No fui a trabajar
Después de la noche de amor, que había pasado con mi vecino,
cuando me fui a dormir, creí que todo había terminado. ¡Qué iluso que fui! Pensé
que que estaba todo bajo control, que no quedaba rastros de mis andanzas de la
noche anterior. Pero ¿Cómo había dejado mi bolso allí? ¿Cómo no lo había
guardado, o desarmado para no dejar pistas?
Sheila lo encontró y se me vino la noche.
Al otro día, al despertar, la veo en el living con la tanga
que había usado con Antonio, Se veía una aureola blanca de mi leche, que había
provocado ssu verga al masajear mi próstata.
Ella sacaba la ropa del bolso sin entender que ocurría. Sus
ojos se salían de la orbita, y una mueca tardía en su cara, me daban miedo.
- ¿Qué significa esto? ¿Qué hace esta ropa mía en tu bolso?
Espero que tengas una buena explicación.
- No tengo una buena explicación, solo quiero decirte que te
amo.
Mi voz temblaba nerviosa, en mi garganta, en cambio ella
parecía muy tranquila, calma, como si estuviera saboreando la situación.
- Si no supiera que me amás, ya te hubiera matado. ¿Quién usó
mi ropa? ¿Cuál es tu morbo?
- No es una cuestión de morbo. No sé por donde empezar.
- Empezá por el principio… - tomé aire, serví dos tazones de
café, le ofrecí uno a ella y me dispuse a sincerarme.
- Hace unos meses, en enero, tuve una fantasía, algo
inesperado, me pasó.
- Te calentaste con una persona y justo ahora se te dio la
oportunidad de hacerlo realidad… Pero ¿Que tiene que ver eso con mi ropa?
- Si y no… ¿Me dejás que te cuente? No me corte, porque me
cuesta mucho hablar de esto. – Ella asintió y yo seguí. – Como te decía, este
verano, cuando te fuiste a Santa María, a ver a tu hija y a tus padres, yo quedé
solo aquí, no tenía mucho que hacer y sobre todo el fin de semana. Una tarde de
calor, me pequé una ducha y no lograba calmar el calor. Al salir del baño me fui
al placard y en lugar de abrir mi cajón con mis calzones, abrí el tuyo. Pensé en
lo mucho que te extrañaba. Me hizo gracia, al ver esas tanguitas chiquititas que
vos usas y jugando pensé que serían más frescas que mis calzoncillos. Saqué una
al azar y me la probé. Era incómodo, sentir la tira que se perdía entre mis
glúteos. Sin embargo el sentir la sensual tela de tu tanga, me excitó.
Me excitó tanto que me fui probando todas, una y cada una de
tus bombachas y tangas.
Estuve todo el día con una puesta, hasta fui a trabajar con
ella. Estaba todo el día al palo.
Cuando volviste eso se borró de mi mente y todo fue como era
antes. Te amaba y no tenía otra cosa que me gustara más que estar con vos. No
fue un sacrificio, fue algo natural. (Sheila seguía mi relato con atención y se
mordía los labios para no interrumpirme con sus preguntas.)
En Marzo volviste a ir a tu pueblo y yo volví a probarme las
tangas, las que menos usabas. Me depilé un poco para que los pelos no salieran
para afuera. Si bien no me excitó tanto como la primera vez, me despertó un
nuevo deseo. Me probé un corpiño que hacía juego con la bombacha.
La sensación de tener esas prendas puestas, tus ropas
íntimas, me volvió a hacerme sentir en el cielo. Me pinté los labios, las uñas
de los pies… De allí a vestirme de arriba a bajo con tu ropa fueron unos pocos
minutos.
Estuve mil veces a punto de contártelo, te lo juro, pero no
pude.
Aprendí a caminar con tus sandalias negras, con ese taquito
tan fino y todo.
Lo más increíble me pasó ante tu último viaje, hace unas
semanas atrás. Yo me vestí el jueves, cuando volví de llevarte a la estación,
después de cenar, me puse un camisón tuyo y así dormí. Me levanté tan
enloquecido, que llamé a la oficina y les dije que estaba enfermo. Tenía todo el
día para estar vestida de mujer. Me puse tu jean acampanado, tus botas largas
una remera, mía y el sobretodo, Compre lo necesario para no tener que salir
hasta que vos llegaras para poder estar todo el tiempo vestido de mujer.
Así ordené la casa, cociné y fue allí que vi que un hombre en
la ventana del edificio de enfrente. Nuestras miradas se cruzaron, unos segundos
y luego volvió su mirada a la calle. Yo pensé que no pasaba nada y seguí mi
vida. Me sentía algo raro y no era por mi vestimenta, ni porque me sentía
observado, era algo incómodo, que no podía precisar. En eso, me levanto a buscar
un cigarrillo y cuando vuelvo a sentarme, veo en la ventana de enfrente al tipo
que me había estado mirando a la mañana. Me puse colorado y sentí un calor en
todo el cuerpo. Esta vez el tipo no bajó la mirada y yo quedé paralizado. Sentí
que me iba a desmayar. El vecino me sonrió y me cabeceó, como invitándome a
bailar. Yo lo seguí mirando, si atinar a nada. Él me vuelve a mirar, me regala
otra sonrisa y se aleja de la ventana. Me zambullí en el sillón a seguir mirando
la televisión, sin dejar de observar de reojo, la ventana de mi vecino.
Habría pasado media hora y mi trago ya estaba terminado,
cuando suena el timbre.
Bueno. El tipo se portó muy amable conmigo y se divirtió
conmigo. Pasó lo que tenía que pasar y se fue. Vos volviste y todo terminó. Pero
hace unos días, me esperó a que saliera solo y me pidió otra ronda de amor… Así
lo llamó él. Me negué, le dije que te amo a vos y que lo que pasó, pasó y punto.
Me pidió una despedida, una última vez y después de mucho insistir accedí.
Ayer cuando me fui, solo crucé la calle y me encontré con él.
Solo usé la tanga y el corpiño, lo demás está sin tocar.
Ella se quedó callada, mirándome. Ese silencio fue una daga
en mi pecho. No sabía como pedirle perdón, no sabía si dejaba que las lágrimas
que tenía en mis ojos, debía brotar o si debía bancármela como culpable que era.
- Quiero creer que se cuidaron…
- Si, por supuesto.
- No lo puedo creer.
- Yo tampoco. – otro silencio se produjo y yo creí que era
necesario romperlo de alguna forma. - Te amo y quiero que sepas que siempre te
amaré. Hagas lo que hagas. Digas lo que digas… Tendrás razón.
Sentí ganas de abrazarla, de compartir mi miedo y su
sorpresa. La abracé, pensando que ella me despreciaría, pero me dejó. La apreté,
como para que sienta cuanto la amo.
Me pidió que salga de casa, por algunas horas y que luego
vuelva, ya que debía pensar muy bien que es lo que haría.
Me vestí, rápidamente y salí de casa. Miré para un lado y
para el otro, sin saber hacia donde ir. Cruce la calle y toqué el timbre de
Antonio. Allí pasé las siguientes tres horas. La persiana seguía baja de la
noche anterior así que no pude, ni quise ver lo que pasaba en mi casa.
Al verme, Antonio no necesitó preguntarme nada, se portó muy
bien conmigo, me abrazó mucho, me escuchó y luego trató de tranquilizarme. Me
hizo pegar un baño, ya que yo estaba como él me había dejado el día anterior. Me
hizo poner la ropa que me había regalado, para ventilar la que me había llevado
puesta. Junto a él me sentía su dama, Sole y junto a Sheila era su hombre, su
esposo.
Si hubiera estado bien, lo hubiéramos hecho, pero ni él me lo
propuso, ni yo estaba de humor, pese a mi ropa.
Al pasar tres horas, junté fuerzas, me cambié, Antonio me dio
un beso y crucé la calle hasta llegar a casa.
Toqué el timbre para no entrar con mi llave, para que tuviera
la posibilidad de no dejarme entrar, si ella creyera necesario.
- Pasá. – Me dijo. – No sé como voy a racionar, No sé si
quiero que te vaya. Sentate y hablemos…
- No te pido nada, lo que vos creas que está bien, yo lo
haré. Si querés que nos separemos o si querés que sigamos juntos, yo lo acataré.
No voy a hacerte ningún problema.
- ¿Cómo hiciste algo así? ¿Cómo no pudiste valorar lo que
podías llegar a perder?
- No sé Sheila, todo se dio en una manera tan natural… y
además cuando vos estabas, solo quería estar con vos, quiero estar con vos.
- ¿Cogieron?
- Mi amor…
- Contestame lo que te pregunto: ¿Cogieron?
- Si
- ¿Fuiste pasivo o activo?
- No hablemos de esto… los detalles solo nos hieren.
- ¿Fuiste pasivo o activo?
- Fui pasivo.
- ¿Querés ser una mujer?
- No, quiero ser el de siempre… fue un desliz, algo
inesperado, quizás un deseo oculto. Pero te juro, que ya pasó.
- ¿No te gustó?
- No te voy a contestar.
- Te gustó.
- No pasa no ahí. Lo que te quiero decir es que ya pasó y que
quiero estar con vos, coger con vos, vivir con vos.
- No sé que va a pasar.
Seguimos con el tema un buen rato. La noche se acercaba y era
tiempo de decidir el próximo paso, ya que deberíamos acostarnos, ahora o en tres
horas pero era una cosa que tarde o temprano iba a pasar. Las posibilidades eran
tres: Que durmiéramos juntos, improbable. Que me eche y tenga que buscar un
lugar para dormir, muy posible. O que me vaya a dormir al sillón del living, a
esta altura la deseada por mí. Tuve suerte y me quedé en el sillón del living…
Caminaba por la casa, como si fuera invisible, no quería
hacer nada que pudiera molestarla… Ella ce encerró en nuestro cuarto y yo sentí,
por primera vez un alivio… Miré por la ventana y Antonio, había levantado la
persiana, pero no estaba allí mirando, es más parecía que había salido.
Me dormí como si me hubiera desmayado. El sol me despertó muy
temprano. Preparé un desayuno bien completo, como para complacerla y que me vaya
perdonando, Cuando sentí que iba al baño calenté el café y en una bandeja
acomodé todo y se lo llevé.
Me pareció que el gesto le había gustado. Una vez que terminó
el café… Puso una cara de pícara y con un tono irónico me dijo:
- ¿Vas a servirme como si vos fueras la sirvienta de la casa?
- Si eso es lo que te haría perdonarme. Si.
- No sé si eso haría que te perdone pero podría ayudar…
El comentario quedó flotando… luego levante el desayuno y
ella se quedó descansando en la cama, era domingo y lo solíamos hacer. Desde
lejos, me ordenó:
- Si vas a limpiar la casa ponte algo más cómodo, así no
arruinas tu ropa.
Me estaba diciendo que limpie la casa de forma sutil. No
tenía nada puesto que se pudiera arruinar, de hecho tenía puesto ropa que no se
arruina, pero no era cosa de contrariarla. Así que entré al cuarto para buscar
ropa más cómoda. Abrí, el placard y saqué un pantalón largo de deportes y una
camiseta de las que uso para dormir…
- No mi cielo. - me dijo con voz de enojada. - Abrí el tercer
cajón y ponte un short. El blanco puede ser. – y escuché su risita nerviosa.
- Pero este cajón es el tuyo.
- Quiero que trabajes cómoda. ¿Está mal?
Después de hacerme probar varias combinaciones me hizo vestir
con la ropa que había seleccionado para tener el encuentro con Antonio, hasta
sus sandalias de taco.
- Te queda muy bien.
Desde ese día, nada fue igual, yo dormía en el living, salvo
que ella quisiera tener sexo conmigo y después me volvía a mandar al sillón. Nos
separamos al año, sin escándalos, sin peleas, me fui sin nada.