Todo Queda en Familia V: Nos reunimos los tres
Me desperté por la noche, acababa de tener un sueño curioso
en el que me lo montaba con mi hermana Carol. Bueno, había sido un sueño... un
momento. ¿Qué era el calor que notaba a mi lado? No, no podía ser... Giré sobre
mi mismo y vi a mi hermana tendida a mi lado, mirándome a los ojos. Sus enormes
ojos verdes se me comían con la mirada, pero a la vez tenían un brillo de
expectación; un poco asustada.
Entonces recordé todo lo que había pasado unas horas antes, y
el color subió a mi rostro; a la vez que la confusión. El calentón había pasado,
y las dudas volvían a asaltarme: de verdad Irenia estaba de acuerdo con aquello?
Hola Alberto, has dormido bien?
Carol se comportaba como si aquello fuera lo más normal del
mundo, y mientras me hablaba se acercó a mi, pegando su pecho desnudo contra mi
torso. A la vez que me daba un suave beso en la boca.
Sí, has estado despierta todo el rato?
Acababa de ver la hora, y por lo menos llevaba un par de
horas durmiendo. Poco a poco empezaba a aceptar la situación. Y el amor que
había sentido siempre por mi hermana se empezaba a transformar en algo más
profundo; entendiendo algunos gestos y expresiones que ella me había regalado
durante los últimos meses.
Claro tonto, no quería que te escapases.
Porqué tendría que escapar?
Igual te arrepentías de lo que ha pasado...
Hizo un mohín, temiendo mi respuesta y haciendo que sólo
pudiese ser una.
Cómo voy a arrepentirme? Si realmente Irenia estaba de
acuerdo, y no puedo pensar que no lo estuviese. Y tú realmente querías
esto... Simplemente estoy confuso, no es lo que esperaba. Siempre te había
visto como mi hermanita, y a partir de ahora no sé cómo serán las cosas.
Siempre te he querido, pero no me había dado cuenta de en qué forma. Quizás
no me atrevía a admitirlo.
Simplemente me besó de nuevo, con amor, y ésta vez yo
respondí también saboreando aquél momento. Cuando nuestros labios se separaron
me sonrió de nuevo, y nos quedamos abrazados unos minutos más.
Al levantarnos lo hicimos sin pudor, ambos estábamos
desnudos, pero algo había cambiado. En mi interior sentía que era un cambio
menos profundo de lo que debería haber sido, más bien una transformación.
Ese día lo acabamos de pasar como lo habíamos hecho siempre,
cada cual haciendo sus cosas, hasta la hora de cenar.
Carol, después de cenar llamaré a Irenia, y le contaré lo
que ha pasado. Realmente la quiero, y no quiero esconderle nada. Además, si
entre vosotras también...
No supe como continuar, se me hacía raro hablar de una
relación lesbica entre mi hermana y mi novia.
También nos queremos sí; no te preocupes Alberto,
simplemente somos tres personas que se quieren. No hay ningún mal en ello.
Además estamos siempre solos en ésta casa, y papá y mamá vienen muy de vez
en cuando. Con esconderlo cuando estén aquí es más que suficiente.
Bien, igual tienes razón, pero primero quiero hablarlo
con Irenia.
Debían ser poco más de las once de la noche cuando Alberto me
llamó. Había estado esperando esa llamada desde que unas horas antes me llamara
Carol, contándome que el plan había sido un éxito. Y que no debíamos escondernos
más.
Al descolgar el teléfono tengo de reconocer que dudé. No
sabía lo que me diría Alberto, igual decidía dejarme por su hermana (es
preciosa), o se había enfadado por al encerrona.
Hola Irenia.
Hola.
Su voz titubeaba, posiblemente no sabía cómo decírmelo. Le
conozco, y seguro que le costaba admitirlo en voz alta.
Carol me ha dicho que te ha llamado hace dos horas y te
ha contado lo que ha pasado.
Sí .- No acerté a decirle más; y además, no iba a
ponérselo fácil.
Así que es verdad.- Suspiró como si le hubiesen
quitado un gran peso de encima.- Entonces te parece bien... Si quieres
que te diga la verdad no se aun como asumirlo: las dos mujeres a las que más
quiero me quieren a mi también, incluso se quieren entre ellas.
Aha.
Quieres venir mañana a casa y lo hablamos los tres? Igual
hay poca cosa que decir, pero necesito veros a las dos y aclarar las cosas.
Me parece que mi vida no volverá a ser la misma, y quiero estar seguro de
que vosotras entendéis lo que estamos haciendo.
Me parece perfecto, mañana a las once en tu casa. Y no te
preocupes, que todo saldrá bien.
Te quiero
Y yo a ti.
Fue colgar el teléfono y llamar de nuevo a Carol.
Carol, mañana por la mañana es el gran día. He quedado
con tu hermano a las once de la mañana. Para hablar los tres. Creo que se ha
hecho a la idea.
¿Cómo no iba a hacerse a la idea, teniendo a dos
vellezones como nosotros para él?
Sólo pude reírme, el resto de la conversación fue bastante
insulsa, haciendo planes para mañana y hablando sobre cómo había sido su
experiencia con Alberto. A los pocos minutos nos despedimos con un "te quiero" y
fui a ver que me pondría para el día siguiente.
La verdad es que me arreglé todo lo que pude, poniéndome la
faldita que tanto calentaba a Alberto, junto con unos calentadores hasta casi la
rodilla y un jersey muy ceñido, a cuadros escoceses.
Llegué un rato antes a su casa, y mi sorpresa fue que él no
estaba. Por lo visto había salido un momento a comprar algo que comer, y tenía
la intención de llegar un poco antes de las onze. De todas formas la que sí que
estaba era Carol, que en su línea ni siquiera se había vestido; estaba muy sexy,
con un tanga blanco y una camiseta top tambien blanca, que le marcaba sus
pezones, ya que no llevaba sostén.
Al entrar en casa le besé en la boca, como hacíamos cada vez
que nos encontrábamos solas. Y empezamos a hablar sobre Alberto, que si le había
costado, que si por fin lo podríamos compartir, que si teníamos ganas de que
llegase ya de la maldita compra...
A todo esto nos ibamos calentando más y más; ella intenando
ver debajo de mi falda, y yo mirando sus labios, que se humedecía cada dos por
tres. Anticipando lo que vendría cuando llegase Alberto. El caso es que no sé en
qué momento, pero Carol empezó a meterme mano por debajo de la falda,
acariciándome el interior de los muslos y mordisqueándome la oreja.
Caaarol, esperaaa, que va a llegar tu hermaano...
Qué más da, total, el ya lo sabe, y lo que queremos es
hacerlo los tres no¿? Pues vayamos empezando, así cuando llegue no nos podrá
decir que no.
Dicho y hecho, antes de que acabase de hablar mis manos se
dirigieron hacia sus pezones; que cada vez estaban más y más duros. Estuvimos
unos minutos acariciándonos, quitándonos poco a poco la ropa, y recorriendo
nuestros cuerpo con manos y lengua. Buscándonos la boca, y sintiendo el morbo
que da el saber que puedes ser pillada de un momemento a otro.
Alberto se retrasaba, y las caricias ya no eran suficientes,
así que apoyé mi cabeza contra el sofá y me abrí de piernas ante Carol.

Carol no se hizo de rogar, y empezó a lamer igual que haría
un gato, sin introducir su lengua en ningún momento, simplemente saboreando los
jugos que notaba no paraba de producir.
Tras unos pocos minutos, empezó a acariciarme el ano,
introduciendo primero un dedo y haciendo el movimiento de metesaca, para ir
dilantándolo; luego introdujo un segundo dedo, y otro más... Yo me sentía morir,
era un placer muy distinto al que experimentaba cuando me hacía un dedo; pero
Carol sabía donde tocar y a como moverse para mantenerme en el paraíso.

Yo empecé a correrme y a gritar como poseída, tanto era el
placer que me estaba proporcionando. Mis pies se arqueaban con cada nueva
venida, pero Carol no se detenía, seguía revolviéndo mis entrañas cons sus
dedos. Hasta que de pronto paró.
Porqué te detie
Al girar la cabeza mientras expresaba mi queja vi a Alberto,
parado en la puerta y con la bolsa con la comida en la mano. Nos miraba como
ido, creo que ahora estaba encajando lo que le esperaba.

Hola Alberto, llegas tarde
Parece mentira lo lanzada que es Carol, la he visto
ruborizada pocas veces. Se comportaba como si lo que pasaba fuera lo más normal
del mundo.
Qué te pasa hemanito, se te ha comido la lengua el gato?
A todo esto no paraba de estimular mi ano, produciéndome un
placer indescriptible.
Venga Alberto, ven aquí y dale por culo a Irenia, que se
que tienes ganas.
Sólo de pensarlo se me hacía la boca agua; tenía el culo a
punto de caramelo, y sólo de pensar en sentir la polla de Alberto mi concha
empezaba a chorrear.
Como Alberto seguía indeciso, sin acabar de reaccionar, Carol
se acercó a él y le bajó los pantalones. Dejando a la vista su miembro en una
completa erección. Cómo no, si no la hubiese tenido me habría empezado a
preocupar.
Bien. Parece que la cosa va en serio. Luego no os
arrepintáis.
Dicho esto se acercó por la espalda, me abrió las nalgas, y
tras ver lo dilatada que ya estaba me ensartó como si fuera un pollo. Una
estocada brutal que me hizo saltar, para acto seguido acomodarme al ritmo que
empezaba coger la cadera de Alberto.

Tras un rato de bombear, Alberto se sentó, acomodóme encima
de sus piernas. Ahora era yo la que podía marcar el ritmo de la follada; me
levantaba hasta notar su miembro a punto de escapar, para dejarme caer de golpe.
Cada vez que lo hacía un relámpago recorría todo mi cuerpo, llenándome. Así
estuvimos unos momentos, hasta que a Carol se le ocurrió participar: se
arrodilló frente a nosotros, y con su lengua iba recorriendo tanto mi coño como
las pelotas de Alberto. Chupando, mordiendo, sorbiendo. Cada vez que me tocaba a
mí sentía el placer que sólo Carol puede dar, a la vez que el que me
proporcionaba Alberto. Cuando su lengua se ocupaba de Alberto notaba cómo era él
el que estaba a punto de estallar en mi interior. Su miembro latía con más
fuerza, y él jadeaba por el esfuerzo que le costaba el no venirse aún.

Ésta situación se prolongó unos minutos más; llevándome
directamente hacia el cielo. Las dos personas que más quería en éste mundo me
estaban haciendo sentir mejor de lo que jamás me había sentido. Hasta que
Alberto avisó que se estaba a punto de correr. En ese momento me desempalé,
arrodillándome frente a Alberto, dispuesta a recibir toda su descarga en la boca
(me encanta el sabor de su esperma). Así pues, me introduje su miembro en la
boca y empecé a chupar.
Mientras, Carol se puso a mi espalda y siguió lamiéndo mi
intimidad.

De golpe sentí el potente chorro salpicando contra mi
garganta, y empecé a tragar.
Irenia, no es justo! Todo para ti, al menos comparte un
poco!
Carol vino hacia mi, y nos besamos apasionadamente,
compartiendo la semilla de Alberto, pasándonosla con nuestras lenguas y
saboreándola mezclada con nuestra saliva.

Quedamos rendidos en el suelo. Carol un poco insatisfecha,
pero feliz. Al fin nuestro sueño se había hecho realidad, los tres seríamos
amantes. Flotaba una aceptación tácita entre nosotros; no hacía falta decir
nada, todos sabíamos qué era lo que no esperaba a partir de ahora y nos
sentíamos felices de poder seguir así.
Ninguno dijo nada hasta pasado un rato, cuando empezamos a
reír como niños. Y nos besamos tiernamente; nos queríamos, que más daba lo
demás? De eso hará ahora casi tres años, Carol aún no tenía los 17 años, yo
acababa de cumplir los 19 y Alberto tenía ya 21. Desde entonces hemos pasado
muchas cosas, que si acaso contaremos en futuros relatos. Baste decir que ésa
noche dejamos a Carol satisfecha.
Bueno, espero que os haya gustado; vuelvo a ser Alberto, y
por si no lo habíais notado, el relato lo ha escrito Irenia. Leeremos ansiosos
vuestros comentarios!