* Relato 63
Deber moral
SINOPSIS: La pertinaz lluvia y una necesidad fisiológica,
ponen a un joven en la antesala de una relación sexual. La madura mujer se
olvida de sus frustraciones y se entrega con pasión denodada a su adolescente
sobrino
ECSagardez
Una necesidad fisiológica y la pertinaz lluvia que caía esa
tarde de sábado en el puerto de Veracruz, provocaron un casual encuentro que se
convirtió en una obsesión por tener sexo con la mujer que a pesar de sus 40 y
tantos años, ya que no decía nunca su edad, aún poseía un hermoso rostro, un
cuerpo bien cuidado y unas piernas torneadas, además de unos pies bien cuidados
y uñas pintadas sólo de brillo, pero eso si bien arregladas.
Así era la tía Basilisa, quien era prima en tercer grado de
mi abuela Faustina, a la cual le tenía un gran afecto y seguido visitaba en su
departamento, porque siempre había en su refrigerador algo que llevar a la boca,
ya que su especialidad era la repostería y seguido la contrataban para hacer
esos deleites pasteleros y flanes de buen sabor.
Recuerdo bien que ese dia, como todos los sábados en que
jugaba como local el equipo de béisbol "Aguila de Veracruz", no me perdía el
juego y acudía a presenciar el partido. Sin embargo, desde la mañana hubo
amenaza de lluvia, pero no me importó el estado del tiempo y me dirigí al parque
deportivo veracruzano, con tan mala suerte que en las puertas de acceso estaban
los cartelones de que el encuentro se había suspendido y que al siguiente dia se
jugaría jornada doble.
II
Desconsolado, me quedé pensativo y en eso estaba cuando me
dieron ganas de orinar. Por lo que corrí de inmediato al departamento de mi tia
Basilisa, quien vivía a dos cuadros del parque deportivo. Al llegar, para mi
sorpresa la puerta estaba entreabierta o como decimos en Veracruz, emparejada, o
sin el picaporte puesto…
Me asomé y no alcancé a escuchar nada… Incluso me llegué a
imaginar que mi tia no estaba, pero la necesidad de orinar era más grande, así
que me dirigí al baño que se encontraba en la parte superior y a un lado de él
se encontraba su recámara…
Fue en ese momento, cuando escuché algunos sollozos y una
pequeña discusión… Pero no le di importancia, porque la necesidad fisiológica se
había incrementado… Por lo que me introduje al sanitario para descargar los 350
centímetros cúbicos de orín que mi vejiga ya deseaba expulsar.
De una ventana del baño se podía apreciar la ventana de la
recámara de la tía Basilisa, así que al término de haber orinado me asomé y pude
observarla sentada en la orilla de la cama, pero de espaldas estaba el cuerpo de
un hombre de aspecto juvenil, quien manoteaba y lanzaba improperios, pero sin
llegar a golpearla.
Alcancé a ver como mi tia Basilisa se cubría su desnudez con
una sábana blanca… Pero no le di importancia, porque en ese momento la situación
no era mi problema y apenas era un mocoso de 16 años… ¿Qué podía hacer en ese
tipo de bronca?
Salí del baño y me dirigí a la sala, para sentarme en el sofá
y tomé una de las revistas que allí se encontraban y me puse a leerlas… No
demoró ni cinco minutos, cuando bajó el desconocido, al cual yo no conocía, pero
que se veía de aspecto joven, como de unos 20 o 22 años a lo sumo, quien al
verme ni siquiera se inmutó y sin despedirse salió a la calle azotando la
puerta…
III
El ver llorar a mi tía, me había preocupado. Así que ni tardo
ni perezozo me dirigí a su recámara y en el momento en que subía la escalera,
ella se asomó y se sorprendió al verme. Por lo que me preguntó:
— ¿Desde a qué hora llegaste?
A lo que respondí:
— Tengo varios minutos, tenía ganas de orinar y me vine
corriendo, por la llovizna que está cayendo…
Pero agregué:
— Tía, cuando entré al baño, escuché que alegabas ¿quién es
ese tipo?
La tía Basilisa intentó desviar la plática… Pero no pudo y se
soltó a llorar… Por lo que me le emparejé en el descanso de la escalera y la
abracé…
Enseguida sentí el calor de su cuerpo y me percaté de que
bajo la bata de seda que portaba no traía ropa interior, porque al acariciarle
su espalda, no sentí los tirantes del brassiere… Y poco a poco la fui llevando
de nuevo a su recámara…
La tía Basilisa no dijo nada y ya en mi cabeza de adolescente
se dejaban sentir los augurios de una tarde de sexo, aunque debo decir que en
ningún momento mi tia me había dado motivos para ello… Algo en mi interior me
decía que había que aprovechar la situación… Por lo que pregunté:
— ¿Tía, dime qué pasa? ¿En qué te puedo ayudar?
Sólo me alcanzó a decir: "Hijo, me siento frustrada como
mujer… Ese joven que viste salir, sólo viene, supuestamente me hace el amor,
pero sólo él se satisface y no contento me pide dinero… Pero cuando no se lo
doy, se enoja y ha llegado al grado de golpearme"…
Y prosiguió:
— Deveras, qué desdichada soy…
Para ese entonces, yo masajeaba sobre la bata la espalda de
mi tía y sentí como poco a poco se iba relajando… Así que la senté en la orilla
de la cama y yo me senté en el suelo, mientras le comencé a tomar sus pies para
acariciarlos y apretarles sus talones, tomarle sus dedos, uno a uno, hasta que
ella comenzó a lanzar ligeros gemidos de placer…
Mis manos se fueron elevando hasta sus rodillas y por algunos
minutos no hubo ningún intento de proseguir más allá… Hasta que ella misma abrió
sus piernas y me dejó el camino libre para que mis manos se internaran por su
entrepierna y llegaran hasta su peludo monte de Venús…
IV
En ese momento percibí que la preparación era la adecuada y
que mi Tía Basilisa estaba preparada para otras incursiones en su antojable
cuerpo… La recosté en la cama, no sin antes despojarla de su bata de seda y pude
apreciar la desnudez de su cuerpo… No tenía ni un miligramo de grasa… Su pubis
estaba matizado con la frondosidad de vello que provocaron el recorrido de algo
líquido que llegó hasta la punta de mi tieso miembro…
La invitación a poseer con mi boca ese manjar de dioses no se
hizo esperar y tras comenzar a besarle sus lindos pies, mi lengua recorrió sus
piernas, besé también sus rodillas y jugué un poco a introducirlo con unos
hoyuelos que se le hacían en el lugar para seguir mi camino por sus muslos hasta
llegar a su vagina…
Fue delicioso sentir el aroma de la madura mujer, cuya
humedad ya estaba en los labios mayores y pedía a gritos ser introducida por
algo… Fue así como mi lengua comenzó a deslizarse con suavidad en ese húmedo
agujero y recorrió las paredes vaginales con loco frenesí… Hasta tocar con mis
labios su clítoris que erecto pedía a gritos ser succionado y así lo hice…
Lo chupé con fruicción enloquecida… Pero la tía Basilisa ya
no pudo resistir más esa caricia y cerró sus piernas alrededor de mi cabeza
hasta dejarme por unos instantes sin aire… Su cuerpo se arqueó y lanzó un hondo
gemido de placer… Estaba teniendo un buen orgasmo y estaba disfrutando con
placer el manantial de fluidos que corría por su cuerpo y desembocaba en mi boca
hasta tragármelos todos…
Que delicia sentir en mi paladar el penetrante olor de sus
fluidos y probar el agridulce sabor de lo que ella producía en su vagina…
V
Cuando la tía lanzó una prolongada exhalación, aflojó la
presión de sus piernas y sus manos sujetaron mi cabeza, invitándome a limpiarle
con mi lengua su vagina… Unos segundos después, me agarró de la cabeza y me fue
subiendo poco a poco para posar sus labios en los míos e introducir su lengua,
la cual serpenteó en mi boca y chupó mi lengua, queriendo confundir su saliva
con el sabor que aún conservaba de sus fluidos vaginales…
Su mano izquierda, porque era zurda, descendió velozmente y
tomó mi verga por el tronco… Ella la buscó con los ojos y mostró sorpresa, al
decirme:
— Pero hijo… Tienes un pájaro de miedo…
Su mano siguió bajando el prepucio, hasta que el glande quedó
al descubierto y fue ella la que ahora me recostó en la cama y procedió a
introducirlo en su boca, no sin antes chupar la cabeza y limpiar los primeros
estragos de líquido seminal que ya asomaban…
Su lengua recorrió la parte posterior de la cabeza del
miembro y la suavidad y el cuidado con qué hacía el movimiento me excitaron
demasiado y a punto estuvo de eyacular con esa caricia…
Pero pude contener mis ansias, desviando mi mente hacia otros
pensamientos… No quería culminar y dejar la impresión de que sólo yo me quería
satisfacer, porque hubiera sido frustrante para la tía Basilisa…
Así que mientras mi mente divagaba en otras cosas, como la
forma en que me iba ir a casa, cuando la lluvia había arreciado y no traía con
que cubrirme… Hasta el grado de pensar en mis tareas escolares… Pero el miembro
siguió erecto y disfrutando los lenguetazos y las lamidas de la tía Basilisa,
quien engullía con avidez el tronco de mi verga, para meterlo y sacarlo como si
su boca fuera la funda de una pistola que entraba y salía con renovados bríos…
De pronto, ella se la saca totalmente y se sienta en mi
pelvis… Se levanta ligeramente y con su mano izquierda agarra mi miembro y se
unta la punta a la entrada de su vagina, jugueteando algunos instantes, hasta
que poco a poco desciende y se lo entierra por completo…
Fue ahí cuando al sentirla toda adentro, hace un ligero gesto
de dolor… Siente que el grueso de mi pene y lo largo la quema por dentro… Pero
conforme desciende y se levanta el dolor va menguando y se transforma en gemidos
de placer…
Su hermosa cara se transforma en una máscara delirante de
placer reprimido y se le nota a cada movimiento de subir y bajar, la
satisfacción de tener los 20 centímetros de verga de un joven que apenas está en
la pubertad, pero que ya posee los atributos de un potente macho…
La cara de felicidad es notoria en mi tía Basilisa… La
observo, porque mi mente se ocupa de otras cuestiones, menos en que en ese
momento estoy fornicando… Ella sigue hacia arriba y hacia abajo… Su jineteo es
sorprendente, se nota lo ejercitado de su cuerpo, tiene una condición física
endemoniada y hace movimientos circulares que son una delicia…
Poco a poco me voy integrando al acto… Ya no puedo más
mantener el control de la situación… Los minutos se iban extendiendo y mi tía
demostraba estar satisfecha, pero ansiosa porque no eyaculaba de inmediato…
Fue entonces cuando exclamó:
— ¡Ya vente mi amor! ¡Quiero que nos vengamos los dos juntos!
¡Al mismo tiempo!...
Pero yo no respondía… Mis movimientos ya acompañaban a los
suyos… Hasta que no pude más y le dije:
— Ahora tía… Me voy a venir…
VI
Poco a poco fue debilitando sus movimientos… Hasta que su
cuerpo se puso tenso y de inmediato sentí como sus músculos vaginales apretaban
mi verga, como si dos manos quisieran ordeñarme… Fue algo placentero… No lo
puedo negar…
En ese instante, ella tuvo su segundo orgasmo y lanzó un
alarido al tiempo que decía a gritos:
— ¡Meeeee cccccccoooooooooooooooooorrrrrrrrrrrooooooo!
En ese momento supe que ya no podía aguantar más y le
descargué siete chisguetazos de sémen que se introdujeron hasta lo más profundo
de su útero…
Fue una sensacional venida dentro de la vagina de la Tía
Basilisa, quien no había mostrado recato alguno para tener sexo con su l
sobrino, el cual se había aprovechado de su frustrada relación para aparecerse
como el mejor de sus consuelos…
VII
Toda la tarde y la noche fue de intensa lluvia… Mi tía tuvo
una gran idea… Me propuso que me quedara con ella y le hiciera compañía.
— No quiero quedare sola –dijo-
En tanto ella hablaba por teléfono para decirle a mi abuela
que me quedaría en su casa debido a la precipitación pluvial y al viento que
azotaba el puerto veracruzano…
La respuesta de mi abuela Faustina, fue de aceptación y al
colgar el auricular del teléfono… Soltó una carcajada y dijo con marcada ironía:
— Esta noche, amor mío, serás solo para mí y no te voy a
dejar escapar…
La tarde y noche transcurrió en completa tranquilidad. Ambos
nos habíamos duchado juntos. Aprovechamos esos momentos para besarnos,
acariciarnos, enjabonarnos los cuerpos y dimos rienda suelta a miles de cosas
para que este casual encuentro, fuera el génesis del disfrute de muchas tardes
más…
Al rato, ella bajó a la sala porque estaba en espera de una
persona que había mandado a hacer un pastel y una gelatina de frutas, las cuales
ya estaban terminadas… Se oye el timbre de la puerta y se asoma, era su cliente,
quien iba por el pedido…
VIII
Llegó la hora de cenar y tras hacerme unas ricas tostaditas y
disfrutar un flan de queso, procedimos a tomar el café en la sala viendo una
película de Pedro Infante que se exhibía en la televisión…
Serían las doce de la noche y aún con la lluvia que golpeaba
las ventanas y el viento que en su ulular parecía lanzar gemidos al chocar con
la copa de los árboles y las palmeras… Llegó la hora de irse a la cama…
Así que apagamos la televisión… Y como dos adolescentes
enamorados, subimos la escalera tomados de la mano para meternos a la recámara
que lucía una tenue iluminación… Ella intentó ponerse un ligero camisón, pero no
la dejé, quería disfrutar la desnudez de su cuerpo y poco a poco le fui quitando
la ropa que portaba… Una playera gris con un estampado: "Sólo Veracruz es bello"
y una falda color verde hierba, además de despojarla de unas sandalias, tipo
japonesas.
Era una delicia ver ese cuerpo delgado con unos senos firmes
y pequeños y la aureola que se marcaba en cada uno de los pezones, por lo que no
desperdicié el tiempo y me arrojé a ellos para besarlos, chuparlos y
mordizquearlos con suavidad…
La reacción no se hizo esperar, esos pezones se pusieron
duros como piedras y el hechizo que me causaban me obligaba a seguir chupándolos
y lamiéndolos hasta arrancarle a ella jadeos de intenso placer…
Mi mano la despojó de su calzón blanco con estampado tejido
al frente como una redecilla que parecía la puerta secreta de su peluda vagina…
Al meter un dedo en en su entrepierna pude notar que ya estaba húmeda y que sólo
estaba en espera de más caricias…
Me arrodillé y posé mi lengua sobre su vello púbico y empecé
a lamerle, hasta que ella misma comprendió que tenía que abrir la secrecía de su
vulva. Con un ligero movimiento de piernas se logró el cometido y mi lengua pudo
explorar con mayor libertad el fruto sabroso que mi tía Basilisa me estaba
regalando…
La intensidad de mis chupadas y lamidas se hicieron más
evidentes, hasta que llegue a poseer con mis labios el clítoris que erecto pedía
acción a raudales… Lo estuve chupando y recorriendo con mi lengua…
Esto hizo que la tía Basilisa se enardeciera a más no poder y
comenzó a jadear con más y más intensidad, hasta que todo su cuerpo se
convulsionó y así parada como estaba, dejó escapar un bramido y una cascada de
jugos salió como un torrente del interior de su cavidad para encontrarse con la
humedad de mi órgano gustativo. Fue un deleite disfrutar el sabor agridulce de
esos líquidos…
IX
La intensidad de su orgasmo fue tal, que a punto estuvo de
caer, porque sus piernas ya no le soportaban… Así que tuve que intervenir para
llevarla casi cargando hasta su cama, donde la deposité con fébril emoción y con
las enormes ganas de introducirle mi miembro que estaba como una piedra…
Ella lo tomó con su mano izquierda y lo sopesó… Sólo me
alcanzó a decir desesperada:
— Metémelo hijo… Ya no aguanto más… Métémela toda y con
fuerza…
La invitación fue más que evidente y no se podía desairar… Le
abrí las piernas y las subí a mis hombros… La planta de sus pies quedaron a la
altura de mi rostro y comencé a besarlos, me introduje el dedo gordo del derecho
y luego el del izquierdo, mordí sus talones. Mientras mi verga se introducía a
su vagina con tal fuerza que al chocar mis huevos con sus nalgas, logré
arrancarle un gran suspiro…
Pero no pasó a mayores… Mientras mi miembro se convertía en
un émbolo que se introduce en su empaque y el vaivén se hacía más intenso… Yo
disfrutaba del aroma de sus pies y jugueteaba con sus dedos… Eso estaba poniendo
a mi tía a más de mil por hora…
A ambos nos deleitaba la acción de este palo, porque en su
rostro se veía como lo disfrutaba y yo estaba entregado en este momento a
hacerla feliz y hacerla olvidar sus frustraciones sexuales…
Los movimientos de ambos se fueron haciendo más rápidos y con
gran fuerza, ella movía su cintura en forma circular y yo trataba de
acompañarla… Pero mi interés era demostrarle, quien era el macho y se la sacaba
toda, hasta la punta, para penetrarla con más fuerza… Disfrutaba ver como su
dilatado agujero presentaba los signos del grosor de mi enhiesto pene.
Los rítmicos movimientos de ambos se hicieron más frenéticos,
hasta que sin previo aviso, los dos tensamos nuestros cuerpos y procedimos a
fundirnos. Ella cerrando sus piernas a través de mi cintura y yo metiéndole mi
verga hasta el fondo, para descargarnos y hacer que nuestros jugos se hicieran
uno solo…
Fue para la tía Basilisa un orgasmo de pronóstico reservado…
Porque sólo alcanzó a ponerse un cojín en la boca y lo mordió para amortiguar el
grito más estentóreo que pudo haber escapado de su garganta… Yo por lo
consiguiente gruñí como un animal salvaje y a punto estuve de lanzar un fuerte
bramido como de animal en celo…
Ambos nos miramos y con los ojos nos interrogábamos… Nos
preguntamos con la vista si habíamos disfrutado o qué había pasado…
X
Una cosa si era clara… Tanto la tía Basilisa como yo, nos
habíamos entregado sin reparo alguno al placer sexual y lo habíamos disfrutado
como nunca en la vida… No fueron necesario las palabras para evidenciar cuanto
habíamos disfrutado…
Ella, como la experimentada y madura mujer… Se había
percatado de haber retornado a las delicias del sexo con su joven sobrino…
Yo por lo consiguiente, había conseguido a través de las
enseñanzas de Santa y Remedios, mis maestras del sexo, poner en práctica el
control mental para no llegar a la eyaculación precoz y hacer que mi tia
disfrutara de los tremendos polvos que habíamos tenido y que seguiríamos
teniendo por mucho tiempo…
Además, de que no deseaba que siguiera sufriendo con emberbes
jovencitos que sólo la utilizaban para sacarle dinero, creyéndose los gígolos
que no eran…
Saber la situación me hizo enternecerme por mi tía Basilisa y
hacerle el amor cuando ella quisiera, porque era para mí un deber moral por
convertirse ella, en su entrega al acto sexual, como un miembro importante de mi
joven vida sexual…