Paulina
Parte 9
Dejemos descansar a tan exhausta familia y entremos en la
habitación de Paulina y de Eva, como hemos vistos el capitulo anterior, las dos
hermanas se desnudaron y se acostaron una en brazos de la otra, los cuerpos,
sudorosos y excitados, se pegaron de tal forma que sus respectivos senos se
apretaron entre si, sintiendo Paulina los pezones de Eva, duros y erguidos
apretarse contra sus pezones todavía en formación; con las piernas entrelazadas
los pelos abundantes y ensortijados de Eva se mezclaron con la suave pelusa
rubia que rodeaban apenas la vulva de Paulina, pero la humedad de sus conchas
eran tan abundantes la de una como la de la otra, saliendo en pequeñísimos hilos
y humedeciendo los vientres y genitales de las niñas.
El día había sido tan excitante para la niña, que casi tenía
la sensación que todo el dolor de las muertes de sus padres, se atenuaba con el
erotismo que todas esas persona, casi desconocidas desplegaban alrededor de ella
y de su casi hermana Eva.
Paulina se incorporo y miro el cuerpo desnudo de su hermana,
esta se coloco boca arriba, los hermosos ojos negros cerrados, la boca
entreabierta y la puntita rosada de su lengüita asomaba, apenas, por los rojos
labios; su respiración agitada, hacia que sus gordas y duras tetas subieran y
bajaran ostensiblemente, Paulina sabia que Eva estaba, despierta ya que con una
de sus manos se acariciaba lentamente la entreabierta y húmeda rajita.
Paulina enderezó todo su cuerpo y moviéndose lentamente se
coloco entre las piernas de Eva para poder ver mejor como Eva se acariciaba;
pudo ver perfectamente lo rosado de su interior, como su dedo se acariciaba,
moviéndolo en círculos, el clítoris; las manos de Paulina comenzaron a tocar las
piernas de Eva, subiendo por sus pantorrillas y llegando hasta los suaves
muslos, los noto tersos pero muy firmes; Eva, abriendo los ojos dejo de tocarse,
sus manos acariciaron la rubia cabeza de Paulina; esta bajándola, apoyo sus
labios en los muslos de su hermana dándole pequeños besos y lamiéndolos a
intervalos regulares.
Eva abrió sus piernas para permitirle seguir avanzando con
más comodidad, las manos de Paulina fueron hasta las caderas de su hermana y
subiendo la cabeza se acomodo arriba del punto de unión de las piernas de Eva;
Paulina contemplo con excitación y detenimiento la concha de su hermana; largos
y enrulados pelos negros semi ocultaban la pequeña raja, de labios finos y
cerrados, apenas se notaban los labios menores, Paulina con sus dedos
temblorosos fue entreabriendo dejando a la vista el interior, húmedo y rosado;
en la parte superior se entraba dentro de su capuchón el pequeño garbanzo de
pálido color, la lengua de Paulina hasta ahí llego comenzando a lamerlo, uno de
sus dedos; el medio para ser exactos, fue entrando en el interior de la raja de
su hermana, empapándolo de humedad y entrando fácilmente hasta la tercera
falange; mientras Paulina movía el dedo entrándolo y sacándolo, al mismo tiempo
hacia un pequeño movimiento rotatorio, su lengua no permanecía inmóvil, ya que
lamía el endurecido clítoris de Eva.
Largos y profundos gemidos se escapaban de la garganta de
Eva, mientras sus manos iban de apretar la cabeza de paulina hasta estrujarse
las gordas tetas deteniéndose en sus pezones pellizcándoselos.
Paulina apuró sus lamidas, también su dedo se movía mas
rápido, Eva noto que en pocos segundos mas seria presa de un profundo orgasmo,
por lo tanto detuvo la mano de su hermana y escurriéndose de debajo de Paulina,
le aconsejo que esperase.
Paulina, con el cuerpo brillante de sudor se dejo caer de
espalda en la cama, Eva dándole un largo beso en la boca primero y besándole los
apenas formados pezones (que hicieron estremecer a Paulina) después, se fue
acomodando sobre esta colocando las rodillas a cada lado de la cabeza de
Paulina, luego fue inclinado lentamente su cuerpo; Paulina sintió sobre su
vientre las tetas de su hermana y los erectos pezones; bajo la cabeza Eva,
sepultando la boca en la raja de Paulina y penetrándola con su lengua.
Al sentir la lengua de Eva en su mojadísima concha, Paulina,
como si fuera un rayo paso un recuerdo por su mente, algo que estaba en lo mas
profundo de su cerebro.
Se vio a si misma cuando tendría unos 9 o 10 años, bañándose
junto a su madre, por supuesto las dos completamente desnudas, riendo
alegremente mientras el agua corría por sus cuerpo, recordó el cuerpo de su
madre, era bellísima: alta delgada, de largas y muy bien formadas piernas,
cintura estrecha y duras y redondas tetas con pezones de color café claro.
Entre sus piernas un muy bien recortado triangulo de pelos de
color del trigo maduro, algo más oscuro que el rubio cabello que adornaba el
hermoso y alegre rostro, esconde apenas la raja.
Recordó como su madre la lavaba, sus manos casi ocultas por
la espuma del jabón, pasaba por todo su cuerpo deteniéndose en su pequeña
conchita y con el dedo tratándola de lavar en su interior, recordó que ella
abrió sus piernas para que la mano de su madre la tocara más profundamente.
Entonces en ese momento entro su padre, quien parándose al
lado de la bañera contemplo el espectáculo de sus dos amores desnudas y jugando
en el agua; recordó perfectamente a su madre tomarla de las caderas,
arrodillarse y poner su boca en la raja de ella, la lengua de Eva le hizo
recordar divinamente la lengua de su madre en su interior.
Esto la había sorprendido, pero el placer de sentirse lamida
en un lugar tan sensible, alejo cualquier preocupación que hubiese pasado por su
mente; como si estuviese viendo una película en cámara lenta, recordó ver a su
padre desnudarse, vio nuevamente, como años atrás, la dura verga de su amadísimo
padre, larga y dura; mientras el las observaba comenzar a masturbase lentamente.
La peluda concha de Eva se apoyo contra su boca llevándola a
la realidad, sus recuerdos terminaron abruptamente, de la misma forma que habían
empezado.
Las manos de Paulina se apoderaron con fuerza de las nalgas
de Eva, sus ojos contemplaron el arrugado esfínter de su hermana, excitándola
hasta límites casi insostenibles, la humedad de la concha de Eva mojaba sus
labios, comenzó a lamer y chupar con fuerza, casi con furia; sentía en sus manos
los estremecimientos del cuerpo de su hermana; esta, a su vez, lamía la casi
imberbe rajita de Paulina, también le metía sus dedos, tocando y palpándola de
tal forma que Paulina sabia que no aguantaría mucho mas hasta que el orgasmo la
dejara exhausta.
Los dos cuerpos empapados en sudor, brillaban por la luz de
la lámpara encendida, era realmente una pena que nadie pudiese ver ese
espectáculo de dos cuerpos juveniles, retorciéndose, lamiéndose, gimiendo y
estremeciéndose de placer.
Eva sintió los primeros espasmos de su orgasmo, acelero los
tocamientos en el sensible clítoris de su hermana, sin pode aguantar mas cerro
con fuerza sus piernas asfixiando casi a Paulina y se dejó ir, el cuerpo
convulsionó de tal forma que incluso la cama, tembló y con un grito de placer el
orgasmo la poseyó, dejándola temblorosa y rendida.
Casi al mismo tiempo, Paulina sintió desde lo mas profundo de
su cuerpo, como si miles de rayos la penetrasen, haciéndola vibrar, sintió los
pezones duros y erectos casi hasta el dolor, saco su cara de entre las piernas
apretadas de su hermana y solo se concentro en el tremendo placer que la
embargaba, su cuerpo se doblo hacia atrás y un grito se escapo de su garganta,
el orgasmo la envolvió, meciéndola y desapareciendo de a poco, hasta que quedo
laxa y casi sin sentido.
Y así, quedaron las dos niñas, una en sentidos contrarios de
la otra, totalmente desnudos, sus cuerpos, como si fuera un cuadro de un pintor
famoso mostrando a dos ninfas desnudas y dormidas.
A la mañana siguiente, unos golpes en la puerta las
despertaron, sorprendidas y adormiladas solo atinaron a cubrirse con la sabana,
justo cuando la puerta de su habitación se abrió y entró su primo Armando.
- Vamos, dormilonas – les dijo – Arriba, que el desayuno ya
esta listo y tienen visitas también, deseosas de verlas.
Y caminando por la habitación, corrió las cortinas, que
cubrían las ventanas, iluminando el cuarto, con la fuerte luz del sol.
Las niñas no habían advertido, que una de las tetas, de Eva,
se había escapado de la sabana que la cubría, quedando a la vista; al volverse
Armando, no pudo dejar de notarlo, sus ojos se abrieron extasiados al ver el
seno de Eva; a Paulina no se le escapo la mirada sorprendida de su primo y al
girar la cabeza pudo ver el motivo de la sorpresa de Armando.
Ya estaba aprendiendo de la fuerza que tenia en los hombres,
sin importar su edad, sus cuerpos desnudos, esto la intrigaba pero también la
excitaba mucho y decidió en ese instante usar esa fuerza en su propio beneficio
y tratar de pasarla lo mejor posible en esa casa que ya estaba considerando como
propia, por lo tanto saltando desnuda de la cama comenzó a vestirse; Eva la miro
sin comprender que se proponía su hermana, pero a una seña imperceptible de
ella, se despojo de la sabana que la cubría, a medias y también salto de la cama
totalmente desnuda buscando su ropa.
El enorme bulto que se le formo a Edmundo entre las piernas y
tensando la tela del pantalón no paso inadvertido para las niñas que riendo
terminaron de vestirse y salir a escape de la habitación rumbo a la mesa donde
la esperaban para desayunar.
Edmundo casi atontando por lo bello de esos dos juveniles
cuerpos desnudos, salio de la habitación masajeándose la dura verga y
prometiéndose a si mismo que las dos chiquillas terminarían en la cama con el.
Paulina y Eva bajaron corriendo las escaleras, al llegar a la
sala donde estaba servido un sustancioso desayuno se quedaron mirando
sorprendida a las cuatros personas que además de sus tíos y su prima Ana se
encontraban aguardándolas.
Eran tres hombres y una mujer, a dos de los hombres las niñas
no los conocian, pero a los restantes, un hombre y una mujer, por supuesto que
si.
- ¡Carlos! – exclamaron a dúo las pequeñas - ¡Maria! – y
contentas corrieron a abrazarlos.
Carlos y Maria eran muy amigos de los padres de Paulina, a
pesar de que eran mucho mas jóvenes que ellos se había conocido en unos de los
viajes al caribe y se habían echo muy amigos, tanto así que en las reuniones que
ofrecían los Ordóñez nunca faltaba esta pareja.
Carlos era un hombre de unos 30 años, muy alto y de un físico
excelente, producto de ser un excelente deportista; de cabello muy negro al
igual que sus ojos, de aspecto muy agradable; Paulina lo adoraba ya que siempre
le traía grandes regalos y la hacia reír mucho con sus cuentos y chistes.
En ese instante Paulina recordó que en su cumpleaños numero
trece, solo unos meses atrás, Carlos y Maria le habían regalado un hermoso reloj
de oro, Paulina estaba tan agradecida que se mantuvo cerca de ellos toda la
noche, incluso hasta se había sentado en las rodillas de Carlos y había notado
un bulto, debajo de su culito, que en ese momento no sabia muy bien que era,
pero ahora con lo que había vivido en esas pocas horas en la casa, comprendió de
los que se trataba, recordó también que Carlos le había acariciado mucho las
piernas y que al moverse ella sobre sus rodillas el bulto cada vez se hacia mas
grande y mas duro y a ella a pesar de que no sabia de que se trataba eso le
había encantado y excitado.
Maria, su esposa, era una mujer que en este momento se
encontraba embarazada de unos 6 meses, muy rubia, de grandes ojos celestes, con
un cuerpo, que a pesar de su embarazo era envidiable, ya que tenia largas
piernas muy torneadas, senos altos y redondos, que ahora se notaban grandes y
pesados, de labios gruesos y sensuales, redondas cadera; en definitiva una mujer
bellísima.
Los otros dos hombres Paulina ni tampoco Eva los conocían;
resultaron ser los abogados de sus tíos, uno y de Carlos el otro.
Se sentaron todos a desayunar y a pesar de la amable charla
de temas superficiales, Paulina advirtió lo tenso del clima, miro a su tía y
pudo ver en sus ojos la furia que sentía cada vez que miraba a Carlos o a Maria;
no entendió esto ya que este matrimonio la adoraban a ella y a su hermana y
pensó que estaban acá solo para saludarla.
Al terminar el desayuno, su tía se levanto, los miro a todos
y dirigiéndose a Paulina dijo:
- Paulina, Carlos ha venido a llevarte a su casa por que
piensa que allí estarán mas cómodas y contentas, por supuesto la decisión de
irte o quedarte es totalmente tuya -
Dicho esto en forma agria y cortante se sentó nuevamente.
continuara