Cuartel del servicio militar obligatorio, año 1965, Isla de menorca, España.
03:13 a.m.
-¡que no llego que no llego! – decía un soldado que acababa de cambiar el turno
de garita, al alcanzar su objetivo, las letrinas del cuartel, por fin hizo de
vientre.
-aahhh.
El soldado se alarmó, ¿qué era esa voz tan débil?, no hizo caso y siguió
haciendo fuerza.
-si, así.
¡Esta vez si lo había oído!, encendió la linterna y al grito ¿quién vive? Empuñó
su cetme.
-¡ven aquí!
El soldado estaba temblando de miedo, esa voz le enloquecía, se fue de las
letrinas gritando.
Con el toque de diana los milicianos se levantaron, no les gustaba nada hacer el
servicio militar obligatorio, pero la otra opción era la prisión, una opción
nada atractiva.
El sargento Manuel, un hombre joven de una tradición militar y que estudiaba
para ser capitán, sabia sobre los rumores sobre el fantasma de la letrina, no
creía en esas cosas, pero sus hombres empezaban a disminuir la moral y hacían de
vientre en cualquier sitio menos en el que corresponde, las letrinas.
Después de la comida, Manuel fue a ver al comandante del cuartel, le pidió que
se hiciera una investigación, pero el comandante se la negó, da igual lo mucho
que se lo pidiera simplemente recibía un no.
Manuel no se rendiría, es más, la actitud del comandante era más que sospechosa.
En la noche, el sargento se paseó por los barracones, se encontró con el
imaginaria que vigilaba que todos durmiesen.
-¿qué me puedes decir del supuesto fantasma? Recluta – dijo Manuel con ese tono
que tanto caracterizaban a los altos mandos.
El imaginaria se negaba a hablar de eso, pero las amenazas de calabozo de Manuel
le hicieron reaccionar.
-s-siempre aparece cuando hacemos de vientre, son como unos lamentos, solamente
por la noche.
Era el momento de atrapar al "fantasma" fue a las letrinas, a medida que pasaba
podía ver la ventana de la habitación de Maria, la nieta del general, Maria era
una chica de 18 años de hermosas formas, pero al mismo tiempo casta de cuerpo y
pura de espíritu, muchos soldados se pajeaban imaginando a esa ángel convertida
en una diablesa en celo.
Al entrar en las letrinas, hizo de vientre, pero no oía nada, uso la linterna y
levantó las letrinas, pero solo vio un montón de excrementos que formaban como
un mar, hacia mucho tiempo que no se limpiaban, tuvo que irse para no ahogarse.
La mañana siguiente, Manuel les dijo a sus reclutas a gritos.
-¡putos cobardes de mierda! ¡Sois soldados del ejército de España! ¡Una grande y
libre! ¿Cómo cojones tenéis miedo de algo que no existe?, ¡aquel que no se vacié
en las letrinas le va a caer un paquete que se quedara más pálido que la muerte!
Esto último no lo oyeron los reclutas, porque miraban a Maria, metro sesenta y
cinco, hermosos senos medianos con forma de pera, una cintura de avispa con unas
caderas que parecían formar un corazón y piernas tan largas que parecían no
tener fin, lo que más destacaba de Maria era su cara de niña inocente y sus
largos cabellos recogidos en una trenza.
Manuel empezó a castigar la indisciplina de sus hombres haciéndoles dar veinte
vueltas a la pista americana.
Después de comer, Manuel vio que el párroco del cuartel estaba intentando
exorcizar las letrinas, todos los soldados animaban al orondo párroco, que
terminó los ritos, ¡ahora todos los soldados iban a las letrinas! El párroco no
podía evitar decir.
-otra vez, no.
Manuel lo detuvo e intentó interrogarle, el párroco intento esquivar la
conversación, pero no tuvo más remedio que acceder, a condición de que sea en el
confesionario.
Se dirigieron a la capilla, el cura se metió en el confesionario, el sargento le
preguntó.
-¿qué había sucedido antes?
-¿promete que no saldrá de esta habitación? – decía el párroco.
-si – respondió Manuel.
-he oído que hay un contrato secreto con una farmacéutica, que ponen "algo" en
la comida de los reclutas, experimentan con ellos, la última vez los reclutas se
pelearon entre si, creo que se devoraban mutuamente.
¡Un complot! ¿Quién esta involucrado? ¿el general?, tal vez sea un experimento
para hacer de los soldados, súper soldados, ¿pero si es una empresa extranjera
que le da dinero al comandante a cambio de cobayas, ¡traición!, tenia que
averiguar eso, si es por sobornos, detenerlo.
En las cocinas no había nada anormal, vigiló todo el proceso de preparación de
comidas desde la discreción, lo único anormal era que se colaban algunas
cucarachas en el rancho (cosa habitual), ningún medicamento, formula, nada.
Cuando salió de la cocina, se encontró con el comandante, le dijo que se
reuniese con el.
Una vez en el despacho, el comandante le dijo.
-escúcheme joven, usted tiene un gran futuro, se baraja la posibilidad de un
ascenso a capitán primero, en un sitio tranquilo, en Torremolinos, puede usted
llevarse a su familia, pero le pido que deje el tema del fantasma.
Manuel se levantó cabreado diciendo.
-me da igual quien sea usted, no permitiré que envenene a mis soldados mientras
usted cobra por usarlos como cobayas, descubriré la mierda con la que los
envenena y me aseguraré de que le fusilen.
-¿envenenar? ¿Cobrar? ¿De que me habla? – dijo el comandante sorprendido.
Eso hizo reaccionar a Manuel ¿no era eso?
-ah, si, pero créame, es por el bien de todos, se trata de un nuevo analgésico,
ya sabe, nuestro cuartel necesita recursos extraordinarios, ellos nos dan fondos
y nosotros les damos los voluntarios, así la población civil no recibiría
medicamentos peligrosos ¿no cree? – dijo el comandante.
Manuel no se creyó la respuesta, parecía inventada para escurrir el bulto, se
disculpó ante el general y se fue.
Esa noche no podía dormir, ese misterio le intrigaba, fue a las letrinas para
descargar.
Al llegar, se bajó los pantalones y empezó a empujar.
-siii dame.
Esa voz hizo reaccionar al sargento, arranco el madero y vio con la linterna una
forma humanoide, lejos de sentir miedo, se lanzó a por el, la lucha fue corta ya
que inmovilizó al desconocido en unos segundos.
-¡ay! ¡Suélteme! ¡Se lo suplico!
-identifíquese o le parto el cuello – gritó Manuel.
-M-Maria, me llamo Maria, por favor, no me mate.
Manuel soltó a la chica, estaba rebozada de mierda, la llevó a la ducha ¿qué
había pasado? ¿La violaron y después la lanzaron a las letrinas?, juró que
pagarían por eso.
Mientras ella se duchaba, se podía ver la suave e inmaculada piel que antes
estaba manchada por los excrementos.
-¿puedo preguntarle......? – pero la pregunta de Manuel fue interrumpida cuando
oyó las palabras de Maria.
-lo siento, debe pensar que soy un monstruo, pero me gustan los excrementos, su
tacto, su olor, su sabor, para mi las letrinas son un tesoro, el comandante
sabia de mi "costumbre" pero me guardó el secreto, si la gente se enterase.
En ese momento se giró, se podía ver su cuerpo con todo su esplendor, coronado
con esos ojos de aquel verde esmeralda que tanto hipnotizaban.
-¿verdad que soy bonita?, le suplico que no diga nada, le daré lo que quiera,
incluso mi virginidad.
La proposición de Maria era tentadora ¿tentadora? ¡Imposible de rechazar! ¿Quién
seria el maricón que diría no?, Manuel tenia una erección que envidiaría a un
semental equino, por su cabeza pasaban todos los sueños eróticos que tuvo con
ella de protagonista.
Tímidamente Manuel se acerco, acarició el inmaculado y limpio rostro de Maria,
aún olía mal, pero esa visión hacia olvidar el hedor.
Los dos amantes se besaron, su beso duró largo tiempo a pesar de que aún había
restos de mierda en la boca de Maria.
Las poderosas manos de Manuel acariciaron los senos de la joven, tersos, suaves,
que tiraban al traste las leyes de Newton sobre la gravedad, sus pezones estaban
erectos, estaba disfrutando de ese contacto.
La lengua de Manuel abandonó la boca de Maria para dirigirse a su cuello, Maria
reaccionaba con jadeos, su tacto era muy sensible y sus jadeos de placer
demostraban este hecho.
Manuel la puso cara a la pared y besó su espalda mientras acariciaba los pechos
de Maria, ella gozaba del masaje que le daba en sus pechos, Manuel siempre
soñaba con besar esa hermosa espalda, si fuese un sueño seguramente mataría el
de la corneta si tocase diana.
Maria se convulsionó, se tapó la boca para no gritar, su cueva del placer, aún
sin profanar, chorreaba líquidos de deseo, líquidos que recorrían sus largas y
sedosas piernas.
-¿te ha gustado? Preciosa – decía Manuel al oído de Maria.
-S-si, ¿puedo pedirte un favor? – dijo Maria.
-lo que quieras – respondió Manuel.
-penétrame por el culo, por favor – suplico Maria.
Manuel separó las nalgas de la pequeña sodomita y escupió en su pequeño agujero,
su cilindro del placer se acomodó en la entrada y empezó a forzar la
penetración.
-a- auch, no tan fuerte por favor – decía Maria que le salían lágrimas del
dolor.
Manuel contuvo su deseo y entró poco a poco dentro de ella, era tan suave, tan
estrecha, se movió despacio dentro de ella, pero poco a poco aumentaba el ritmo,
los senos de Maria se movían con la misma fuerza y ritmo que las envestidas,
Manuel se sentía en el paraíso, no quería que esto acabase nunca, pero notó como
sus soldados deseaban salir de invasión.
-¡espera! Échamelo en la cara – gritó Maria.
Ella se puso de rodillas mientras Manuel se masturbaba, varios disparos de semen
impactaron en el rostro de la joven, el viscoso fluido recorría su nariz,
mejillas, barbilla y caían en gotas a los pechos, Maria engullió el miembro de
Manuel para limpiarlo, el sabor del semen y de su propio culo penetrado hicieron
disfrutar a la joven.
Maria se abrió de piernas mientras le daba permiso a Manuel para desvirgarla,
pero Manuel se contuvo, se acerco al oído de Maria y le dijo las siguientes
palabras que la dejaron sin habla.
-aún no quiero desvirgarte, quiero esperar a nuestra boda, mi hermosa fantasma.
Maria se sintió emocionada y dio un dulce beso en los labios de Manuel.
Dos meses después.
-¿habéis oído que el sargento se casa con esa preciosidad?
-joder, ojala hubiera sido valiente para enfrentarme a ese espíritu, así tendría
a esa belleza calentándome la cama.
-he oído que ella trabaja.
-¿ah si? ¿De que?
-limpiando letrinas.
-ecs, ¿una diosa como esa en un lugar tan pestilente? Pobre chica.