Aventura en el tren. II.
Por Mig
El traqueteo del tren es como una mecedora suave. La tarde ha
ido declinando y las luces del vagón se han encendido despidiendo una claridad
opaca, tenue. Rober tiene la mano sobre el pecho de Mejmet, siente su calor y la
suavidad de su vello obscuro y dorado. Nada piensa ahora. Sólo deja que su piel
se llene de sensaciones. Toma entre sus dedos las tetillas rugosas, pequeñas,
obscuras, rodeadas de un halo de vellos que las destacan. Al pasar su mano se
erizan. Posa sus labios en la izquierda y la lame con deleite, chupándola,
pasando su lengua. La mordisquea, mientras las manos de Mejmet le acarician la
espalda con suavidad. Después pasa a la otra. Le encanta sentir la dulzura y
suavidad del vello que se eriza.
Cada pequeño movimiento del vagón los aleja un poco y los
vuelve a acercar, produciendo una excitación en el muchacho que siente su sexo
inflamado de placer.
EL turco está medio dormido o así se lo parece. Sus manos se
han quedado sobre el culo de Rober haciendo un movimiento circular imperceptible
sobre cada una de sus nalgas, revisando el suave vello del muchacho. Cuando
Mejmet se acercó a él poco pensaba que llegaría a esta situación. Ahora, a su
vez, recuerda sus primeras experiencias cuando se inició en la escuela con el
maestro, que le enseñó las primeras artes del sexo. Desde entonces, su vida ha
transcurrido en la intensidad de sus primeros encuentros con chicos, hasta que
abandonó para tener su primera novia. Y sin embargo… Ahora ella le había dejado,
cansada de su indiferencia. Mejmet se había decidido a hacer este viaje por
Europa. Berlín y ahora Paris…Y este encuentro con el muchacho, su entrega más
allá de lo que esperaba. Su corazón late rápido al sentir la piel de Rober
pegada a la suya.
Pronto llegarán a Paris y tendrán que separarse. Siente un
escalofrío, como un mal pensamiento. Pero la boca de Rober en su pecho lo aleja.
Siente también la verga tiesa del chico pegada a él y el deseo le vuelve a
embargar. Su compañero se da cuenta de que quiere de nuevo y le mira a los ojos
con curiosidad. Le sonríe…
Mejmet le toma la boca y le mete la lengua dejando que la
saliva se mezcle. Sus labios son gruesos y toma la del chico dándole pequeños
mordiscos que hacen latir de deseo al otro.
Rober deja caer su mano y abarca el grueso falo del turco, la
piel sedosa, las venas hinchadas. Siente la humedad del glande. Quiere probar
algo nuevo pero tiene vergüenza. Se desliza hacia el vientre y lame el ombligo
redondo mientras acaricia el camino velludo que lleva al objeto de su deseo. EL
vientre fuerte y liso se contrae y una mano le acaricia la cabeza, dándole
ánimo. Pronto encuentra el profuso bosque de vello negro que rodea la verga
obscura y erguida, que acaricia con ambas manos. Le da un beso en la punta
brillante y tersa y toma las bolas gruesas y peludas con la mano izquierda
mientras la derecha acaricia su verga. Es la primera vez que ve tan de cerca un
miembro que no sea el suyo en erección. El turco le acaricia de nuevo el pelo y
lleva suavemente la boca del chico a su imán.
La toma dulcemente y se introduce todo el obscuro capullo
saboreando el líquido transparente que sale. El corazón parece que se le va a
salir del pecho. Mejmet le está tocando entre las nalgas y con el dedo le da
suave masaje en la entrada apretada y tersa. Rober intuye qué puede pasar, pero
no deja de hacer lo que quiere y saborea ahora buena parte del tronco con la
lengua. Mejmet también ha tomado sus decisiones y se voltea. Su lengua pasa por
alto la verga tiesa de Rober para ir al agujero que ansía y que se contrae
todavía. Mordisquea el blanco culete y se lanza sobre su entrada. Relájalo para
mi le dice. El chico suspira. No sabe muy bien como hacerlo, pero vuelve a
respirar y poco a poco siente como la lengua caliente se abre paso por dentro.
Es una sensación nueva y hace un esfuerzo tremendo para no venirse. No pienses
en ti sino en el otro le dijo su amigo, como remedio para no correrse. Se dedica
entonces a lamer la polla de Mejmet que ha alcanzado todo su esplendor. Parece
imposible que sea tan bella y tan orgullosa. Los músculos a un lado de las bolas
están hinchados. Y les pasa la lengua. Mejmet le pasa las manos por los huevos.
Los aprieta un poco y le da un linguetazo a su polla juvenil. Con los labios
retrae la piel del glande, provocando un espasmo de placer en su joven
compañero.
Ahora se pone encima de Rober y le besa, mientras su dedo se
introduce en su deseado ano con delicadeza. Se miran. El chico parece darle
permiso y mientras le acaricia el pecho el dedo se va hundiendo más profundo,
acariciando las suaves paredes y provoca un quejido de su dueño. La situación ya
no tiene más que una salida y Rober está decidido. Se deja llevar. Siente la
saliva caliente en la entrada y Mejmet le levanta las piernas, mientras se
coloca en cuclillas dejando el falo a la entrada. Su pecho amplio y los
pectorales de donde destacan sus tetillas pequeñas, obscuras, erectas. Los ojos
ámbar le miran con afecto. Sus brazos resaltan los músculos fuertes y alargados
y sus poblados sobacos que dejan salir un aroma fuerte y varonil. Se relaja. Sus
nalgas se abren y siente la presión del duro falo que quiere entrar. Y entra.
Lanza un quejido. Las manos del turco lo toman de las caderas y la lengua se
encuentra con la suya. Respira. Se detiene un poco y avanza. El chico busca las
fuertes nalgas del turco y se agarra a ellas. Es la señal. La verga de Mejmet
sigue entrando y pronto sigue el roce de sus bolas peludas en el culo. Se siente
en su poder. Todo su cuerpo es una caricia ahora aún cuando la presión sea casi
insoportable. Su mente pronuncia sin palabras algo nuevo e imposible. Te quiero.
Te quiero. Mejmet le toma la polla y la acaricia con ternura hasta conseguir que
se levante. Siente una especial atracción por ese glande que se cubre con al
piel blanca, él, que casi no tiene. LO fricciona con suavidad hasta que salen
unas gotas de líquido blanquecino que toma en su boca. Empieza el vaivén y su
moreno culo empieza amoverse con pasión hacia atrás, hacia delante, hacia atrás,
hacia delante. Rober le mira suplicante ante la sensación intrusa, pero lleno de
deseo. El pene del turco está hasta el fondo y palpita dentro. El chico está a
punto de explotar y ya no aguanta y lanza su carga blanca en potentes chorros
sobre su amante que lo agarra y lo sienta sobre su falo mientras a su vez le
descarga dentro toda su semilla entre suspiros.
. La luz del tren ilumina los dos cuerpos tan distintos, uno
delgado y claro, el otro fuerte y moreno. Ambos brillan de sudor. Se acarician,
se abrazan, se susurran palabras al oído…
Una voz en francés anuncia la próxima llegada a París….