Mi vida transcurría maravillosamente, todo me sonreía. Me
había casado con 21 años con mi novio de toda la vida y en los seis años que
llevábamos juntos todo había funcionado. Adrián era estupendo y yo estaba
enamorada de el como el primer día. Teníamos gustos similares y nos entendíamos
a las mi maravillas. No teníamos hijos y las posibilidades de tenerlos, según
los médicos eran remotas.
Nuestra vida sexual era, según me parecía a mi,
aceptablemente buena. Adrián era mi primer y único hombre. Estaba muy bien
dotado y yo disfrutaba haciendo el amor con el. Es cierto que no había tenido ni
un solo orgasmo, pero gozaba con sus penetraciones, me sentía satisfecha, aunque
debo reconocer que por las mañanas cuando el salía para trabajar, solía
masturbarme con cierta frecuencia.
Algo inesperado vino a romper mi idílica vida.
Una mañana, sonó el teléfono. Era mi hermano, hacía seis años
que no lo veía, justo desde el día de mi boda. El trabajaba en el extranjero y
su empresa, una multinacional, lo enviaba a España para un estudio de mercado o
algo parecido según le entendí.
Me alegré de que en vez de ir a un hotel hubiera decidido
venirse a mi casa.
Había cambiado mucho. A sus 34.años, era un hombre realmente
impresionante. Alto, fuerte y muy guapo, las mujeres debían rifárselo. Era el
galán perfecto.
El y Adrián hicieron buenas migas y aquel primer día
charlaron hasta tarde.
Empezó el primer día de su estancia en nuestra casa.
Adrián había salido hacía rato para el trabajo Yo estaba
preparando el desayuno y no pude contener un grito cuando unos brazos me
rodearon la cintura.
Que susto me has dado!. No te sentí llegar.
Hermanita, esto del matrimonio te ha venido estupendamente.
Estas de impresión.
Pero ….que haces?
Me había puesto sus manos sobre mis pechos y los manoseaba.
Tienes unas tetas de impresión y estos pezones …..riquísimos.
Era increíble! Me sobaba sin ningún recato y se apretaba
contra mis nalgas haciéndome sentir su paquete.
Estas loco!....suéltame!
Vamos Verónica!...no te enfades. No me imaginaba que
estuvieras tan buena, me he quedado impresionado al verte. Me has puesto
cachondo.
Oye!...Que soy tu hermana!
Lo empujé y el se sentó en una silla.
Mi hermana? …Eres una tía que está buenísima.
Tu…..tu ….te has vuelto loco.
Oye Vero, te acuerdas de las pajas que me hacías?
Sentí un enorme calor cuando le oí decir aquello, la cara me
ardía, hacía muchos años que había ocurrido y yo había tratado de olvidarlo.
Solo tenía 10 años, no sabía lo que hacía.
Si que lo sabías y bien que te gustaba tocarme la polla.
Eres……eres …un cabrón y un hijo de puta. Quiero que te vayas
de esta casa,
Vamos …..vamos! y que le vas a decir a Adrián?, que me has
echado porque te he metido mano? Ni te va a creer, ni tu se lo vas a decir.
Hagamos las paces.
Le puse el café y las tostadas delante.
No te enfades mujer!
Me sonrió y me rodeo la cintura con un brazo.
No te gusta que te digan que estas muy buena?.
No me dio tiempo a contestarle, su mano se metió dentro de mi
bata y apretó mi coño.
Di un grito de sorpresa apretando los muslos.
Suéltame!.....que haces?
Vero estás jugosa y caliente, tienes las bragas mojadas.
No podía mover la mano, pero me apretaba y yo me di cuenta
que estaba mojada y excitada. Aquella situación me superaba.
Suéltame – gemí
Abre las piernas
No…..no!.....no voy a abrirlas. Déjame!
A pesar de que apretaba los muslos con fuerza, no podía
evitar que su mano se moviese, los labios de mi coño se abrían con el roce y
además de la furia interior que sentía, empecé a sentir un calor intenso, me
costaba respirar y me costaba mantener los muslos apretados. Cedí un poco ya no
podía seguir manteniendo aquella presión sobre su mano.
Vale cabrón. Tócame pero no vas a conseguir nada con eso.
Sentí ganas de llorar y no sabía bien si era porque me estaba
forzando o porque mi coño ardía y fabricaba jugos sin cesar y los pezones me
dolían de lo duros que se habían puesto.
Sus dedos hurgaban en mis bragas y no tarde en notar que uno
se colaba en mi vagina y luego otro, los movió dentro de mi despacio. Gemí,
estaba sintiendo que la excitación podía conmigo. Me gustaba sentir aquellos
dedos entraban y salían de mi vagina, como los movía dentro haciendo círculos.
Sin sacarlos, su dedo pulgar me acariciaba mas arriba buscando…..
Ay……ay!
Gemí, había encontrado mi clítoris y lo acariciaba, las
piernas me temblaban. Le apreté los dedos.
Ah!..sabes hacer esas cosas, te está gustando?
Hijo de puta!....hijo de puta!... no pares ahora,
sigue…..sigue.
Me sujetó fuerte por la cintura, porque mis piernas se
doblaban. ¡Me estaba corriendo!
Me empujó sobre le mesa con el pecho apoyado sobre ella, me
bajo la braga. Oí el ruido de la cremallera de sus pantalones al bajar, contuve
la respiración hasta sentir su polla entre mis nalgas.
Por favor!...por atrás no.
Su polla se movió hasta encontrar la puerta de mi vagina,
entro un poquito y luego de repente empujo hasta el fondo haciéndome gritar de
dolor. Se mantuvo así, quieto un momento y luego empezó a moverse despacio casi
sin sacarla y poco a poco aumento el ritmo, ahora salía y entraba casi entera.
Así!.......así!
Empecé a correrme, Cerré los puños y golpee la mesa.
Ya!........Ya!-----yaaaa!
Me quedé sin aliento.!Mi primer orgasmo con una polla dentro
Aún veía lucecitas de colores, cuando el me dio la vuelta, apoyo sus manos en
mis hombros obligándome a ponerme de rodillas delante del. Su polla quedo a la
altura de mis ojos.
Oh madre mía! Nunca había hecho aquello, pero sabía lo que
quería mi hermano, tenía la polla apuntando a mi boca, estaba brillante,
pringosa de mis jugos. Iba a probar el sabor de mi coño.
Apreté el capullo hinchado con mis labios y lo lamí con la
lengua. Me cogió la cabeza y la movió de adelante a atrás, la polla entraba y
salía de mi boca. Me libré de sus manos porque me ahogaba y se la chupé a mis
anchas, disfrutando de la suavidad de su capullo ,moví la lengua en círculos
sobre el, lo chupé, lo lamí, hasta que el me apartó y empezó a meneársela. Lo
miraba extasiada y empecé a tocarme.
Ah!.......ah!......ah!
Se acercó a mi y un chorro de leche salto a mi cara, a mi
cuello, a mi pecho y yo me encogí porque me estaba corriendo otra vez.
Chúpala
Y volví a chuparla, lamiendo las últimas gotas de leche.
Me voy a duchar- me dijo y yo me quedé de rodillas oyendo el
ruido de la ducha. Casi no tuve fuerzas para levantarme. Aún sentía mi coño
palpitar.
Me dirigí al baño. Pero aquí empieza otra historía.