NOCHE DE CUERPOS
La noche resbalaba despacio. Los ojos devoraban. El, sentado
en el sillon, acariciaba un cojin con las manos. Ella jugaba a distraerse con la
televisión, el corazon palpitante, el deseo a flor de piel. Le temblaba la punta
de los dedos, como si estuvieran impregnados de fuego. Las palabras perdian el
sentido, el corazon se encharcaba de agua, el aire relataba la verdad. Ella
sabia que no, que no podia, que no debia. Era demasiado el dolor de su ausencia
como para seguir barajando cartas con su piel. Y sin embargo, su olor, le
atravesaba los sentidos, le hacia pasto de la locura, sentia un corazon
palpitando entre sus piernas, y ya no habia dolor, miedo, o soledad… Se
esfumaron las razones.
El sabia que no la queria. Pero, tal vez, si. Cuando estaba a
solas reflexionaba, con la mente limpia y el corazon frio y se daba cuenta de
que ella no era lo que el buscaba. Demasiado dependiente, demasiado nina en sus
sonrisas, una mujer de caramelo, con todo un mundo por aprender. Y sin embargo,
el recuerdo de su cuerpo le taladraba las noches. Habia algo magico cuando se
tocaban, algo que trascendia la razon o el abismo. Se paraba el tiempo, el
reloj, la vida, y solo estaban ellos, y el placer, y el cuerpo, y al mismo
tiempo, el espiritu, esa parte infinita dentro de cada uno de nosotros, esa
esencia que nada en nuestra sangre.
Y la estaba mirando. La penetraba, aunque fuera solo con
miradas. El pelo rubio, resbalando sobre el cuello, la sonrisa viva, los ojos
aranando el deseo… Su cintura le llamaba a gritos desde el otro lado del sofa. Y
el penso, "no deberia" y sin embargo, el egoismo abatio sus buenos propositos, o
tal vez, fue la forma en que a ella le temblaron los labios al mirarle.
No habia nada mas. La pasion se encarno en el cuerpo de ella,
que intentaba llenarse de el, de su aire, para cubrir los vacios que la hundian
por dentro. Sentia que estaba hueca, que necesitaba sus miedos para sentirse
viva otra vez. Y el le arranco el vestido y nunca se habia sentido mas desnuda,
como una mariposa libre del capullo, agitando las alas por instantes, jugandose
la vida en un momento de belleza. Porque ella era de porcelana, disenada por las
manos de un experto, su cuerpo y su rostro…. Era tan perfecta que dolia. Y a el
le dolio entre las manos cuando acaricio cada esquina de su piel, repitiendo los
mismos pasos que habia dado en suenos, cuando se despertaba sudando, en mitad de
lo oscuro, anhelando sus silencios, esos susurros que se colgaban de sus oidos.
La noche sabia a melocotón en almíbar. Explotaron cuanto
tenian hasta que ya no habia nada que desear.
A ella le quedo el amor y a el le quedaron los miedos.