenían
desbordada y estaban alterando al resto de la clase.
- ¡Bueno, ya está bien!. Sí, vosotros cinco, que sepáis que aunque yo no sea
vuestra profesora dejaré en acta vuestro mal comportamiento y esto influirá muy
negativamente en vuestra nota.
- Vamos señorita, no te pongas así- me dijo uno de ellos con chulería, un
chico alto, muy delgado y con el pelo rizado.
Entre tanto
jaleo sonó el timbre que anunciaba el final de la clase; que era...pensé por
suerte , la última del día.
Empecé a
recoger mis cosas de la mesa mientras los chicos iban saliendo ruidosamente por
ambas puertas de la clase.
Me disponía a
abandonar la clase cuando al alzar la vista vi que aún no se habían ido todos,
concretamente estaban los chicos que me habían llevado de culo toda la clase.
Uno de ellos,
un adolescente pecoso y pelirrojo de cara redonda, tipo porcino, estaba delante
de mi mesa, sin previo aviso lanzó un escupitajo que impactó sobre mi rostro.
Me quedé con
la boca abierta, no me creía lo que acababa de pasar, me limité a mirarlo, aún
sorprendida y observé como otro de los chicos (este llevaba una horrenda
camiseta amarillo fluorescente) cerraba la puerta.
Sin moverme
dirigí la mirada hacia la otra puerta, en ella estaba de pie otro de ellos, este
era el típico guaperas, moreno, alto y cuerpo bien formado. ¿Me estaban
acorralando?
- ¿Qué pretendéis, chicos?.
- Queremos joderla como nos ha venido jodiendo toda la semana, señorita.
Me dijo otro
de ellos; llevaba un ostentoso cinturón de hebilla, todo un macarra. Era más
alto que yo a sus 18 años recién cumplidos, bastante más alto. Yo retrocedí
hasta que mi espalda topó con la pizarra, estaba asustada.
- No tenga miedo señorita, solo vamos a darle el trato que se merece, el de
una puta zorra cachonda.- siguió diciendo.
Cada vez me
sentía más asustada y nerviosa, pensé en gritar, pedir auxilio, pero el pecoso
tuvo que adivinar mis intenciones porque de un movimiento me colocó de espaldas
a él y con su mano me tapó la boca con fuerza. Me empujó contra la pared, me
subió la falda y empezó a restregar su polla contra mi culo mientras me decía al
oído que no iba a parar hasta reventarme.
Debido al
miedo, a sus palabras, al roce insistente de su miembro...no sé, la cuestión es
que mis bragas empezaron a humedecerse notoriamente para mi sorpresa.
- Eh tios! la muy guarra ya está a tono jajaja.
- No, por favor...
De un tirón me
desgarró las bragas , con una mano separó mis piernas con brusquedad y hundió su
sexo dentro de mí mientras me mordía la nuca y agarraba con fuerza mis pechos,
sin parar de entrar y salir de mi coño. Yo cerraba los ojos con fuerza e
intentaba zafarme de él, pero eso sólo provocaba que la penetración fuera más
dolorosa y que él empujase con más fuerza.
- Venga tío, no acapares. Oí decir al de la camiseta amarilla.
El pecoso pasó
su lengua por mi sudorosa cara y le dio paso al siguiente. Noté como agarraba
mis nalgas, las apretujaba entre sus dedos, luego pasó a mis pechos, de un tirón
arrancó los botones de la camisa y me subió el sujetador dejando mis pechos
desnudos, los pellizcaba y retorcía mientras acercaba su miembro a mi culo y
empezaba a restregarlo.
- Por favor...dejadme ya...
Me agarró la
cara haciendo que la girara hacia un lado.
- Abre la boca, estúpida.
Pensé que lo
mejor sería hacer todo lo que me pidieran y esperar que todo acabase pronto.
Introdujo su
lengua en mi boca y empezó a explorarla con avidez mientras colocaba su polla en
la entrada de mi coño y de un golpe de cadera la metió hasta el fondo. Si no
hubiera tenido la boca ocupada creo que hubiera gritado.
Empezó a
acariciarme los pechos y dejó de besarme. Me penetraba con más fuerza que el
anterior, con cada embestida casi me levantaba los pies del suelo.
- ¿Te gusta señorita? seguro que sí... toma zorra! no voy a parar de empujar
hasta que te salga por la boca!.
- Parad, por favor, os vais a meter en un lío...- me atreví a decir.
- Nos vamos a meter en tú coño hasta reventarlo.- Dijo el del pelo
rizado.
El de la
camiseta amarilla se había apartado y ahora era éste el que se acercaba a donde
yo estaba, aún contra la pared.
Intenté darme
la vuelta... fue en vano, me sujetó por la cintura, puso mis manos en la pared e
hizo que me inclinara, quedando en una posición de lo más humillante, con todo
mi culo expuesto.
Oía como se
reían a mis espaldas y las lagrimas caían silenciosas por mis mejillas.
Posó sus manos
sobre mi culo y luego empezó a darle cachetadas, cada vez más seguidas y con más
fuerza; mi culo ardía. Cuando ya pensaba que no podría soportar un azote más, me
agarró de las caderas y empezó a follarme con violencia. Mantenía mis manos
sobre la pared como podía y sentía como mis pechos bailaban de adelante hacia
atrás con cada embestida.
Ya no lloraba,
sólo esperaba que todo acabase, que fuera un mal sueño, que entrara alguien y
parase esta locura.
- Tenías ganas de que te follaran así, ¿eh señorita?, te morías de ganas.
Vamos, di que sí, zorra.
Ahora era el
macarra quién apretaba su duro miembro contra mi trasero. Sus manos se habían
deslizado desde mi cintura hasta mi sexo. Con los dedos índice y corazón de la
mano izquierda separó mis labios y con la otra mano empezó a pellizcar mi
clítoris y a frotarlo; la mano que sujetaba mis labios la subió hasta mi boca.
- ¡Chupa guarra!
Yo chupaba sus
dedos con sabor a mis fluidos mientras él metía su polla lentamente sin dejar de
frotar mi clítoris.
Negaba con la
cabeza a la vez que me corría.
Se apartó de
mí, yo respiraba agitadamente, quedaba uno y todo esto acabaría, al menos eso
creía...
El guaperas
hizo lo propio y folló mi dolorido sexo sin compasión, la dejaba dentro, sin
moverse mientras me insultaba.
-Puta, calientapollas con pinta de mojigata...eres una zorra.
La sacaba para
volverla a meter , embistiéndome de manera brutal y se reía. Cada vez más rápido
una y otra vez, más fuerte, no podría aguantar mucho más así.
- Ya está bien tío, que no nos va a aguantar el siguiente asalto.
Y todos
rompieron a reír mientras yo me dejaba caer apoyada en la pared. Aún no habían
acabado...
El pecoso me
cogió del pelo y me llevó hasta el centro de la clase, donde los demás habían
apartado algunos de los pupitres para hacer espacio, excepto uno de ellos, al
que habían dado la vuelta y colocado con las patas hacia arriba
Me desnudaron
por completo entre todos y me colocaron junto al pupitre volcado.
- Venga, métete una de las patas en el coño, queremos ver como te masturbas-
ordenó el macarra.
Yo lo miraba
atónita, ¿que hiciera qué?.
Viendo que
iban en serio me situé justo encima de una de las patas y separando los pliegues
de mi sexo con las manos comencé a descender, no fue difícil lograr que entrara
debido a lo dilatado y húmedo que se encontraba ya mi coño, no por eso dejó de
ser doloroso y humillante.
- Ahora acaríciate el clítoris y no dejes de subir y bajar con la pata de la
mesa dentro de ti, así hasta que te corras.
Asentí con la
cabeza e hice lo que me pedían; cerré los ojos, intentando no pensar en que
situación me encontraba, pero las risas y burlas con las que me apremiaban no
dejaban que me evadiese. Aún así me corrí para mi vergüenza, y no sólo me corrí,
sino que gemí y jadeé entre espasmos de placer como pocas veces había hecho
masturbándome.
Me apartaron
entre risas y le dieron la vuelta a la mesa. El de la camiseta amarilla me cogió
del brazo con fuerza y me colocó nuevamente ante la mesa, obligándome a
flexionarme sobre ella. El macarra se quitó el cinturón y lo usó para sujetarme
las manos a las patas de la mesa.
Me separaron
las piernas y manosearon mi culo, pellizcaron mis muslos, dedos sin dueño
entraban y salían de mi sexo y sondeaban la entrada de mi ano.
Una mano
sujetaba mi cabeza contra la mesa impidiendo cualquier movimiento, y con ello
anulando mi campo visual, limitado a ver el corcho que había al final de la
clase con un par de papeles que no distinguía a ver de que eran...pero eso que
importaba, uno de ellos se había colocado ante mi y lo único que veía ahora es
un sonrosado glande que iba directo a mi boca.
De poco sirvió
que me resistiera en un principio, un buen tirón del pelo hizo que abriera mi
boca para emitir un grito, momento que aprovechó para introducir sin miramientos
su polla hasta mi garganta.
Sentí como
introducían algo delgado por mi entrada más estrecha, un dedo, nunca lo había
hecho por ahí, era algo que me aterraba y ahora estos desgraciados iban a
destrozarme.
El dedo se
movía dentro de mi, una nueva presión y otro dedo jugaba dentro y fuera, al
igual que la polla en mi boca seguía con un incesante mete y saca.
Salieron los dedos y ahora sentía algo frío y redondo,
de un empujón mi culo lo absorbió, era una bola, luego otra y otra y otra más,
sentía como entraban y se acumulaban en mi interior.
Ahora era otra polla la que entraba y salía de mi
boca, pero no lograba adivinar de quien, decidí cerrar los ojos, las sensaciones
en mi culo se hicieron más intensas, notaba como lo manoseaban con todas esas
bolas dentro. De pronto, de un tirón, todas las bolas salieron de mi interior y
mi cuerpo se estremeció por completo. Los oía reír a carcajadas alrededor de mí.
Uno a uno empezaron a follar mi culo con violencia al
igual que hicieran antes con mi otra entrada. Cada vez que entraba una polla en
mi culo era algo único, no podía más que gemir y llorar de placer, a mi pesar.
Me sentaron en una de las sillas de la clase y me
ataron las manos a la espalda y los tobillos a las patas de la silla dejando mis
piernas abiertas.
Uno a uno me besaban y escupían, entre risas,
pellizcos en los pezones..introducían dedos en mi sexo y se mofaban de lo mojada
que estaba, diciéndome que era la profesora más guarra y cerda.
Me soltaron las manos de la espalda.
- Es hora de los trabajos manuales señorita. El
examen es el siguiente: con sus manitas y su boca debe hacer que nos corramos y
no puede dejar que caiga ni una gota fuera de su boca, ¿está claro?-
dijo el pecoso.
Asentí con la cabeza y sujeté con mi mano su polla
mientras la introducía en mi boca, saboreé la punta con mi lengua y la deslicé
hacía abajo, manoseé sus testículos con delicadeza mientras mi lengua deshacía
el camino andado hacía la punta nuevamente, me la metí entera, presionando con
mis labios el glande al introducírmela, luego rítmicos movimientos hacia arriba
y abajo, cada vez con más intensidad y más rapidez...ya estaba a punto de
correrse, me preparé para recibir su semén.
Me echó la cabeza hacia atrás para asegurarse de que
caía toda su leche dentro de mi boca y me la tragaba.
Con el resto sucedió igual; me veía en una silla
mamando una polla tras otra como una vulgar prostituta, tragando aquellos
enormes trozos de carne, sintiendo su grosor, su calor
, notando la mezcla de sabores de cada uno resbalando
por mi garganta.
Soltaron mis tobillos y el guaperas me dijo que me
pusiera de rodillas en el suelo, una vez más hice caso, estando en esa posición
otro se acercó tras de mi y me puso una venda tapándome los ojos y con una
cuerda me ataron las muñecas a mi espalda.
Nuevamente me sentía tensa y con punzadas en mi
sexo..¿qué pensaban hacerme ahora?, la incertidumbre se apoderaba de mi mente,
la cual imaginaba más abusos sobre mi provocando que mi respiración se hiciera
cada vez más agitada, entrecortándose. No podía creer que estuviera excitada,
pero tenía que admitirlo, si no hubiera estado atada creo que no hubiera podido
evitar tocarme, que locura, que vergüenza...
Mientras en mi cabeza daban vueltas la lujuria, la
excitación, el pudor, el sentido común y la decencia, chocando unas con otras
hasta ya no distinguirlas, me sorprendió notar algo caliente cayendo sobre mi
rostro.
- Abre la boca profe, a mi después de correrme
siempre me entran unas ganas enormes de mear , ¿a vosotros no?.
El que hablaba era el de la camiseta amarilla, ya
podía distinguirlos por la voz.
Las carcajadas no se hicieron esperar y con ellas
aumentó la cantidad de líquido que caía sobre mi pelo, rostro, colándose por
entre mis labios abiertos, dejando en mi paladar cierto sabor salado. El líquido
seguía cayendo por mi cuello, mis pechos, el vientre y goteaba hasta mis muslos,
quemando cada centímetro de mi piel.
No se cuanto tiempo pasé así, el olor ocre lo
impregnaba todo. Me sentía sucia, asqueada y excitada como nunca, por más que
intentara negarlo.
Me sujetaron del pelo, echando mi cabeza hacia atrás
con violencia.
El del pelo rizado me susurró al oído.
- Bueno zorra, lo sentimos mucho pero ya hemos
acabado contigo, vamos a desatarte las manos y a dejarte aquí. No salgas hasta
dentro de un rato y ni se te ocurra decirle nada a nadie sobre esto o la próxima
vez no te haremos disfrutar.
Me desataron y me empujaron dejándome tirada en el
suelo encharcado por sus meados.
Los oí marcharse y mis manos una vez libres de la
atadura en vez de desprenderse de la venda se dirigieron frenéticamente a la
parte interna de mis muslos, los apreté con fuerza y sin pensarlo empecé a
masturbarme como haría otras tantas noches al recordar aquel día.