EL PADRE DE MI MEJOR AMIGO (3)
Nos fuimos a dormir, pero a diferencia de su casa en la
capital, dormíamos en cuartos separados.
Me quedé leyendo un ratito y antes de apagar la luz escuché
que Alan me llamaba así que salté de la cama y entré en su cuarto para ver que
necesitaba.
-Te llamé porque quería hacerte una última pregunta sobre lo
que pasó ayer con papá.
-Si, dime... Qué quieres saber?.-
-Dime la verdad, durante todo el tiempo que estuviste con él,
nunca tuviste la fantasía de estar también conmigo?.
- Ya estaba, de ahí a hacer realidad mi sueño de compartir un
momento de placer con el había solo un paso, pero debía darlo correctamente, de
lo contrario podía arruinarlo todo.
-Si, la verdad es que si.-
-Solo Conmigo o con los dos?.-
-Ambas cosas, pero digamos que la curiosidad más grande era
saber como podía ser estar solo contigo, la verdad no sé Alan, esto es nuevo
para mí, entiendes? Para mí siempre fuiste mi mejor amigo, mi hermano y de ahí a
imaginarnos juntos en una misma cama, gozando los dos sexualmente, es muy
fuerte-.
Mientras hablaba sentía que Alan se acercaba a mí, me tomaba
las manos y me las colocaba delicadamente en su cuerpo mientras que las suyas me
acariciaban por encima de mi camisa de dormir.
-Es hora de que hagamos realidad todas las cosas que
fantaseamos, no?- me decía suavemente sin dejar de acariciarme.
Mis manos se cerraron sobre las nalgas de Alan, nunca pensé
que fueran tan duras, tan calientes ni que sus manos sobre mí fueran tan
expertas, recorriéndome palmo a palmo desde los hombros hasta mi culo,
encerrándolos en sus manos, pellizcándolos, rasguñándolos hasta que sentía que
hervía de calentura.
-Esto es delicioso, cómo perdimos tanto tiempo?- me decía
Alan con ese tono de voz que ya le había escuchado cuando estuvo con su padre
aquella noche.
-Como me calienta tu cuerpo, Alan!! Quiero comerte!!!.
-Cómeme, quiero que me hagas de todo!!!.-
Así lo hice, mordiscos pequeñitos fueron cubriendo su cuello
de Alan mientras que sus manos apretaban mi cabeza contra el, provocando que mi
boca se enterrara en la suya. Nuestros cuerpos se habían acercado el uno al
otro, estaban pegados, restregándose, haciéndose hervir de calentura. Los dos
permanecíamos arrodillados en la cama, sin dejar de acariciarnos, recorriéndonos
ávidos cada parte de los cuerpos, aumentando el calor que de ellos emanaba. De a
poco nos quitamos la poca ropa de dormir que teníamos y quedó el camino libre
para que nuestros dedos siguieran recorriéndonos palmo a palmo.
Las manos de Alan, más expertas que las mías, bajaban por mi
vientre como alas de mariposa para poder posarse en el nacimiento de mi glande,
abarcándolo con una sola mano, encerrándolo en ella, apretándolo entre sus dedos
con una delicadeza y a la vez con una firmeza impresionante. Las mías bajaban
por su espalda, llegaban a sus nalgas y la acercaban a mí con fuerza, para poder
sentir como su pecho se aplastaban con el mío mientras nuestras bocas seguían
unidas en un beso simbólico.
-Déjame sentir tu calor, déjame amarte.- me decía con voz
sensual mientras sus dedos estaban hurgando mi culo.
Un dedo de Alan logró encontrar el camino, se abrió paso
entre las paredes de mi trasero y llegó hasta ese agujerito que su padre, hacía
una semana, había atravesado con tanta maestría. Metió su dedo a fondo lo cual a
mí me puso a mil.
-Como me gusta esto, amigo!! Tu cuerpo es mucho mejor que el
mío!!!
-Quiero que nos probemos, Quiero comerte entero!!!- le dije
completamente excitado.
-Soy toda tuyo, amigo!! y se acostó en la cama, dejando sus
piernas abiertas frente a mi cara.
Me acomodé, acostándome sobre mi estómago y dejé mi cara
frente a ese panorama súper excitante, que era el pene de Alan, rebozante, no
tan grande, pero tan bien formado como la del padre, me encandilaba solamente al
mirarlo.
-Es tuyo disfrútalo- decía el entre suspiros.
Mis dedos agarraron con sumo cuidado alrededor de su miembro,
dejando al descubierto su capullo tan rosado, brillante de algo de liquido
pre-seminal que emanaba, un camino carnoso coronado en el centro por una cabeza
que parecía invitarme al mordisco. Recorrí todo su pene con mi boca, mientras
que con un dedo llegaba a su ano para meterlo, solo lo hacía con la yema de mi
dedo y pude notar un temblor de placer en su vientre cuando ingresé levemente en
la puertita de su hoyito. Mi boca, saboreaba su pene, mientras el se retorcía
pidiéndome más.
-No dejes de acariciarme, no dejes de chupármela!- me
suplicaba entre gemidos.
No podía ni quería dejarlo así que acerqué mi boca para que
esta vez me la metiera toda. Dejé que mi lengua le lamiera de abajo hacia
arriba, de derecha a izquierda, metiendo un dedo a la vez que se encargaba de su
culo, de rozarlo solamente con la punta de mi lengua y abandonarlo completamente
erecto y excitado, fuera de su pequeño cabeza.
-Chúpamela completa!! Hazme gozarrrrr!!!.-
Eran los reclamos desesperados de Alan, que se movía de lado
a lado de la cama, que no dejaba de elevar sus piernas al aire, de acomodarlas
en mi cintura, de dejarme el camino libre para que yo recorriera sin problemas.
-Me encanta tu sabor, Alan!! Me enloquece tu olor a hombre!!
Eres tan rico!!!.
-Dame másssssss!! Chúpamela más!!.- Y allí iba mi boca a su
pene erecto, se acomodó en la punta y comencé a chupársela en forma
descontrolada, siguiendo los movimientos de cadera de mi amigo, que no cesaba de
suspirar, de retorcerse, de pedir cada caricia que lo transportara, de demostrar
su calentura y exacerbar la mía.
-Sigue con tu lengua, sigueeeeee asiiiiiiiiiiiii, más, más,
másssssssssssssss!!- gritaba sin poder controlarse.
Algunos líquidos pre-seminales que asomaban por la cabeza de
su polla me embriagaba, su olor me excitaba cada vez más y la sensación de sus
líquidos cremosos en mi lengua me quitaban el aliento, pero los lamía con gusto,
los esparcía por mis labios y no quería dejar de compartirlos con el así que en
medio de ese descontrol de gozo, abandoné su entrepierna para deslizarme hacia
su boca y besarla, dejando que mi lengua llevara hasta el su propia excitación,
esparciéndolos por sus labios, batallando con su lengua, que pugnaba por entrar
en mi boca con el mismo deseo que salía la mía en su búsqueda. Bajé nuevamente
por su vientre y cuando llegué otra vez a su entrepierna le levanté las piernas
dejándolo en un ángulo de 45 grados, expuesto su culito frente a mi boca.
-Ahora cógeme el culito con esa lengua, preciosa!!!- me decía
con voz ronca.
-Me encanta este agujerito!!!!- y era verdad, era sabroso,
pequeño, prieto, palpitaba y se tiñó de brillo. Hice el trabajo de apertura con
mi lengua para después ponerle un dedito dentro, notando con placer como sus
músculos se contraían y lo encerraban en ese lugar caluroso y tierno.
-Me arrecha tu dedo, mételo y sácalo!!! Fuerte!!!.- Mi dedo
entró y salió de allí tantas veces como el me lo pidió, mientras el se pajeaba
hasta que un gemido prolongado salió simultáneamente de su garganta.
-Ahhh!! Ahghhhggggggggg!!!!!!!!!!!!! Que
ricooooooooooooo!!!!!!!!!!!.- Supe que había logrado su primera venida y que
ahora el se dedicaría a mí, sin prisa, pero sin pausa.
Me tendió de espaldas en la cama para colocarse sobre mí,
cuan larga era.
-Es el momento de que pasemos a ser solamente uno, amigo.-
Tras este comentario me besó en plena boca, su lengua buscó
la mía con desesperación, besó mis labios con mucho morbo y deslizó su lengua
por mis mejillas, mordisqueó mis lóbulos, metió su lengua dura y caliente dentro
de mis orejas lo cual aceleró mi pulso terriblemente y comenzó a susurrarme
cosas al oído.
-Quiero que actúes como un buen putito joven, que me dejes
hacer cosas que nadie te va a hacer jamás-
-Siii, haz lo que sea!!-
-Sientes mi polla calientita apretando la tuya?- susurraba en
mis oídos
-Te voy a enseñar como gozan los putitos... Quieres?-
-Siii, hazlo!!!-.
Su lengua bajaba por mi cuerpo dejando estelas de saliva
húmeda y espesa. Empapó mis tetillas con ella, envolvió cada uno con sus labios
una y mil veces, su lengua vago de un lado a otro frenéticamente, lamiéndolos,
excitándolos.
-Te gusta, amor?-
-Me estoy muriendo!!! Me arrecha!! Estoy tan empalmado!!!.
Bajó con su boca por mi estómago chupando cada centímetro de
piel, tratando de refrescarla con su saliva y llegó a mi entrepierna. Besó
delicadamente mi pene, lo lamió y luego llegó a mis tobillos, chupó cada uno de
los dedos de mis pies sensualmente y sus ojos me miraban desde aquella lejanía,
tratando de captar cada gesto, cada movimiento de mi cuerpo, atenta a cada
deseo, a cada reacción mía frente a sus acciones.
Después de chupar cada uno de mis dedos, hizo el camino
inverso con su boca a lo largo de mis piernas y llego a mi entrepierna; Con sus
manos comenzó a acariciar mi polla, con la palma de su mano abierta, palpando la
temperatura que allí había.
-Estas muy caliente, verdad? Me deseas mucho, cierto?-
-Siii, amor!!!.-
Mientras escuchaba su voz ronca pensaba que no parecíamos dos
adolescentes de 16 años cada uno, que parecíamos dos hombres hechos y derechos y
concluí que eso era así por el maestro que habíamos tenido ambas: El papá de
Alan, él había hecho de nosotros dos hombres, hambrientas de sexo y lujuria.
-Dios mío!!! Que arrechura!!! Que pene más precioso
tienes!!!-
-Te gusta? Mámala totalmente Alan, chúpamela por horas!!!.
Así comenzó mi delirio, la lengua de mi amigo no cesaba de
moverse, de dejar mi polla dura, de darle mordisquitos pequeños para después
envolverlo con sus labios.
-Que lengua maravillosa!!! Chupala así como lo estás
haciendo!!!
-Que rica polla!!!!- y la metía más y más adentro de su boca,
mientras yo sentía que me consumía un fuego atroz.
-Ahora si vas a gozar, amigo-
-Por favor... hazlo que quieras....- le dije, rogando.
Alan se incorporó a medias, tomó un frasco de una crema para
afeitar que tenía sobre su cómoda, se esparció una buena cantidad en las manos y
con ellas acarició mi ya dilatado culito por la magia de sus dedos, dejando que
la crema se esparciera en mi interior. Lo restante se lo pasó por su polla,
lubricando la herramienta. Yo facilité lo que vendría, abriendo con mis manos
mis nalgas. Alan cogió un almohadón y lo puso bajo mi vientre. Yo seguía
esperando anhelante, con mis cachetes abiertos. Él separó cariñosamente mis
piernas, al mismo tiempo que me besaba. Yo no soportaba más la espera.
El calor de la punta de su instrumento se apoyo suavemente en
la entrada de mi culo. Poco a poco, con ternura, como pidiendo permiso a lo que
venía, su glande empezó a presionar levemente y luego aflojar. A hacer presión,
llamando a la entrada y a retraerse para recomenzar. A cada movimiento, su
alcance era imperceptiblemente más profundo. Hasta que, solo siguiendo los
impulsos y tiempos del deseo, su glande consiguió entrar en mi ano y quedó
atrapado, en el anillo de mi culo. Una mezcla de suspiro y gemido salió de m
garganta. Era una leve molestia y después placer, puro placer. Estuvo quieto,
sobre mí, esperando que mi ano se acostumbre, su glande apretado por mi
esfínter, su cuerpo pegado al mío, mis manos abriendo aún mis nalgas.
-Cógeme Alan, por favor!! No aguanto más!!.- Y aumentó el
ritmo de sus embestidas.
Su polla entraba y salía de mí, una y otra vez hasta que de
pronto sentí que le estaba anticipando un orgasmo.
-Déjame chupártela Alan, dámela en mi boca.
Los dos nos colocamos de tal forma para hacernos un 69
impresionante, ambos nos cogimos con nuestras bocas sin piedad, no hubo dedo que
no nos penetrara ni gota de líquidos que no chuparan nuestros labios.
-Estas tan bueno amor!!!!!- repetía el sin aliento.
-Voy a acabar Alan, no dejes de chuparla!! Chupa, succiona
más, más!!! Así, así así!!!!! Hummmmmmm, Siii, así!!!!!!!!! Que rico! Que
rico!!!!!!!!!.
El orgasmo sobrevino para ambos de una forma tremenda, como
si nos hubiera asolado un terremoto interno, dejándonos las piernas temblorosas
y las manos sudadas y las bocas empapadas, cremosas y llenas de gusto y olor a
sexo.
El beso final, el beso que unió nuestros orgasmos fue
maravilloso, fue el beso que nos convenció a ambos de que ese amanecer nos había
encontrado unidos como algo más que buenas amigos. Sin duda que mí vida estaba
cambiando vertiginosamente y esos cambios me estaban fascinando.
Ese fin de semana en la casa de Alan había sido magnífico, el
hecho de habernos conocido en el plano sexual no impidió para nada que
siguiéramos haciendo las mismas cosas que antes.
Después de aquella noche ambos coincidíamos en que, en lugar
de perder un amigo, los dos habíamos ganado un amante y nadie podía dudar que de
la mejor clase.
Tomamos sol, nadamos en el mar, vimos los videos, caminamos
por el centro, escuchamos música, sacamos fotos y desde ya, hicimos el amor
hasta que no nos quedó centímetro de nuestros cuerpos sin probar.
Regresamos a la capital exhaustos, pero felices, conformes
con nosotros mismos y más unidos que nunca.
En la soledad de mi cuarto, después de aquel fin de semana,
comencé a pensar que de las fantasías que padre e hijo me habían despertado solo
me quedaba una por cumplir: Estar con ambos al mismo tiempo y esa, sin lugar a
dudas, iba a ser la más difícil, pero adiviné que la más excitante de todas.
Continuará…..