LOS RONQUIDOS DE MI MUJER
Hola amigos de Todorrelatos.
Desde bien joven siempre he sentido atracción por los pies de
las mujeres (soy un fetichista de pies de grado alto)… y también por sus
ronquidos.
Sí. Ya sé que es muy extraño, pero es así. De jovencito me
excitaba sexualmente con los ronquidos de mi abuela y de mi madre. Me excitaba
tanto que debía esconderme en el último rincón de la casa para que no me viese
nadie con ‘la tienda de campaña’ montada mientras ellas dormían tranquilamente.
Es tan grande mi placer que siempre que salía con una chica
le proponía dormir con ella al menos un par de noches para comprobar cómo eran
sus ronquidos. Si no roncaban rompía inmediatamente con ellas. Si sus ronquidos
me provocaban fastidio o lástima o risa significaba que, indefectiblemente, era
el momento de abandonar la habitación y despedirme para siempre de ella sin
hacer mucha sangre. Al final di con Rebeca, mi actual esposa: una gran
roncadora. Sus ronquidos me provocan una ternura infinita.
Lejos de lo que pudiera parecer, los ronquidos de mi mujer no
me resultan desagradables ni cargantes. Me parece la música más maravillosa del
mundo. Rebeca es una chica ya con treinta y tantos, con algún kilo de más, de
una estatura elevada y gran fumadora
Esas largas tardes de verano cuando Rebeca se acuesta a
dormir la siesta después de comer y deja la puerta de la habitación entreabierta
y yo me acerco y me quedo pegado al lado hasta que suena las trompetas
celestiales.
Después me cuelo en la habitación sigilosamente y la
contemplo. Vestida con un ligero camisón que deja ver su ropa interior, las
manos sobre el pecho y las piernas estiradas y abiertas; de sus labios abiertos
escapa ese sonido nasal y vibrante que tanto me gusta.
La observo. Las delicadas plantas de sus pies me invitan a
que les haga los honores de ser lamidas. Me aguanto. Su pecho se hincha y
después cae. Los dedos de sus manos se mueven ligeramente en un movimiento
reflejo, mientras yo recorro con la vista las facciones relajadas de su cara.
Una vez más sale de su boca un suave ronquido y yo eyaculo de
una forma salvaje. Y siempre termina la cosa igual: la despierto de una forma
dulce y hacemos el amor. Ella tan contenta y yo más.
Por supuesto Rebeca no sabe nada de éste mi fetichismo
oculto, nunca me he atrevido a comunicárselo. Todo lo más a lo que he llegado ha
sido a decirle que sus ronquidos no me molestan (ella sabe que ronca) y que no
debe sentir pudor por ese pequeño ‘defecto’, pero el grado de placer sexual que
me provoca no se lo puede ni imaginar.
Desde aquí animo a cualquiera que tenga este mismo fetichismo
(no conozco a nadie) a que cuente sus experiencias y sensaciones. Será muy
entretenido.
Un abrazo.