Aprovechando su día de sabático, Justina y yo
pasamos una maratónica y romántica noche.
NOTA1: Para mantener la continuidad en la trama
y así disfrutar más del relato os recomiendo leer los relatos anteriores.
1.
Justina, ella dice que su nombre es Justina.
(Una viciosa mujer, un vicioso hombre. un
vicioso desenlace. ¿Hay acaso algo más que decir?)
2. Justina pierde su virginidad.
Versiones:
Uncut (Original) /
Re-Editada (Nueva, prosa reducida)
(Para comprender la perversión es necesario
conocer su origen. Temprano despertar de una virgen inocente. Justina es
desvirgada por su tío)
NOTA2: Para mayor ambientación se ha propuesto
una pista de música incidental en cierto momento del relato, que mejoraría la
experiencia del lector si acompañara la lectura con esta.
JUSTINA: LA LUJURIA HECHA MUJER
Luego de su confesión, Justina cerró los ojos y
se acopló a mi cuerpo. Los dos desnudos y acostados en la cama. No le mentía,
sentía un fuerte deseo de conocer todo su pasado. Saber de qué huía. Si ella me
lo hubiese permitido la hubiera protegido. Hubiese. Hubiera. Insignificantes
conjugaciones del verbo haber para decir "no lo hizo, no lo hice".
Por otro lado, la confesión me había puesto muy
cachondo. Mi verga estaba tiesa mientras sentía sus pechos perfectamente
redondos en los míos. Habíamos estado fornicando desde las 3pm y no sabía a que
hora debía irse ella, así que la sacudí levemente. Como el viento de Abril
sacude una cayena. Le pregunté cuándo se iba. Mal hecho. Ella protestó
preguntándome si quería que se fuera.
-No. Es solo que no quiero que te castiguen en
el convento.
-No me van a castigar. Hoy es día de sabático.
-¿Acaso no son los judíos los que toman
sabáticos?-Interrogué.
-A nosotras nos dan un día al mes para pasarlo
fuera del convento. Yo pienso pasar el mío junto a ti. Debo volver mañana a las
2pm.
Miré mi reloj y daba las 9pm. Lo que indicaba
que teníamos diecisiete horas para seguir con nuestros juegos.
-Te propongo una maratón de sexo por lo que nos
queda de la noche y la madrugada.- Le dije.
-Vale, pero con una condición. No se vale
repetir una posición.-Dijo con una mirada de diabla y una sonrisa angelical.
-Bueno, pero salimos a comer primero.-Propuse
conciente del hambre que me atacaba y debía estar atacándola en ese momento.
-Vale.-Finalizó ella.
Fuimos a comer hamburguesas en un puesto de
comidas rápidas en la esquina de la calle, y al salir del lugar tuve la idea de
pasar por la frutera por una ensalada de frutas. Mi mente maquinaba un encuentro
muy largo e íbamos a necesitar toda la energía posible. Le indiqué al tipo que
atendía que nos diera pedazos de patilla y melón. Ella pidió fresas y en un
recipiente extra, leche condensada.
De vuelta al hostal, Justina sirvió las frutas
en un bowl mientras yo encendía 30 velas que había comprado en la mañana y que
había situado muy convenientemente junto a la cama vestida con sábanas blancas.
(Música incidental: Deftones-Change)
Ella me besó suavemente mientras con una mano
acariciaba mi cuello y jugueteaba con mi cabello. Yo por mi parte puse mis manos
en su trasero y la halaba contra mí. Mi falo despertaba gradualmente mientras en
un beso delicado nos fundíamos. Conforme crecía mi excitación empecé a estrujar
su trasero. Ella tomó mi mano y me atrajo hacia la cama. Me empujó y trajo la
leche condensada. Tomó la hebilla de mi correa y la abrió mientras yo le mordía
la oreja suavemente. Yo sentado en la cama, ella arrodillada en el suelo.
Arrancó la correa de mi pantalón y la tiró al
suelo. Yo le quité la camisa y luego el brassier, dejando sus tetas al aire. Las
acaricié con mis dedos, redondeando sus aureolas y pellizcando delicadamente sus
pezones, que ya estaban duros. Ella abrió mi pantalón y lo deslizo hasta abajo.
Luego mi interior. Mi polla saltó a saludarla instantáneamente.
Tomó el recipiente con la leche condensada y la
derramó lentamente sobre mi verga. El contacto con ese líquido tibio me la puso
a palpitar a mil. Agarró con una mano la base de mi miembro mientras con la otra
continuaba derramando la crema, y la mirada viciosa se fijó en sus ojos. Cuando
estuvo completamente mojada mi pija, puso el vasito con la leche condensada en
el piso y lamió la cabeza de mi verga, que palpitaba y vibraba al unísono con su
respiración. Un cosquilleo me recorrió de la punta del pene hasta el lomo
occipital de mi cabeza.
Su lengua caliente y viscosa untaba mi picha con
leche condensada mientras yo fijaba mis manos tras su nuca. Me sentía en el
cielo.
Luego vi desaparecer media verga dentro de su
boca cálida y húmeda. Me excitaba mucho. Tanto que la halaba hacia mí con mi
mano en su nuca, mientras con la otra acariciaba su cabello. Chupó y jugueteó
con mi trola y luego de un rato se la sacó para preguntarme:
-¿Quieres ver como me la como toda?
-Si. Chúpamela toda.
-Bien. Pero quiero que me digas cochinadas.
Háblame sucio.-Contestó con tono autoritario.
Tras unos interminables minutos con mi verga
entera dentro de su boca, sintiendo la caricia de su campanilla y profiriéndole
insultos como "puta", "perra", "coya" entre otros, se la sacó nuevamente y me
pidió jadeando que me recostara en la cama pues quería montarse encima de mí.
Me acosté boca arriba obedeciéndola. Se levantó
la minifalda hasta la cintura y me dejó ver que no llevaba bragas puestas. De
hecho hacía mucho rato no la tenia puesta. Me montó tomando mi pinga en su mano.
La enfiló a la entrada de su coño, mojado y caliente, como pan en café con
leche, y se dejó caer suavemente encima mío. Su suprema estrechez me aprisionaba
dentro de ella. Dejó escapar un gemido, y volvió a subir, y luego a bajar
nuevamente, y así estuvo metiendo y sacándose mi verga y gimiendo hasta
terminar.
Acto seguido la levanté y la puse en la cama.
Nos pusimos de medio lado, yo tras ella y la penetré con gran facilidad pues su
concha estaba muy relajada y húmeda. Empujé una y otra vez mientras ella movía
sus caderas hacia mí y gritaba. En muy breve rato alcanzó su segundo orgasmo,
con espasmos circulares y aumentando su excitación. Y por ende la mía.
Me pidió que me sentara en la cama. La espalda
en la cabecera. Nuevamente obedecí. Se sentó encima de mi verga dándome la
espalda, montó sus pies en mis muslos y continuó subiendo y bajando en la
posición del cangrejo mientras yo ponía mis manos bajo ella para darle
estabilidad. En eso se detuvo y respiró muy hondo. Supe que su tercer orgasmo
estaba cerca, así que la subí y bajé hacia mí con mis brazos. No lo soportó por
mucho tiempo y tuvo un orgasmo explosivo, eyaculando un chorro de jugo vaginal,
que mojó toda la sábana bajo nosotros.
Nos detuvimos un momento para tomar aire, pues
tanto mis brazos como piernas me dolían. Ni que decir de mi pinga que se
estremecía anunciando la proximidad de mi eyaculación.
Me levanté y busqué el bowl con los trozos de
fruta. Tomé un pedazo de sandía con mis dedos y acaricié sus pezones con él.
Luego fui bajando por su barriga haciendo una parada en su ombligo para retomar
el camino hacia su vagina. Sobé su chocha con el pedazo de patilla mientras ella
jadeaba y me pedía mas verga. Yo olía su cabello. Su sudor. Ella huele a lo que
deben oler los ángeles.
Me dijo:
-Quiero tu leche condensada.
-Tendrás que ganártela. Cómete esta
patilla.-Dije acercando el trozo de sandía con el que había acariciado su coño a
su cara. Ella se lo comió de mi mano y chupó mis dedos.
Ya relajado mi pulso cardíaco, pero la verga
vuelta un madero, me monté encima de ella, levantando sus pantorrillas por
sobre mis hombros y su culo al aire. La penetración era completa, y me sentí del
todo dentro de ella. No hubo un centímetro de mi verga por fuera de su
feminidad. Su rostro tomó la expresión que esperaba. La acción correcta. La
reacción perfecta.
Salvajemente embutí mi pinga dentro y fuera, y
dentro de nuevo. Luchando la batalla mas encarnizada de todas. Los suyos contra
los míos. Mucho mas pronto de lo que creí, mi pecho palpitaba al unísono con mi
picha, Y sentí mis conductos transportar mi semen. Justina gritaba y gemía.
Lloraba y reía. Su tez iluminada mientras se quejaba “Dámela ya. No te
contengas.”.
En el fragor de la guerra, retrocedí mucho al
sacarla, y mi verga se salió de su cueva. Iba a meterla de nuevo cuando ella me
dijo:
-Pónmela por el culo, nene. Quiero sentirte
hasta el fondo, y luego más.
Se puso en posición de perrito (¿O perrita?) y
hundió su cara contra la almohada mientras yo escupía en su culo. Esparcí mi
saliva en los alrededores de su agujerillo usando mi verga como una brocha y
ella se quejó nuevamente:
-¡¡¡Métemela rápido mi amor, que estoy que me
culeo sola!!!
Le di lo que pidió, y la empalé primero con una
penetración leve y superficial. Lenta y delicada. Su culo aflojó su presión y
fue entonces que arremetí con todas mis fuerzas, hundiendo mi polla y pelvis en
ella. Suspiró profundamente, y se la saqué hasta la mitad, para volver a
hundirla toda, con mas potencia que la vez anterior. No existen medidas humanas
para medir la intensidad de dichos embates. O eso me hacía sentir ella cuando me
decía:
-Así mi toro. ¡¡¡Así!!! ¡¡¡Así!!! ¡¡Aahhh!!
Su recto se apretó contra mi pija y me sentí
tocado por Dios. Rápido y furioso me vine, llenando sus intestinos con mi resina
vital, cálida y espesa. Ya derrotado continué propinándole embates esporádicos
como las patadas de un ahogado con su último aliento. Ya vencido, caí a la cama
disfrutando de aquella corta y divina muerte. Ya totalmente satisfecho, y con mi
verga yaciendo semi-muerta, la besé y le pregunté:
-¿Por qué no me habías dicho que te gustaba por
el culo?
-Porque no me lo habías preguntado.-Contestó,
nuevamente con esa mirada de demonia y la sonrisa celestial.
-¿Desde cuando te gusta?-Pregunté.
-Debo confesarte que por muy traumática y
dolorosa que fue la primera vez, me quedó gustando.
-Tengo entendido que duele mucho al principio
pero luego cuando te relajas...-No me dejó terminar y me silenció con su dedo
índice en mi boca, puntualizando con su ceja izquierda arqueada:
-Pues quien te haya dicho eso nunca fue
sodomizada por el clero.
Pronto continuará en:
"JUSTINA: SODOMIZADA POR EL CLERO".
Ojalá disfruten tanto leyendo este relato como
yo he disfrutado crearlo y escribirlo. No olviden comentar y valorar.