EL PADRE DE MI MEJOR AMIGO (2)
Ese día siguió con algo de nerviosismo para mí, pero era
lógico, así que me dediqué a tratar de calmarme y ver como se iban a desarrollar
los hechos, porque me quedaría dos días más con ellos y estaba dispuesto a salir
de ella con la experiencia fascinante de haber conocido a Fernando como amante o
a Alan, en otra faceta que no fuera la de mi mejor amigo o hermano. Sin más,
cuando a media tarde estábamos grabando música con Alan, el se dio vuelta y
mirándome fijo me dijo:
-Ahora que lo sabes, que piensas hacer?"-. La pregunta me
sorprendió, pero solo porque estaba fuera de contexto, no porque no la esperara.
-Nada Alan, Qué quieres qué haga? Solo decirte que estoy
dispuesto a charlar contigo si quieres, a escucharte si eso necesitas, nada
más-.
Me dijo que hace tiempo que debería habérmelo contado, pero
que no se animaba, que esto venía sucediendo desde hacía mucho, que al principio
el no podía manejarlo, que sentía culpa y vergüenza, pero que aprendió a
disfrutarlo, aprendió a gozar de todo aquello, que su padre le enseñó todo lo
que el sabía y que hoy por hoy, era el quien lo buscaba en más de una ocasión.
Alan me comentó que de ninguna manera esa relación que tenía le impediría tener
pareja el día de mañana, pero que por ahora, al igual que yo, no creía que eso
pudiera suceder. Así mismo quiso saber que me había sucedido a mí, cuando
descubrí el secreto de ambos. Le respondí que al principio quise irme, quería
salir corriendo de allí sin volver a verlos jamás, pero que después no pude
resistir la tentación de quedarme y ver. Dada la gran confianza que nos unía, la
conversación no fue para nada tirante y en más de una ocasión nos reímos a
medida que Alan iba compartiendo conmigo detalles de lo que hacía con su padre y
yo le dejé entrever que Fernando me había dejado bien caliente, que me encantó
verlo como alguien más que como su padre y hasta llegué a decirle, en tono de
broma, que un día me lo "Prestaras" para poder pasar un buen rato con él.
Otra noche más llegó a la casa de mi amigo cenamos los tres
juntos, vimos un video y Alan y yo nos fuimos a dormir mientras que Fernando se
arreglaba para salir.
Llevaríamos más de una hora dormidos cuando comenzó a sonar
el teléfono y como Alan no daba muestras de atender y no había extensión de
línea hacia los cuartos de los empleados, no tuve más remedio que bajar
semidormido a atenderlo. Era un llamado de larga distancia para Fernando, pero
tuve que decirles que no estaba, tomé el mensaje y dormido como estaba, anoté
los datos de quienes llamaban en una agenda que había al lado del aparato.
Me disponía a subir al cuarto cuando se abrió la puerta de la
calle y entró Fernando, se notaba que recién llegaba de su salida nocturna. Me
saludó normalmente y me preguntó que hacía levantado a esa hora así que
aproveché para darle la notita que le había escrito con los datos del llamado.
Luego de leerlo, sus ojos se deslizaron hacia mí, sus pupilas se clavaron en las
mías y comenzaron a bajar lentamente por mi cuerpo, con una fuerza tal que me
daba la sensación de que mi pijama se había vuelto transparente. Me quedé allí
parado como congelado hasta que una de sus manos se acercó a mí y con un dedo
comenzó a recorrer el borde de mi pijama de arriba hacia abajo, dejando que a
veces se deslizara hasta más allá de la línea de los botones. Mi reacción no se
hizo esperar, mi pene comenzó a endurecerse bajo el pijama y mi respiración se
agitaba minuto a minuto.
-Así que anoche nos viste?- Me decía Fernando susurrándome en
el oído, con voz ronca, sin dejar de acariciarme por sobre la ropa.
-Sí- logré responder solo con un hilo de voz.
-Y te excito, verdad?.
-Sí-, mucho.-
-Y quieres saber que se siente?- Preguntaba mientras seguía
torturándome con sus manos sobre mi cuerpo que no dejaba de responder a sus
caricias.
-Sí, me encantaría.-
-Alan no te contó lo que se siente?- Seguía preguntándome sin
dejar de acariciarme.
-Algo, pero quiero más, quiero saberlo por mí mismo.
Las manos de Fernando estaban haciendo estragos en mi cuerpo,
sus dedos ya habían desabrochado dos botones de mi pijama y habían llegado a la
curva de mis nalgas sin problemas. Seguíamos parados al borde de la escalera, yo
suspirando bajo sus manos y él explorándome sin tapujos. Mientras una de sus
manos iba de un lado a otro, la otra comenzó a abrirse camino desde mi espalda
hacia mi culo, siempre por sobre la tela del pijama. Me di cuenta como había
comenzado a abrir las piernas para que él pudiera llegar a donde quisiera sin
obstáculos, facilitándole el camino para que llegue donde quería tenerlo.
-Vámonos de acá, vamos a mi cama.-
Así fue como de la mano me llevó hasta su cuarto y al pie de
su cama, comenzó a besarme el cuello, muy lentamente dejaba deslizar su lengua
por él, se metía en mis orejas, sus dientes mordisqueaban mis lóbulos y sus
manos acercaban mis caderas a las suyas para que pudiera ir sintiendo su
excitación, su dureza entre las piernas, su pene que estaba comenzando a
calentarse lentamente igual que el mío.
-Que bello eres!! Me encanta tu piel!!.-
-Muérdeme- me escuché decir sin poder creer que esa fuera mi
voz.
Fernando no perdió tiempo y me sacó la parte de arriba de mi
pijama mientras el también se retiraba su saco y camisa para poder tener el
primer contacto con su piel. Su boca comenzó a deslizarse sobre mi cuerpo, su
lengua subía y bajaba por mi cuello, yo estaba muy excitado, y pude sentir como
sus dientes afilados mordían mi cuello. Yo no podía creer que tanto placer fuera
posible, pero aun me faltaba tanto más!!
A medida que la boca de Fernando trabajaba sobre mis partes
descubiertas yo sentía que mis entrañas se hacían líquidas, que me convertía en
fuego por dentro y seguía queriendo más y más.
-Eres más rico que mí hijito!! Quiero olerte todo tu cuerpo..
Me dejas??.-
-Si- pude responder con voz muy baja, estaba quedándome sin
aliento.
Lentamente me recostó sobre el borde de la cama y me fue
quitando los pantalones del pijama, notando que estaba empalmado.
-Estás muy arrecho!! Hummmmmmm, me gusta tu olor!!! Veamos
que tienes aquí...-
-Sigue, sigue por favor!!!.-
-Tienes una pieza preciosa, mi putito!!! Como me gusta!! Solo
con unos leves bellitos!! Veamos cuan suave y tierna es, me dejas???-
-Pruébala, es pequeña y tiernita!!!.-
No tardó en colocar su boca allí y pude sentir como su
aliento rozaba mi pene, como su nariz absorbía ese olor característico que yo
emanaba en la punta cuando me excitaba, su lengua se deslizaba por mis muslos,
lamiendo mi carne caliente.
-Que rico es cogerte, no sabes como te deseaba!!! Me estas
poniendo a mil, amor!!!.-
-Sigue, sigue- le pedía muerto de calentura.
-Te voy a enseñar igual que le enseñé a Alan, quieres?-
-Si, enséñame todo!!!!.-
-Ahora quiero comerte todo ese miembrito tiernito y virgen...
Quédate quieto mi amor.-
Su lengua comenzó a transportarme, sentía como me chupaba mi
pene, se lo metía hasta su garganta y lo sacaba, ¡Cómo chupaba por Dios!. Su
boca me estaba matando, sentía como combinaba sus dientes con su lengua. De
pronto algo me detuvo en mi excitación, Fernando metió un dedo en mi agujero, un
leve dolor hizo que me detenga pero él empezó a moverlo en círculo mientras lo
dejaba apoyado en las paredes de mi ano y lo sacaba arrastrando.
-Me calienta tanto saber que nadie te ha tocado amor!!!-
decía, al mismo tiempo que con su dedo trazaba círculos alrededor del agujero de
mi culito.
Mi excitación pudo más que el dolor
-No pares!!!- era lo único que podía pedirle.
Su lengua ahora recorría los dos caminos, de mi pene a mi
culito y a la inversa, iba y venía, iba y venía y yo sentía que me estaba
dejando estelas de fuego a su paso.
-Ahora te toca a ti, mi puto! Ahora te toca a ti darme algo a
mí!- me dijo con voz ronca.
Me sentó en el borde de la cama, se desprendió su pantalón y
con mis manos lo fue bajando hasta que saltó ante mis ojos su imponente pene,
ese que la noche anterior me había dejado loco de excitación.
-Tómalo delicadamente entre las manos y llévatelo a la boca,
amorcito... Pruébalo, deja que tu lengua lo recorra, como si fuera un helado, el
más rico que hayas tomado.-
Recordando lo hecho por Alan la noche anterior, lo tomé entre
mis manos y mi lengua comenzó a recorrerlo de arriba hacia abajo, en ese camino
sentía como crecía bajo mi lengua, como palpitaba y veía la cara de Fernando,
como entrecerraba sus ojos para disfrutar de aquello.
-La puntita, mi amor, chúpame la puntita!-.
Con mis labios encerré esa puntita y me fascinó lo calientita
que estaba, como vibraba, parecía que tenía vida propia: lo dejé apoyado en
forma vertical sobre su propio vientre y empecé a lamer desde los huevos hasta
su punta, le lamía el pene y bajaba nuevamente hacia sus huevos, sentía como si
eso lo hubiese hecho toda la vida y me encantaba. De pronto sentí que no
necesitaba las indicaciones de Fernando y comencé a actuar solo, abrí mi boca
engulléndome uno de sus huevos, lo dejé dentro de mi boca, dejé que mi lengua lo
lamiera allí dentro y lo solté despacio, dejando que mis labios se arrastraran
sobre el al salir para después hacer lo mismo con el otro. Los gemidos de
Fernando me alentaban a seguir y sus manos ahora empujaban mi cabeza hacia su
trozo de carne, metiéndolo y sacándolo en un inequívoco gesto de cogerme por la
boca, cosa que a mí me puso como loco.
-Eres fantástico, mi virgencito!!- repetía entre gemidos.
Y seguía masturbándolo con mis manos y mi boca, seguía
dándole el placer que me había pedido, pero yo lo quería dentro de mí, así que
antes de su leche saliera (como había salido la noche anterior en la boca de
Alan) lo alejé de mis labios y lo bajé a la altura de mis nalgas, diciéndole:
-Ahora me vas a coger como cogiste anoche a tu hijo!!!.
-Ahora vas a saber lo que es el placer!!!.-
Con sumo cuidado Fernando acercó la punta de su pene a mi
culito ardiente y comenzó a empujar. Él dolor era insostenible, de pronto, el se
detuvo, sacó de un cajón una crema lubricante y me lo esparció por todo mi culo
para que doliera menos.
-Qué estrechito estás, mi putito!!! Hummm, ábrete más amor,
dame lugarcito!!.-
Y poco a poco fue introduciéndolo hasta que me la metió por
completo, dejándome sin aliento, pero con fuerzas suficientes como para empezar
a moverme a su ritmo.
-Ahora sí!!! A gozar mi ex virgencito!!! Muévete amor,
goza!!!.-
-Que grande que es!!! Dámelo todo Fernando!! más!!!!'.-
Sentía como sus caderas golpeaban las mías aunque el dolor
era terrible, pero estaba feliz porque ese pene me estaba partiendo por dentro y
la fricción de cada salida y entrada me estaba empezando a dar placer.
-Más adentro por favor!!! Métemelo más por favor!!.-
Fernando, accediendo a mis pedidos, tomó mis piernas y las
subió a su cuello, dejando mi culo expuesto a su duro miembro y seguía
empujando, seguía envistiendo mi interior y mis manos se asían a las sábanas
ante cada empujón.
-Me estas partiendo, Fernando!! me encanta!!
Ahghhhggggggggg!!!.-
Así como estábamos, con su pene dentro de mí, me tomó de los
hombros y me levantó de la cama, me pegó a su pecho, giró en redondo, se acostó
y me dejó sentado sobre su polla, con sus manos sobre mis caderas subiéndome y
bajándome, sentado sobre su palo enorme, cabalgándolo de lujuria.
-Hummm, encontré a mi putito privado!!! Eres el mejor amigo
de mi pequeño, el que más me gusta!! El virgencito más putito que existe!!! No
dejes de moverte!!!.-
Apoyé mis manos a los costados de su cuerpo, comencé a subir
y bajar mis caderas sobre las suyas, sentándome a fondo sobre su pene, bombeando
mis caderas contra las suyas y tragando con mi anito desgarrado ese pene
fabuloso que me acercaba lentamente a la gloria.
-Te gusta, amor? Así te gusta?.- le decía.
Francisco solo gemía y apretaba mis nalgas
descontroladamente. Cuando sentí que una oleada de calor más intensa me estaba
recorriendo me separé de él y alcance a colocar mi boca sobre su pene para poder
succionarlo una vez más antes del final.
-Quiero acabarte en la boca, mi putito virgen!-.
-Acá estoy, sácala, saca la misma leche de ayer!!- fue mi
ruego desesperado.
Entre lamida y lamida pude sentir como esa leche tibia subía
hacia la superficie y pude saborear la miel que Fernando le había dado ayer a
Alan, pude sentir esa espesura entre mis labios y escuchar el gemido extenso de
él, que se desparramó por toda la habitación.
-Ahhhh!!! Eres sensacional, mi virgencito lindo!!!-.
-Ya no más Fernando, ya no soy más tu virgencito, tú te
encargaste de que dejara de serlo.-
Después de lo que había visto entre Alan y su padre y lo que
había vivido yo solo con él, ya estaba fuera de mí, tenía la sensación de que se
habían terminado los límites y que mi adolescencia había dado paso a una etapa
en mi vida, donde solo quería conocer el placer de los adultos, el placer que se
experimenta a cualquier nivel sexual, sentía que no había fronteras para mi
deseo. Después de aquella increíble experiencia con el padre de Alan me di una
ducha y me acosté.
Al día siguiente me levanté pasadas las once de la mañana y
me quedé sentado en la cama viendo televisión, porque cuando una de las
empleadas de la casa me trajo el desayuno, me comentó que Alan se había ido de
shopping y "El señor" había salido temprano hacia su trabajo.
Aprovechando que estaba solo en la casa me dediqué a
rememorar los dos últimos días vividos y no cabía en mí del asombro, todo mi
mundo había cambiado y sentía que quería más y más. Ahora tocaba enfrentar a
Alan, comentarle lo que había pasado con su padre y me intrigaba saber si el ya
estaba al tanto o si sería una sorpresa lo que yo podía decirle.
Alan llegó después del mediodía y nos quedamos toda la tarde
tomando sol y nadando, sin que se mencionara nada de lo sucedido con su padre la
noche anterior. Ese era el último día que me quedaba en su casa así que por la
noche armé mi maleta y después de cenar partí hacia mi casa, asombrado porque no
se había tocado el tema entre el y yo.
Pasó una semana en que no nos vimos ni nos hablamos por
teléfono y comencé a pensar que Alan y su padre habían hablado del tema y que el
se había ofendido o enojado con lo sucedido y ese era el motivo de su silencio.
Después de esos días, Alan llamó a casa para invitarme a
pasar un fin de semana en su casa de playa y sin dudarlo, acepté.
No sé por que creí que vendría Fernando también, pero me
equivoqué una vez más. Nos encontramos en el aeropuerto el viernes por la tarde,
tomamos el vuelo de las seis y media y en una hora estábamos instalados en su
casa. Fuimos al supermercado a comprar comida para esos días, alquilamos dos
videos y nos sentamos a ver el atardecer en la terraza hasta que se hizo la hora
de la cena. Cenamos tranquilos, vimos uno de los dos videos y cuando estábamos
por acostarnos Alan me encaró sin rodeos.
-Qué tal la pasaste con mi papá?-
Inútil hubiera sido hacerme el tonto o negar lo sucedido así
que respondí francamente al decirle que había sido sensacional, que era lo que
estaba esperando desde que los había visto juntos, que su padre había sido el
primero que me había tocado y que no estaba arrepentido de nada. Si bien le
comenté todo esto en forma muy sincera, le pedí reciprocidad al comentarme que
pensaba de mi respuesta. Con un total desenfado me respondió que estaba seguro
de que así iba a ser, que no estaba celoso en lo mas mínimo, que le parecía algo
casi natural, que estaba encantado de que su padre me hubiera desvirgado y que
eso que había pasado era algo que nos iba a unir más aun porque de esa manera yo
podía acercarme más a su forma de ser y a sus sentimientos.
A medida que Alan hablaba, yo no podía dejar de mirarlo, de
admirarlo, de sentir que se estaba revelando frente a mí otra persona diferente,
que estaba hablando con una persona que me atraía mucho, estaba comenzando a
imaginarme a Alan como algo más, estaba comenzando a sentir que quería compartir
ese placer que me había despertado su padre con el, pero no podía dar un solo
paso en falso porque no sabía que era lo que le sucedía a el por dentro, no
sabía si compartía mis deseos así que decidí que era mejor dejar que el tiempo
corriera y decidiera por sí mismo.
Continuará….