Paulina
Parte 8
Juan, sin muchas ganas de separarse de su madre, asintió,
pero al ver que el miembro de su padre ya estaba en el portal de la rajita de
Juanita se entusiasmo y alegremente se acomodo en la cama a ayudarlos.
Esther, se coloco a un costado de su marido y Juan del lado
contrario, quedando Edmundo y Juanita en el medio; la niña, como ya hemos dicho,
sostenía toda la verga de su padre con las dos manitos y se la coloco en la
entrada de su mojada rajita, que se abrió como una flor para recibir el glande
de Edmundo.
Esther, tomo la durísima verga de su marido, sacándola de las
manos de su pequeña hija, y se la coloco en su boca, mojándola bien con saliva,
para lubricarla; una ves echo esto, colocó su dedo medio en la raja de su hija,
comenzando a abrir la vulva para dilatarla, para facilitarle la entrada y a su
vez para que se mojara aun mas; de mas está decir que tanto Edmundo como su hija
al sentir uno la boca de Esther en su verga y la otra el dedo en su concha, se
estremecieron de placer.
Juan se coloco detrás de su hermanita y comenzó a besarla en
su espalda, lamiendo su columna vertebral y bajando lentamente hasta la línea
que separaba en dos medias esferas las perfectas nalgas de Juanita; un
escalofrío recorrió el cuerpo de Juanita al sentir la lengua de su hermano
bajando por su culo y buscar la entrada de su ano; para facilitarle la tarea se
agacho un poco, tratando de levantar todo lo posible su culito, que en la
posición en que estaba, esto es, con las piernas a cada lado de su padre, dejo
fácilmente el agujero de su culo a la vista de Juan; este, rápidamente metió la
punta de su lengua en el agujerito que tan a gusto le ofrecía su hermanita.
Las oleadas de placer que recibía Juanita, tanto por el dedo
de su madre como por la lengua de su hermano, eran de una modo tal que creyó que
se desmayaría ahí mismo, sin embargo a una orden de su madre, Juan se retiro del
trasero de su hermana y alejándose unos metros se dispuso a ver el
desvirgamiento de Juanita, mientras lentamente se masajeaba la durísima verga,
masturbándose.
Enderezase, Juanita, para recibir en todo su largor la verga
de su padre en su virginal concha, que a estas alturas, ya preparada por el dedo
de Esther estaba entreabierta y resudando jugos, su madre tomo, nuevamente, la
verga de Edmundo, con una mano y con la otra entreabrió los labios vaginales de
su pequeña hija.
Edmundo, tirado en la cama solo dejaba que su esposa hiciese
el trabajo, solamente sus manos se habían colocado en la cintura de Juanita y de
tanto en tanto las subía apoderándose de sus pezoncitos a los que apretaba y
masajeaba a su gusto, poniéndolos duros y sobresalientes.
Una ves colocado el glande de Edmundo en la concha de su
hija, por las manos de Esther, esta se retiro a ver como sucedían las cosas,
dándole consejos a Juanita, para aliviar de alguna forma el dolor que
ciertamente sentiría, ya que la verga de su esposo era bastante gruesa, esto no
le importaba en absoluto a Juanita ya que lo único que ella deseaba era que de
una ves, le entrara toda esa maza de carne llenándola de leche.
La vulva de Juanita se abrió para recibir la verga de su
padre, sus labios rodeaban el glande y el clítoris se veía perfectamente,
apoyado sobre la gorda cabeza; tomó Edmundo firmemente a su hija de la cintura y
moviendo su pelvis hacia arriba logro meter toda la cabeza de su verga en la
rajita de Juanita, esta tomo a su padre de los brazos y se apretó hacia abajo
para facilitarle la penetración, de su concha salían pequeños hilos de color
blanquecino, tanta era su calentura que sus jugos mojaban la verga de su padre
haciéndola brillar.
Esther, a todo esto se coloco, detrás de su hijo, clavándole
sus enormes tetas en la espalda de este y tomando ella misma desde atrás la
verga de Juan, comenzó a masturbarlo mientras sus ojos no se movían del
espectáculo que su marido y su hija les ofrecerían, de mas esta decir que Juan
disfrutaba de estos acontecimiento y de la mano de su madre en su verga de tal
forma que todo su cuerpo se erizaba de placer.
Edmundo, coloco entonces todo su glande dentro de la raja de
su hija, lentamente empujo un poco mas mientras la sostenía de la cintura y una
pulgada, de su verga, se oculto dentro de la cerrada concha de Juanita, esta
comenzó a sentir el dolor producido por el grosor de la verga, sin embargo
apretó los dientes y se preparo para lo que siguiese, Edmundo, espero unos
momentos para que su hija se acostumbrara a sentir semejante garrote dentro de
ella, sintió su cuerpo empapado en sudor, el placer lo embargaba de tal forma,
que ni siquiera pensaba en que, a la que estaba penetrando era su propia hija,
solo sentía que la raja de Juanita se apretaba en su verga como si de un guante
estrecho de tratara, al cabo de unos segundos de espera, apretó nuevamente a
Juanita contra el y ahí sintió que la cabeza de su durísima verga chocaba contra
el himen de su hija, espero nuevamente, sus ojos de dirigieron a donde estaba su
esposa, esta comprendió al instante lo que sucedía, su esposo estaba a punto a
destrozar el virgo de Juanita, lo miro, y asintió con la cabeza, ella estaba
también obnubilada por el morbo, ya que sentía entre sus manos la dureza, el
grosor y las venas dilatadísimas de la verga de Juan.
Juan, por su parte no apartaba la vista del espectáculo que
su padre y hermana le ofrecían, la mano de su madre apretaba su miembro y lo
masturbaba lentamente, de ves en cuando sentía sobre la parte baja de sus nalgas
los pelos largos y enrulados que rodeaban y cubrían la concha de su madre.
Edmundo, espero unos largos segundos, hasta que Juanita se
acostumbro a su miembro casi a punto ya de terminar su cometido, levanto con
fuerza su pelvis, apretó firmemente a su hija por la cintura, atrayéndola hacia
si, y de un solo golpe, destrozo el himen entrando su miembro triunfalmente
dentro de su adorada Juanita.
Juanita, apretó sus dientes, sabia que el momento temido y
anhelado llego por fin, sentía su vulva dilatada por la gruesa verga de su
padre, sabia que las miradas de su hermano y de su madre estaba puesta en el
punto de contacto de su concha y del miembro de Edmundo, esto la éxito mucho mas
de lo que ya estaba, vio que la verga de su hermano estaba muy dura, su glande
de color morado, era terriblemente gordo, también advirtió que una gota de
liquido seminal, transparente y liquida, afloraba por el agujerito que estaba en
el centro de este, veía como la mano de su madre lo pajeaba lentamente, sentía
en el ambiente la tensión de todos esos cuerpos excitados y le alegro formar
parte de esto, también el olor a sexo que llenaba la habitación, la excitaba;
sintió las manos de su padre tomarla firmemente por la cintura; supo en ese
instante que había llegado el momento, así que ni bien consideró que su padre
elevaba la pelvis, ella con fuerza apretó su cuerpo hacia el; el dolor que
recorrió todo su cuerpo, la dejo sin aliento, parecía que la gruesa verga de su
padre la partía en dos, el sudor le caía por la cara y todo su cuerpo se tenso
para tratar de aguantar el terrible sufrimiento, sin embargo no pudo reprimir el
grito que salio de su garganta, resonando por toda la habitación y deteniendo la
mano de su madre que pajeaba lentamente a Juan, que con una mirada de dolor,
miraba como su marido le había metido su verga a su adorada hijita; la concha de
Juanita estaba apretada sobre los huevos de su padre, ya que toda su verga
estaba profundamente metida en ella, largos segundos espero Edmundo, hasta que
el dolor de su hija comenzó a declinar, sin moverse espero hasta que considero
que la vulva de Juanita se había acostumbrado al grueso invasor; una ves que se
convenció de esto, comenzó a moverse muy lentamente, su miembro salio unos
centímetros para luego volver a entrar, también su hija se movía tratando de
trasformar el dolor que aun sentía en el tan ansiado placer; Juanita sentía que
algo tibio salía por su vulva y descendía por la parte de atrás de la verga de
su padre, toco este liquido con sus dedos y se lo llevó a los ojos para ver de
que se trataba, comprobando que era sangre; su madre que esta viendo lo que
sucedía, le dijo con palabras muy dulces que no sintiera miedo, que eso era
totalmente natural y que en pocos minutos mas el dolor y el desasosiego que
ahora sentía se transformaría en un placer inimaginable.
Juan tomo a su madre de la mano y la coloco sobre la cama, en
sentido contrario a como estaba su padre, de esta forma Juan podía ver
perfectamente a Juanita cabalgando a Edmundo y Juanita ver como su hermano le
metía la verga a su madre, una ves acostada, Edith abrió sus piernas dejando
bien a la vista de su hijo su peluda raja brillante de jugos, Juan se acomodo
entre ella y dirigió su miembro a tan húmeda y tibia entrada.
Ni Juanita ni su padre perdían detalles de lo que sucedía, de
esta forma, la niña, fue olvidando el dolor que había sentido momentos antes y
poco a poco comenzó a sentir un placer sin limites producido por la verga de su
padre en su interior y las imágenes de su hermano a punto de penetrar a su
madre.
Edmundo empezó a moverse, su verga entraba y salía lentamente
de la vulva de su hija, esta comenzó a gemir, primero de forma imperceptible y
luego creciendo en intensidad, sentía, la pequeña, oleadas de placer, veía la
dura verga de su hermano ya en la entrada de la vulva de su madre, la mano de
Edith tomo la de su hija y la llevo a sus tetas, Juanita acaricio el pezón de su
madre sintiéndolo duro y erguido; Juan tomando a su madre por la cintura le
metió de un solo golpe toda su verga hasta que sus huevos chocaron contra el
culo de esta, los pelos largos y duros que rodeaban la vulva se mezclaron con
los de el, Edith entrecruzo las piernas por la cintura de Juan, atrayéndolo
hacia si y apretándolo contra ella, para sentir todo el largor del miembro
dentro suyo; Juan mirando con ojos brillantes de deseo y lujuria le dijo a su
hermana:
- Cabalga a papá hermanita, sácale hasta la ultima gota de
leche que yo la llenare a mama también hasta que mi leche le escurra de la
concha -.
Estas palabras excitaron de tal forma a la niña que a pesar
del ardor que aun sentía, comenzó ella misma a subir y bajar sintiendo como la
verga de su padre entraba y salía de ella.
Edmundo pensó que el placer lo mataría, Juanita lo montaba de
tal forma que se diría que era ya toda una experta, no solo subía y bajaba sin
sacarse totalmente la verga, si no que cada tanto se apretaba contra el y hacia
movimientos de atrás para adelante, de esta forma multiplicaba el placer a el y
por supuesto a ella, estiro su mano y con el dedo medio toco el clítoris de la
niña, lo noto duro por la excitación, con la yema del dedo comenzó a darle un
pequeño masaje circular, la pequeña gimió y echando la cabeza hacia atrás dio un
largo suspiro.
A todo esto, Juan con la verga enterrada hasta los huevos en
la vulva de su madre, la besaba en la boca, jugando con su lengua e
intercambiando saliva de tal forma que Edith temblaba de calentura, tanta era su
calentura, que ella misma con una de las manos se apretaba y restregaba sus
propios pezones, que estaba totalmente erectos.
Pasado el primer momento de placer exquisito, Juanita se
enderezo, coloco sus manos en los hombros de su padre y comenzó a cabalgarlo;
lentamente al principio y a medida que los segundos pasaban cada vez más rápido;
sentía como su cuerpo se preparaba para el primer orgasmo que sentiría con una
verga metida hasta lo mas profundo de su núbil cuerpo.
La verga de Edmundo, terriblemente hinchada, entraba y salía
empapada de jugos de la vulva de juanita, también pequeños hilos de sangre se le
depositaban en los huevos, sin embargo ninguno de los dos notaban esto, solo
estaban inmersos en su propio placer.
Edmundo estaba ya a punto de explotar dentro de su hija,
también Juan ya se venia en la concha de su madre que gemía y gritaba como
enloquecida.
Edith, entre gemidos le dijo a su hijo:
- Querido sácala y derrama la leche en mi cara, así Juanita
ve como te sale la leche y disfruta del espectáculo -
Obedeció Juan en el momento que se venia, se tomo la verga,
sacándola de la vulva y apunto hacia la cara de su madre.
Juanita sin dejar de cabalgar a su padre miraba con los ojos
agrandados por la calentura la gorda verga de su hermano, pudo ver perfectamente
como salía con gran fuerza las primeras gotas de leche, que fueron a dar en la
barbilla de su madre, las restante en los ojos y boca, mientras Edith, al sentir
el espeso y tibio semen en su cara comenzó a retorcerse y gemir, el orgasmo la
tomo con toda su fuerza, su cuerpo se convulsionó y sus gritos retumbo por toda
la habitación, empapada de sudor quedo laxa sobre la cama, toda la leche de Juan
quedo esparcida por su cara, este inclinándose comenzó a besarla y el mismo, con
su lengua fue limpiando su semen tragándolo con fruición.
Esto fue demasiado para Edmundo, quien sin poder aguantar
mas, comenzó a descargar dentro de su hija toda la leche acumulada en sus
huevos, era tanta que salía por los costados de su verga cuando este la saco
unos centímetros para volver a metérsela hasta los huevos y dejándola adentro le
echo todo el resto.
Al sentir que su padre se estaba viniendo, Juanita se apretó
contra el y gritando de placer se retorció al sentir las grandes oleadas que
anunciaba el tremendo orgasmo que la envolvía y la mecía como si del mar se
tratara, jamás había sentido algo de esa magnitud, parecía que estaba en el aire
y que miles de estrellas explotaban a su alrededor, se juro a si misma que jamás
se privaría de esas sensaciones; agotada se echo contra su padre y abrazándolo
le dio miles de gracias por haberla desvirgado.
Al agacharse la verga de Edmundo ya algo flácida salio de su
interior, al hacerlo grandes gotas de leche escurrió de la abierta concha de la
niña, junto con el semen algo de sangre se deposito sobre los genitales de
Edmundo.
Los cuatros integrantes de la familia, quedaron exhaustos en
la misma cama y sin moverse de donde estaban, desnudos y abrazados durmieron
hasta muy entrada la mañana del otro día.
Dejemos descansar a tan exhausta familia y entremos en la
habitación de Paulina y de Eva, como hemos vistos el capitulo anterior, las dos
hermanas se desnudaron y se acostaron una en brazos de la otra, los cuerpos,
sudorosos y excitados, se pegaron de tal forma que sus respectivos senos se
apretaron entre si, sintiendo Paulina los pezones de Eva, duros y erguidos
apretarse contra sus pezones todavía en formación; con las piernas entrelazadas
los pelos abundantes y ensortijados de Eva se mezclaron con la suave pelusa
rubia que rodeaban apenas la vulva de Paulina, pero la humedad de sus conchas
eran tan abundantes la de una como la de la otra, saliendo en pequeñísimos hilos
y humedeciéndose los vientres y genitales de las niñas
Continuara
Pido a mis amables lectores mil disculpas por la tardanza,
espero que las próximas entregas sean mas cercanas una a otras, solo les pido
que opinen sobre la historia y la evalúen, ya que este es el único premio que
tenemos, aparte claro del placer de escribir. Santi35